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martes, 15 de septiembre de 2026

HUYENDO DE LA CRUZ SE PERMANECE EN LO OSCURO



                    Esta mañana, mi adorable Jesús ha venido glorioso, con las llagas resplandecientes más que sol y con una cruz en la mano. Mientras estaba en esto veía también una rueda de la que salían cuatro ángulos; parecía que en un ángulo escapaba la luz y quedaba a oscuras, en esta oscuridad quedaba la gente como abandonada por Dios y sucedían guerras sangrientas contra la Iglesia y contra la gente misma. ¡Ah!, parecía que las cosas dichas antes por Jesús Bendito se van acercando a pasos veloces. Ahora, Nuestro Señor viendo todo esto, movido a compasión se ha acercado a la parte oscura y arrojó encima la Cruz que tenía en la mano, diciendo con voz sonora:

                    “Gloria a la Cruz”.

                    Y parecía que aquella cruz llamaba de nuevo la luz, y los pueblos sacudiéndose imploraban ayuda y socorro. Y Jesús ha repetido:

                    “Todo el Triunfo y la Gloria serán de la Cruz, de otra manera los remedios empeorarán los mismos males; por lo tanto la Cruz, la Cruz”.

                    ¿Quién puede decir cómo he quedado afligida y pensativa en lo que podrá suceder?


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 15 de Septiembre de 1901





domingo, 19 de abril de 2026

LAMENTOS POR LA PRIVACIÓN. JESÚS LA CONSUELA Y LE EXPLICA ALGO ACERCA DE LA GRACIA



                    Continúo mis días privada de mi adorable Jesús, a lo más viene como sombra o como rayo, mi pobre corazón está sobremanera amargado, siento tanto Su privación, que todas mis fibras, los nervios, mis huesos, hasta las gotas de mi sangre, me contienden continuamente y me dicen: “¿Dónde está Jesús?. ¡Cómo!, ¿lo has perdido?. ¿Qué has hecho que no viene más?. ¿Cómo haremos para estarnos sin Él?. ¿Quién nos consolará habiendo perdido la fuente de toda consolación?. ¿Quién nos fortificará en la debilidad, quién nos corregirá y descubrirá nuestros defectos, habiendo quedado privada de aquella Luz, que más que hilo eléctrico penetraba los más íntimos escondites, y con la dulzura más inefable corregía y sanaba nuestras llagas?. Todo es miseria, todo es escuálido, todo es tétrico sin Él, ¿cómo haremos?” .

                    Y aunque en el fondo de mi voluntad me siento resignada y voy ofreciendo Su misma privación como el sacrificio más grande por amor Suyo, todo lo demás me hace guerra continua y me ponen en tortura. ¡Ah Señor!, cuánto me cuesta el haberte conocido, y a qué alto precio me haces pagar Tus pasadas visitas. Ahora, estando en este estado, por breves instantes se ha hecho ver y me ha dicho:

                    “Siendo Mi Gracia parte de Mí Mismo, poseyéndola tú, con razón y de estrecha necesidad todo lo que forma tu ser no puede estar sin Mí, he aquí la razón por la que todo te pide a Mí y eres torturada continuamente, porque estando embebida de Mí y llena sólo en parte de Mí Mismo, entonces no se están en paz, pues sólo tienen paz y quedan contentas cuando Me poseen no sólo en parte, sino en todo”.

                    Y habiéndome lamentado de mi dura situación ha agregado:

                    “También Yo en el curso de Mi Pasión sentí un extremo abandono, si bien Mi Voluntad estuvo siempre unida con el Padre y con el Espíritu Santo; esto lo quise sufrir para divinizar en todo la Cruz, tanto, que contemplándome a Mí y contemplando la Cruz, encontrarás el mismo esplendor, las mismas enseñanzas y el mismo espejo en el cual podrías reflejarte continuamente, sin diferencia entre uno y otro”. 


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 19 de Abril de 1901



lunes, 2 de marzo de 2026

LA UNIÓN DE LOS QUERERES ATA EL ALMA A JESÚS



                    Esta mañana, habiendo recibido la Santa Comunión, mi dulce Jesús se hacía ver crucificado, e internamente me sentía atraída a mirarme en Él, para poder asemejarme a Él, y Jesús se reflejaba en mí para atraerme a Su semejanza. Mientras esto hacía yo me sentía infundir en mí los dolores de mi crucificado Señor, que con toda bondad me ha dicho:  

                    “Quiero que tu alimento sea el sufrir, no por sufrir solamente, sino como fruto de Mi Voluntad. El beso más sincero que ata más fuerte nuestra amistad, es la unión de Nuestros quereres, y el nudo indisoluble que nos estrechará en continuos abrazos será el continuo sufrir”.

