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miércoles, 9 de septiembre de 2026

JESÚS LE HABLA DE LA NADA Y DEL AMOR QUE LE LLEVA



                    Jesús continúa viniendo, pero con un aspecto todo nuevo. Parecía que de Su Corazón Bendito salía un tronco de árbol que tenía tres raíces distintas, y este tronco, de Su Corazón entraba en el mío, y saliendo de mi corazón el tronco formaba tantas bellas ramas cargadas de flores, de frutos, de perlas y de piedras preciosas, resplandecientes como estrellas fulgidísimas. Ahora, mi amante Jesús, viéndose a la sombra de este árbol, se recreaba todo, mucho más que del árbol caían tantas perlas que formaban un bello adorno a Su Santísima Humanidad. Mientras estaba en esta posición me ha dicho:

                    “Hija Mía amadísima, las tres raíces que ves que contiene este árbol son: la Fe, la Esperanza y la Caridad. Y lo que tú ves que este tronco sale de Mí y se introduce en tu corazón, significa que no hay bien que posean las almas que no venga de Mí; así que después de la Fe, la Esperanza y la Caridad, el primer desarrollo que hace este tronco es el hacer conocer que todo el Bien viene de Dios, que de ellas no tienen otra cosa que su propia nada, y que esta nada no hace otra cosa que darme la libertad de hacerme entrar en ellas y hacerme obrar lo que quiero; mientras que hay otras nadas, esto es, otras almas, que con la libre voluntad que tienen se oponen, entonces, faltando este conocimiento, el tronco no produce ni ramas ni frutos, ni ninguna otra cosa de bueno. Las ramas que contiene este árbol, con todo el aparato de las flores, frutos, perlas y piedras preciosas, son todas las diversas virtudes que puede poseer el alma. Ahora, ¿quién ha dado la vida a este árbol tan bello? Ciertamente las raíces, esto significa que la Fe, la Esperanza y la Caridad abrazan todo, contienen todas las virtudes, tanto, que son puestas como base y fundamento del árbol, y sin ellas no se puede producir ninguna otra virtud”. 

                    Así que he comprendido también que las flores significan las virtudes, los frutos los sufrimientos, las piedras preciosas y las perlas el sufrir únicamente por el solo Amor de Dios. He aquí por qué aquellas perlas que caían formaban ese bello ornamento a Nuestro Señor. Ahora, mientras Jesús se sentaba a la sombra de este árbol, me miraba con ternura toda paterna, entonces, tomado por un rapto amoroso, que parecía que no podía contener en Sí, abrazándome fuertemente ha comenzado a decir:

                    “¡Cómo eres bella! Tú eres Mi candorosa paloma, Mi amada morada, Mi templo vivo, en el cual unido con el Padre y el Espíritu Santo Me complazco en deleitarme. Tu continuo penar por Mí Me alivia y consuela de las continuas ofensas que Me hacen las criaturas. Debes saber que es tanto el Amor que te tengo, que estoy obligado a esconderlo en parte, para hacer que tú no enloquezcas y puedas vivir, porque si te lo hiciese ver no sólo enloquecerías, sino que no podrías continuar viviendo, tu débil naturaleza quedaría consumada por las llamas de Mi Amor”.

                    Mientras esto decía yo me sentía toda confundir y aniquilar, y me sentía hundir en el abismo de mi nada, porque me veía toda imperfecta, especialmente notaba mi ingratitud y frialdad a las tantas gracias que el Señor me hace. Pero espero que todo redunde a Su Gloria y Honor, esperando con firme confianza que en un esfuerzo de Su Amor quiera vencer mi dureza.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 9 de Septiembre de 1899


viernes, 8 de mayo de 2026

LAS PENAS DE QUIEN AMA A JESÚS ESTÁN EN CONTINUAS CORRIENTES CON SU CORAZÓN



                    Continuando mi habitual estado (1), el Bendito Jesús se hacía ver como rayo que huye; ahora hacía ver la sombra de Su luz, ahora su mano. Yo sentía una pena indescriptible y Él, acariciándome la cara con su mano me ha dicho: 

                    “Pobre hija, cuánto sufres”. 

