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viernes, 8 de mayo de 2026

LAS PENAS DE QUIEN AMA A JESÚS ESTÁN EN CONTINUAS CORRIENTES CON SU CORAZÓN



                    Continuando mi habitual estado (1), el Bendito Jesús se hacía ver como rayo que huye; ahora hacía ver la sombra de Su luz, ahora su mano. Yo sentía una pena indescriptible y Él, acariciándome la cara con su mano me ha dicho: 

                    “Pobre hija, cuánto sufres”. 

                    Y rápidamente se ha retirado. Entonces yo pensaba entre mí: “Tantas veces Jesús me ha dicho que me ama tanto y que sufre mucho cuando me ve sufrir por causa de Su privación, ¿quién sabe cuánto sufra ahora al verme petrificada por el dolor de Su privación?. Entonces para no hacerlo sufrir tanto, quiero hacerme fuerza a mí misma, tratando de estar más contenta, menos oprimida, más atenta en mantener mi vuelo, mi actitud en Su Voluntad, a fin de que le lleve mi beso no amargado, sino pacífico y contento, que no lo entristezca sino lo consuele”. Mientras esto pensaba, ha salido de mi interior todo doliente y con Su Corazón todo herido, y en su centro se veía una herida de la que salía una llamita, y me ha dicho: 

                    “Hija Mía, es cierto que por cuanto más te veo sufrir cuando te privo de Mí, tanto más siento Yo la pena, porque siendo tu pena ocasionada por Mi privación, no es otra cosa que efecto del Amor que tienes por Mí, por lo tanto si tú estas amargada, oprimida, tu latido hace eco en Mi Corazón y siento tu amargura y tu opresión. ¡Ah! si supieras cuánto sufro cuando te veo sufrir por causa Mía, usarías siempre esta cautela, esta atención para no amargarme de más; son las penas de quien más Me ama las que están en continuas corrientes con Mi Corazón. Mira, la herida que ves en el centro de Mi Corazón, de donde brota la llamita, es precisamente la tuya, pero consuélate, porque si Me da sumo dolor, también Me da sumo Amor. Tú quédate tranquila y Yo seguiré adelante en cumplir Mi Justicia, pero no te dejo, volveré frecuentemente, aunque sea como relámpago, no dejaré de hacerte Mis pequeñas visitas”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 14, 8 de Mayo de 1922


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.



martes, 30 de diciembre de 2025

EFECTOS DE LA HUMILLACIÓN Y LA MORTIFICACIÓN



                    Esta mañana en cuanto he visto a mi adorable Jesús, y como la obediencia me había dicho que rezara por una persona, por eso en cuanto Jesús ha venido, se la he encomendado, y Él me ha dicho: 

                    “La humillación no sólo se debe aceptar, sino también amarla, tanto como para masticarla como un alimento, y como cuando un alimento es amargo, por cuanto más se mastica tanto más se siente la amargura, así la humillación bien masticada hace nacer la mortificación, y estos son dos potentísimos medios, esto es, la humillación y la mortificación, para salvar ciertos obstáculos y obtener las gracias que se necesitan. Y mientras parecen dañinos a la naturaleza humana, como el alimento amargo parece que quiera causar más mal que bien, así la humillación y la mortificación, pero no. 

                    Cuando el fierro es más golpeado sobre el yunque, tanto más arroja chispas de fuego y queda puro, así el alma, cuanto más es humillada y golpeada bajo el yunque de la mortificación, tanto más arroja chispas de fuego celestial, y queda purgada si verdaderamente quiere caminar la vía del bien; pero si es falsa sucede todo lo contrario”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 30 de Diciembre de 1899




martes, 2 de diciembre de 2025

LA LLAMITA DE JESÚS



                    Continuando mi habitual estado (1) mi siempre amable Jesús ha venido, y yo me veía a mí misma como una llamita, y esta llamita giraba en torno a mi amado Jesús, y ahora se detenía en la cabeza, ahora en los ojos, ahora entraba en la boca y descendía dentro, hasta lo íntimo de Su Corazón adorable, después salía de Él y giraba, y Jesús se la ponía hasta debajo de Sus pies, y en vez de extinguirse al calor de las plantas divinas se encendía de más y con más velocidad salía de debajo de Sus pies y giraba de nuevo en torno a Jesús, y ahora rezaba con Jesús, ahora amaba, ahora reparaba, en suma, hacía lo que hacía Jesús y con Jesús, esta llamita se hacía inmensa, abrazaba a todos en la oración, no le escapaba ninguno, se encontraba en el amor de todos y por todos amaba, reparaba, suplía por todos y por todo. ¡Oh, cómo es admirable e inenarrable lo que se hace con Jesús!, me faltan las palabras para poder poner en el papel las expresiones de amor y de otras cosas que se hacen con Jesús; la obediencia quisiera, pero la mente se va a lo alto para tomar de Jesús las palabras y desciende a lo bajo, hace por encontrar las expresiones, las palabras del lenguaje natural y no encuentra el camino para sacarlo fuera, por eso no puedo. 

                    Entonces mi amado Jesús me ha dicho:

                    “Hija Mía, tú eres la llamita de Jesús, la llamita puede estar en cualquier parte, puede penetrar en todo, no ocupa lugar, a lo más vive en lo alto y gira, y también es deleitable”. 

                    Y yo: 

                    “Ah Jesús, es muy débil y es fácil de apagarse la llamita, y si se apaga no hay forma de darle nueva vida, así que pobre de mí si llego a apagarme”. 

                    Y Jesús: 

                    “No, no, la llamita de Jesús no se puede apagar, porque su vida es alimentada por el Fuego de Jesús, y las llamitas que tienen Vida de Mi Fuego no están sujetas a muerte, y si mueren, mueren en el mismo Fuego de Jesús. Te he hecho llamita para poder divertirme más contigo, y por la pequeñez de la llamita puedo servirme de ella para hacerla girar continuamente dentro y fuera de Mí y tenerla en cualquier parte que quiera de Mí mismo, en los ojos, en los oídos, en la boca, bajo los pies, donde mejor me plazca”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 10, 2 de Diciembre de 1910


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.