                    Mientras esto decía, el Bendito Jesús se ha desclavado y ha tomado Su Cruz y la extendió en el interior de mi cuerpo, y yo quedaba tan extendida en ella que me sentía dislocar los huesos, además, una mano que no sé decir con certeza de quién era, me traspasaba las manos y los pies, y Jesús que estaba sentado sobre la Cruz que estaba distendida en mi interior, todo se complacía en mi sufrir y en quien me traspasaba las manos, y ha agregado:

                    “Ahora puedo reposar tranquilamente, no tengo que tomar ni siquiera la molestia de crucificarte, porque la Obediencia quiere hacerlo todo, y Yo libremente te dejo en las manos de la Obediencia”.

                    Y levantándose de la Cruz se ha puesto sobre mi corazón para reposarse. ¿Quién puede decir cómo he quedado sufriente estando en esa posición?. Después de haber estado largo tiempo, Jesús no se apresuraba en aliviarme como las otras veces para hacerme regresar a mi estado natural, y a aquella mano que me había puesto sobre la Cruz no la veía más, esto se lo decía a Jesús, quien me respondía:

                    “¿Quién te ha puesto sobre la Cruz?. ¿Tal vez he sido Yo?. Ha sido la Obediencia, y la Obediencia te debe quitar de ahí”.

                    Parece que esta vez tenía ganas de jugar, y como suma gracia he obtenido que me liberara el Bendito Jesús.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 2 de Marzo de 1900





martes, 14 de octubre de 2025

EL TODO ESTÁ EN EL AMOR. CÓMO ES ESCASO EL NÚMERO DE AQUELLOS QUE FUNDEN SU VIDA TODA EN EL AMOR



                    Mi siempre amable Jesús se hacía ver como queriendo dormir dentro de mí, y yo distrayéndolo le he dicho: “Jesús, ¿qué haces? No es tiempo de dormir, los tiempos son tristes y se necesita mucha vigilia, o qué, ¿quieres hacer que suceda hoy alguna cosa grave?”. 

                    Y Jesús: “Déjame dormir, porque siento necesidad de ello, y tú reposa junto Conmigo”. 

                    Y yo: “No Señor, Tú sufres mucho y Te es necesario el reposo, yo no”. 

                    Y Él: “Entonces Yo duermo y tú detén el peso del mundo, ¿a ver si lo haces?”. 

                    Y yo: “Ciertamente que por mí no lo haré, pero junto Contigo sí, del resto, ¿no es el amor para Ti más que el reposo?. Yo quiero amarte mucho, mucho, pero con Tu Amor, para poder darte el amor de todos; con el amor Te aliviaré todo dolor, Te hare olvidar todos los disgustos, supliré a todo lo que las criaturas deberían hacer, ¿no es verdad ¡oh! Jesús?”. 

                    Y Él: “Es verdad lo que tú dices, pero el Amor es también justo. ¡Oh, cuán escaso es el número de aquellos que funden toda su vida en el Amor!. Te recomiendo hija Mía, haz conocer a todos aquellos que puedas que el todo está en el Amor, la necesidad del Amor, y que todo lo que no es Amor, aunque sean cosas santas, en lugar de hacerles caminar hacia delante los hacen ir hacia atrás; tu misión sea enseñar la verdadera Vida de Amor, que es donde está todo lo bello de las criaturas y todo lo más bello que Me pueden dar”. 

                    Y yo: “Cuánto se necesita para hacerlos comprender eso, a algunos les parece extrañeza que el todo esté en el Amor, y que amando, el Amor asume el empeño de hacerlas similares a Ti que eres todo Amor, pero haré todo cuanto pueda”. 

                    En eso veía a Jesús que quería retirarse, y yo: “No me dejes, ¿ahora que estamos hablando de Amor quieres retirarte?. El Amor te agrada tanto”. 

