miércoles, 30 de septiembre de 2026

EL EDÉN, CAMPO DE LUZ. DIFERENCIA ENTRE QUIEN OBRA EN LA DIVINA VOLUNTAD Y QUIEN OBRA EN EL HUMANO QUERER. EL PEQUEÑO TERRENO DE LA CRIATURA; EL SEMBRADOR CELESTIAL





                    Estaba continuando mis acostumbrados actos en el Querer Divino, y mi pobre mente se ha detenido en el Edén, donde Dios creaba al hombre para dar principio a la vida de la criatura. Y mi amado Bien Jesús, haciéndose ver todo ternura y bondad me ha dicho:

                    “Hija Mía, el Edén campo de luz en el cual Nuestro Ser Supremo creaba al hombre, se puede decir que él fue creado en la Luz de Nuestro Fiat, su primer acto de vida fue luz, la cual extendía detrás y delante a él, a derecha e izquierda, un campo interminable de luz, él debía recorrer su camino para formar su vida tomando en sus actos tanta luz por cuantos actos hacía, para formar una luz toda propia, como propiedad suya en virtud de sus actos, si bien tomada de Mi Divina Voluntad. 

                    Ahora, la diferencia de quien obra en Ella como su principio y fin, en la cual todos sus actos están unidos al principio de la luz donde fue formada su vida, y tuvo su primer acto de vida, la luz tiene en custodia esta vida, la defiende, y nada de extraño deja entrar en su luz para formar uno de los portentos que sólo sabe formar la luz. 

                    En cambio, quien desciende de esta luz entra en la oscura cárcel de su voluntad, y al hacer sus actos toma tinieblas, y toma tantas tinieblas por cuantos actos hace, para formarse una propiedad toda suya de tinieblas. Las tinieblas no saben custodiar, ni defender a aquél que vive en ellas, y si algún acto bueno hace es siempre tenebroso, porque están atados por tinieblas, y como ellas no tienen virtud de saber defender, entran cosas extrañas a las mismas tinieblas, entran las molestias de las debilidades, los enemigos de las pasiones, los ladrones aguerridos que precipitan a la criatura en el pecado, y llegan a precipitarla en las tinieblas eternas donde no hay esperanza de luz. ¡Qué diferencia entre quien vive en la Luz de Mi Divina Voluntad y entre quien vive como aprisionada en su voluntad humana!”.

                    Después continuaba siguiendo el orden que la Divina Voluntad había tenido en la Creación, y mi pequeña y pobre inteligencia se detuvo en el punto cuando Dios creó a la Virgen Inmaculada, y mi amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

                    “Hija Mía, todos los actos buenos y santos de los Profetas, Patriarcas, y del pueblo antiguo, formaron el terreno donde el Ente Supremo sembró la semilla para hacer desarrollar la Vida de la Celestial Niña María, porque su germen fue tomado de la estirpe humana. La Virgen, teniendo en Sí la Vida obrante de la Divina Voluntad, amplió este terreno con Sus actos, lo fecundó y divinizó, hizo correr en él, más que lluvia benéfica y restauradora, la Santidad de Sus virtudes, el calor de Su Amor, y dardeándolo con la luz del Sol de la Divina Voluntad que poseía como propia, preparó el terreno para desarrollar al Celestial Salvador, y nuestra Divinidad abrió el Cielo e hizo llover el Justo, el Santo, el Verbo, dentro de este Brote, y así fue formada Mi Vida Divina y humana para formar la Redención del género humano. 

                    Mira entonces, en todas Nuestras obras dirigidas a bien de las criaturas queremos encontrar un apoyo, un lugar, un pequeño terreno dónde poner nuestra obra y el bien que queremos dar a las criaturas, de otra manera, ¿dónde la ponemos?, ¿en el aire?. ¿Sin que al menos uno lo sepa y que nos atraiga con sus actos formando su pequeño terreno, y Nosotros como celestial sembrador sembrar el bien que queremos dar?. Si esto no fuese, que de ambas partes, Creador y criatura, la formaran juntos, ella preparándose con sus pequeños actos para recibir, y Dios con el dar, sería como si nada hiciéramos o quisiéramos dar a la criatura. 

