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martes, 12 de agosto de 2025

JESÚS LA TRANSFORMA TODA EN SÍ Y LE ENSEÑA LA CARIDAD



                    Esta mañana mi adorable Jesús, después que me ha hecho esperar por algún tiempo, ha venido diciéndome: “Hija Mía, esta mañana quiero uniformarte toda a Mí: quiero que pienses con Mi misma mente, que mires con Mis mismos ojos, que escuches con Mis mismos oídos, que hables con Mi misma lengua, que obres con Mis mismas manos, que camines con Mis mismos pies, y que ames con Mi mismo corazón”. 

                    Después de esto, Jesús unía Sus sentidos mencionados arriba con los míos, y veía que me daba Su misma forma; no sólo eso, sino me daba la gracia de usarlos como lo hizo Él mismo, y después ha continuado diciendo: “Gracias grandes vierto en ti, te recomiendo que las sepas conservar”.

                    Y yo: “Temo mucho, oh mi amado Jesús, al conocerme que estoy toda llena de miserias, y que en vez de hacer bien, hago mal uso de Tus gracias. Pero lo que más me hace temer es la lengua, que frecuentemente me hace faltar en la caridad hacia el prójimo”. Y Jesús: “No temas, te enseñaré Yo mismo el modo que debes tener al hablar con el prójimo; la primera cosa: cuando se te dice algo respecto al prójimo, hecha una mirada sobre ti misma y observa si tú eres culpable de ese mismo defecto, y entonces el querer corregir es un querer indignarme y escandalizar al prójimo. La segunda: si tú te ves libre de aquel defecto, entonces elévate y busca hablar como habría hablado Yo, así hablarás con Mi misma lengua. Haciendo así jamás faltarás en la caridad del prójimo, es más, con tus palabras harás bien a ti, al prójimo, y a Mí me darás Honor y Gloria”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 12 de Agosto de 1899


Oración para fundirnos con la
Divina Voluntad


Estampa devocional diseñada para ser impresa
a doble cara. Permitida su difusión, sin fines comerciales




miércoles, 30 de julio de 2025

SOBRE LA CARIDAD Y SOBRE LA ESTIMA DE LA PALABRA DE JESÚS



                    Continua casi siempre lo mismo. Esta mañana, transportándome Jesús según Su costumbre fuera de mí misma, hemos pasado en medio de mucha gente, y la mayor parte de ellas estaban atentas a juzgar las acciones de los demás, sin mirar las propias, y mi amado Jesús me ha dicho: “El medio más seguro para ser recto con el prójimo es no mirar en absoluto lo que hacen, porque mirar, pensar y juzgar es lo mismo, además, mirando al prójimo vienes a defraudar la propia alma, por lo que sucede que no se es recto ni consigo mismo, ni con el prójimo, ni con Dios”. 

                    Después de esto le he dicho: “Mi único Bien, ya hace tiempo que no me has dado ni siquiera un beso”. Y así nos hemos besado. Y queriéndome casi corregir ha agregado: “Hija Mía, lo que te recomiendo es conservar y estimar Mis palabras, porque Mi Palabra es eterna y santa como Yo Mismo, y conservándola en tu corazón y aprovechándola, tendrás tu santificación y por ello recibirás en recompensa un esplendor eterno, producido por Mi Palabra; haciendo de otra manera tu alma recibirá un vacío y quedarás deudora de Mí”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 30 de Julio de 1899



miércoles, 7 de mayo de 2025

DE LA PUREZA DE INTENCIÓN Y LA VERDADERA CARIDAD



                    Mientras que en el día he hecho la meditación, Jesús continuaba haciéndose ver junto a mí y me ha dicho: “Mi Persona está circundada por todas las obras que hacen las almas como por un vestido, y a medida de la pureza de intención y de la intensidad del amor con el cual se hacen, así Me dan más esplendor, y Yo daré a ellas más gloria, tanto que en el Día del Juicio las mostraré a todo el mundo para hacer conocer el modo como Me han honrado Mis hijos, y el modo como Yo los honro a ellos."

                    Luego, tomando un aire más afligido ha agregado: “Hija Mía, ¿qué será de tantas obras, aun buenas, hechas sin recta intención, por costumbre y con fines de interés?. ¿Cuál no será su vergüenza en el Día del Juicio, al ver tantas obras buenas en sí mismas, pero marchitas por su intención, que en vez de darles honor como a tantos otros, las mismas acciones les producirán vergüenza?. Porque no son las obras grandes lo que miro, sino la intención con la cual se hacen; aquí está toda Mi atención."

                    Por un rato Jesús ha hecho silencio y yo pensaba en las palabras que había dicho, y mientras las estaba rumiando en mi mente, especialmente sobre la pureza de intención, y como haciendo el bien a las criaturas, las mismas criaturas deben desaparecer, haciendo una a la criatura con el mismo Señor, y hacer como si las criaturas no existieran, Jesús ha vuelto a hablar diciéndome: “No obstante así es. Mira, Mi Corazón es grandísimo, pero la puerta es estrechísima, ninguno puede llenar el vacío de este Corazón sino sólo las almas desapegadas, desnudas y simples, porque como tú ves, siendo la puerta pequeña, cualquier impedimento, aun mínimo, es decir, una sombra de apego, de intención errónea, una obra sin el fin de agradarme, impide que entren a deleitarse en Mi Corazón. El amor del prójimo mucho le agrada a Mi Corazón, pero debe estar tan unido al Mío, que debe formar uno solo, sin poderse distinguir uno del otro; pero aquel otro amor al prójimo que no está transformado en Mi Amor, Yo no lo miro como cosa que Me pertenezca.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 7 de Mayo de 1899



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