Mostrando entradas con la etiqueta Sol Divino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sol Divino. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de mayo de 2026

VALOR DE LOS ACTOS HECHOS EN EL DIVINO QUERER. CÓMO QUIEN VIVE EN ÉL POSEE LA FUENTE DE LOS BIENES. CÓMO DIOS NO SABE HACER LAS COSAS A MEDIAS. VICTORIA DE AMBAS PARTES



                    Estaba siguiendo al Divino Querer girando por toda la Creación, y mientras hacía mis actos, mi dulce Jesús se hacía ver en mi interior, que recogía estos actos en Su regazo, los cuales eran todos de luz, pero uno más brillante que otro, uno más bello que otro, y llamaba a los Ángeles y les daba a cada uno parte en estos actos, y ellos hacían competencia para recibirlos y como en triunfo los llevaban al Cielo. Y Jesús todo Bondad me ha dicho:

                    “Hija Mía, es tanto el valor de los actos hechos en Mi Voluntad, que los Ángeles se consideran afortunados de recibirlos, ven en ellos la virtud creadora, escuchan en estos actos el eco del Fiat Divino, y mientras son luz, son voces divinas, y mientras son voces son música, son bellezas, bienaventuranzas, Santidad, Ciencia Divina, y como Mi Voluntad es virtud de Cielo, los Ángeles ambicionan llevar los actos hechos en Ella, y llevarlos a su Morada Celestial. Todo lo que es hecho en Mi Supremo Querer no puede quedar en la tierra, se pueden hacer en lo bajo, pero Mi mismo Querer como imán se los retira en su fuente y los pare en la Patria Celestial”.

                    Después sentía a mi pobre mente como absorbida en el Eterno Fiat y pensaba entre mí: “¿Cómo es posible tanta Potencia, tantos actos en uno que quedan hechos con el obrar en la Divina Voluntad?”. Y mi amable Jesús ha agregado:

                    “Hija Mía, ¿por qué el Sol da luz a toda la tierra?. Porque es más grande que la Tierra, porque posee la fuerza única y completa de la luz, posee la fuente de los colores, de la fecundidad y de la variedad de las dulzuras. Por esto siendo más grande el Sol que la Tierra, puede dar luz a toda la tierra, puede dar la variedad de los colores a las flores, las diferentes dulzuras a las plantas y a los frutos. El Sol en su grandeza y magnificencia, uno es el acto que hace, pero en su acto único hace tantos, que tiene raptada a sí toda la tierra, dando a cada cosa su acto distinto. 

                    Ahora, más que Sol es Mi Voluntad, y como es la interminable que con un solo acto hace salir de Sí la fecundidad de todos los otros actos juntos, el alma que vive en Ella posee la fuente de Sus actos, Su fecundidad; es por esto que en el alma donde Mi Querer reina y domina no cambia ni régimen, ni modos, y así conforme el alma obra en Mi Voluntad, sus actos salen con la multiplicidad y fecundidad de sus actos divinos. 

                    Todos los actos de Dios son actos únicos, que abrazan todo y hacen todos los actos juntos. Mira, en la creación del hombre uno fue Nuestro acto, pero en este acto único salió de Nosotros todo junto: Santidad, Potencia, Sabiduría, Amor, Belleza, Bondad, en suma, no hubo cosa nuestra que saliera de Nosotros que no fuera infundida en el hombre, de todo lo hicimos partícipe, porque cuando Nosotros obramos no sabemos hacer cosas a la mitad, sino todas obras completas, y cuando damos, damos todo. 

                    Mucho más que Mi Voluntad es Luz interminable, y la virtud de la Luz desciende en lo más profundo de lo bajo, se eleva a lo más alto, se extiende alrededor, no hay punto donde no llegue, ni puede entrar en ella ni materias ni cosas extrañas a su luz, ella es intangible, su oficio es de dar y dar siempre, sin jamás terminar de dar. Así es para el alma que vive en Mi Divino Querer, ella se vuelve luz junto con la Luz de Mi Voluntad, y por lo tanto, como luz desciende a lo más profundo de los corazones y lleva el bien de su luz, se extiende por todas partes buscando con su luz a todos y a todo para llevar a cada uno sus efectos, la multiplicidad y variedad de los bienes que su luz contiene; se sentiría como defraudada si no se pudiese extender a todos y por todas partes, tanto que elevándose a lo alto y penetrando más arriba de la bóveda azul y haciendo eco a Mi Misma Voluntad reinante en la Patria Celestial, Ésta y Mi Misma Voluntad que reina en el alma se funden juntas, y extendiéndose sobre todos los Bienaventurados forma su lluvia y hace llover sobre todos nuevas alegrías, felicidad y nuevas beatitudes. 