                    Pero después de un poco ha desaparecido. Agrego que el día 11 había dicho a Jesús: “O me tendrás en la Cruz o Te tendré en la Cruz”. Y como Jesús me había hecho ver que Él llevaba un ataúd todo negro sobre la espalda, Él todo curvado bajo de aquel ataúd me dijo: “Este ataúd es Italia, no resisto más el llevarla, me siento aplastar bajo su peso”. Y parecía que levantándose, el ataúd se tambaleaba e Italia recibía una terrible sacudida.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 10, 14 de Octubre de 1911



viernes, 26 de septiembre de 2025

TODAS LAS PENAS QUE JESÚS SUFRIÓ EN SU PASIÓN FUERON TRIPLES. ESTO NO FUE CASUAL, SINO QUE TODO FUE PARA RESTITUIR COMPLETA LA GLORIA DEBIDA AL PADRE, LA REPARACIÓN QUE LE DEBÍAN LAS CRIATURAS, Y EL BIEN QUE MERECÍAN LAS MISMAS CRIATURAS



                    Encontrándome en mi habitual estado, oía una voz que me decía: “Hay una luz que cualquiera que se acerque a ella puede encender cuantas lámparas quiera, y estas lámparas sirven para hacer corona de honor a la luz, y dar luz a quien las enciende”. 

                    Yo decía para mí: “Qué bella luz es ésta, que tiene tanta luz y tanta potencia, que mientras da a los demás cuanta luz quieren, ella siempre queda lo que es, sin empobrecer en luz; ¿pero quién será aquél que la tiene?” 

                    Mientras esto pensaba, he oído que me decían: “La luz es la Gracia y la tiene Dios, y el acercarse significa la buena voluntad del alma de hacer el bien, porque cuantos bienes se quieren tomar de la Gracia, se toman, y las lámparas que se forman son las diversas virtudes, que mientras dan Gloria a Dios dan luz al alma”. 

                    Después de esto, en cuanto he visto al Bendito Jesús me ha dicho: “Hija Mía; y esto porque estaba pensando que Nuestro Señor no sólo una vez, sino por tres veces se hizo coronar de espinas, y cómo aquellas espinas quedaban rotas dentro de la cabeza, y al clavarla de nuevo, más adentro entraban las que ya estaban”, y yo decía: “Dulce amor mío, ¿y por qué por tres veces quisiste sufrir tan doloroso martirio? ¿No bastaba una vez para pagar tantos malos pensamientos nuestros?” 

                    Así que me ha dicho: “Hija Mía, no sólo la coronación de espinas fue triple, sino casi todas las penas que sufrí en Mi Pasión fueron triples. Triples fueron las tres horas de la agonía del Huerto; triple fue la flagelación, flagelándome con tres diferentes flagelos; tres veces me desnudaron; por tres veces fui condenado a muerte: de noche, de madrugada, y en pleno día; tres fueron las caídas bajo la Cruz; tres los clavos; tres veces Mi Corazón derramó sangre, esto es, en el Huerto por sí mismo; de su propio centro en el acto de la Crucifixión cuando fui estirado sobre la Cruz, tanto, que todo Mi cuerpo quedó dislocado y Mi Corazón se destrozó dentro, y derramó sangre; y después de Mi Muerte cuando con una lanza Me fue abierto el Costado; triples las tres horas de la agonía sobre la Cruz. Si todo se quisiera examinar, ¡oh! cuántas cosas triples se encontrarían. Esto no fue por casualidad, sino que todo fue por el Orden Divino, y para completar la Gloria debida al Padre, la reparación que se le debía por parte de las criaturas, y merecer el bien para las mismas criaturas, porque el don más grande que la criatura ha recibido de Dios, ha sido el crearla a Su imagen y semejanza, y dotarla con tres potencias, Inteligencia, Memoria y Voluntad, y no hay culpa que cometa la criatura en que estas tres potencias no concurran, y por eso mancha, estropea la bella imagen divina que contiene en sí misma, sirviéndose del don para ofender al donador; y Yo para rehacer de nuevo esta imagen divina en la criatura, y para dar toda aquella Gloria que la criatura le debía a Dios, he concurrido con toda Mi Inteligencia, Memoria y Voluntad, y en modo especial en estas cosas triples sufridas por Mí, para volver completa tanto la Gloria que se debía al Padre, como el bien que era necesario a las criaturas”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 6, 26 de Septiembre de 1904




martes, 22 de julio de 2025

CÓMO LA CRUZ VUELVE AL ALMA TRANSPARENTE



                    Esta mañana mi adorable Jesús se hacía ver con una cruz de oro colgada del cuello, toda resplandeciente, y que al mirarla se complacía inmensamente. De repente se ha encontrado presente el Confesor y Jesús le ha dicho: “Los sufrimientos de los días pasados han acrecentado el resplandor a la Cruz, tanto, que mirándola siento mucho agrado”. 