                    Y rápidamente se ha retirado. Entonces yo pensaba entre mí: “Tantas veces Jesús me ha dicho que me ama tanto y que sufre mucho cuando me ve sufrir por causa de Su privación, ¿quién sabe cuánto sufra ahora al verme petrificada por el dolor de Su privación?. Entonces para no hacerlo sufrir tanto, quiero hacerme fuerza a mí misma, tratando de estar más contenta, menos oprimida, más atenta en mantener mi vuelo, mi actitud en Su Voluntad, a fin de que le lleve mi beso no amargado, sino pacífico y contento, que no lo entristezca sino lo consuele”. Mientras esto pensaba, ha salido de mi interior todo doliente y con Su Corazón todo herido, y en su centro se veía una herida de la que salía una llamita, y me ha dicho: 

                    “Hija Mía, es cierto que por cuanto más te veo sufrir cuando te privo de Mí, tanto más siento Yo la pena, porque siendo tu pena ocasionada por Mi privación, no es otra cosa que efecto del Amor que tienes por Mí, por lo tanto si tú estas amargada, oprimida, tu latido hace eco en Mi Corazón y siento tu amargura y tu opresión. ¡Ah! si supieras cuánto sufro cuando te veo sufrir por causa Mía, usarías siempre esta cautela, esta atención para no amargarme de más; son las penas de quien más Me ama las que están en continuas corrientes con Mi Corazón. Mira, la herida que ves en el centro de Mi Corazón, de donde brota la llamita, es precisamente la tuya, pero consuélate, porque si Me da sumo dolor, también Me da sumo Amor. Tú quédate tranquila y Yo seguiré adelante en cumplir Mi Justicia, pero no te dejo, volveré frecuentemente, aunque sea como relámpago, no dejaré de hacerte Mis pequeñas visitas”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 14, 8 de Mayo de 1922


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.



martes, 7 de abril de 2026

EFECTOS DEL QUERER DIVINO. AMENAZAS DE CASTIGOS



                    Continuando mi habitual estado (1), mi dulce Jesús ha venido todo cansado, en acto de pedirme ayuda, y apoyando Su Corazón sobre el mío me hacía sentir Sus penas; cada pena que sentía era capaz de darme muerte, pero Jesús sosteniéndome me daba la fuerza para no morir. Después, mirándome me ha dicho:

                    “Hija Mía, paciencia, en ciertos días Me son más que nunca necesarias tus penas, para hacer que el mundo no se incendie del todo, por eso quiero hacerte sufrir más”. 

                    Y con una lanza que tenía en la mano me ha traspasado el corazón. Yo sufría mucho pero me sentía feliz pensando que mi Jesús dividía conmigo Sus penas, y que desahogándose conmigo podía librar a las gentes de los inminentes y terribles flagelos que caerán. Después de algunas horas de intensas penas, mi amable Jesús me ha dicho:

                    “Querida hija Mía, tú sufres mucho, por eso ven en Mi Querer para tomar descanso y juntos recemos por la pobre humanidad”. 

                    Yo no sé cómo me he encontrado en la inmensidad del Querer Divino, en brazos de Jesús, y Él como en voz baja decía y yo repetía junto con Él. Diré algo de lo que decía, porque el decirlo todo me resulta imposible. Recuerdo: en el Querer de Jesús veía todos los Pensamientos de Jesús, todo el bien que nos había hecho con Su Inteligencia, y cómo de Su Mente recibían vida todas las inteligencias humanas, pero, ¡oh, Dios! qué abuso hacían de ellas, cuántas ofensas, y yo decía: “Jesús, multiplico mis pensamientos en Tu Querer para dar a cada pensamiento Tuyo el beso de un pensamiento divino, una adoración, un reconocimiento a Ti, una reparación, un amor de pensamiento divino, como si otro Jesús lo hiciera, y esto en nombre de todos y de todos los pensamientos humanos, presentes, pasados y futuros, e intento suplir a las mismas inteligencias de las almas perdidas. Quiero que la Gloria por parte de las criaturas sea completa y que ninguno falte a la llamada, y lo que no hacen ellas, lo hago yo en Tu Querer para darte Gloria Divina y completa”. 

                    Después, Jesús mirándome esperaba como si quisiera una reparación a Sus ojos; y yo he dicho: “Jesús, me multiplico en Tus miradas, para tener también yo tantas miradas por cuantas veces has mirado a la criatura con amor; en Tus lágrimas para llorar también yo por todas las culpas de las criaturas, para poderte dar en nombre de todas, miradas de Amor Divino y Lágrimas Divinas, para darte Gloria y Reparación completa por todas las miradas de todas las criaturas”. 

                    Luego, Jesús ha querido que a todo, a la boca, al corazón, a los deseos, etc., continuara con las reparaciones, multiplicando todo en Su Querer; y si lo dijera todo me extendería demasiado, por eso paso adelante. Después Jesús ha agregado:

                    “Hija Mía, conforme tú hacías tus actos en Mi Querer, tantos soles se formaban entre el Cielo y la tierra, y Yo miro la tierra a través de estos soles, de otra manera es tanta la repugnancia que Me da la tierra, que no podría mirarla. Pero ella poco recibe de estos soles, porque son tantas las tinieblas que expanden, que poniéndose de frente a estos soles no recibe ni toda la luz ni el calor”.

