Mostrando entradas con la etiqueta Justicia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Justicia. Mostrar todas las entradas

viernes, 23 de octubre de 2026

LA DIVINA VOLUNTAD OBRANTE Y DOMINANTE EN LA CRIATURA FORMA UN DULCE ENCANTO A LAS PUPILAS DIVINAS, Y DESARMA LA JUSTICIA DIVINA



                    Paso días amargos por la privación de mi dulce Jesús. ¡Oh! cómo lloro por Su amable presencia, aun el solo recuerdo de Sus dulces palabras son heridas a mi pobre corazón y digo entre mí: “¿Y ahora dónde está?, ¿adónde dirigió Sus pasos?, ¿dónde podría encontrarlo? ¡Ay! todo ha terminado, no lo veré más, no escucharé más su voz, no más rezaremos juntos, ¡cómo es dura mi suerte, qué desgarro, qué pena!. ¡Ah Jesús, cómo has cambiado!, ¿cómo has huido de mí?. Pero si bien lejos, Te mando en alas de Tu Querer, donde estés, mis besos, mi amor, mi grito de dolor que Te dice: Ven, regresa a la pobre exiliada, a la pequeña recién nacida que no puede vivir sin Ti”. 

                    Pero mientras esto y más decía, mi amable Jesús se ha movido en mi interior, y extendiéndome Sus brazos me ha estrechado fuerte, fuerte, y yo le he dicho: “Mi vida, mi Jesús, no puedo más, ayúdame, dame la fuerza, no me dejes más, llévame Contigo, me quiero ir”. Y Jesús interrumpiendo mi hablar me ha dicho:

                    “Hija Mía, ¿no quieres hacer Mi Voluntad?”.

                    Y yo: “Claro que quiero hacer Tu Voluntad, pero también en el Cielo está Tu Voluntad, así que si hasta ahora la he hecho en la tierra, de ahora en adelante quiero ir a hacerla en el Cielo, por eso, pronto, llévame, no me dejes más, siento que no puedo más, ten piedad de mí”.

                    Y Jesús de nuevo: “Hija Mía, tú no sabes qué cosa es Mi Voluntad en la tierra, se ve que después de tantas lecciones Mías no lo has entendido bien. Debes saber que el alma que hace vivir Mi Voluntad en ella, conforme reza, conforme sufre, obra, ama, etc., etc., forma un dulce encanto a las pupilas divinas, de manera que encierra en ese encanto, con sus actos, la mirada de Dios, de modo que raptado por la dulzura de este encanto, muchos castigos que se atraen las criaturas con sus graves pecados, este encanto tiene virtud de impedir que Mi Justicia se derrame con todo su furor sobre la faz de la tierra, porque también Mi Justicia siente el encanto de Mi Voluntad que obra en la criatura. ¿Te parece poco que el Creador vea en las criaturas, viviendo aún sobre la tierra, Su Voluntad obrante, triunfante, dominante, con esa misma libertad con la cual obra y domina en el Cielo?. 

                    Este encanto no está en el Cielo, porque Mi Voluntad en Mi Reino domina como en su casa, y el encanto viene formado en Mí Mismo, no fuera de Mí, así que Soy Yo, es Mi Voluntad la que encanta con una fuerza raptora a todos los Bienaventurados, de manera que sus pupilas están encerradas en Mi encanto para gozar eternamente, así que no ellos Me forman el dulce encanto, sino Yo a ellos, así que Mis pupilas están libres, no sufren ninguna fascinación. 

                    En cambio Mi Voluntad viviendo en la criatura que navega en el exilio, es obrante y dominante en casa de la criatura, y por esto me forma el encanto, Me fascina y hace sentir a Mi mirada un atractivo tal, que Me rapta a fijar Mis pupilas en ella, sin poder separarlas. ¡Ah! tú no sabes cuán necesario es este encanto en estos tiempos.- ¡Cuántos males vendrán!. Los pueblos se verán obligados a devorarse uno al otro, serán tomados de tal rabia, de ensañarse el uno contra el otro, pero la culpa mayor es de los jefes y gobernantes. 