                    Después se ha dirigido a mí y me ha dicho: “La Cruz comunica tal resplandor al alma, de volverla transparente y así como cuando un objeto es transparente se le pueden dar todos los colores que se quiera, así la Cruz, con su luz da todos los lineamientos y formas más bellas que jamás se puedan imaginar, no sólo por los demás sino también por la misma alma que los experimenta. Además de esto, en un objeto transparente enseguida se descubre el polvo, las pequeñas manchas y hasta cualquier oscurecimiento; así es la Cruz, como hace transparente al alma, enseguida le descubre los pequeños defectos, las mínimas imperfecciones, tanto que no hay mano maestra más hábil que la Cruz, para tener al alma preparada para volverla digna habitación del Dios del Cielo”.

                    ¿Quién puede decir lo que he comprendido de la Cruz y cuán envidiable es el alma que la posee?.

                    Después de esto me ha transportado fuera de mí misma y me he encontrado sobre una escalera altísima, bajo la cual había un precipicio y por añadidura los escalones de esta escalera eran movibles y tan estrechos que apenas se podía apoyar la punta de los pies; lo que más daba terror era el precipicio y el no poder encontrar apoyo de ningún tipo, y queriéndose aferrar de los escalones, estos se caían juntos; el ver que casi todas las demás personas se caían infundía escalofrío en los huesos; sin embargo no se podía evitar el pasar por aquella escalera. Entonces lo he intentado, pero en cuanto subí dos o tres escalones, viendo el gran peligro que corría de caer en el abismo, he comenzado a llamar a Jesús para que viniera en mi ayuda, entonces, sin saber cómo, he encontrado a Jesús junto a mí y me ha dicho: 

                    “Hija Mía, esto que tú has visto es el camino que recorren todos los hombres en esta tierra; los escalones móviles, sobre los que no pueden apoyarse para tener un sostén, son los apoyos humanos, las cosas terrenas, que queriéndose apoyar sobre ellas, en vez de darles una ayuda les dan un empujón para precipitarse más pronto en el Infierno. El medio más seguro es el caminar casi volando, sin apoyarse sobre la tierra, a fuerza de los propios brazos, con los ojos en sí mismos, sin mirar a los demás y también teniéndolos todos atentos a Mí para tener ayuda y fuerza, así se podrá fácilmente evitar el precipicio”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 22 de Julio de 1899



sábado, 14 de junio de 2025

EFECTOS DE LA CRUZ



                    Encontrándome no poco sufriente, mi adorable Jesús al venir toda me compadecía y me ha dicho: “Hija Mía, ¿qué tienes que sufres tanto?. Déjame aliviarte un poco”. Y (pero Jesús estaba más sufriente que yo) así me ha dado un beso, y como estaba crucificado me atrajo fuera de mí misma y ha puesto mis manos en las Suyas, mis pies en los Suyos, mi cabeza apoyaba sobre la Suya y la Suya sobre la mía. ¡Cómo estaba contenta al encontrarme en esta posición!. Si bien los clavos y las espinas de Jesús me causaban dolor, eran dolores que me daban alegría porque eran sufridos por amor a mi Amado Bien; es más, hubiera querido que aumentaran. 

                    También Jesús parecía contento de mí porque me tenía en aquel modo atraída a Él. Me parecía que Jesús me consolaba y yo era consuelo para Él. Entonces, en esta posición hemos salido fuera, y habiendo encontrado al Confesor, enseguida pedí por sus necesidades y le he dicho al Señor que se dignara hacer oír al Confesor cómo es dulce y suave Su voz. Jesús para contentarme se dirigió a él y le habló de la Cruz diciéndole: “La Cruz absorbe en el alma Mi Divinidad, la asemeja a Mi Humanidad y copia en sí misma Mis mismas obras”. 