                    Después me ha transportado en medio de las criaturas, ¿pero quién puede decir todo lo que hacían?. Sólo digo que mi Jesús con acento doloroso ha agregado:

                    “Qué desorden en el mundo, pero este desorden es culpa de las cabezas, tanto civiles como eclesiásticas; su vida interesada y corrupta no tiene fuerza para corregir a los súbditos, por tanto han cerrado los ojos ante los males de los miembros, porque hubieran recriminado los males propios, y si lo han hecho ha sido todo en modo superficial, porque no teniendo en ellos la vida de aquel bien, ¿cómo podían infundirla en los demás?. Y cuántas veces estas perversas cabezas han antepuesto los malos a los buenos, tanto que los pocos buenos han quedado turbados por este actuar de las cabezas, por eso haré castigar a las cabezas en modo especial”.

                    Y yo: “Perdona a las cabezas de la Iglesia, ya son pocos, si Tú los golpeas faltaran los regidores”.

                    Y Jesús: “¿No recuerdas que con doce apóstoles fundé Mi Iglesia?. Así, los pocos que quedarán bastarán para reformar al mundo. El Enemigo está ya a sus puertas, las revoluciones están ya en acto, las naciones nadarán en la sangre, las cabezas serán dispersadas; reza, reza y sufre, a fin de que el Enemigo no tenga la libertad de convertir todo en ruinas”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 12, 7 de Abril de 1919


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.



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martes, 10 de febrero de 2026

CUÁLES SON LOS CONTENTOS DEL ALMA



                    Encontrándome en mi habitual estado (1), sentía un descontento de mí misma, y habiendo venido el bendito Jesús me he sentido entrar en tal contento, que he dicho: “¡Ah! Señor, sólo Tú eres el verdadero contento”. 

                    Y Él ha continuado: “Y Yo te digo que el primer contento del alma es sólo Dios; el segundo contento es cuando el alma dentro de sí, y fuera de sí, no mira otra cosa que a Dios; el tercero es cuando el alma encontrándose en este ambiente divino, ningún objeto creado, ni criaturas, ni riquezas, rompen la Imagen Divina en su mente, porque la mente se alimenta de lo que piensa, y mirando sólo a Dios, de las cosas de acá abajo ve sólo aquellas que quiere Dios, no preocupándose de todo lo demás, y así se queda siempre en Dios; el cuarto contento es el sufrir por Dios, porque el alma y Dios, ora por mantener la conversación, ora por estrecharse más íntimamente, ora por declararse el Uno a la otra lo mucho que se quieren, Dios la llama y el alma responde, Dios se acerca y el alma lo abraza, Dios le da el sufrir y el alma voluntariamente sufre, es más, desea sufrir más por amor Suyo, para poderle decir: “¿Ves cómo Te amo?” . Y este es el mayor de todos los contentos”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 6, 10 de Febrero de 1905


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.



martes, 9 de septiembre de 2025

EFICACIA DE LAS INTENCIONES



                    Esta mañana mi adorable Jesús no venía. Entonces, mientras mi mente estaba ocupada en considerar el Misterio de la Coronación de espinas, me he acordado que estando ocupada otras veces en este Misterio, el Señor se complacía en quitarse de Su cabeza la corona de espinas y clavarla en la mía, y he dicho en mi interior: “Ah Señor, ya no soy digna de sufrir Tus espinas”. Y Él, ha venido de improviso y me ha dicho: 

                    “Hija Mía, cuando tú sufres Mis Mismas espinas, tú Me consuelas, y sufriéndolas tú Yo Me siento completamente libre de esas penas; cuando te humillas y te crees indigna de sufrirlas, entonces Me reparas los pecados de soberbia que se cometen en el mundo”. 

                    Yo he agregado: “¡Ah! Señor, por cuantas gotas derramaste, por cuantas espinas sufriste, por cuantas heridas, tanta gloria intento darte por cuanta gloria deberían darte todas las criaturas si no existiera el pecado de soberbia, y tantas gracias intento pedirte para todas las criaturas para hacer que este pecado se destruya”. 

                    Mientras esto decía, he visto que Jesús contenía en Él a todo el mundo, como una máquina contiene en sí los objetos, y todas las criaturas se han movido en Él, y Jesús se movía hacia ellas, y parecía que Él tuviese la gloria de mi intención y las criaturas hubieran regresado a Él para poder recibir el bien prestado por mí para ellas. Yo he quedado estupefacta, y Jesús viendo mi estupor ha dicho: “Parece sorprendente todo esto, ¿no es verdad?. No obstante parece cosa de nada lo que tú has hecho, sin embargo no es así; ¿cuánto bien se podría hacer con repetir esta intención y no se hace?”. 