                    ¡Pobres pueblos!. Tienen por jefes a verdaderos carniceros, diablos encarnados que quieren hacer carnicería de sus hermanos. Si los males no debieran ser graves, tu Jesús no te dejaba como privada de Él; tú temes que sea por otra cosa por lo que te privo de Mí, no, no, está segura, es Mi Justicia que privándote de Mí quiere descargarse sobre las criaturas; tú no salgas jamás de Mi Voluntad, a fin de que su dulce encanto pueda evitar a los pueblos males mayores”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 17, 23 de Octubre de 1924



lunes, 2 de febrero de 2026

EL ABANDONO EN DIOS FORMA LAS ALAS PARA VOLAR EN EL ÁMBITO DE LA ETERNIDAD. QUÉ ES LA ETERNIDAD.



                    Me sentía muy oprimida por la privación de mi dulce Jesús, y por otras razones que no es necesario escribir aquí, y mi amado Jesús moviéndose en mi interior y estrechándome a Él para darme fuerza, pues me sentía sucumbir, me ha dicho:

                    “Hija Mía, Mi Voluntad es vida y movimiento de todo, ¿pero sabes tú quién sigue su movimiento y toma el vuelo en Mi Eterno Querer, de manera que gira como gira Él en el ámbito de la Eternidad y se encuentra donde Él se encuentra y hace lo que Él hace?, El alma del todo abandonada en Mi Santa Voluntad; el abandono son las alas para volar junto con Mi Querer, en cuanto cesa el abandono así pierde el vuelo y quedan destruidas las alas. Así que todos sienten el movimiento, la Vida de Mi Voluntad, pero se quedan en el punto donde están, porque no hay movimiento que no parta de Mí, pero sólo quien tiene las alas del abandono en Mí, hace el mismo camino de Mi Voluntad, sobrevuela sobre todo, sea en el Cielo o en la tierra, entra en el ámbito de la Eternidad y gira en medio de las Tres Divinas Personas, penetra en los más íntimos lugares de Ellas, está al día de Sus Secretos y de Sus Bienaventuranzas. 

                    Sucede como a una máquina, donde en medio está la primera rueda y en torno a ella otras muchas pequeñas ruedecillas que son fijas; en cuanto se mueve la primera rueda todas las demás reciben el movimiento, pero nunca llegan a tocar a la primera rueda, ni saben nada de lo que ella hace ni de los bienes que contiene; en cambio otra pequeña ruedita que no esté fija, y que por medio de un mecanismo gire siempre por todas las ruedecillas para encontrarse en cada movimiento de la primera rueda, para hacer de nuevo su giro, esta ruedecilla girante sabe lo que hay en la primera rueda y toma parte en los bienes que ella contiene. 

                    Ahora, la primera rueda es Mi Voluntad, las ruedecillas fijas son las almas abandonadas a sí mismas, lo que las vuelve inmóviles en el bien; la ruedecilla girante es el alma que vive en Mi Voluntad, el mecanismo es el abandono todo en Mí, así que cada falta de abandono en Mí es un giro que pierdes en el ámbito de la Eternidad. ¡Si supieras qué significa perder un giro eterno!”.

                    Yo al oír esto he dicho: “¿Pero dime Amor mío, qué significa Eternidad y qué cosa es este giro eterno?”.

                    Y Jesús ha agregado: “Hija Mía, la Eternidad es un círculo inmenso, donde no se puede conocer ni dónde empieza ni dónde termina; en este círculo se encuentra Dios, sin principio y sin fin, donde posee Felicidad, Bienaventuranzas, Alegrías, Riquezas, Belleza, etc., infinitas. En cada movimiento divino, que no cesa jamás, hace salir de este círculo de la Eternidad nuevas felicidades, nuevas bellezas, nuevas bienaventuranzas, etc., pero esto nuevo es un acto jamás interrumpido; pero uno no es parecido al otro, distintos entre ellos, nuestros contentos son siempre nuevos; son tales y tantas nuestras bienaventuranzas, que mientras gozamos una, otra nos sorprende, y esto siempre y jamás terminan, son eternas, inmensas como Nosotros, y lo que es eterno tiene virtud de hacer surgir cosas siempre nuevas; lo antiguo, las cosas repetidas no existen en lo que es eterno. 