                    El vivir en Mi Voluntad es admirable, es prodigio continuado, es el portador de todos los bienes, es semilla que se multiplica al infinito, su fecundidad es inalcanzable y por eso es suspirado por la tierra y por todo el Cielo, es la Victoria de Dios sobre la criatura y la victoria del alma sobre su Creador. 

                    Cómo es bello ver cantar la victoria al más grande, al Ente Supremo, a la Eterna Majestad y a la pequeñez de la criatura, y en virtud de esta Voluntad Divina ponerse a competir el grande y el pequeño, el fuerte y el débil, el rico y el pobre, y quedar los dos victoriosos. Por eso suspiro tanto que sea conocida Mi Divina Voluntad, que venga Su Reino, para hacer vencer a la criatura y ponerla como a la par Conmigo. Sin Mi Voluntad reinante en la criatura esto no puede suceder, habrá siempre distancia entre Yo y la criatura, siempre será perdedora, jamás podrá celebrar y cantar victoria. La obra de Nuestras manos no tendrá Nuestra semejanza”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 21, 18 de Mayo de 1927




domingo, 26 de abril de 2026

EL BIEN QUE HARÁN LOS ESCRITOS ACERCA DE LA DIVINA VOLUNTAD. JESÚS Y SU VOLUNTAD SON INSEPARABLES, Y ÉSTA VUELVE INSEPARABLE DE JESÚS A QUIEN SE DEJA DOMINAR POR ELLA




                    Estaba pensando entre mí en ciertas cosas sobre la Voluntad de Dios, que el Buen Jesús me había dicho y que las han publicado, y en consecuencia corren entre manos de quien las quiere leer. Sentía tal vergüenza en mí que me daba una pena indescriptible y decía: “Amado bien mío, ¿cómo has permitido esto?. Nuestros secretos, que por obedecer he escrito y sólo por amor Tuyo, están ya a la vista de los demás, y si continúan publicando otras cosas yo me moriré de vergüenza y de pena. Y después de todo esto, como premio a mi duro sacrificio me has tan dolorosamente dejado. ¡Ah! si Tú hubieras estado conmigo habrías tenido piedad de mi pena y me habrías dado la fuerza”.

                    Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús ha salido de dentro de mi interior, y poniéndome una mano en la frente y otra en la boca, como si quisiera detener tantos pensamientos desconsoladores que me venían, me ha dicho:

                    “Calla, calla, no quieras ir más allá, no son cosas tuyas sino Mías, es Mi Voluntad que quiere hacer su camino para hacerse conocer. Mi Voluntad es más que Sol, y para esconder la luz del Sol se necesita mucho, más bien es del todo imposible, y si la detienen por un lado, ella supera el obstáculo que le han puesto enfrente, y conduciéndose por otros lados, con majestad hace su camino, dejando confundidos a quienes querían impedir su curso, porque la han visto escapárseles por todas partes sin poderla detener. 

                    Se puede esconder una lámpara, pero el Sol jamás; tal es Mi Voluntad, más que Sol, y quererla tú esconder te resultará imposible. Por eso calla hija Mía, y haz que el Sol Eterno de Mi Voluntad haga su curso, sea por medio de los escritos, de la publicación, de tus palabras y de tus modos; haz que Ella huya como luz y recorra todo el mundo, Yo lo suspiro, lo quiero. Y además, ¿qué cosa han hecho salir de las verdades de Mi Voluntad?. Se puede decir que apenas los átomos de Su Luz, y si bien átomos todavía, si supieras el bien que hacen, ¿qué será cuando reunidas todas las verdades que te he dicho de Mi Voluntad, la fecundidad de Su Luz, los bienes que contiene, unidos todos juntos formarán no los átomos, o el Sol que despunta, sino su pleno mediodía?. ¿Qué bien no producirá este Sol Eterno en medio de las criaturas?. Y Yo y tú estaremos más contentos al ver Mi Voluntad conocida, amada y cumplida, por eso déjame hacer. 

