lunes, 26 de octubre de 2026

EN TODOS LOS ACTOS QUE HIZO JESÚS, SU FINALIDAD ERA EL REINO DEL FIAT DIVINO. ADÁN SE SIENTE VOLVER A DAR EL HONOR PERDIDO POR ÉL



                    Continuaba uniéndome junto con los actos que Jesús hizo en la Redención, y mi siempre amable Jesús me ha dicho: 

                    “Hija Mía, mira cómo todos los actos que hice al redimir al hombre, aun Mis Mismos milagros que hice en Mi vida pública, no eran otra cosa que llamar el Reino del Fiat Supremo en medio de las criaturas, en el acto de hacerlos pedía a Mi Padre Celestial que lo hiciera conocer y lo restableciera en medio de las generaciones humanas. 

                    Si daba la vista a los ciegos, Mi primer acto era el de poner en fuga las tinieblas de la voluntad humana, causa primaria de la ceguera del alma y del cuerpo, y que la luz de la Mía iluminara las almas de tantos ciegos, a fin de que obtuvieran la vista para mirar Mi Voluntad para amarla, a fin de que también sus cuerpos estuvieran exentos de perder la vista; si daba el oído a los sordos, primero pedía a Mi Padre que adquirieran el oído para escuchar las voces, los conocimientos, los prodigios de Mi Querer Divino, a fin de que entrase en sus corazones como camino para dominarlos, a fin de que no más sordos existieran en el mundo, ni en el alma ni en el cuerpo; también cuando resucité a los muertos pedía que resucitasen las almas en Mi Eterno Querer, también aquellas putrefactas y vueltas más que cadáveres por la voluntad humana. 

                    Y cuando tomé las cuerdas para arrojar a los profanadores del templo, era a la voluntad humana que arrojaba, a fin de que entrase la Mía, reinante y dominante, para que fuesen verdaderamente ricos en el alma y no más sujetos a pobreza natural. Y hasta cuando entré triunfante en Jerusalén, en medio de la muchedumbre, rodeado de honor y de gloria, era el triunfo de Mi Voluntad que establecía en medio de los pueblos, no hubo un acto que Yo hiciera estando en la tierra en que no pusiera Mi Voluntad como acto primero para restablecerla en medio de las criaturas, porque era la cosa que más Me importaba. 

                    Y si no fuera así, que en todo lo que obré y sufrí no hubiera tenido como acto primero el Reino del Fiat Supremo para restablecerlo en medio de las criaturas, Mi Venida a la tierra hubiera traído a las generaciones humanas un bien a la mitad, no completo, y la Gloria de Mi Padre Celestial no habría sido completamente reintegrada por Mí, porque como Mi Voluntad es principio de todo bien, es finalidad única de la Creación y Redención, por lo tanto es fin de cumplimiento de todas Nuestras obras. Así que sin Ella nuestras obras más bellas quedan comenzadas y sin cumplimiento, porque es Ella sola la corona de Nuestras obras y el sello de que Nuestra Obra está cumplida. He aquí por esto, que por Honor y Gloria de la misma Obra de la Redención, debía tener como acto primero la finalidad del Reino de Mi Voluntad”.

                    Después de esto estaba comenzando mi giro en la Divina Voluntad y poniéndome en el Edén terrenal, donde Adán había hecho el primer acto de sustracción de su voluntad a la Divina, decía a mi dulce Jesús: “Amor mío, quiero aniquilar mi querer en el Tuyo, para que jamás tenga vida, para hacer que en todo y por siempre tenga vida la Tuya, para reparar el primer acto que hizo Adán, para volver a dar toda aquella gloria a Tu Supremo Querer como si Adán no se hubiera sustraído de Él. ¡Oh! cómo quisiera volver a darle el honor perdido por él, porque hizo su voluntad y rechazó la Tuya, y este acto intento hacerlo por cuantas veces todas las criaturas han hecho su voluntad, causa de todos sus males y han rechazado la Tuya, principio y fuente de todos los bienes, por eso Te ruego que venga pronto el Reino del Fiat Supremo, a fin de que todos, desde Adán hasta todas las criaturas que han hecho su voluntad, reciban el honor, la gloria perdida y Tu Querer reciba el Triunfo, la Gloria y su cumplimiento”. Ahora, mientras esto decía, mi Sumo Bien Jesús se ha conmovido todo y enternecido, y haciéndome presente a mi primer padre Adán, ha hecho que él me dijera con un énfasis de amor todo especial:

                    “Hija bendita, finalmente mi Señor Dios después de tantos siglos, ha hecho salir a la luz del día a aquella que debía pensar en volverme a dar el honor y la gloria que perdí con hacer desdichadamente mi voluntad. Cómo me siento duplicada mi felicidad, hasta ahora ninguno ha pensado en volver a darme este honor que perdí, por eso agradezco vivamente a Dios que te ha hecho salir a la luz, y te agradezco a ti, como hija a mí muy amada, que hayas tomado el empeño de volver a dar a Dios la Gloria como si jamás Su Voluntad hubiese sido ofendida por mí, y a mí el gran honor de que el Reino del Fiat Supremo sea restablecido en medio de las generaciones humanas. Es justo que te ceda el lugar que a mí me tocaba, como primera criatura salida de las manos de nuestro Creador”.

                    Después de esto mi amable Jesús estrechándome a Él me ha dicho:

                    “Hija Mía, no sólo Adán, sino todo el Cielo esperan tus actos en Mi Querer, a fin de que reciban el honor que les ha quitado su querer humano; tú debes saber que he puesto más gracia en ti que no puse en Adán, para hacer que Mi Querer te poseyera y con triunfo te dominara, y el tuyo se sintiese honrado de no tener jamás vida y cediera el puesto a Mi Voluntad. En él no puse Mi Humanidad como ayuda y fuerza suya y como cortejo de Mi Voluntad, porque no la tenía entonces, en ti la he puesto para suministrarte todas las ayudas que se necesitan para hacer que la tuya esté en su puesto y la Mía pueda reinar, y junto contigo seguir tus giros en Mi Eterno Querer para establecer Su Reino”.

                    Yo al oír esto, como sorprendida he dicho: “Jesús mío, ¿qué dices?. Me parece que quieres tentarme y burlarte de mí. ¿Será posible que has puesto más gracia en mí que en Adán?”.

                    Y Jesús: “Cierto, cierto hija Mía, debía hacer de modo que tu voluntad fuera sostenida por una Humanidad Divina para hacer que no vacilara y estuviera firme en Mi Voluntad, por eso no Me burlo, sino que te lo digo a fin de que Me correspondas y seas atenta”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 20, 26 de Octubre de 1926



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