                    Dicho esto ha desaparecido.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 9 de Septiembre de 1901



domingo, 20 de julio de 2025

EL VIVIR EN EL DIVINO QUERER INJERTA EN EL ALMA TODO LO QUE LA DIVINA VOLUNTAD HIZO Y LE HIZO SUFRIR A LA HUMANIDAD DE JESÚS



                    Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús ha venido y me ha sumergido tanto en Su Querer, que aun el querer salir de Él me resultaba imposible; me sucedía como a una persona que voluntariamente se ha arrojado desde su pequeño lugar a otro lugar interminable, la cual, viendo lo largo del camino, del cual no conoce ni siquiera los confines, deja el pensamiento de encontrar a su pequeño lugar, pero es feliz de su suerte. 

                    Entonces, mientras nadaba en el mar inmenso del Querer Divino, mi dulce Jesús me ha dicho: “Hija amadísima de Mi Querer, quiero hacer de ti una repetidora de Mi Vida; el vivir en mi Querer debe injertar en el alma todo lo que Mi Voluntad hizo y Me hizo sufrir en Mi Humanidad, no tolera ninguna desemejanza. Mira, Mi Voluntad eterna impuso a Mi Humanidad que aceptara tantas muertes por cuantas criaturas debían tener vida a la luz del día, y Mi Humanidad aceptó con amor estas muertes, tanto que el Querer Eterno hizo tantas marcas en Mi Humanidad por cuantas muertes debía sufrir. Ahora, ¿quisieras tú que Yo marcara la tuya con tantas marcas por cuantas fue marcada la Mía, a fin de que cuantas muertes sufrí Yo sufras tú?”. 

                    Yo he dicho Fiat, y Jesús con una maestría y velocidad al mismo tiempo, ha marcado la mía con tantas marcas de muerte por cuantas tenía Él, diciéndome:“Sé atenta y fuerte en sufrir estas muertes, mucho más porque de estas muertes saldrá la vida para tantas otras criaturas”. 

                    Ahora, mientras esto decía, con Sus mismas manos creadoras me tocaba, y conforme me tocaba creaba el dolor, tanto, de hacerme sentir penas mortales, me arrancaba el corazón, lo hería de mil modos, ahora con flechas de fuego, y ahora con flechas de hielo que me hacían tiritar, ahora lo apretaba tan fuerte que lo dejaba inmóvil; ¿pero quién puede decirlo todo? Sólo Él puede decir lo que hace. 

                    Yo me sentía aplastada, aniquilada y casi temía que no tuviera la fuerza, y Él, como queriendo reposar de las penas que me había dado, ha vuelto a decir: “¿De qué temes?. ¿Tal vez que Mi Querer no tenga fuerza suficiente para sostenerte en las penas que quiero darte?. ¿O bien que pudieras salir de los confines de Mi Querer?. Esto no será jamás, ¿no ves cuántos mares inmensos ha extendido Mi Querer en torno a ti, de modo que tú misma no encuentras el camino para salir de Él?. Todas las verdades, los efectos, los valores, los conocimientos que te he manifestado, han sido tantos mares de los cuales has quedado circundada, y otros mares continuaré extendiendo. Ánimo hija Mía, todo esto es necesario a la Santidad del vivir en Mi Querer, generar semejanza entre Yo y el alma. Esto hice con Mi Mamá, no toleré ni siquiera una pequeña pena, ni ningún acto o bien que hice, en que Ella no tomase parte; una era la Voluntad que Nos animaba, y por lo tanto cuando Yo sufría las muertes, las penas, cuando obraba, Ella moría, penaba, obraba junto Conmigo, en Su Alma debía ser copia fiel Mía, de modo que reflejándome en Ella debía encontrar otro Yo mismo. Ahora, lo que hice con Mi Mamá lo quiero hacer contigo, después de Ella te pongo a ti, quiero que sea reflejada la Santísima Trinidad sobre la tierra: Yo, Mi Mamá y tú. Y esto es necesario, que por medio de una criatura Mi Querer tenga Vida obrante sobre la tierra, ¿y cómo puedo tener esta Vida obrante si no doy lo que Mi Querer contiene y lo que hizo sufrir a Mi Humanidad?. Mi Querer tuvo verdadera Vida obrante en Mí y en Mi inseparable Mamá; ahora quiero que la tenga en ti, una criatura me es absolutamente necesaria, así Mi Querer lo ha establecido, las demás serán condicionadas”.