                    Y además, no, no es verdad que te haya dejado, ¿cómo, no Me sientes en ti?. ¿No oyes el eco de Mi oración en tu interior, que abrazo todo y a todos, sin que nadie Me escape, porque todas las cosas y todas las generaciones son como un punto solo para Mí, y por todos Yo rezo, amo, adoro y reparo, y tú haciendo eco a Mi oración te sientes como si tomaras en un puño a todos y a todo, y repites lo que hago?. ¿Acaso eres tú quien lo hace, o bien tu capacidad?. ¡Ah no, no! Soy Yo que Estoy en ti, es Mi Voluntad que te hace tomar como en un puño a todo y a todos y continúa su curso en tu alma. 

                    Y además, ¿quieres tú alguna cosa fuera de Mi Voluntad?. ¿Qué temes?. ¿Que pudiera dejarte?. ¿No sabes tú que la señal más cierta de que Yo habito en ti, es que Mi Voluntad tenga Su lugar de honor, que te domine y que haga de ti lo que quiere?. Yo y Mi Voluntad somos inseparables, y vuelve inseparable de Mí a quien se deja dominar por Ella”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 17, 26 de Abril de 1925



miércoles, 15 de abril de 2026

LAS COSAS MAYORES SON HECHAS DESPUÉS DE LAS MENORES, Y SON CUMPLIMIENTO Y CORONA DE ÉSTAS. LA HUMANIDAD RESUCITADA DE JESÚS, SÍMBOLO DE QUIEN VIVIRÁ EN EL QUERER DIVINO



                    Estaba fundiéndome en el Santo Querer de mi siempre amable Jesús, y junto con Él mi inteligencia se perdía en la Obra de la Creación, adorando y agradeciendo por todo y por todos a la Majestad Suprema, y mi Jesús, todo afabilidad me ha dicho:

                    “Hija Mía, al crear el Cielo, primero creé las estrellas como astros menores, y después creé el Sol, astro mayor, dotándolo de tal luz, de eclipsar a todas las estrellas, como escondiéndolas en sí, constituyéndolo rey de las estrellas y de toda la naturaleza. Es Mi costumbre hacer primero las cosas menores, como preparativo a las cosas mayores, y éstas como corona de las cosas menores. El Sol, mientras es Mi relator, al mismo tiempo simboliza a las almas que formarán su Santidad en Mi Querer; los Santos que han vivido al reflejo de Mi Humanidad y como a la sombra de Mi Voluntad, serán las estrellas; y aquellas, si bien han venido después, serán los soles. Este orden lo tuve también en la Redención: Mi nacimiento fue sin estrépito, más bien ignorado; Mi infancia, sin esplendor de cosas grandes ante los hombres; Mi Vida de Nazaret fue tan oculta, que viví como ignorado por todos, Me adaptaba a hacer las cosas más pequeñas y comunes a la vida humana; en la vida pública hubo alguna cosa de grande, pero sin embargo, ¿quién conoció Mi Divinidad?. Ninguno, ni siquiera los Apóstoles, pasaba en medio de las multitudes como otro hombre, tanto que todos podían acercárseme, hablarme y hasta despreciarme”.

                    Y yo, interrumpiendo el hablar de Jesús he dicho: “Jesús, amor mío, qué tiempos felices eran aquellos, más feliz aquella gente que podía, con sólo quererlo, acercarse a Ti, hablarte y estar Contigo”.

