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miércoles, 8 de octubre de 2025

EFECTOS DE LA CONFIANZA



                    Continuando mi habitual estado de penas y de privaciones, me la paso con Jesús casi en silencio, toda abandonada en Él como una pequeña bebita. Entonces mi dulce Jesús haciéndose ver en mi interior me ha dicho: 

                    “Hija Mía, la confianza en Mí es la pequeña nube de luz en la cual queda el alma tan envuelta, que le hace desaparecer todos los temores, todas las dudas, todas las debilidades, porque la confianza en Mí no sólo le forma esta pequeña nube de luz que la envuelve toda, sino que la nutre con alimentos contrarios, que tienen la virtud de disipar todos los temores, dudas y debilidades. En efecto, la confianza en Mí disipa el temor y nutre al alma de puro amor, disipa las dudas y le da la certeza, quita la debilidad y le da la fortaleza, es más, la hace tan atrevida Conmigo, que se aferra a Mis pechos y chupa, chupa y se nutre, no quiere otro alimento, y si ve que chupando no recibe nada, y esto lo permito para ejercitarla en la más alta confianza, ella ni se cansa ni se separa de Mi Pecho, más bien chupa más fuerte, golpea la cabeza en Mi Pecho, y Yo complacido la hago hacer. Así que el alma que verdaderamente confía en Mí es Mi sonrisa y Mi complacencia, quien confía en Mí Me ama, Me estima, Me cree rico, potente, inmenso; en cambio, quien desconfía, no Me ama en verdad, Me deshonra, Me cree pobre, impotente, pequeño, ¡qué afrenta a Mi Bondad!”


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 12, 8 de Octubre de 1919



lunes, 26 de mayo de 2025

LUISA VE SU PROPIA NADA. JESÚS LE ENSEÑA ACERCA DEL DESPRECIO DE UNO MISMO



                    Esta mañana me encontraba en un aniquilamiento tal de mí misma, hasta sentirme odiosa y fastidiada, me parecía ser la más abominable que se pudiera encontrar; me veía como un pequeño gusano que se movía y se movía pero siempre quedaba allí, en el fango, sin poder dar un paso. ¡Oh Dios, qué miseria humana!. No obstante después de tantas gracias que me has dado, soy tan mala todavía. Y mi buen Jesús, siempre benigno con esta miserable pecadora, ha venido y me ha dicho: “El desprecio de ti misma sólo es loable cuando está bien investido por el espíritu de Fe, pero cuando no está investido por el espíritu de Fe, en vez de hacerte bien te podrá dañar, porque viéndote tal y como tú eres, que no puedes hacer nada de bien, desconfiarás, permanecerás abatida, sin animarte a dar un paso en el camino del bien, pero apoyándote en Mí, esto es, invistiéndote del espíritu de Fe, vendrás a conocer y a despreciarte a ti, y al mismo tiempo a conocerme a Mí, confiando del todo en poder obrar todo con Mi ayuda; y he aquí que haciendo de esta manera caminarás según la verdad”.

                    Cuánto bien hizo a mi alma este hablar de Jesús, he comprendido que debo entrar en mi nada y conocer quién soy yo, pero no debo detenerme ahí, sino que en seguida, después de haberme conocido a mí misma, debo volar al mar inmenso de Dios y ahí detenerme a tomar todas las gracias que se necesitan para mi alma, de otra manera la naturaleza queda debilitada y el Demonio buscará medios para arrojarla en la desconfianza.

                    Sea siempre bendito el Señor y siempre sea todo para Gloria Suya.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 26 de Mayo de 1899



viernes, 2 de mayo de 2025

CÓMO EN LA IGLESIA ESTÁ REFLEJADO TODO EL CIELO



                    Esta mañana Jesús daba mucha compasión, estaba tan afligido y sufriente que yo no me atrevía a hacerle ninguna pregunta, nos mirábamos en silencio, de vez en cuando me daba un beso y yo a Él, y así ha seguido haciéndose ver algunas veces. La última vez me hizo ver la Iglesia diciéndome estas palabras:

