“Hija Mía, ¿has visto con qué amor Me divierto y dirijo los actos hechos en Mi Querer?. Es tal Mi celo que no los confío a nadie, ni siquiera a la propia alma, ni un pensamiento, ni una
fibra dejo sin encerrar en ella toda la potencia de Mi Voluntad, cada acto de estos contiene una
Vida Divina, por eso al toque de estos actos todas las cosas creadas sienten la Vida de su
Creador, sienten de nuevo la fuerza de aquel Fiat Omnipotente del cual tuvieron la existencia y
hacen fiesta, así que estos actos son para ellas nueva gloria y nueva fiesta. Ahora, esta bella
armonía, estos hilos de luz que salen de tu interior, si tu corazón no corriera en Mi Querer sino
en tu voluntad o en otra voluntad, en tu corazón faltarían tantos latidos de Vida Divina,
quedando tantos latidos humanos por cuantos le faltan a la Divina, y así también de las fibras,
de los afectos, y como lo humano no es capaz de formar Luz, sino tinieblas, por tanto se
formarían tantos hilos de tinieblas, y Mi Querer quedaría entristecido, no pudiendo desenvolver
en ti toda la potencia de Mi Voluntad”.
Mientras esto decía, yo quería ver si en mi alma había estos latidos humanos que
interrumpieran la vida del latido divino, y por cuanto miraba no los encontraba.
Y Jesús: “Por ahora no hay nada, te lo he dicho para hacerte estar atenta y hacerte
conocer qué significa vivir en Mi Querer, significa vivir de un latido eterno y divino, vivir con Mi
aliento omnipotente”.
Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 14, 29 de Abril de 1922
1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.


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