                    Entonces yo me sentía toda confundida, comprendía lo que Jesús decía, y más me sentía aniquilar, deshacer mi pobre ser; me sentía tan indigna que pensaba entre mí: “Qué equivocación comete Jesús, hay tantas almas buenas a las cuales podría elegir”. Pero mientras esto pensaba en mí, Él ha agregado: “Pobre hija, tu pequeñez junto a Mí se pierde, pero así lo he decidido, de la raza humana debía tomarla; si no te tomaba a ti, tomaba a otra criatura, pero porque tú eres más pequeña te he hecho crecer sobre Mis rodillas, te he nutrido a Mi seno como una pequeña niña, así que siento en ti Mi misma Vida y por eso he fijado sobre ti Mis miradas, te he mirado y vuelto a mirar, y complaciéndome he llamado al Padre y al Espíritu Santo a mirarte, y por consenso unánime te hemos elegido, por eso no te queda otra que serme fiel, y abrazar con amor la vida, las penas, los efectos, y todo lo que quiere nuestro Querer”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 14, 20 de Julio de 1922



lunes, 12 de mayo de 2025

JESÚS VIERTE DE SU COSTADO DULZURAS Y AMARGURAS EN LUISA. PASA LA JORNADA JUNTO CON JESÚS



                    Esta mañana mi adorable Jesús continuaba haciéndose ver afligido; me transportó fuera de mí misma y me hacía ver las ofensas que recibía, y yo comencé a pedir de nuevo que derramara en mí Sus amarguras. Jesús al principio no me hacía caso y sólo me ha dicho:

                    "Hija Mía, la Caridad sólo es perfecta cuando es hecha con el solo fin de agradarme, y entonces es verdadera y es reconocida por Mí cuando está despojada del todo".

                    Yo, tomando ocasión de sus mismas palabras le he dicho: "Amado Jesús mío, es por esto precisamente por lo que quiero que Tú derrames en mí Tus amarguras, para poderte aliviar en tantas penas, y si Te pido que libres también a las criaturas, es porque recuerdo bien que Tú en otras ocasiones, después de haberlas castigado, al verlas sufrir tanto la pobreza y otras cosas, mucho has sufrido también Tú. En cambio cuando yo he estado atenta y Te he pedido e importunado hasta cansarte que derramaras en mí Tus amarguras, tanto que Te complacías en derramar en mí librándolas a ellas, después Tú has quedado muy contento, ¿no lo recuerdas?. Y además ¿no son Tus imágenes?".

                    Jesús, viéndose convencido me ha dicho: "Por ti es necesario contentarte, acércate y bebe de Mi Costado".

                    Así hice, me acerqué para beber de Su Costado, pero en vez de salir la amargura chupaba una sangre dulcísima, que toda me embriagaba de amor y de dulzura; sí, por ello estaba contenta, pero no era esta mi intención, por eso dirigiéndome a e le dije: "Querido Bien mío, ¿qué haces?. No es amargo lo que me das sino dulce. ¡Ah, Te ruego, derrama Tú en mí Tus amarguras!". 

                    Y Jesús mirándome benignamente me dijo: "Continúa bebiendo, que detrás vendrá lo amargo".

                    Así, poniéndome nuevamente en Su Costado, después de que siguió saliendo lo dulce, salió también lo amargo. ¿Pero quién puede decir la intensidad de la amargura?.

                    Después que me sacie de beber me retiré y viendo Su cabeza que tenía la corona de espinas, se la quité y la hundí en mi cabeza, y Jesús parecía todo condescendiente, mientras que en otras ocasiones no había permitido esto. 

                    ¡Cómo era bello ver a Jesús después de que derramó Sus amarguras! Parecía casi desarmado, sin fuerza, sosegado, como un humilde corderillo, todo condescendiente. 

                    Yo advertí que la hora era tardísima, y como el Confesor había venido temprano esta mañana para llamarme a la obediencia, no es que yo supiera que debía ser llamada por la obediencia, porque ante la obediencia Jesús me deja libre; por eso vuelta hacia Él le dije: "Jesús dulcísimo, no permitas que yo sirva de molestia a la familia y de fastidio al Confesor con hacerlo venir de nuevo, ah, Te lo pido, hazme Tú mismo regresar en mí!". Y Jesús me ha dicho: "Hija Mía, no te quiero dejar este día". Y yo: "Tampoco yo tengo corazón para dejarte, pero sólo por un poquito, para hacer ver a la familia que estoy en mí misma y después volveremos a estar juntos?".

                    Así, después de un largo debate, dándonos un adiós recíproco me dejó un poco. Era exactamente la hora de la comida y la familia venía a llamarme, y si bien me sentía en mí misma, pero me sentía toda llena de sufrimiento, la cabeza no la aguantaba, lo amargo y lo dulce bebido del Costado de Jesús me daba tal saciedad y sufrimiento al mismo tiempo, que me resultaba imposible poder tomar alguna otra cosa. La palabra dada a Jesús me hacía sentirme entre espinas; así, con el pretexto de que me dolía la cabeza dije a la familia: "Déjenme sola, que no quiero nada". Y así quedé libre de nuevo y en seguida empecé a llamar al dulce Jesús, y Él siempre benigno ha regresado; ¿pero quién puede decir lo que pasé hoy, cuántas gracias hizo Jesús a mi alma, cuántas cosas me hizo entender?. Es imposible poderlo expresar con palabras. 