                    Así que los actos de la criatura preparan el terreno al Sembrador Divino; si no hay tierra no hay que esperar la siembra, ninguno va a sembrar si no tiene un pequeño terreno, mucho menos Dios, Sembrador Celestial, arroja la semilla de Sus verdades, el fruto de Sus obras, si no encuentra el pequeño terreno de la criatura. La Divinidad para obrar, primero se quiere poner de acuerdo con el alma, después de que lo hemos hecho y vemos que ella quiere recibir aquel bien, hasta rogarnos y formarnos el terreno donde ponerlo, entonces con todo amor lo damos, de otra manera sería exponer a la inutilidad nuestras obras”.

Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 28, 30 de Septiembre de 1930



lunes, 28 de septiembre de 2026

SU GRAN AFLICCIÓN POR LA PUBLICACIÓN DE LOS ESCRITOS. JESÚS QUIERE LA ENTREGA. JESÚS INCITA AL PADRE QUE DEBE OCUPARSE DE ESTO



                    Me sentía oprimida y como aplastada bajo el peso de una humillación profunda, porque me había sido dicho que no sólo se publicaría lo que se refiere a la Voluntad de Dios, sino también lo que se refiere a todas las otras cosas que me ha dicho mi amable Jesús; era tanto el dolor, que me quitaba hasta las palabras para poder aducir razones para que no lo hicieran, ni sabía rogar a mi amado Jesús para que no permitiera esto, todo era silencio dentro y fuera de mí. Entonces mi amable Jesús moviéndose en mi interior me ha estrechado a Él para infundirme ánimo y fuerza y me ha dicho:

                    “Hija Mía, no quiero que veas como cosa tuya lo que has escrito, sino que lo veas como cosa Mía y como cosa que no te pertenece, tú de hecho no debes entrar en medio, Yo Me encargaré de todo, y por eso quiero que todo Me lo entregues y conforme escribes quiero que Me lo des todo como un don, a fin de que Yo quede libre de hacer lo que quiero y para ti, te quede sólo aquello que te conviene para vivir en Mi Voluntad. Yo te he hecho tantos dones preciosos por cuantos conocimientos te he manifestado, ¿y tú ningún don Me quieres dar?”

                    Y yo: “Mi Jesús, perdóname, yo no quisiera sentir lo que siento, el pensar que lo que ha pasado entre Tú y yo deben saberlo los demás, me pone inquieta y me da tal pena, que yo misma no sé explicar, por eso dame la fuerza, en Ti me abandono y todo a Ti lo dono”. Y Jesús ha agregado:

                    “Hija Mía, así está bien, todo esto lo requiere Mi Gloria y el Triunfo de Mi Voluntad, pero el primer Triunfo lo quiere, lo exige sobre de ti. ¿No estás contenta de que tú te vuelvas la Victoria, el Triunfo de esta Voluntad Suprema?, ¿no quieres tú entonces hacer cualquier sacrificio para hacer que este Reino Supremo sea conocido y poseído por las criaturas?. También Yo sé que tú sufres mucho al ver que después de tantos años de secreto entre tú y Yo y que con tanto celo te he tenido escondida, ahora al ver salir fuera Nuestros secretos sientes fuertes impresiones, pero cuando lo quiero Yo lo debes querer también tú, por eso pongámonos de acuerdo y no te preocupes”.

                    Después de esto me hacía ver al Reverendo Padre (1), y Jesús estando junto a él le ponía Su Santa Mano derecha sobre su cabeza para infundirle firmeza, ayuda y voluntad diciéndole: “Hijo Mío, hazlo pronto, no pierdas tiempo, Yo te ayudaré, estaré junto a ti a fin de que todo vaya bien y según Mi Voluntad. Así como Me interesa que Mi Voluntad sea conocida y así como con paterna bondad he dictado los escritos que se refieren al Reino del Fiat Supremo, así ayudaré a la publicación, estaré en medio de aquellos que se ocuparán, a fin de que el todo sea regulado por Mí. Por eso pronto, pronto”. 


NOTA 

                    Se refiere al Padre Aníbal María di Francia, que ya había comenzado a difundir el trabajo de Luisa años antes de recibir su nombramiento como Confesor formal en 1926: en 1915 había editado y publicado la primera edición de la célebre obra "Las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo", de la cual llegó a realizar cuatro ediciones consecutivas provistas de "Nihil Obstat" e "Imprimatur". Además, hasta su propia muerte en 1927, revisó y preparó para la imprenta los primeros 19 volúmenes del "Libro del Cielo".