                    ¿Pero sabes tú quién toma más parte en el Cielo de lo nuevo que jamás se agota?. Quien más haya practicado el bien en la tierra, este bien será como el germen que le dará el conocimiento de Nuestras Bienaventuranzas, Alegrías, Bellezas, Amor, Bondad, etc., y según el bien que el alma haya practicado en la tierra, que tenga alguna armonía con nuestras variadas Bienaventuranzas, así se acercará a Nosotros y a grandes sorbos se llenará de aquella Bienaventuranza de la cual contenga el germen, hasta desbordarse fuera. 

                    De todo lo que contiene el círculo de la Eternidad tomaran parte; en cambio de los gérmenes adquiridos en la tierra, de ellos serán colmados. Sucederá como a uno que haya aprendido música, un trabajo, una ciencia; sonando la música, muchos escuchan y gozan, pero, ¿quién entiende?. ¿Quién siente penetrarle en la inteligencia y descenderle en el corazón todas aquellas notas de gozo o de dolor?. ¿Quién se siente como lleno y ve en acto las escenas que la música expresa?. Quien ha estudiado, quien se ha fatigado por aprenderla, los demás gozan pero no entienden, su gozo está sólo en la percepción del oído, pero todo su interior queda en ayunas; así también quien ha aprendido las ciencias, ¿quién goza más, uno que ha estudiado, que ha consumido su inteligencia en los libros, en tantas cosas científicas, o bien quien sólo las ha mirado?. 

                    Cierto, quien ha estudiado puede hacer ganancias justas, puede ocupar diversos puestos, en cambio el otro puede gozar con la sola vista si ve cosas que pertenecen a las ciencias; así de todas las demás cosas. 

                    Si esto sucede en la tierra, mucho más en el Cielo, donde la Justicia pesa con la Balanza del Amor cada pequeño acto bueno hecho por la criatura, y pone sobre ese acto bueno una felicidad, una alegría, una belleza interminables. Ahora, ¿qué será del alma que habrá vivido en Mi Querer, donde todos sus actos quedan con un germen eterno y divino?. El círculo de la Eternidad se verterá de tal forma en ella, que toda la Jerusalén Celestial quedará sorprendida y harán nuevas fiestas y recibirán nueva gloria”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 16, 2 de Febrero de 1924



sábado, 17 de enero de 2026

LA MALDAD Y ASTUCIA DEL HOMBRE



                    Esta mañana mi adorable Jesús iba y venía, pero siempre en silencio. Después me he sentido salir fuera de mí misma, y oía a Jesús que desde atrás me decía:

                    “El hombre dice -porque no hay ya rectitud- : “Hasta en tanto que las cosas estén de este modo no podremos tener ningún éxito en nuestros planes, finjamos virtud, finjámonos rectos, mostrémonos verdaderos amigos externamente, porque así será más fácil tejer nuestras redes y atraerlos al engaño, y cuando salgamos para atraparlos y hacerles mal, cada uno, creyéndonos amigos, los tendremos en nuestras manos”. Ve un poco hasta donde llega la astucia del hombre”. 

                    Después de esto el Bendito Jesús queriendo un acto de reparación especial, parecía que me truncaba la vida ofreciéndome a la Divina Justicia. En el momento que esto hacía, yo creía que Jesús me hacía terminar esta vida, entonces le he dicho: “Señor, no quiero ir al Cielo sin Tus insignias, primero crucifícame y después llévame”. 