                    Y Jesús: “¡Ah! hija Mía, la verdadera felicidad la lleva Mi Voluntad, sólo Ella encierra todos los bienes en el alma, y haciéndose corona en torno al alma, la constituye reina de la verdadera felicidad; solamente ellas serán reinas de Mi Trono, porque son parto de Mi Querer. Tan es verdad esto, que aquella gente no fue feliz, muchos me vieron, pero no Me conocieron, porque Mi Querer no residía en ellos como centro de vida, por tanto, a pesar de que Me vieron permanecieron infelices, y sólo aquellos que tuvieron el bien de recibir en sus corazones el germen de Mi Querer, se dispusieron a recibir el bien de verme resucitado. Ahora, el portento de Mi Redención fue la Resurrección, que más que refulgente sol coronó Mi Humanidad, haciendo resplandecer aún Mis más pequeños actos con un esplendor y maravilla tal, que hicieron quedar estupefactos a Cielo y tierra, que será principio, fundamento y cumplimiento de todos los bienes, corona y gloria de todos los Bienaventurados; Mi Resurrección es el verdadero sol que glorifica dignamente a Mi Humanidad, es el Sol de la Religión Católica, es la verdadera Gloria de cada cristiano; sin la Resurrección habría sido como el Cielo sin Sol, sin calor y sin vida. Ahora, Mi Resurrección es símbolo de las almas que formarán la Santidad en Mi Querer; los Santos de los siglos pasados son símbolos de Mi Humanidad, que si bien resignados, no han tenido actitud continua en Mi Querer, por tanto no han recibido la marca del Sol de Mi Resurrección, sino la marca de las obras de Mi Humanidad antes de la Resurrección, por eso serán muchos, casi como estrellas Me formarán un bello ornamento al Cielo de Mi Humanidad, pero los Santos del vivir en Mi Querer, que simbolizarán Mi Humanidad resucitada, serán pocos; en efecto, Mi Humanidad antes de morir, fue vista por muchas turbas y multitudes de gentes, pero Mi Humanidad resucitada la vieron pocos, solamente los creyentes, los más dispuestos, y podría decir que sólo aquellos que contenían el germen de Mi Querer, porque si no lo hubieran tenido, les habría faltado la vista necesaria para poder ver a Mi Humanidad gloriosa y resucitada, y por tanto ser espectadores de Mi subida al Cielo.

                    Ahora, si Mi Resurrección simboliza a los Santos del vivir en Mi Querer, es con razón, porque cada acto, palabra, paso, etc., hecho en Mi Querer es una resurrección divina que el alma recibe, es la marca de Gloria que recibe, es un salir de sí para entrar en la Divinidad y esconderse en el refulgente Sol de Mi Querer, y ahí ama, obra, piensa; ¿qué maravilla entonces si el alma queda toda resucitada y fundida en el mismo Sol de Mi Gloria y simboliza Mi Humanidad resucitada?. Pero pocos son los que se disponen a esto, porque las almas, en la misma Santidad, quieren alguna cosa de bien propio; en cambio la Santidad del vivir en Mi Querer, nada, nada tiene de propio, sino todo de Dios, y para disponerse las almas a despojarse de los bienes propios, se necesita demasiado, por eso no serán muchos. Tú no eres del número de los muchos, sino de los pocos; por eso está siempre atenta a la llamada y a tu vuelo continuo”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 12, 15 de Abril de 1919



miércoles, 25 de marzo de 2026

EL VERBO DE DIOS AL ENCARNARSE SE VUELVE LUZ DE LAS ALMAS



                    Esta mañana, mi adorable Jesús al venir me ha dicho: 

                    “Así como el Sol es la luz del mundo, así el Verbo de Dios al encarnarse se hizo Luz de las almas, y así como el Sol material da luz a todos en general y a cada uno en particular, tanto que cada uno lo puede gozar como si fuera propio, así el Verbo, mientras da luz en general, es Sol para cada uno en particular, tan es verdad, que a este Sol Divino cada uno lo puede tener consigo como si fuera para él solo”.

                    ¿Quién puede decir lo que comprendía acerca de esta luz y los benéficos efectos que produce en las almas que tienen este Sol como si fuera propio?. Me parecía que el alma poseyendo esta Luz pone en fuga las tinieblas, como el sol material al surgir sobre nuestro horizonte pone en fuga las tinieblas de la noche. Esta Luz Divina, si el alma es fría, la calienta; si está desnuda de virtudes, la hace fecunda; si está inundada por la dañina enfermedad de la tibieza, con su calor absorbe aquel humor malo; en una palabra, para no alargarme demasiado, este Sol Divino, introduciendo al alma en el centro de Su esfera, la cubre con todos Sus rayos y llega a transformarla en Su misma Luz. 

                    Después de esto, como yo me sentía toda abatida, Jesús queriéndome aliviar me ha dicho: 

                    “Esta mañana quiero deleitarme en ti”. 

                    Y ha comenzado a hacer Sus acostumbradas estratagemas amorosas.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 25 de Marzo de 1900




jueves, 26 de febrero de 2026

LA DIVINA VOLUNTAD ES FELICIDAD DE TODOS



                    Después de haber pasado algunos días de privación, cuando a lo más venía alguna vez como sombra y huía, yo sentía tal pena que me deshacía en lágrimas, y el Bendito Jesús teniendo compasión de mi dolor, ha venido y me veía y me veía, y después me ha dicho: 

                    “Hija Mía, no temas, que no te dejo; ahora, cuando estés sin Mi Presencia no quiero que te desanimes, más bien, de hoy en adelante cuando estés privada de Mí, quiero que tomes Mi Voluntad y que en Ella te deleites, amándome y glorificándome en Ella y teniendo a Mi Voluntad como si fuese Mi Misma Persona. 