                    Así, después de estar un largo rato, Jesús para calmar mis sufrimientos, de Su boca ha vertido una leche dulce, y después hacia la noche me ha dejado dándome Su palabra de que pronto regresaría, y así me he encontrado de nuevo en mí misma, pero un poco más libre de sufrimientos.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 12 de Mayo de 1899



viernes, 9 de mayo de 2025

LAMENTOS, PETICIONES, COLOQUIO CON JESÚS



                    Esta mañana me encontraba en un mar de aflicción por la pérdida de Jesús. Después de mucho esperar ha venido y se estrechaba tanto a mí, que no podía ni siquiera verlo, llegaba a poner Su frente sobre la mía, apoyaba Su Rostro sobre el mío y así todos los demás miembros. 

                    Ahora, mientras Jesús estaba en esta posición le he dicho: "Mi adorable Jesús, ¿ya no me quieres?"

                    Y Él: "Si no te amara no Me estaría tan cerca de ti."

                    Y yo he vuelto a decirle: "¿Cómo me dices que me amas si no me haces más sufrir como antes?. Temo que no me quieras más en este estado; al menos libérame entonces del fastidio del Confesor."

                    Mientras esto decía, parecía que Jesús no hacía caso a mis palabras y me hacía ver una multitud de gente que cometían toda clase de infamias, y Jesús indignado con ellos, hacía caer entre ellos diferentes clases de enfermedades contagiosas, y muchos morían negros como carbones, parecía que Jesús exterminaba de la faz de la tierra a aquella multitud de gente.

                    Mientras esto veía, le pedí a Jesús que vertiera en mí Sus amarguras a fin de que pudiera yo librar a la gente, pero ni siquiera en esto me hacía caso; y respondiéndome a las palabras que antes le había dicho ha agregado:

                    "El más grande castigo que puedo darte a ti, al Sacerdote y al pueblo, es si te liberase de este estado de sufrimientos. Mi Justicia se desahogaría con todo su furor, porque no encontraría más alguna oposición. Tan es verdad, que el peor mal para alguien es ser puesto en un oficio y después ser depuesto, mejor para él si no se le hubiera encargado aquel oficio, porque abusando y no aprovechando se vuelve indigno."

                    Después Jesús ha seguido viniendo varias veces el día de hoy, pero tan afligido que daba piedad y hasta hacía llorar, tal vez hasta las mismas piedras. Por cuanto pude busqué consolarlo, ahora lo abrazaba, ahora le sostenía la cabeza tan sufriente, ahora le decía: "Corazón de mi corazón, Jesús, nunca ha sido Tu costumbre aparecerte a mí tan afligido; si otras veces te has hecho ver afligido, con verter en mí Tus amarguras pronto has cambiado aspecto, pero ahora me es negado darte este alivio. ¿Quién lo diría, que después de tanto tiempo que te has dignado derramar Tus amarguras en mí y hacerme partícipe de Tus sufrimientos, y que Tú mismo has hecho tanto para disponerme, ahora deba quedar privada?. El sufrir por Tu Amor era mi único alivio, era el sufrir lo que me hacía soportar el exilio del Cielo, pero ahora, faltándome esto siento que no tengo ya donde apoyarme y la vida me da fastidio. ¡Ah! Esposo Santo, amado Bien, amada Vida mía, haz que vuelvan a mí las penas, dame el sufrir, no mires mi indignidad y mis graves pecados, sino Tu gran Misericordia que no está agotada."

                    Mientras me desahogaba con Jesús, Él, acercándose más a mí me ha dicho: “Hija Mía, es Mi Justicia que quiere desahogarse sobre las criaturas; el número de pecados de los hombres está casi completo y la Justicia quiere salir fuera para hacer gala de su furor y repararse de las injusticias de los hombres. Bueno, para hacerte ver como Estoy amargado y para contentarte un poco, quiero verter en ti sólo Mi aliento."

                    Y así, acercando Sus labios a los míos me enviaba Su respiro, que era tan amargo que me sentía envenenar la boca, el corazón y toda mi persona.

                    Si Su solo aliento era tan amargo, ¿qué será del resto de Jesús?. Me dejó tanta pena que me sentí traspasar el corazón.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 9 de Mayo de 1899



sábado, 3 de mayo de 2025

FIESTA A LA CRUZ EN EL CIELO



               Esta mañana me he encontrado fuera de mí misma y veía todo el Cielo sembrado de cruces, pequeñas, grandes, medianas. Las más grandes, más resplandor daban; era un encanto dulcísimo el ver tantas cruces que embellecían el firmamento, más resplandecientes que el Sol. 