                    Así me ha traspasado las manos y los pies con los clavos, y mientras esto hacía, con suma amargura mía, Él desapareció y yo me encontré en mí misma, y dije entre mí: “Aquí estoy aún. ¡Ah!, cuántas veces me la haces mi amado Jesús, tienes un arte especial para saberlo hacer, porque me haces creer que debo morir, y entonces yo me río del mundo, de las penas, me río de Ti mismo porque ha terminado el tiempo de estar separados, no habrá más intervalos de separación. Pero apenas comienzo a reír cuando me encuentro otra vez atada por las cadenas de la cárcel de este frágil cuerpo,y olvidando el haber comenzado a reír, continúo el llanto, los gemidos, los suspiros de mi separación de Ti. ¡Ah Señor, hazlo pronto, porque me siento violentada a irme!”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 17 de Enero de 1900




jueves, 13 de noviembre de 2025

JESÚS SUFRE AL VER SUFRIR A LAS CRIATURAS. LUISA SE OFRECE PARA CONSOLARLO



                    Esta mañana mi adorable Jesús parecía inquieto, no hacía otra cosa que ir y venir, ahora se entretenía conmigo, ahora casi atraído por Su ardiente Amor hacia las criaturas iba a ver lo que hacían, y todo Se condolía por lo que sufrían, como si Él mismo y no ellas estuviera sufriendo. 

                    Muchas veces he visto al Confesor, que con su potestad sacerdotal obligaba a Jesús a hacerme sufrir Sus penas para poder aplacarlo, y Él, mientras parecía que no quería ser aplacado, después se mostraba contento y agradecía de corazón a quien se ocupaba en sostener Su brazo indignado, y ahora me participaba un sufrimiento y ahora otro. ¡Oh, cómo era tierno y conmovedor verlo en este estado!. Hacía destrozar el corazón de compasión. Muchas veces me ha dicho: 

                    “Confórmate a Mi Justicia, que no puedo más. ¡Ah! el hombre es demasiado ingrato y casi Me obliga por todas partes a castigarlo, Me arranca él mismo de Mis manos los castigos. ¡Si tú supieras cuánto sufro al hacer uso de Mi Justicia, pero es el hombre mismo el que Me hace violencia!. ¡Ah!, si no hubiera hecho otra cosa que comprar a precio de sangre su libertad, aun así debería ser agradecido Conmigo; pero el hombre, para hacerme mayor agravio va inventando nuevos modos para hacer inútil Mi desembolso”. 

                    Y mientras esto decía lloraba amargamente, y yo para consolarlo le he dicho: “Dulce Bien mío, no Te aflijas, veo que Tu aflicción es mayor porque Te sientes obligado a castigar a las gentes. ¡Ah no, no sea jamás!. Si Tú eres todo para mí, yo quiero ser toda para Ti, así que sobre mí manda los flagelos, aquí está la víctima siempre dispuesta y a tu disposición, puedes hacerme sufrir lo que quieras y así quedará Tu justicia en algún modo aplacada, y Tú aliviado de la aflicción que sientes al ver sufrir a las criaturas. Ha sido siempre esta mi intención al no conformarme a la Justicia, porque sufriendo el hombre sufrirás más Tú que él mismo”. 

                    Mientras esto estaba diciendo ha venido nuestra Mamá Reina, y yo he recordado que habiendo pedido al Confesor la obediencia de conformarme a la Justicia, me había dicho que le preguntara a la Virgen Santísima si quería que me uniformara. Se lo he dicho y Ella me ha dicho: “No, no, más bien reza hija Mía, y en estos días trata por cuanto más puedas de tenerte a Jesús junto contigo y aplacarlo, porque muchos castigos están preparados”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 13 de Noviembre de 1899



sábado, 26 de julio de 2025

EL QUERER DIVINO ES MÁS QUE VIDA DEL ALMA



                    Mi dulce Jesús continúa hablándome de Su Santo Querer: “Hija Mía, si el sol es el rey del universo, si con su luz simboliza Mi Majestad y con su calor Mi Amor y Mi Justicia, que cuando encuentra la tierra que no quiere prestarse a su fecundidad, con su aliento ardiente la termina de secar y volverla estéril; el agua se puede decir reina de la tierra, porque simbolizando a Mi Voluntad no hay punto donde no entre, ni hay criatura que pueda estar sin ella; tal vez sin el sol se pueda vivir, pero sin el agua ninguno, ella entra en todo, hasta en las venas, en las vísceras humanas, como en las profundas entrañas de la tierra, ella en mudo silencio hace su curso continuado, se puede decir que el agua no sólo es reina, sino que es como el alma de la tierra, sin el agua la tierra sería como un cuerpo muerto. 

