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lunes, 23 de marzo de 2026

DOLORES DE LA CELESTIAL MAMÁ, Y CÓMO EL FIAT DIVINO OBRÓ EN ELLOS



                    Estaba pensando en los Dolores de mi Mamá Celestial, y mi amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho: 

                    "Hija Mía, el primer Rey de los Dolores fui Yo, y siendo Yo Hombre y Dios, debía concentrar todo en Mí para tener el primado sobre todo, aun sobre los mismos dolores. Los dolores de Mi Mamá no eran otra cosa que los reflejos de los míos, que reflejándose en Ella le participaban todos Mis dolores, que traspasándola, la llenaron de tal amargura y pena, de sentirse morir a cada reflejo de Mis dolores, pero el Amor la sostenía y le daba de nuevo la vida. Por eso, no sólo por honor, sino con derecho de justicia fue la primera Reina del inmenso mar de Sus dolores". 

                    Mientras esto decía, me parecía ver a mi Mamá frente a Jesús, y todo lo que contenía Jesús, los dolores y los traspasos de ese Corazón Santísimo se reflejaban en el Corazón de la Dolorosa Reina, y por cada uno de los reflejos se formaban tantas espadas en el Corazón de la traspasada Mamá, y estas espadas eran selladas por un Fiat de Luz, en la cual Ella quedaba rodeada en medio a tantos Fiat de Luz fulgidísima que le daban tanta gloria, que faltan las palabras para narrarla. Entonces Jesús ha continuado diciéndome: 

                    "No fueron los dolores los que constituyeron Reina a Mi Mamá y la hicieron refulgir de tanta gloria, sino Mi Fiat Omnipotente, el cual entrelazaba cada acto y dolor Suyo y se constituía vida de cada dolor, así que Mi Fiat era el acto primero que formaba la espada, dándole la intensidad del dolor que quería; Mi Fiat podía poner en aquel corazón traspasado cuantos dolores quería, agregar heridas a heridas, penas sobre penas, sin la sombra de la mínima resistencia, es más, se sentía honrada de que Mi Fiat se constituía vida aún de un solo latido, y Mi Fiat le dio la Gloria completa y la constituyó verdadera y legítima Reina.

                    Ahora, ¿quiénes serán las almas en las cuales pueda reflejar los reflejos de Mis dolores y de Mi misma Vida?. Aquéllas que tendrán por vida Mi Fiat, este Fiat absorberá en ellas Mis reflejos, y Yo seré magnánimo en participar lo que Mi Querer obra en Mí, por eso en Mi Voluntad espero a las almas, para darles el verdadero dominio y la Gloria completa de cada acto y pena que puedan sufrir. Fuera de Mi Voluntad, el obrar y el sufrir Yo no lo reconozco, podría decir: ‘No tengo qué darte, ¿cuál es la voluntad que te ha animado en el hacer y en sufrir esto?. De ella hazte recompensar’. Muchas veces el hacer el bien, el sufrir, sin que Mi Voluntad entre en medio, pueden ser míseras esclavitudes que degeneran en pasiones, mientras que sólo Mi Querer da el verdadero dominio, las verdaderas virtudes, la verdadera Gloria de transformar lo humano en divino".


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 15, 23 de Marzo de 1923




lunes, 8 de diciembre de 2025

SOBRE LA INMACULADA CONCEPCIÓN



                    Escribo por obedecer y ofrezco todo a mi dulce Jesús, uniéndome al sacrificio de Su obediencia para obtener la gracia y la fuerza de hacerla como Él quiere. Y ahora, ¡oh mi Jesús! dame Tu santa mano y la luz de Tu Inteligencia, y escribe junto conmigo. 

                    Estaba pensando en el gran portento de la Inmaculada Concepción de mi Reina y Celestial Mamá, y en mi interior he oído decirme: "Hija Mía, la Inmaculada Concepción de Mi amada Mamá fue prodigiosa y del todo maravillosa, tanto que Cielos y tierra quedaron estupefactos e hicieron fiesta. 

                    Las Tres Divinas Personas hicieron competencia: el Padre hizo salir un mar inmenso de Potencia; Yo, Hijo, saqué un mar infinito de Sabiduría; y el Espíritu Santo un mar inmenso de Eterno Amor, que fundiéndose formaron un solo mar y en medio de este mar fue formada la Concepción de esta Virgen, elegida entre las elegidas, así que la Divinidad suministró la sustancia de esta Concepción, y no sólo era centro de vida de esta admirable y singular criatura, sino que este mar le estaba alrededor, no sólo para tenerla defendida de todo lo que pudiera ensombrecerla, sino para darle a cada instante nuevas bellezas, nuevas gracias, potencia, sabiduría, amor, privilegios, etc. 

