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lunes, 12 de octubre de 2026

CON VIVIR EN EL DIVINO QUERER, EL QUERER HUMANO ASCIENDE Y EL DIVINO DESCIENDE. CÓMO SE ADQUIEREN LAS PRERROGATIVAS DIVINAS



                    Estaba haciendo mi acostumbrado giro en el Fiat Divino, y llamando todo lo que había hecho en la Creación y Redención, los ofrecía a la Majestad Divina para impetrar que la Divina Voluntad fuese conocida, a fin de que reine y domine en medio a las criaturas. Pero mientras esto hacía pensaba entre mí: “¿Cuál es el bien que hago con repetir siempre estos giros, actos y ofrecimientos?. Y mi amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

                    “Hija Mía, cada vez que giras en Nuestras obras y te unes a los actos que hizo Mi Fiat en la Creación y Redención para ofrecérnoslos, tú das un paso hacia el Cielo y Mi Divina Voluntad da una paso hacia la tierra, así que conforme tú subes, Ella desciende, y mientras queda inmensa se empequeñece y se encierra en tu alma para repetir junto contigo tus actos, tus ofrecimientos, tus oraciones, y Nosotros sentimos que Nuestro Querer Divino ruega en ti; sentimos salir de ti Su respiro; sentimos Su latido, que mientras late en Nosotros, al mismo tiempo late en ti; sentimos la Potencia de nuestras obras creadoras, que alineándose en torno a Nosotros, ruegan con Nuestro Poder Divino que nuestra Divina Voluntad descienda a reinar sobre la tierra; mucho más, porque en lo que tú haces no eres una intrusa, o bien un individuo que no ocupando ningún oficio no tiene ningún poder, sino que has sido llamada, y en modo especial te ha sido dado el oficio de hacer conocer Nuestra Divina Voluntad, y de impetrar que Nuestro Reino sea constituido en medio a la familia humana. 

                    Por eso hay gran diferencia entre quien ha recibido un oficio de Nosotros, y entre quien no ha recibido ningún empeño. Quien ha recibido un oficio, todo lo que hace lo hace con derecho, con libertad, porque tal es Nuestra Divina Voluntad, ella representa a todos aquellos que deben recibir el bien que queremos dar por medio del oficio a ella dado, así que no eres sólo tú la que das un paso hacia el Cielo, sino todos aquellos que conocerán Mi Divina Voluntad, y Ella descendiendo, desciende por medio tuyo en todos aquellos que la harán reinar, por eso el único medio para obtener el Reino del Fiat Divino, es servirte de Nuestras obras para obtener un bien tan grande”.

                    Después continuaba siguiendo los actos de la Divina Voluntad, y habiendo llegado al punto cuando llamó de la nada a la Soberana Reina, me he detenido a comprenderla, toda bella, majestuosa, Sus derechos de Reina se extendían a todas partes, Cielo y tierra doblaban las rodillas para reconocerla como Emperatriz de todos y de todo, y yo desde el fondo de mi corazón veneraba y amaba a la Soberana Señora, y de pequeña cual soy quería dar un salto sobre Sus rodillas maternas para decirle: “Mamá Santa, toda bella Tú eres, y tal eres porque viviste de Voluntad Divina. ¡Ah! Tú que la posees, pídele que descienda sobre la tierra y venga a reinar en medio de Tus hijos”. 

                    Pero mientras esto hacía, mi adorado Jesús ha agregado:

                    “Hija Mía, Mi Madre, aunque no hubiera sido Mi Madre, sólo porque hizo perfectamente la Divina Voluntad y no conoció otra vida, y vivió en la plenitud de Ella, en virtud del vivir siempre de Mi Fiat habría poseído todas las prerrogativas divinas, lo mismo habría sido Reina, la más bella de todas las criaturas, porque donde reina Mi Fiat Divino quiere dar todo, no se queda con nada, es más, la ama tanto, que haciendo uso de sus estratagemas amorosas se esconde, se empequeñece en la criatura, amando el hacerse dominar por ella. En efecto, ¿no fue un dominar lo que hizo la Soberana del Cielo de Mi Querer Divino, que llegó a hacerme concebir y a esconderme en Su Seno?. ¡Oh! si todos conocieran qué sabe hacer y qué puede hacer Mi Querer Divino, harían todos los sacrificios para vivir sólo de Mi Voluntad”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 27, 12 de Octubre de 1929



viernes, 2 de octubre de 2026

SÓLO LA DIVINA VOLUNTAD VUELVE FELIZ A LA CRIATURA; ENTREGA MUTUA. QUIEN NO TIENE VERDADERA VOLUNTAD DE HACER UN BIEN ES UN POBRE LISIADO Y DIOS NO QUIERE SERVIRSE DE ÉL



                    Mi abandono y mi vivir en el Fiat Divino continúan, ¡oh! cómo es potente Su Fuerza creadora, cómo es deslumbrante Su Luz, que infiltrándose en las fibras más íntimas del corazón, las inviste y acariciándolas se hace lugar y en ellas erige su trono de dominio y de mando, pero con tal dulzura raptora, que la pequeñez de la criatura queda desaparecida, pero feliz de quedar sin vida y perdida en el Fiat Divino. ¡Oh Voluntad adorable, si todos Te conocieran, cómo amarían el perderse en Ti para readquirir Tu Vida y ser felices con la misma Felicidad Divina! Pero mientras mi pequeñez se perdía en el Fiat Divino, mi amable Jesús se ha movido en mi interior, y estrechándome fuertemente a Su Corazón Divino me ha dicho:

                    “Hija Mía, sólo Mi Divina Voluntad puede volver feliz a la criatura, Ella, con su luz, eclipsa o pone en fuga todos los males, y dice con Su Poder Divino: ‘Yo Soy la Felicidad perenne, huyan todos los males, quiero estar libre, porque delante a Mi Felicidad todos los males pierden la vida’. Para quien vive completamente en Mi Querer Divino, es tanto Su Amor que transforma las acciones de la criatura, y sucede un intercambio de vida entre Dios y ella, intercambio de acciones, de pasos, de latidos. Dios queda unido a la criatura y la criatura a Dios, se vuelven seres inseparables, y en este intercambio de acciones y de vida se forma el juego entre Creador y criatura, uno se da en poder del otro, y en este darse en poder mutuamente juegan con modo divino, se hacen felices, hacen fiesta, y Dios y la criatura se glorían, se sienten victoriosos porque ninguno ha perdido, pero uno ha vencido al otro, porque en Mi Divina Voluntad ninguno pierde, las pérdidas no existen en Ella. Sólo de quien vive en Mi Querer puedo decir: ‘Es Mi entretenimiento en la Creación, Me siento victorioso de abajarme para hacerme vencer por la criatura, porque estoy cierto que ella no se opondrá a dejarse vencer por Mí’. Por eso tu vuelo en Mi Querer sea siempre continuo”.

                    Después de esto estaba pensando en tantas cosas que el Bendito Jesús me había dicho sobre Su Divina Voluntad, en los tantos deseos ardientes de Él por hacerla conocer, y que a pesar de tantos deseos de Jesús no se ve nada para obtener su intento, y decía entre mí: “Qué Sabiduría de Dios, qué Misterios profundos, ¿quién puede comprenderlos?. Lo quiere, está doliente porque falta quién tome la iniciativa para hacerla conocer, muestra Su Corazón anhelante, suspira que Su Divina Voluntad se haga camino para hacerse conocer, para formar Su Reino en medio a las criaturas, y después, como si fuera un Dios impotente, se obstaculizan los caminos, se cierran las puertas, y Jesús tolera, y con paciencia invencible e indecible espera que se abran las puertas y los caminos, toca a los corazones para encontrar quiénes serán aquellos que se ocuparán en hacer conocer Su Divina Voluntad”. Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús haciéndose ver todo bondad y ternura, de romper los corazones más duros, me ha dicho:

                    “Hija Mía, si supieras cuánto sufro cuando quiero formar Mis obras y hacerlas conocer a las criaturas para darles el Bien que contienen, y no encuentro quién tenga verdadero ánimo, deseo veraz y voluntad de hacer vida suya Mi Obra para hacerla conocer, para dar a los demás la vida del bien de Mi Obra que siente en sí mismo. 

                    Yo cuando veo estas disposiciones en quien debe ocuparse, que Yo con tanto amor llamo y escojo para las obras que Me pertenecen, Me siento tan atraído hacia él, que para hacer que haga bien lo que Yo quiero Me abajo, desciendo en él y le doy Mi mente, Mi boca, Mis manos, y hasta Mis pies, a fin de que en todo sienta la vida de Mi Obra, y como vida sentida, no como cosa extraña a él, pueda sentir la necesidad de darla a los demás. 

                    Hija Mía, cuando un bien no se siente en uno mismo como vida, todo termina en palabras, no en obras, y Yo quedo fuera de ellos, no dentro, y por eso quedan como pobres lisiados, sin inteligencia, ciegos, mudos, sin manos y sin pies, y Yo en Mis obras no quiero servirme de pobres lisiados, los hago a un lado, y no poniendo atención al tiempo continúo girando para encontrar a los dispuestos que deben servir a Mi Obra. Y así como no Me cansé de girar los siglos y toda la tierra para encontrar la más pequeña, para poner en su pequeñez el gran depósito de los conocimientos de Mi Divina Voluntad, así no me cansaré de girar y volver a girar la tierra para encontrar a los realmente dispuestos, que apreciarán como vida lo que he manifestado sobre el Fiat Divino, y éstos harán cualquier sacrificio para hacerlo conocer. 

                    Por eso no Soy el Dios impotente, sino más bien aquel Dios paciente, que quiero que Mis obras se hagan con decoro y por personas que lo hagan voluntariamente, no forzadas, porque la cosa que más aborrezco en Mis obras es que la criatura lo haga forzadamente, como si Yo no mereciera sus pequeños sacrificios; y por decoro de una Obra tan grande, cual es el hacer conocer Mi Divina Voluntad, no quiero servirme de pobres lisiados, porque quien no tiene verdadera voluntad de hacer un bien, es siempre una herida que hace a su alma dejándola lisiada, sino quiero servirme de personas que suministrándoles mis miembros divinos, la hagan con decoro, como merece una obra que tanto bien debe aportar a las criaturas y gran Gloria a Mi Majestad”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 27, 2 de Octubre de 1929


lunes, 2 de septiembre de 2024

QUIEN VIVE DE MI VOLUNTAD DIVINA


               "Todo lo que ha sido hecho por nuestro Ser Supremo no ha sido otra cosa que un desahogo de amor, y Yo concentraba en la Virgen Reina todo nuestro desahogo de Amor que tuvimos en la Creación, porque estando en Ella Mi Divina Voluntad, era capaz de poder recibir con Mi beso este nuestro desahogo tan grande, y de podérmelo corresponder, porque sólo quien vive de Mi Voluntad Divina concentra en sí el acto continuado de toda la Creación, y la actitud de volver a verterla en Dios".


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, "Libro de Cielo", Vol. 27, 28 de Septiembre de 1929