                    Haciéndolo así tú me tendrás en tus mismas manos. ¿Qué cosa forma la Bienaventuranza del Paraíso?. Ciertamente Mi Divinidad. Ahora, ¿qué formará la Bienaventuranza de Mis amados en la tierra?. Con certeza Mi Voluntad. Ella no te podrá huir jamás, la tendrás siempre en tu posesión, y si tú permaneces en el círculo de Mi Voluntad, ahí sentirás las alegrías más inefables y los placeres más puros. 

                    El alma, no saliendo jamás del círculo de Mi Voluntad, se vuelve noble, se diviniza y todas sus obras repercuten en el centro del Sol Divino, así como los rayos del Sol repercuten en la superficie de la tierra, y ni uno solo sale del centro que es Dios. El alma que hace Mi Voluntad es la única noble reina que se nutre de Mi aliento, porque su alimento y su bebida no las toma más que de Mi Voluntad, y nutriéndose de Mi Voluntad toda Santa, en sus venas correrá una sangre purísima, su aliento exhalará un fragante perfume que Me recreará, porque será producido por Mi Mismo aliento. Por eso no quiero otra cosa de ti, sino que formes tu Bienaventuranza en el giro de Mi Voluntad, sin salir jamás, ni siquiera por un breve instante”. 

                    Mientras esto decía, en mi interior sentía una inquietud y un temor, porque el hablar de Jesús indicaba que no iba a venir, y que yo debía aquietarme en Su Voluntad. ¡Oh Dios, qué pena mortal!. ¡Qué estrechuras de corazón!. Pero Jesús siempre benigno ha agregado:

                    “¿Cómo puedo dejarte si tú eres víctima?. Sólo dejaré de venir cuando tú dejes de ser víctima, pero mientras seas víctima Me sentiré siempre atraído a venir”. 

                    Así parece que quedé tranquila; pero me siento como circundada por la adorable Voluntad de Dios, de modo que no encuentro ninguna abertura por la cual salir. Espero que me quiera tener siempre en este cerco que me une toda a Dios.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 26 de Febrero de 1900



viernes, 9 de enero de 2026

JESÚS LA QUIERE UNIDA A ÉL COMO UN RAYO AL SOL, DEL CUAL RECIBE LA VIDA, EL CALOR Y EL ESPLENDOR



                    Esta mañana me sentía toda oprimida y aplastada, tanto, que estaba en busca de alivio; mi único Bien me ha hecho esperar largamente su venida, y al venir me ha dicho: 

                    “Hija Mía, ¿no tomé Yo sobre Mí por amor tuyo tus pasiones, miserias y debilidades?. ¿Y no quisieras tú tomar sobre ti las de los demás por amor Mío?”. 

                    Después ha agregado: 

                    “Lo que quiero es que tú estés siempre unida Conmigo, como un rayo de sol que está siempre fijo en el centro del sol, y que de él recibe la vida, el calor y el esplendor. Supón tú que un rayo se pudiera separar del centro del sol, ¿en qué se convertiría?. En cuanto saliera perdería la vida, la luz y el calor, y volvería a las tinieblas reduciéndose a la nada. Tal es el alma, mientras está unida Conmigo, en Mi Centro, se puede decir que es como un rayo de sol que vive y recibe luz del sol, camina donde él quiere, en suma, está en todo a disposición y a la voluntad del sol; si después se distrae de Mí, se desune, queda toda en tinieblas, fría, y no siente en sí aquel impulso supremo de Vida Divina”. 

                    Dicho esto ha desaparecido.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 9 de Enero de 1901



viernes, 15 de agosto de 2025

JESÚS LE ORDENA LA CARIDAD. FIESTA DE LA MAMÁ CELESTIAL. LE DA EL OFICIO DE MAMÁ EN LA TIERRA



                    Esta mañana mi dulcísimo Jesús ha venido todo alegre, trayendo entre las manos un ramo de bellísimas flores, y poniéndose en mi corazón, con aquellas flores ahora se circundaba la cabeza, ahora las tenía entre sus manos, recreándose y complaciéndose todo. Mientras se divertía con estas flores, como si hubiera hecho una gran adquisición, se ha volteado hacia mí y me ha dicho: “Amada Mía, esta mañana he venido para poner en orden en tu corazón todas las virtudes. Las otras virtudes pueden estar separadas la una de la otra, pero la caridad ata y ordena todo. He aquí lo que quiero hacer en ti, ordenar la Caridad”.