                    Así que Su pequeña naturaleza fue concebida en el centro de este mar, y se formó y creció bajo el influjo de estas olas divinas, tanto, que no apenas fue formada esta noble y singular criatura, la Divinidad no quiso esperar como es Su costumbre con las demás criaturas, quería Sus abrazos, la correspondencia de Su amor, Sus besos, gozarse Sus inocentes sonrisas, y por eso no apenas fue formada su Concepción le di el uso de razón, la doté de todas las ciencias, le hice conocer Nuestras alegrías y Nuestros dolores con relación a la Creación; y desde el seno materno Ella venía al Cielo, a los pies de Nuestro Trono para darnos los abrazos, la correspondencia de Su amor, Sus tiernos besos, y arrojándose en Nuestros brazos nos sonreía con tal complacencia de gratitud y de agradecimiento, que arrancaba nuestras sonrisas. 

                    ¡Oh!, cómo era bello ver a esta inocente y privilegiada criatura, enriquecida con todas las cualidades divinas, venir en medio de Nosotros toda amor, toda confianza, sin temor, porque solamente el pecado es lo que pone distancia entre Creador y criatura, rompe el amor, hace perder la confianza e infunde temor, así que Ella venía en medio de Nosotros como Reina, que con Su amor, dado por Nosotros, Nos dominaba, Nos raptaba, Nos ponía en fiesta y se hacía raptora de otro amor, y Nosotros la hacíamos hacer, gozábamos del amor que nos arrebataba y la constituimos Reina del Cielo y de la tierra. 

                    Cielo y tierra exultaron e hicieron fiesta junto con Nosotros, por tener después de tantos siglos a su Reina; el sol sonrió en su luz, y se creyó afortunado por tener que servir a su Reina con darle luz; el Cielo, las estrellas y todo el Universo sonrieron de alegría e hicieron fiesta, porque debían alegrar a su Reina haciéndole ver la armonía y belleza del firmamento; sonrieron las plantas, pues debían nutrir a su Reina, y también la tierra sonrió y se sintió ennoblecida al deber dar habitación y por tener que hacerse pisar por los pasos de su Emperatriz. Sólo el Infierno lloró y sintió perder las fuerzas por el dominio de esta Soberana Señora. 

                    ¿Pero sabes tú cuál fue el primer acto que hizo esta Celestial criatura cuando se encontró la primera vez ante Nuestro Trono?. Ella conoció que todo el mal del hombre había sido la ruptura entre su voluntad y la de su Creador, y Ella se estremeció, y sin dejar pasar el tiempo ató Su Voluntad a los pies de Mi Trono, sin ni siquiera quererla conocer, y Mi Voluntad se ató a Ella y se constituyó centro de vida, tanto que entre Ella y Nosotros se abrieron todas las corrientes, todas las relaciones, todas las comunicaciones, y no hubo secreto que no le confiáramos. 

                    Fue propiamente esto el acto más bello, más grande, más heroico que hizo, el poner a Nuestros pies Su voluntad, y que a Nosotros, como raptados, nos hizo constituirla Reina de todos. ¿Ves entonces qué significa atarse con Mi Voluntad y no conocer la propia?. El segundo acto que hizo fue ofrecerse a cualquier sacrificio por amor nuestro. 

                    El tercero fue restituirnos el Honor y la Gloria de toda la Creación, que el hombre Nos había quitado con hacer su voluntad; y aun desde el seno materno lloró por amor Nuestro, porque Nos vio ofendidos, y lloró de dolor por el hombre culpable. ¡Oh! cómo nos enternecían estas lágrimas inocentes y apresuraban la suspirada Redención. 

                    Esta Reina Nos dominaba, Nos ataba, Nos arrancaba gracias infinitas, Nos inclinaba tanto hacia el género humano que no podíamos ni sabíamos resistir a Sus repetidas instancias; ¿pero de dónde le venía tal poder y tanta ascendencia sobre la misma Divinidad?. ¡Ah! tú lo has entendido, era la Potencia de Nuestro Querer que obraba en Ella, que mientras la dominaba la hacía dominadora de Dios mismo. Además ¿cómo podíamos resistir a tan inocente criatura poseída por la Potencia y Santidad de Nuestro Querer?. Sería resistir a Nosotros mismos, Nosotros descubríamos en Ella Nuestras cualidades divinas, como olas afluían sobre Ella los reflejos de Nuestra Santidad, los reflejos de los modos divinos, de Nuestro Amor, de Nuestra Potencia, etc., y Nuestro Querer, que era Su centro, atraía todos los reflejos de Nuestras cualidades divinas y se hacía corona y defensa de la Divinidad habitante en Ella. 