                    Después hemos continuado girando otro poco y, ¡oh, cuántas escenas dolorosas que traspasaban el alma de lado a lado!. Las graves iniquidades de los hombres, que ni siquiera se doblegan ante la Justicia, al contrario, se arrojan con mayor furor, como si quisieran dar dobles heridas por cada herida, y la gran miseria que ellos mismos se están preparando. Entonces, con suma amargura nuestra nos hemos retirado; Jesús ha desaparecido y yo me he encontrado en mí misma.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 14 de Junio de 1900



viernes, 16 de mayo de 2025

JESÚS HABLA DE LA CRUZ Y SE LAMENTA DE LAS ALMAS DEVOTAS



                    Jesús ha seguido por otros días manifestándose del mismo modo, no queriendo separarse de mí. Parecía que aquel poco de sufrimientos que había vertido en mí lo atraían tanto, que no sabía estar sin mí. Esta mañana ha vertido otro poco de amargura de Su boca en la mía y después me ha dicho:

                    "La Cruz dispone al alma a la paciencia. La Cruz abre el Cielo y une juntos Cielo y tierra, esto es, Dios y el alma. La virtud de la Cruz es potente y cuando entra en un alma tiene la virtud de quitar la herrumbre de todas las cosas terrenas; no sólo eso, sino que da el aburrimiento, el fastidio, el desprecio de las cosas de la tierra, y a cambio le da el sabor, el agrado de las cosas celestiales, pero por pocos es reconocida la virtud de la Cruz, por eso la desprecian".

                    ¿Quién puede decir cuántas cosas he comprendido de la Cruz mientras Jesús hablaba?. El hablar de Jesús no es como el nuestro, que tanto se entiende por cuanto se dice, sino que una sola palabra deja una luz inmensa, que rumiándola bien podría hacer estar ocupado todo el día en profundísima meditación, por eso si yo quisiera decirlo todo me extendería demasiado y me faltaría el tiempo para hacerlo. 

                    Después de un poco Jesús ha regresado de nuevo, pero un poco más afligido; yo rápidamente le he preguntado la causa, y Jesús me ha hecho ver muchas almas devotas y me ha dicho:

                    "Hija Mía, lo que miro en un alma es cuando se despoja de la propia voluntad, entonces Mi Voluntad la inviste, la diviniza y la hace toda Mía. Mira un poco a estas almas, se dicen devotas mientras las cosas van a su modo, después una pequeña cosa, si no son largas sus confesiones, si el Confesor no las satisface, pierden la paz y algunas llegan a no querer hacer ya nada más. Esto dice que no es Mi Voluntad la que predomina, sino la de ellas. Créeme entonces hija Mía, han equivocado el camino, porque cuando veo que en verdad quieren amarme, tengo tantos modos de poder dar Mi Gracia".

                    Cuánta pena daba ver sufrir a Jesús por este tipo de gente. He buscado compadecerlo por cuanto he podido y así ha terminado.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, "Libro de Cielo", Vol. 2, 16 de Mayo de 1899




sábado, 3 de mayo de 2025

FIESTA A LA CRUZ EN EL CIELO



               Esta mañana me he encontrado fuera de mí misma y veía todo el Cielo sembrado de cruces, pequeñas, grandes, medianas. Las más grandes, más resplandor daban; era un encanto dulcísimo el ver tantas cruces que embellecían el firmamento, más resplandecientes que el Sol. 

               Después de esto pareció que se abría el Cielo y se veía y oía la fiesta que los Bienaventurados hacían a la Cruz. Quien más había sufrido, era más festejado en este día. Se distinguían en modo especial los Mártires y quienes habían sufrido ocultamente. ¡Oh, cómo se estimaba en esa Bienaventurada Morada la Cruz y a quien más había sufrido! Mientras esto veía, una voz ha resonado por todo el empíreo que decía:

           “Si el Señor no mandase las cruces sobre la tierra, sería como aquel padre que no tiene amor por los propios hijos, que en vez de querer verlos honrados y ricos, los quiere ver pobres y deshonrados”.

               El resto que vi de esta fiesta no tengo palabras para explicarlo, lo siento en mí pero no sé manifestarlo, por eso hago silencio.


Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 3 de Mayo de 1900



sábado, 8 de marzo de 2025

JESÚS LE DICE QUE LA CRUZ LO HIZO CONOCER COMO DIOS. LE EXPLICA ACERCA DE LA CRUZ DEL DOLOR Y DEL AMOR

 


               Continuando mi pobre estado y el silencio de Jesús Bendito, esta mañana, encontrándome más que nunca oprimida, al venir me ha dicho: “Hija Mía, no las obras, ni la predicación, ni la misma potencia de los milagros Me hicieron conocer con claridad como el Dios que Soy, sino cuando fui puesto en la Cruz y levantado sobre Ella como sobre Mi propio Trono, entonces fui reconocido como Dios; así que sólo la Cruz reveló al mundo y a todo el Infierno quién era Yo verdaderamente; entonces todos quedaron sacudidos, y reconocieron a su Creador. Así que es la Cruz la que revela a Dios al alma, y hace conocer si el alma es verdaderamente de Dios, se puede decir que la Cruz descubre todas las partes íntimas del alma y revela a Dios y a los hombres quién es esta alma”. 