                    Yo le he dicho: “Solo y único Bien mío, ¿cómo puedes hacer esto siendo yo tan mala y llena de defectos e imperfecciones?. Si la Caridad es orden, ¿estos defectos y pecados no son desorden que tienen todo en desorden y revuelta mi alma?” . 

                    Y Jesús: “Yo purificaré todo y la Caridad pondrá todo en orden. Y además, cuando a un alma la hago partícipe de las penas de Mi Pasión, no puede haber culpas graves, a lo más algún defecto venial involuntario, pero Mi Amor, siendo fuego, consumirá todo lo que es imperfecto en tu alma”. 

                    Así parecía que Jesús me purificaba y ordenaba toda; después derramaba como un río de miel de su corazón en el mío y con esa miel regaba todo mi interior, de modo que todo lo que estaba en mí quedaba ordenado, unido, y con la marca de la Caridad. 

                    Después de esto me he sentido salir fuera de mí misma en la Bóveda de los Cielos, junto con mi amante Jesús; parecía que todo estaba en fiesta, Cielo, tierra y Purgatorio; todos estaban inundados de un nuevo gozo y júbilo. Muchas almas salían del Purgatorio y como rayos llegaban al Cielo para asistir a la Fiesta de nuestra Reina Mamá. También yo me ponía en medio de aquella multitud inmensa de gente, es decir, Ángeles, Santos y Almas del Purgatorio, que ocupaban aquel nuevo Cielo, que era tan inmenso, que el nuestro que vemos, comparado con aquél me parecía un pequeño agujero, mucho más que tenía la obediencia del Confesor. Pero mientras hacía por mirar, no veía otra cosa que un Sol luminosísimo que esparcía rayos que me penetraban toda, de lado a lado, y me volvían como un cristal, tanto que se descubrían muy bien los pequeños defectos y la infinita distancia que hay entre el Creador y la criatura; tanto más que aquellos rayos, cada uno tenía su marca: uno delineaba la Santidad de Dios, otro la Pureza, otro la Potencia, otro la sabiduría, y todas las otras virtudes y atributos de Dios. Así que el alma, viendo su nada, sus miserias y su pobreza, se sentía aniquilada y en vez de mirar, se postraba con la cara en la tierra ante aquel Sol Eterno, ante el cual no hay ninguno que pueda estar frente a Él. 

                    Pero lo más era que para ver la Fiesta de Nuestra Mamá Reina, se debía ver desde dentro de aquel Sol, tanto parecía inmersa en Dios la Virgen Santísima, que mirando desde otros puntos no se veía nada. 

                    Ahora, mientras me encontraba en estas condiciones de aniquilamiento ante el Sol Divino y la Mamá Reina teniendo en sus brazos al Niñito, Jesús me ha dicho: “Nuestra Mamá está en el Cielo, te doy a ti el oficio de hacerme de mamá en la tierra, y como Mi vida está sujeta continuamente a los desprecios, a la pobreza, a las penas, a los abandonos de los hombres, y Mi Madre estando en la tierra fue Mi fiel compañera en todas estas penas, y no sólo eso, sino buscaba aliviarme en todo, por cuanto podían Sus fuerzas, así también tú, haciéndome de madre Me harás fiel compañía en todas Mis penas, sufriendo tú en vez Mía por cuanto puedas, y donde no puedas, buscarás darme al menos un consuelo. Debes saber que te quiero toda atenta en Mí. Seré celoso aun de tu respiro si no lo haces por Mí, y cuando vea que no estás toda atenta para contentarme, no te daré ni paz ni reposo”. 