               Después de esto pareció que se abría el Cielo y se veía y oía la fiesta que los Bienaventurados hacían a la Cruz. Quien más había sufrido, era más festejado en este día. Se distinguían en modo especial los Mártires y quienes habían sufrido ocultamente. ¡Oh, cómo se estimaba en esa Bienaventurada Morada la Cruz y a quien más había sufrido! Mientras esto veía, una voz ha resonado por todo el empíreo que decía:

           “Si el Señor no mandase las cruces sobre la tierra, sería como aquel padre que no tiene amor por los propios hijos, que en vez de querer verlos honrados y ricos, los quiere ver pobres y deshonrados”.

               El resto que vi de esta fiesta no tengo palabras para explicarlo, lo siento en mí pero no sé manifestarlo, por eso hago silencio.


Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 3 de Mayo de 1900



martes, 29 de abril de 2025

LA VIDA DE DIOS SE MANIFIESTA EN LAS CRIATURAS CON LAS PALABRAS, CON LAS OBRAS Y CON LOS SUFRIMIENTOS, PERO LO QUE LA MANIFIESTA MÁS CLARAMENTE SON LOS SUFRIMIENTOS



               Continuando mi habitual estado (1), me he encontrado rodeada por tres vírgenes, las cuales tomándome querían a viva fuerza crucificarme sobre una cruz, y yo como no veía al Bendito Jesús, temiendo, ponía resistencia, y ellas viendo mi resistencia me han dicho: “Hermana queridísima, no temas que no esté nuestro Esposo, deja que te comencemos a crucificar, que el Señor atraído por la virtud de los sufrimientos vendrá, nosotras venimos del Cielo, y como hemos visto males gravísimos que están por suceder en Europa, para hacer que al menos sucedan más benignos hemos venido a hacerte sufrir”. 

                Mientras tanto me han traspasado con clavos las manos y los pies, pero con tal crudeza de dolor que me sentía morir. Ahora, mientras sufría ha venido el Bendito Jesús, y viéndome con severidad me ha dicho: “¿Quién te ha ordenado ponerte en estos sufrimientos?. Entonces ¿para qué me sirves? ¿Para no poder ni siquiera ser libre de hacer lo que quiero, y para ser un continuo estorbo a Mi Justicia?”. 

               Yo en mi interior decía: “Qué quiere de mí, yo ni siquiera quería, han sido ellas las que me han inducido, y la toma contra mí”. Pero no podía hablar por lo acerbo del dolor; aquellas vírgenes viendo la severidad de nuestro Señor, más me hacían sufrir sacando y volviendo a meter los clavos, y me acercaban a Él mostrándole mis sufrimientos, y cuanto más sufría, más parecía que el Señor se apaciguaba, y cuando lo han visto más apaciguado y casi enternecido por mi sufrir, me han dejado y se han ido, dejándome sola con Nuestro Señor. Entonces Él mismo me asistía y sostenía, y viéndome sufrir, para reanimarme me ha dicho:

               “Hija Mía, Mi Vida se manifiesta en las criaturas con las palabras, con las obras y con los sufrimientos, pero lo que la manifiesta más claramente son los sufrimientos”. 

               Mientras estaba en esto ha venido el Confesor para llamarme a la obediencia, y en parte por los sufrimientos, y en parte porque el Señor no me dejaba, no podía obedecer. Entonces me he lamentado con mi Jesús, diciéndole: “Señor, ¿Cómo es que se encuentra el Confesor a esta hora?. ¿Justo ahora debía venir?” . Y Él: “Hija Mía, déjalo que esté un poco con Nosotros y que participe también en Mis gracias. Cuando uno continuamente frecuenta una casa, participa del llanto y de la risa, de la pobreza y de la riqueza; así es del Confesor, ¿no ha participado de tus mortificaciones y privaciones? Ahora participa de Mi Presencia”. 

               Entonces parecía que le participaba la Fuerza Divina diciéndole: “La Vida de Dios en el alma es la esperanza, y por cuanto esperes, tanto de Vida Divina contienes en ti mismo, y así como la Vida Divina contiene potencia, sabiduría, fortaleza, amor y otras cosas, así el alma se siente regar por tantos arroyos por cuantas son las virtudes divinas, y la Vida Divina crece siempre en ti mismo; pero si no esperas, en lo espiritual, y por lo espiritual participará también lo corporal, la Vida Divina se irá consumiendo hasta apagarse del todo, por eso espera, espera siempre”. 