                    Si esta Virgen Inmaculada no hubiera tenido el Querer Divino como centro de vida, todas las demás prerrogativas y privilegios con los cuales tanto la enriquecimos habrían sido una nada frente a eso. Fue esto lo que le confirmó y le conservó los tantos privilegios, y no sólo, sino que a cada instante le multiplicaba nuevos. He aquí la causa por la qué la constituimos Reina de todos, porque cuando Nosotros obramos lo hacemos con Razón, Sabiduría y Justicia, porque jamás dio vida a Su querer humano, sino que Nuestro Querer fue siempre íntegro en Ella. ¿Cómo podíamos decir a otra criatura, Tú eres Reina del Cielo, del Sol, de las estrellas, etc., si en lugar de tener Nuestro Querer por dominio fuera dominada por Su querer humano?. Todos los elementos, Cielo, Sol, Tierra, se habrían sustraído del régimen y dominio de esta criatura, todos habrían gritado en su mudo lenguaje: ‘No la queremos, nosotros somos superiores a Ella porque jamás nos hemos sustraído de Tu Eterno Querer; tal como nos creaste así somos.’ Habría gritado el Sol con su luz, las estrellas con su centelleo, el mar con sus olas, y así todo lo demás. En cambio, como todos sintieron el dominio de esta Virgen excelsa, que casi como hermana suya jamás quiso conocer Su voluntad sino sólo la de Dios, no sólo hicieron fiesta, sino que se sintieron honrados por tener su Reina y corrieron en torno a Ella para hacerle cortejo y tributarle sus homenajes, con ponerse la Luna como escabel de Sus pies, las estrellas como corona, el Sol como diadema, los Ángeles como siervos, los hombres como esperando; todos, todos le rindieron honores y le hicieron sus homenajes. 

                    No hay honor y gloria que no se pueda dar a Nuestro Querer, sea que obre en Nosotros, en su propia sede, sea que habite en la criatura. ¿Pero sabes tú cuál fue el primer acto que hizo esta noble Reina cuando saliendo del seno materno abrió los ojos a la luz de este bajo mundo?. Cuando Ella nació, los Ángeles le cantaron canciones de cuna a la Celestial Bebita y Ella quedó extasiada, y Su bella Alma salió de Su cuerpecito, acompañada por legiones angélicas y giró por tierra y Cielo y fue recogiendo todo el Amor que Dios había esparcido en todo lo creado, y penetrando en el empíreo vino a los pies de Nuestro Trono y Nos ofreció la correspondencia del Amor de todo lo creado, y pronunció Su primer gracias a nombre de todos. 

                    ¡Oh! cómo nos sentimos felices al oír el gracias de esta bebita Reina, y le confirmamos todas las gracias, todos los dones, para hacerla superar a todas las demás criaturas unidas juntas. Después, arrojándose en Nuestros brazos se deleitó con Nosotros, nadando en el océano de todos los contentos, quedando embellecida de nueva belleza, de nueva Luz y de nuevo Amor; suplicó de nuevo por el género humano, pidiéndonos con lágrimas que descendiera el Verbo Eterno para salvar a Sus hermanos, pero mientras esto hacía, Nuestro Querer le hizo saber que bajara a la tierra, y Ella de inmediato dejó Nuestros contentos y las alegrías y partió, ¿para hacer qué cosa?, ¡Nuestro Querer!. 

                    ¡Qué potente imán era Nuestro Querer habitante en la tierra en esta recién nacida Reina!. No Nos parecía ya extraña la tierra, no Nos sentíamos ya para castigarla haciendo uso de Nuestra Justicia; teníamos la Potencia de Nuestra Voluntad que en esta inocente Niña Nos despedazaba los brazos, Nos sonreía desde la tierra, y cambiaba la Justicia en gracias y en dulce sonrisa, tanto, que no pudiendo resistir al dulce encanto, el Verbo Eterno apresuró Su carrera. 

                    ¡Oh prodigio de Mi Querer Divino, a Ti todo se debe, por Ti se cumple todo y no hay prodigio más grande que Mi Querer habitante en la criatura!".


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 15, 8 de Diciembre de 1922



domingo, 8 de septiembre de 2024

LA NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN




               "Hija de Mi Corazón, Mi nacimiento fue prodigioso; ningún otro nacimiento puede decirse que sea semejante al mío. Yo contenía en Mí el Cielo, el Sol de la Divina Voluntad y también la tierra de Mi humanidad, tierra bendita y santa que producía las más bellas floraciones, y aunque era apenas recién nacida, Yo poseía el prodigio de los prodigios: el Querer Divino que reinaba en Mí, el cual formaba en Mí un Cielo más hermoso, un Sol más refulgente de el de la Creación, de la cual Yo era la Reina, incluido también un mar de gracias sin límites, que murmuraba siempre amor, amor a Mi Creador. 