                    Después de esto he comenzado a hacerle de mamá, pero, ¡oh! cuánta atención se necesitaba para contentarlo. Para verlo contento no se podía ni siquiera dirigir una mirada a otra parte. Ahora quería dormir, ahora quería beber, ahora quería que lo acariciara y yo debía encontrarme pronta a todo lo que quería; ahora decía: “Mamá Mía, me duele la cabeza, ¡ah, alíviame!”. Y yo enseguida le revisaba la cabeza, y encontrando espinas se las quitaba, y poniéndole mi brazo bajo la cabeza lo hacía reposar. Mientras hacía que reposara, de repente se levantaba y decía: “Siento un peso y un sufrimiento en el corazón, tanto de sentirme morir; ve que hay”. Y observando en el interior del corazón, he encontrado todos los instrumentos de la Pasión, y uno a uno los he quitado y los he puesto en mi corazón. Después, viéndolo aliviado, he comenzado a acariciarlo y a besarlo y le he dicho: “Mi solo y único tesoro, ni siquiera me has dejado ver la Fiesta de Nuestra Reina Madre, ni escuchar los primeros cánticos que le cantaron los Ángeles y los Santos en el ingreso que hizo en el Paraíso”.

                    Y Jesús: “El primer canto que hicieron a Mi Mamá fue el Ave María, porque en el Ave María están las alabanzas más bellas, los honores más grandes, y se le renueva el gozo que tuvo al ser hecha Madre de Dios, por eso, recitémosla juntos para honrarla y cuando tú vengas al Paraíso te la haré encontrar como si la hubieras dicho junto con los Ángeles aquella primera vez en el Cielo”. Y así hemos recitado la primera parte del Ave María juntos. ¡Oh, cómo era tierno y conmovedor saludar a Nuestra Mamá Santísima junto con Su amado Hijo!. Cada palabra que Él decía, llevaba una luz inmensa en la cual se comprendían muchas cosas sobre la Virgen Santísima, ¿pero quién puede decirlas todas?. Mucho más por mi incapacidad, por eso las paso en silencio.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 15 de Agosto de 1899



martes, 1 de abril de 2025

LAS PASIONES CAMBIADAS EN VIRTUDES



                    Después de esperar y esperar, mi dulce Jesús se hacía ver dentro de mi corazón. Me parecía ver un Sol que expandía rayos, y mirando en el centro de este Sol descubría el Rostro de Nuestro Señor, pero lo que me hizo asombrar es que veía en mi corazón muchas doncellas vestidas de blanco, con coronas en la cabeza que rodeaban a este Sol Divino, nutriéndose de aquellos rayos que expandía este Sol. 

                    ¡Oh, cómo eran bellas, modestas, humildes y todas atentas, y deleitándose en Jesús! Entonces, no conociendo el significado de esto, con un poco de temor he pedido a Jesús que me hiciera saber quienes eran aquellas doncellas, y Él me ha dicho: “Estas doncellas eran tus pasiones, que ahora con Mi Gracia he cambiado en otras tantas virtudes que Me hacen noble cortejo, estando todas a Mi disposición, y Yo en recompensa las voy nutriendo con Mi continua Gracia”.

                    ¡Ah Señor, sin embargo me siento tan mala que me avergüenzo de mí misma!.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 1 de Abril de 1900




martes, 25 de marzo de 2025

EL VERBO DE DIOS AL ENCARNARSE SE VUELVE LUZ DE LAS ALMAS



                    Esta mañana, mi adorable Jesús al venir me ha dicho: “Así como el sol es la luz del mundo, así el Verbo de Dios al encarnarse se hizo Luz de las almas, y así como el sol material da luz a todos en general y a cada uno en particular, tanto que cada uno lo puede gozar como si fuera propio, así el Verbo, mientras da luz en general, es sol para cada uno en particular, tan es verdad, que a este Sol Divino cada uno lo puede tener consigo como si fuera para él solo”. 

                    ¿Quién puede decir lo que comprendía acerca de esta Luz y los benéficos efectos que produce en las almas que tienen este Sol como si fuera propio?. Me parecía que el alma poseyendo esta Luz pone en fuga las tinieblas, como el sol material al surgir sobre nuestro horizonte pone en fuga las tinieblas de la noche. Esta Luz Divina, si el alma es fría, la calienta; si está desnuda de virtudes, la hace fecunda; si está inundada por la dañina enfermedad de la tibieza, con su calor absorbe aquel humor malo; en una palabra, para no alargarme demasiado, este Sol Divino, introduciendo al alma en el centro de Su esfera, la cubre con todos Sus rayos y llega a transformarla en Su misma Luz. 

                    Después de esto, como yo me sentía toda abatida, Jesús queriéndome aliviar me ha dicho: “Esta mañana quiero deleitarme en ti”. Y ha comenzado a hacer Sus acostumbradas estratagemas amorosas.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 25 de Marzo de 1900