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 20, 28 de Septiembre de 1926




viernes, 25 de septiembre de 2026

LOS SACRAMENTOS PRODUCEN SUS FRUTOS SEGÚN LAS ALMAS ESTÁN SOMETIDAS A LA DIVINA VOLUNTAD, Y SEGÚN LA CONEXIÓN QUE TENGAN CON EL DIVINO QUERER ASÍ PRODUCEN LOS EFECTOS




                    Habiendo dicho al Confesor que Jesús me había dicho que la Voluntad de Dios es el centro del alma, y que este centro está en el fondo del alma, que como sol expandiendo sus rayos da Luz a la mente, Santidad a las acciones, Fuerza a los pasos, Vida al corazón, Potencia a la palabra, a todo; y no sólo esto, sino que este centro de la Voluntad de Dios, mientras nos está dentro para hacer que nunca la podamos dejar, y para estar a nuestra continua disposición y ni siquiera un minuto dejarnos solos ni separados, nos está al frente, a la derecha, a la izquierda, por detrás y por doquier, y aun en el Cielo será nuestro Centro, el Confesor decía en cambio que nuestro Centro es el Santísimo Sacramento. Entonces, al venir el Bendito Jesús me ha dicho:

                    “Hija Mía, Yo debía hacer de modo que la Santidad debía ser fácil y accesible a todos, excepto para quien no la quisiera, y en todas las condiciones, en todas las circunstancias y en todos los lugares. Es verdad que el Santísimo Sacramento es centro, pero, ¿quién lo instituyó?, ¿quién sojuzgó a Mi Humanidad a encerrarse en el breve giro de una hostia?, ¿no fue Mi Voluntad?. 

                    Por lo tanto Mi Voluntad tiene siempre la supremacía sobre todo; y además, si el Todo está en la Eucaristía, los Sacerdotes que me llaman del Cielo en sus manos y que están más que todos en contacto con Mi Carne Sacramental deberían ser los más santos, los más buenos, y en cambio muchos son los más malos. ¡Pobre de Mí, cómo me tratan en el Santísimo Sacramento!. 

                    Y tantas almas devotas que me reciben, tal vez todos los días, deberían ser otras tantas santas si bastara el Centro de la Eucaristía, y en cambio, cosa de llorar, están siempre en el mismo punto: vanidosas, iracundas, escrupulosas, etc., ¡pobre Centro del Santísimo Sacramento, cómo quedo deshonrado!. 

                    En cambio una madre de familia que hace Mi Voluntad y que por sus condiciones, no que no quiera, no puede recibirme todos los días, se ve paciente, caritativa, lleva en sí el perfume de Mis virtudes eucarísticas; ¡ah!, ¿es acaso el Sacramento, o Mi Voluntad, a la que ella se ha sometido la que la tiene sojuzgada y que suple al Santísimo Sacramento?. 
        
                    Es más, te digo que los mismos Sacramentos producen sus frutos según las almas están sujetas a Mi Voluntad, y según la conexión que tienen con Mi Querer así producen sus efectos, y si conexión con Mi Querer no hay, Me comulgarán pero quedarán en ayunas; se confesarán, pero quedarán siempre sucias; vendrán a Mi presencia Sacramental, pero si nuestros quereres no se identifican estaré para ellas como muerto, porque sólo Mi Voluntad en el alma que se hace sojuzgar por Ella produce todos los bienes y da vida a los mismos Sacramentos, y quien esto no comprende, significa que es niño en la Religión”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 11, 25 de Septiembre de 1913


domingo, 20 de septiembre de 2026

TODO LO QUE SUCEDE EN TORNO Y DENTRO DEL ALMA, NO ES MÁS QUE EL TRABAJO CONTINUO DE JESÚS PARA HACER CUMPLIR Y DESENVOLVER EN ELLA SU VOLUNTAD

 


                    Estaba pensando en mi estado presente en el que poco o nada sufro, y Jesús rápidamente me ha dicho: 