               Después ha agregado: “Sobre dos cruces Yo consumo a las almas, una es de dolor, la otra es de amor; y así como en el Cielo todos los nueve Coros Angélicos Me aman, sin embargo cada uno tiene su oficio especial, como los Serafines, que su oficio especial es el amor y su Coro es puesto más enfrente para recibir las reverberaciones de Mi Amor, tanto que Mi Amor y el de ellos saeteándose juntos se acoplan continuamente. Así a las almas sobre la tierra les doy su oficio diferente, a quien la vuelvo mártir de dolor, y a quien de amor, siendo ambos hábiles maestros en sacrificar a las almas y hacerlas dignas de Mis complacencias”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 8 de Marzo de 1901



domingo, 2 de marzo de 2025

LA UNIÓN DE LOS QUERERES ATA EL ALMA A JESÚS



               Esta mañana, habiendo recibido la Santa Comunión, mi dulce Jesús se hacía ver crucificado, e internamente me sentía atraída a mirarme en Él, para poder semejarme a Él, y Jesús se reflejaba en mí para atraerme a Su semejanza. 

               Mientras esto hacía yo me sentía infundir en mí los dolores de mi crucificado Señor, que con toda bondad me ha dicho: “Quiero que tu alimento sea el sufrir, no por sufrir solamente, sino como fruto de Mi Voluntad. El beso más sincero que ata más fuerte nuestra amistad, es la unión de nuestros quereres, y el nudo indisoluble que nos estrechará en continuos abrazos será el continuo sufrir”. 

               Mientras esto decía, el bendito Jesús se ha desclavado y ha tomado Su cruz y la extendió en el interior de mi cuerpo, y yo quedaba tan extendida en ella que me sentía dislocar los huesos, además, una mano que no sé decir con certeza de quién era, me traspasaba las manos y los pies, y Jesús que estaba sentado sobre la cruz que estaba distendida en mi interior, todo se complacía en mi sufrir y en quien me traspasaba las manos, y ha agregado: “Ahora puedo reposar tranquilamente, no tengo que tomar ni siquiera la molestia de crucificarte, porque la obediencia quiere hacerlo todo, y Yo libremente te dejo en las manos de la obediencia”. Y levantándose de la cruz se ha puesto sobre mi corazón para reposarse. ¿Quién puede decir cómo he quedado sufriente estando en esa posición?. 

              Después de haber estado largo tiempo, Jesús no se apresuraba en aliviarme como las otras veces para hacerme regresar a mi estado natural, y a aquella mano que me había puesto sobre la cruz no la veía más, esto se lo decía a Jesús, quien me respondía: “¿Quién te ha puesto sobre la cruz?. ¿Tal vez he sido Yo?. Ha sido la obediencia, y la obediencia te debe quitar de ahí”. Parece que esta vez tenía ganas de jugar, y como suma gracia he obtenido que me liberara el Bendito Jesús.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 2 de Marzo de 1900



lunes, 28 de octubre de 2024

SÓLO TÚ ENSEÑARÁS LA VERDADERA SANTIDAD



               "Cruz adorada, por fin Te abrazo... Tú eras el suspiro de Mi Corazón, el martirio de Mi Amor; pero Tú, oh Cruz, tardaste hasta ahora, en tanto que Mis pasos siempre se dirigían hacia Ti... Cruz Santa, Tú eras la meta de Mis deseos, la finalidad de Mi existencia acá abajo. En Ti concentro todo Mi Ser; en Ti pongo a todos Mis hijos... Tú serás su Vida y su Luz, su defensa, su protección, su fuerza... Tú los sostendrás en todo y Me los conducirás gloriosos al Cielo. 

               Oh Cruz, Cátedra de Sabiduría, sólo Tú enseñarás la verdadera Santidad, sólo Tú formarás los héroes, los atletas, los Mártires, los Santos... Cruz hermosa, Tú eres Mi trono, y teniendo Yo que abandonar la tierra, quedarás Tú en Mi lugar... A Ti Te entrego en dote a todas las almas: ¡Custódiamelas, sálvamelas... Te las confío!"


Extraído de la Décimo Octava Hora de “Las Horas de la Pasión”, 
revelaciones de Nuestro Señor a la mística Luisa Piccarreta