                    Tal es Mi Voluntad, no sólo es reina, sino es más que alma de todas las cosas creadas, es Vida de cada latido, de cada fibra del corazón. Mi Querer, como agua corre en todo, ahora silencioso y escondido, ahora palpitante y visible. El hombre se puede sustraer de Mi luz, de Mi Amor, de Mi Gracia, pero de Mi Voluntad jamás, sería como uno que quisiera vivir sin agua, es verdad que puede haber algún loco que odie el agua, pero a pesar de que la odie, que no la ame, estará obligado a beberla, o el agua o la muerte. 

                    Así es de Mi Voluntad, siendo vida de todo, las criaturas, o la tendrán con ellas con amor o con odio, pero a pesar de todo estarán obligadas a hacer correr Mi Querer en ellas, como la sangre en las venas, y quien quisiera sustraerse de Mi Querer sería como suicidar la propia alma; pero Mi Querer no lo dejaría, seguiría sobre él el curso de la Justicia, no habiendo podido seguir sobre él el curso de los bienes que contiene Mi Querer. Si el hombre supiera qué significa hacer o no hacer Mi Voluntad, todos temblarían de espanto al solo pensamiento de sustraerse por un solo instante de Mi Querer”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 13, 26 de Julio de 1921



viernes, 4 de julio de 2025

JESÚS HABLA DE LA MAMÁ CELESTIAL. LAS TURBACIONES



                    Esta mañana, habiéndome renovado Jesús las penas de la crucifixión, se encontraba también nuestra Mamá Reina, y Jesús hablando de Ella ha dicho: “Mi propio Reino estuvo en el Corazón de Mi Madre, y esto porque Su Corazón no fue jamás ni mínimamente turbado, tanto, que en el mar inmenso de la Pasión sufrió penas inmensas, Su Corazón fue traspasado de lado a lado por la espada del dolor, pero no recibió ni un mínimo aliento de turbación. Por eso, siendo Mi Reino un Reino de Paz, pude extender en Ella Mi Reino, y sin encontrar ningún obstáculo pude libremente reinar”. 

                    Habiendo venido Jesús más veces y viéndome toda llena de pecados le he dicho: “Señor mío Jesús, me siento toda cubierta de llagas y pecados graves; ah, Te pido, ten piedad de esta miserable”. Y Jesús: “No temas, que no hay culpas graves, y además, se debe tener horror de la culpa, pero no turbarse, porque la agitación, de donde venga, jamás hace bien al alma”. Después ha agregado: “Hija Mía, tú eres víctima como lo Soy Yo, haz que todas tus obras resplandezcan con Mis mismas intenciones, puras y santas, a fin de que encontrando en ti Mi misma imagen pueda libremente derramar el influjo de Mis gracias, y adornada así podré ofrecerte como víctima perfumada ante la Divina Justicia”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 4 de Julio de 1899





sábado, 7 de junio de 2025

JESÚS LE ENTREGA LAS LLAVES DE LA JUSTICIA Y UNA LUZ PARA DESCUBRIRLA



                    Como me encontraba en algún modo sufriente, me parecía que aquellos sufrimientos eran una dulce cadena que atraía a mi buen Jesús a hacerlo venir casi de continuo, y me parecía que aquellas penas llamaban a Jesús para hacerlo derramar en mí otras amarguras. Entonces, al venir, ahora me sostenía en Sus brazos para darme fuerza, y ahora derramaba de nuevo. 