                    Hija Mía, todo lo que sucede en torno y dentro del alma, amarguras, placeres, contrastes, muertes, privaciones, contentos y demás, no es más que Mi trabajo continuo de hacer cumplir y desarrollar en ellos Mi Voluntad, cuando obtengo esto todo está hecho, y por eso todo le da paz, aun el mismo sufrir parece que quiere estar lejos de esta alma, viendo que el Querer Divino es más que él, y que el alma lo tiene en lugar de todo y supera todo; parece que todos le hagan reverencia, y Yo Mismo cuando el alma llega a este punto en el que de todo se sirve para hacerme cumplir el trabajo de Mi Querer, la dispongo para el Cielo.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 11, 20 de Septiembre de 1913


martes, 15 de septiembre de 2026

HUYENDO DE LA CRUZ SE PERMANECE EN LO OSCURO



                    Esta mañana, mi adorable Jesús ha venido glorioso, con las llagas resplandecientes más que sol y con una cruz en la mano. Mientras estaba en esto veía también una rueda de la que salían cuatro ángulos; parecía que en un ángulo escapaba la luz y quedaba a oscuras, en esta oscuridad quedaba la gente como abandonada por Dios y sucedían guerras sangrientas contra la Iglesia y contra la gente misma. ¡Ah!, parecía que las cosas dichas antes por Jesús Bendito se van acercando a pasos veloces. Ahora, Nuestro Señor viendo todo esto, movido a compasión se ha acercado a la parte oscura y arrojó encima la Cruz que tenía en la mano, diciendo con voz sonora:

                    “Gloria a la Cruz”.

                    Y parecía que aquella cruz llamaba de nuevo la luz, y los pueblos sacudiéndose imploraban ayuda y socorro. Y Jesús ha repetido:

                    “Todo el Triunfo y la Gloria serán de la Cruz, de otra manera los remedios empeorarán los mismos males; por lo tanto la Cruz, la Cruz”.

                    ¿Quién puede decir cómo he quedado afligida y pensativa en lo que podrá suceder?


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 15 de Septiembre de 1901





miércoles, 9 de septiembre de 2026

JESÚS LE HABLA DE LA NADA Y DEL AMOR QUE LE LLEVA



                    Jesús continúa viniendo, pero con un aspecto todo nuevo. Parecía que de Su Corazón Bendito salía un tronco de árbol que tenía tres raíces distintas, y este tronco, de Su Corazón entraba en el mío, y saliendo de mi corazón el tronco formaba tantas bellas ramas cargadas de flores, de frutos, de perlas y de piedras preciosas, resplandecientes como estrellas fulgidísimas. Ahora, mi amante Jesús, viéndose a la sombra de este árbol, se recreaba todo, mucho más que del árbol caían tantas perlas que formaban un bello adorno a Su Santísima Humanidad. Mientras estaba en esta posición me ha dicho:

                    “Hija Mía amadísima, las tres raíces que ves que contiene este árbol son: la Fe, la Esperanza y la Caridad. Y lo que tú ves que este tronco sale de Mí y se introduce en tu corazón, significa que no hay bien que posean las almas que no venga de Mí; así que después de la Fe, la Esperanza y la Caridad, el primer desarrollo que hace este tronco es el hacer conocer que todo el Bien viene de Dios, que de ellas no tienen otra cosa que su propia nada, y que esta nada no hace otra cosa que darme la libertad de hacerme entrar en ellas y hacerme obrar lo que quiero; mientras que hay otras nadas, esto es, otras almas, que con la libre voluntad que tienen se oponen, entonces, faltando este conocimiento, el tronco no produce ni ramas ni frutos, ni ninguna otra cosa de bueno. Las ramas que contiene este árbol, con todo el aparato de las flores, frutos, perlas y piedras preciosas, son todas las diversas virtudes que puede poseer el alma. Ahora, ¿quién ha dado la vida a este árbol tan bello? Ciertamente las raíces, esto significa que la Fe, la Esperanza y la Caridad abrazan todo, contienen todas las virtudes, tanto, que son puestas como base y fundamento del árbol, y sin ellas no se puede producir ninguna otra virtud”. 

                    Así que he comprendido también que las flores significan las virtudes, los frutos los sufrimientos, las piedras preciosas y las perlas el sufrir únicamente por el solo Amor de Dios. He aquí por qué aquellas perlas que caían formaban ese bello ornamento a Nuestro Señor. Ahora, mientras Jesús se sentaba a la sombra de este árbol, me miraba con ternura toda paterna, entonces, tomado por un rapto amoroso, que parecía que no podía contener en Sí, abrazándome fuertemente ha comenzado a decir:

                    “¡Cómo eres bella! Tú eres Mi candorosa paloma, Mi amada morada, Mi templo vivo, en el cual unido con el Padre y el Espíritu Santo Me complazco en deleitarme. Tu continuo penar por Mí Me alivia y consuela de las continuas ofensas que Me hacen las criaturas. Debes saber que es tanto el Amor que te tengo, que estoy obligado a esconderlo en parte, para hacer que tú no enloquezcas y puedas vivir, porque si te lo hiciese ver no sólo enloquecerías, sino que no podrías continuar viviendo, tu débil naturaleza quedaría consumada por las llamas de Mi Amor”.