               Por eso Mi nacimiento fue la verdadera alba que pone en fuga la noche del querer humano, y a medida que iba Yo creciendo, así iba formando la aurora y llamaba al día esplendorosísimo para hacer surgir el Sol del Verbo Eterno sobre la tierra. 

               Hija Mía, ven a Mi cuna a escuchar a tu Mamá pequeñita. Apenas hube nacido, abrí los ojos para ver este bajo mundo, para ir en busca de todos Mis hijos y meterlos en Mi Corazón, para darles Mi materno amor y, engendrándolos a una nueva vida de amor y de gracia, hacer que pudieran entrar en el Reino del FIAT Divino, que Yo poseía. Quise hacer de Reina y de Madre, metiéndolos en Mi Corazón para ponerlos a todos a salvo y darles el gran don del Reino Divino. En Mi Corazón tenía espacio para todos, porque para el que posee la Divina Voluntad no hay estrecheces, sino anchuras infinitas. Así que te miré a ti también, hija Mía, nadie se me escapó, y como aquel día todos festejaron Mi nacimiento, también para mí fue fiesta. 

               Pero al abrir los ojos a la luz tuve el dolor de ver las criaturas sumidas en la densa noche del querer humano. ¡Oh, en qué abismo de tinieblas se halla la criatura que se deja dominar por su voluntad! Esa es la verdadera noche, pero noche sin estrellas, al máximo con algún relámpago fugaz, fácilmente seguido por truenos, que retumbando hacen aún más densas las tinieblas y descargan la tempestad sobre la pobre criatura, tempestad de temores, de debilidades, de peligros, de caídas en el mal. 

               Mi Corazoncito se sintió traspasado al ver a Mis hijos en esa horrible tempestad, en que los había sumido la noche del querer humano. Por tanto, escucha a tu Mamá: aún estoy en la cuna, Soy pequeñita; mira Mis lágrimas, que derramo por ti. Cada vez que haces tu voluntad formas una noche para ti, y si supieras cuánto daño te hace esa noche, llorarías Conmigo. Te hace perder la luz del día del Querer Santo, te hacer volcar, te paraliza en el bien, te interrumpe el verdadero amor y te hace una pobre enferma a la que le faltan las cosas necesarias para curarse. Ah, hija Mía, hija querida, óyeme, no hagas nunca tu voluntad, dame palabra de que contentarás a tu Mamita". 


(Luisa Piccarreta, "La Virgen María en el Reino de la Divina Voluntad", día 10°) 


               "¿Pero sabes tú qué fue lo primero que hizo esta noble Reina cuando, al salir del seno materno, abrió los ojos a la luz de este bajo mundo? Al nacer, los Ángeles le cantaron la canción de cuna a la Niña Celestial; Ella quedó arrobada y Su Alma tan bella salió de Su cuerpecito, acompañada por multitudes de Ángeles, y recorrió Cielos y tierra, yendo a recoger todo el amor que Dios había derramado en toda la Creación, y penetrando en el Paraíso vino a los pies de Nuestro trono a ofrecernos la correspondencia de amor de todo lo creado y pronunció su primer "gracias" en nombre de todos. Oh, cómo Nos sentimos felices al oír el "gracias" de esta Niñita Reina, y le confirmamos todas las gracias, todos los dones, haciéndole superar a todas las demás criaturas reunidas juntas. 

               A continuación, lanzándose a nuestros brazos, se sumergió en Nuestras delicias, nadando en el piélago de todos los contentos, quedando embellecida con nueva belleza, nueva luz y nuevo amor; suplicó de nuevo por el género humano, suplicándonos con lágrimas que bajara el Verbo Eterno para salvar a Sus hermanos. Pero mientras hacía así, Nuestro Querer le hizo saber que bajara a la tierra, y Ella enseguida dejó nuestros contentos y gozos y se fue, para hacer... ¿qué cosa?. Nuestro Querer. ¡Qué potente atracción tenía nuestro Querer, habitante en la tierra en esta Reina recién nacida!. Ya no Nos parecía extraña la tierra, ya no éramos capaces de flagelarla haciendo uso de nuestra Justicia; teníamos la Potencia de Nuestra Voluntad, que en esta Niña inocente Nos sujetaba los brazos, Nos sonreía desde la tierra y convertía la Justicia en gracias y en dulce sonrisa, tanto que, no pudiendo resistir al dulce encanto, el Verbo Eterno apresuró Su curso. ¡Oh prodigio de Mi Querer Divino, a Ti se debe todo, por Ti se cumple todo, y no hay prodigio más grande que Mi Querer habitante en la criatura!".


(Luisa Piccarreta, "Libro de Cielo", volumen 15°, 8 de Diciembre de 1922)