Encontrándome en mi habitual estado, oía una voz que me decía: “Hay una luz que
cualquiera que se acerque a ella puede encender cuantas lámparas quiera, y estas lámparas
sirven para hacer corona de honor a la luz, y dar luz a quien las enciende”.
Yo decía para mí:
“Qué bella luz es ésta, que tiene tanta luz y tanta potencia, que mientras da a los demás
cuanta luz quieren, ella siempre queda lo que es, sin empobrecer en luz; ¿pero quién será
aquél que la tiene?”
Mientras esto pensaba, he oído que me decían: “La luz es la Gracia y la tiene Dios, y el acercarse significa la buena voluntad del alma
de hacer el bien, porque cuantos bienes se quieren tomar de la Gracia, se toman, y las
lámparas que se forman son las diversas virtudes, que mientras dan Gloria a Dios dan luz al
alma”.
Después de esto, en cuanto he visto al Bendito Jesús me ha dicho: “Hija Mía; y esto
porque estaba pensando que Nuestro Señor no sólo una vez, sino por tres veces se hizo
coronar de espinas, y cómo aquellas espinas quedaban rotas dentro de la cabeza, y al clavarla
de nuevo, más adentro entraban las que ya estaban”, y yo decía: “Dulce amor mío, ¿y por qué
por tres veces quisiste sufrir tan doloroso martirio? ¿No bastaba una vez para pagar tantos
malos pensamientos nuestros?”
Así que me ha dicho: “Hija Mía, no sólo la coronación de espinas fue triple, sino casi todas las penas que sufrí
en Mi Pasión fueron triples. Triples fueron las tres horas de la agonía del Huerto; triple fue la
flagelación, flagelándome con tres diferentes flagelos; tres veces me desnudaron; por tres
veces fui condenado a muerte: de noche, de madrugada, y en pleno día; tres fueron las
caídas bajo la Cruz; tres los clavos; tres veces Mi Corazón derramó sangre, esto es, en el
Huerto por sí mismo; de su propio centro en el acto de la Crucifixión cuando fui estirado sobre
la Cruz, tanto, que todo Mi cuerpo quedó dislocado y Mi Corazón se destrozó dentro, y derramó
sangre; y después de Mi Muerte cuando con una lanza Me fue abierto el Costado; triples las
tres horas de la agonía sobre la Cruz. Si todo se quisiera examinar, ¡oh! cuántas cosas triples
se encontrarían. Esto no fue por casualidad, sino que todo fue por el Orden Divino, y para
completar la Gloria debida al Padre, la reparación que se le debía por parte de las criaturas, y
merecer el bien para las mismas criaturas, porque el don más grande que la criatura ha
recibido de Dios, ha sido el crearla a Su imagen y semejanza, y dotarla con tres potencias,
Inteligencia, Memoria y Voluntad, y no hay culpa que cometa la criatura en que estas tres
potencias no concurran, y por eso mancha, estropea la bella imagen divina que contiene en sí
misma, sirviéndose del don para ofender al donador; y Yo para rehacer de nuevo esta imagen
divina en la criatura, y para dar toda aquella Gloria que la criatura le debía a Dios, he
concurrido con toda Mi Inteligencia, Memoria y Voluntad, y en modo especial en estas cosas triples sufridas por Mí, para volver completa tanto la Gloria que se debía al Padre, como el bien
que era necesario a las criaturas”.
Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 6, 26 de Septiembre de 1904