                    Yo de vez en cuando le decía: “Señor, ahora siento en mí parte de Tus penas, Te ruego que me contentes, como Te dije ayer de darme al menos la mitad de lo que sirve para alimento del hombre”. Y Él: “Hija Mía, para contentarte te entrego las llaves de la Justicia y el conocimiento de cuánto es necesario absolutamente castigar al hombre, y con esto harás lo que te plazca, ¿no estás contenta por ello?”. 

                    Al oírme decir esto me consolé y decía en mi interior: “Si está en mí, de hecho no castigaré a ninguno”. Pero cómo quedé desengañada cuando el Bendito Jesús me dio una llave y me puso en medio de una luz, y mirando desde en medio de aquella luz descubría todos los atributos de Dios, y también los de la Justicia. ¡Oh, cómo todo está ordenado en Dios!. Y si la Justicia castiga, es Orden; y si no castiga no estaría en orden con los demás atributos. 

                    Ahora me veía como miserable gusano en medio de aquella luz, y que si quisiera impedir el curso a la Justicia, estropearía el orden e iría en contra de los mismos hombres, porque comprendía que la misma Justicia es amor purísimo hacia ellos. Entonces me he encontrado toda confundida y molesta, por eso para desentenderme he dicho a nuestro Señor: “Con esta luz de la cual me habéis rodeado entiendo las cosas diversamente, y si me dejaras obrar a mí lo haría peor que Tú, por eso no acepto este conocimiento y renuncio a las llaves de la Justicia; lo que acepto y quiero es que me hagas sufrir a mí y que liberes a las gentes; del resto no quiero saber nada”. 

                    Y Jesús sonriendo ante mi hablar me ha dicho: “¡Cómo! tan pronto quieres desentenderte, no queriendo conocer ninguna razón y queriéndome hacer violencia más fuerte te quieres salir con dos palabras: hazme sufrir a mí y libéralos”. Y yo: “Señor, no es que no quiera saber ninguna razón, sino que no es oficio mío, sino Tuyo. Mi oficio es el de ser víctima, por eso Tú haz Tu oficio y yo hago el mío, ¿no es verdad mi amado Jesús?”. Y Él, mostrando como una aprobación ha desaparecido.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 7 de Junio de 1900




lunes, 10 de marzo de 2025

EL SEÑOR LE HACE VER MUCHOS CASTIGOS

 


               Estando en mi habitual estado se ha hecho ver mi siempre amable Jesús, todo amargado y afligido y me ha dicho: “Hija Mía, Mi Justicia se ha vuelto muy pesada, y son tantas las ofensas que Me hacen los hombres que no puedo sostenerlas más. Por lo tanto la guadaña de la muerte está a punto de matar a muchos, de improviso y de enfermedades, y además son tantos los castigos que verteré sobre el mundo, que serán una especie de juicio”. 

               ¿Quién puede decir los tantos castigos que me ha hecho ver, y el modo como yo he quedado aterrorizada y espantada?. Es tanta la pena que siente mi alma, que creo es mejor pasarla en silencio. 

               Continúo diciendo porque la obediencia lo quiere; entonces me parecía ver las calles llenas de carne humana y la sangre que inundaba la tierra, ciudades sitiadas por enemigos que no perdonaban ni siquiera a los niños; me parecían como tantos animales salidos del Infierno, no respetaron ni iglesias ni Sacerdotes. Parecía que el Señor mandaba un castigo del Cielo, cuál sea no sé decirlo, sólo me parecía que todos recibiremos un golpe mortal, y quién quedará víctima de la muerte y quién se repondrá. Me parecía también ver las plantas secas y muchos otros males que deben venir sobre las cosechas. ¡Oh Dios, qué pena ver estas cosas y estar obligada a manifestarlas!. ¡Ah Señor, aplácate, yo espero que Tu Sangre y Tus Llagas sean nuestro remedio, o bien viértelos sobre esta pecadora, pues los merezco, de otra manera tómame y entonces estarás libre de hacer lo que quieras, pero mientras viva haré cuanto pueda para oponerme!.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 10 de Marzo de 1899