Estoy siempre en mi querida heredad del Fiat Divino, me parece que me susurra al oído: “Como era en el principio, seré siempre, en los siglos de los siglos, también tú si estás en Mi Divina Voluntad serás siempre igual a ti misma, jamás cambiarás acción, harás siempre Mi Voluntad, y la variedad de tus acciones las podrás llamar efectos de aquel acto primero y único de Ella, que corre en tus actos para hacer de ellos uno sólo, que tiene virtud de producir como Sol, el bello arcoiris de la variedad de los colores como efecto de su luz, sin cambiar su acto único de dar siempre luz”. Qué felicidad se siente en el alma al poder decir: “Hago siempre la Divina Voluntad”.
Ahora, mi pequeña y pobre inteligencia me la sentía absorbida en la Luz de la Voluntad Divina, sentía en mí la fuerza única y potente de Ella, y la variedad de sus innumerables efectos haciéndome corona e invistiéndome eran portadores de Alegría, de Paz, de Fortaleza, de Bondad, de Amor, de Santidad, de Belleza indescriptible; estos efectos eran como tantos besos de vida que daban a mi alma, de los cuales quedaba poseedora. Yo he quedado maravillada por esto, y mi siempre amable Jesús me ha dicho:
“Hija Mía, todos los actos hechos por la criatura en la Divina Voluntad son confirmados por Dios como actos divinos, y esta confirmación forma la vida de los mismos actos, y vienen sellados con el Sello Divino como actos imperecederos, siempre nuevos, frescos, y de una belleza encantadora. Los actos hechos por la criatura en Mi Voluntad, podría llamarlos nueva creación que Yo hago en la criatura; conforme ella va haciendo su acto en Mi Voluntad, Mi Fiat se impone con Su fuerza creadora, y forma ahí Su acto, y con derecho lo confirma.
Sucede como sucedió en la Creación, como corría la fuerza creadora de Mi Voluntad en el crear tantas cosas, quedaron inmutables, sin cambiarse jamás; ¿acaso se ha cambiado el Cielo, las estrellas, el Sol?. En absoluto, tal como fueron creados tales son, porque donde Mi Querer pone Su fuerza creadora, queda la vida perenne de Su mismo acto, y como confirmación no se puede cambiar jamás.
Ve entonces qué significa hacer y vivir en Mi Divina Voluntad: ‘Estar bajo el imperio de una fuerza creadora y confirmadora, que pone al seguro todos los actos de la criatura volviéndolos inmutables’. Así que con vivir en Mi Querer ella quedará confirmada en el bien que hace, en la Santidad que quiere, en el conocimiento que posee, en el triunfo del sacrificio.
Nuestra Divinidad, de Nuestra espontánea Voluntad, está bajo el imperio de un Amor que corre irresistiblemente porque quiere dar a la criatura, tanto que al crear al hombre fue creado en nuestro ímpetu de Amor por los toques de nuestras cualidades divinas. Nuestro Ser Divino, siendo purísimo espíritu no tenía ni manos ni pies, Nuestras cualidades divinas nos sirvieron de manos para formar al hombre, y volcándose sobre él como un impetuoso torrente lo modelamos, y tocándolo le infundimos los efectos de nuestras cualidades supremas.
Estos toques permanecen en el hombre, y por eso se ven en él ciertas bellas cualidades de bondad, de ingenio, de inteligencia y otras, son la virtud de Nuestros toques divinos, que continuando a modelar al hombre producen sus efectos, son nuestras prendas de Amor con las cuales lo amasamos, y que a pesar de que él no se recuerda y tal vez ni siquiera nos conoce, continúan su oficio perenne de amarlo. Y así como cuando se toca un objeto o una persona, quien toca siente la impresión de la persona tocada, por eso, así como Nuestros toques de las cualidades divinas quedaron en el hombre, así quedó en nuestras cualidades supremas la impresión de haberlo tocado. Así que lo sentimos en Nosotros mismos, ¿cómo no amarlo?. Por eso, por cuanto haga el hombre, le vamos al encuentro con nuevos encuentros de Amor, y con nuestro agradable estribillo de amarlo siempre”.
Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 29, 16 de Mayo de 1931



