               Después, con esfuerzo he recibido la Comunión, y después me he encontrado fuera de mí misma y veía tres hombres en forma de tres caballos indómitos que se desenfrenaban en Europa, haciendo tantos estragos de sangre, y parecía que querían envolver como dentro de una red a la mayor parte de Europa en guerras encarnizadas, todos temblaban a la vista de estos diablos encarnados, y muchos quedaban destruidos.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 6, 29 de Abril de 1904 


  1) Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.





sábado, 8 de marzo de 2025

JESÚS LE DICE QUE LA CRUZ LO HIZO CONOCER COMO DIOS. LE EXPLICA ACERCA DE LA CRUZ DEL DOLOR Y DEL AMOR

 


               Continuando mi pobre estado y el silencio de Jesús Bendito, esta mañana, encontrándome más que nunca oprimida, al venir me ha dicho: “Hija Mía, no las obras, ni la predicación, ni la misma potencia de los milagros Me hicieron conocer con claridad como el Dios que Soy, sino cuando fui puesto en la Cruz y levantado sobre Ella como sobre Mi propio Trono, entonces fui reconocido como Dios; así que sólo la Cruz reveló al mundo y a todo el Infierno quién era Yo verdaderamente; entonces todos quedaron sacudidos, y reconocieron a su Creador. Así que es la Cruz la que revela a Dios al alma, y hace conocer si el alma es verdaderamente de Dios, se puede decir que la Cruz descubre todas las partes íntimas del alma y revela a Dios y a los hombres quién es esta alma”. 

               Después ha agregado: “Sobre dos cruces Yo consumo a las almas, una es de dolor, la otra es de amor; y así como en el Cielo todos los nueve Coros Angélicos Me aman, sin embargo cada uno tiene su oficio especial, como los Serafines, que su oficio especial es el amor y su Coro es puesto más enfrente para recibir las reverberaciones de Mi Amor, tanto que Mi Amor y el de ellos saeteándose juntos se acoplan continuamente. Así a las almas sobre la tierra les doy su oficio diferente, a quien la vuelvo mártir de dolor, y a quien de amor, siendo ambos hábiles maestros en sacrificar a las almas y hacerlas dignas de Mis complacencias”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 8 de Marzo de 1901



domingo, 2 de marzo de 2025

LA UNIÓN DE LOS QUERERES ATA EL ALMA A JESÚS



               Esta mañana, habiendo recibido la Santa Comunión, mi dulce Jesús se hacía ver crucificado, e internamente me sentía atraída a mirarme en Él, para poder semejarme a Él, y Jesús se reflejaba en mí para atraerme a Su semejanza. 

               Mientras esto hacía yo me sentía infundir en mí los dolores de mi crucificado Señor, que con toda bondad me ha dicho: “Quiero que tu alimento sea el sufrir, no por sufrir solamente, sino como fruto de Mi Voluntad. El beso más sincero que ata más fuerte nuestra amistad, es la unión de nuestros quereres, y el nudo indisoluble que nos estrechará en continuos abrazos será el continuo sufrir”. 

               Mientras esto decía, el bendito Jesús se ha desclavado y ha tomado Su cruz y la extendió en el interior de mi cuerpo, y yo quedaba tan extendida en ella que me sentía dislocar los huesos, además, una mano que no sé decir con certeza de quién era, me traspasaba las manos y los pies, y Jesús que estaba sentado sobre la cruz que estaba distendida en mi interior, todo se complacía en mi sufrir y en quien me traspasaba las manos, y ha agregado: “Ahora puedo reposar tranquilamente, no tengo que tomar ni siquiera la molestia de crucificarte, porque la obediencia quiere hacerlo todo, y Yo libremente te dejo en las manos de la obediencia”. Y levantándose de la cruz se ha puesto sobre mi corazón para reposarse. ¿Quién puede decir cómo he quedado sufriente estando en esa posición?. 

              Después de haber estado largo tiempo, Jesús no se apresuraba en aliviarme como las otras veces para hacerme regresar a mi estado natural, y a aquella mano que me había puesto sobre la cruz no la veía más, esto se lo decía a Jesús, quien me respondía: “¿Quién te ha puesto sobre la cruz?. ¿Tal vez he sido Yo?. Ha sido la obediencia, y la obediencia te debe quitar de ahí”. Parece que esta vez tenía ganas de jugar, y como suma gracia he obtenido que me liberara el Bendito Jesús.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 2 de Marzo de 1900



jueves, 22 de agosto de 2024

SÓLO YO Y TÚ SIEMPRE



               También quiero que si las personas te mortifican, te injurian, te contradicen, la mirada también fija en Mí, pensando que con Mi misma boca te digo: "Hija, Soy propiamente Yo que quiero que sufras esto, no las criaturas, aleja la mirada de ellas, sino sólo Yo y tú siempre, todas las demás destrúyelas. Mira, quiero hacerte bella por medio de estos sufrimientos, te quiero enriquecer con méritos, quiero trabajar tu alma, volverte similar a Mí. Tú me harás un regalo, me agradecerás afectuosamente, serás agradecida con aquellas personas que te dan ocasión de sufrir, recompensándolas con algún beneficio. 


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, "Libro de Cielo", Vol. 1