                    "En Mi Iglesia está representado todo el Cielo: así como en el Cielo una es la cabeza, que es Dios, y muchos son los Santos, de diferentes condiciones, órdenes y méritos, así en Mi Iglesia una es la cabeza, que es el Papa, y hasta en la tiara que rodea su cabeza está representada la Trinidad Sacrosanta, y muchos son los miembros que de esta cabeza dependen, o sea, diferentes dignidades, diferentes órdenes, superiores e inferiores, desde el más pequeño hasta el más grande todos sirven para embellecer Mi Iglesia, y cada uno según su grado tiene un oficio que le ha sido dado, y con el exacto cumplimiento de las virtudes viene a dar de sí en Mi Iglesia un esplendor olorosísimo, de modo que la tierra y el Cielo quedan perfumados e iluminados, y las gentes quedan tan atraídas por esta luz y por este perfume, que resulta casi imposible no rendirse a la Verdad. Te dejo a ti el considerar a aquellos miembros infectados, que en vez de producir luz dan tinieblas, ¡cuántos destrozos hacen en Mi Iglesia!"

                    Mientras Jesús así me decía, he visto al Confesor junto a Él, Jesús con Su mirada penetrante lo miraba fijamente; después, dirigiéndose a mí me ha dicho:

                    "Quiero que tengas plena confianza con el Confesor, aun en las mínimas cosas, tanto que entre Mí y él no debe haber diferencia alguna, porque en la medida de tu confianza y de la fe que des a sus palabras, así concurriré Yo."

                    En el momento que Jesús decía estas palabras me acordé de ciertas tentaciones del Demonio, que habían producido en mí un poco de desconfianza, pero Jesús con Su ojo vigilante, de inmediato me ha tomado nuevamente junto a Sí, y en ese mismo instante me sentí quitar de mi interior esa desconfianza. Sea siempre bendito el Señor que tiene tanto cuidado de esta alma tan miserable y pecadora.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 2 de Mayo de 1899




martes, 4 de febrero de 2025

LA DESCONFIANZA DEJA MORIBUNDA AL ALMA



                Encontrándome en un estado lleno de desaliento, especialmente por la privación de mi sumo Bien, esta mañana, apenas dejándose ver, me ha dicho: 

               "El desaliento es un humor infeccioso que infecta las más bellas flores y los más agradables frutos y penetra hasta el fondo de la raíz, de modo que aquel humor infeccioso, invadiendo todo el árbol, lo marchita, lo vuelve escuálido, y si no se le pone remedio regándolo con el humor contrario, como aquel humor malo se ha introducido hasta la raíz, seca la raíz y hace caer por tierra al árbol. Así le sucede al alma que se embebe de este humor infeccioso del desaliento".

               A pesar de todo esto yo me sentía todavía desalentada, toda encogida en mí misma y me veía tan mala que no me atrevía a arrojarme hacia mi dulce Jesús. Mi mente estaba ocupada pensando en que para mí era inútil esperar como antes las continuas visitas de Él, Sus gracias, Sus carismas, todo para mí había terminado. Y Él, casi reprendiéndome, ha agregado: 

               "¿Qué haces? ¿Qué haces? ¿No sabes tú que la desconfianza deja moribunda al alma?, que pensando en que debe morir no piensa más en nada, ni en adquirir, ni en comerciar, ni en embellecerse más, ni en poner remedio a sus males, no piensa otra cosa sino que para ella todo ha terminado. Y no sólo vuelve al alma moribunda, sino que la desconfianza pone a todas las virtudes en peligro de expirar".

               ¡Ah Señor!, me imagino ver a este espectro de la desconfianza, triste, mustio, medroso y todo tembloroso, y toda su maestría, no con otra astucia sino sólo con el temor, conduce las almas a la tumba. Pero lo que es peor, es que este espectro no se muestra como enemigo, porque entonces el alma podría burlarse de su miedo, sino que se muestra como amigo, y se infiltra tan dulcemente en el alma, que si el alma no está atenta, pareciéndole que es un amigo fiel que agoniza junto y llega a morir junto con ella, difícilmente se sabrá liberar de su artificiosa maestría.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 4 de Febrero de 1900