                    Mientras esto decía yo me sentía toda confundir y aniquilar, y me sentía hundir en el abismo de mi nada, porque me veía toda imperfecta, especialmente notaba mi ingratitud y frialdad a las tantas gracias que el Señor me hace. Pero espero que todo redunde a Su Gloria y Honor, esperando con firme confianza que en un esfuerzo de Su Amor quiera vencer mi dureza.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 9 de Septiembre de 1899


viernes, 4 de septiembre de 2026

ARDORES DEL CORAZÓN DE JESÚS POR LA GLORIA DE LA MAJESTAD DIVINA Y POR EL BIEN DE LAS ALMAS



                    Mi adorable Jesús continúa viniendo, y esta mañana apenas lo he visto sentía un ansia de preguntarle si me había perdonado mis pecados, por eso Le he dicho: “Dulce amor mío, cuánto anhelo oír de Tu boca si me has perdonado mis tantos pecados”. Y Jesús se ha acercado a mi oído, y con Su mirada parecía que escrutase todo mi interior y me ha dicho:

                    “Todo está perdonado y te los perdono, no te queda otra cosa que algunos defectos cometidos por ti inadvertidamente, y también te los perdono”.

                    Después de esto parecía que Jesús se ponía a mis espaldas, y tocándome los riñones con Su mano me los fortificaba. ¿Quién puede decir lo que sentía con aquel toque? Solamente sé decir que sentía un fuego refrigerante, una pureza unida a una fuerza; después que me tocó los riñones le he pedido que hiciera lo mismo al corazón, y Jesús para complacerme ha condescendido, y después me parecía como si Jesús Bendito estuviera cansado por causa mía, y Le he dicho: “Dulce vida mía, estás cansado por causa mía, ¿no es verdad?”.

                    Y Él: “Sí. Al menos sé agradecida por las gracias que te estoy haciendo, porque la gratitud es la llave para poder abrir a placer los Tesoros que Dios contiene; pero debes saber que esto que he hecho te servirá para preservarte de la corrupción, para corroborarte y para disponer tu alma y tu cuerpo a la Gloria Eterna”.

                    Después de esto parecía que me transportase fuera de mí misma y me hacía ver la multitud de las gentes y el bien que podían hacer y no hacen, y por lo tanto la Gloria que Dios debe recibir y no recibe, y Jesús todo afligido ha agregado:

                    “Amada Mía, Mi Corazón arde por el Honor de Mi Gloria y por el bien de las almas. Por todo el bien que omiten, tantos vacíos recibe Mi Gloria, y sus almas aunque no hicieran el mal, no haciendo el bien que podrían hacer son como aquellas habitaciones vacías, que si bien son bellas, pero no hay nada para admirar que atraiga la mirada, y por tanto ninguna gloria recibe el dueño, y si hacen un bien y otro lo omiten, son como aquellas habitaciones todas despobladas, en que apenas algún objeto se descubre sin ningún orden. 

                    Amada Mía, entra a tomar parte de estas penas, de los ardores que Mi Corazón siente por la Gloria de la Majestad Divina y por el bien de las almas, trata de llenar estos vacíos de Mi Gloria, y podrás hacerlo no dejando pasar momento de tu vida que no esté unido con la Mía, esto es, en todas tus acciones, sea oración o sufrimiento, reposo o trabajo, silencio o conversación, tristeza o alegría, aun el alimento que tomes, en suma, en todo lo que te pueda suceder pondrás la intención de darme toda la Gloria que en tales acciones deberían darme y de suplir al bien que deberían hacer y no hacen, intentando repetir la intención por cuanta Gloria no recibo y por cuanto bien omiten. Si esto haces llenarás en algún modo el vacío de la Gloria que debo recibir de las criaturas, y Mi Corazón sentirá un refrigerio a Mis ardores, y por este refrigerio correrán ríos de Gracia en provecho de los mortales, que les infundirán mayor fuerza para hacer el bien”.

                    Después de esto me he encontrado en mí misma.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 4 de Septiembre de 1901