Habiendo recibido la Santa Comunión, estaba llamando a todos, a mi Reina Mamá, a los
Santos, al primer hombre Adán, con el séquito de todas las generaciones hasta el último
hombre que vendrá sobre la tierra y además a todas las cosas creadas, a fin de que todos
junto conmigo, postrados en torno a Jesús lo adoráramos, lo bendijéramos y lo amáramos, a
fin de que a Jesús nada le faltara en torno a Él de todas las obras salidas de Sus manos, ni un
solo corazón que palpita, ni un sol que refulge, ni la vastedad del cielo azul adornado de
estrellas, ni el mar que murmura, ni siquiera la pequeña florecita que eleva su perfume, todo y
a todos quisiera concentrar en torno a Jesús Hostia, a fin de que le rindieran los honores
debidos; Su Querer me hacía todo presente como si todo fuera mío, y yo quería dar todo a
Jesús.
Ahora, mientras esto hacía, me parecía que Jesús era feliz al mirar a todas las
generaciones y las cosas suyas en torno a Él, y estrechándome a Sí me ha dicho:
“Hija Mía, cómo Estoy contento al ver en torno a Mí a todas Mis obras, me siento restituir
la alegría, la felicidad que les di al crearlas, y Yo les correspondo con nueva felicidad; este es
el gran bien que contiene y lleva Mi Voluntad, y en quien vive en Ella concentra los bienes de
todos en Ella, porque Mi Voluntad no hay bien que no lleve y vincula el alma a todos y a todo lo
que a Ella pertenece, así que si la criatura no se hubiese sustraído de Mi Querer, Yo debía
encontrar a todos en una, y a cada una en todos; los Bienes, la Luz, la Fuerza, la Ciencia, el
Amor, la Belleza, debían ser comunes a todos, no debía haber ni tuyo ni mío, ni en el orden
natural ni en el orden espiritual, cada una de las criaturas podría tomar cuanto quisiera.
Símbolo del Sol debía ser la vida humana en Mi Voluntad, que todos pueden tomar la luz por
cuanto quieran, sin que a ninguno le falte; pero como se sustrajo de Mi Voluntad, los Bienes, la
Luz, la Fuerza, el Amor, la Belleza, quedaron divididos y como incompletos entre las criaturas,
por eso no hubo más Orden, ni Armonía, ni verdadero Amor, ni hacia Dios ni entre ellos.
¡Oh!, si
el Sol se pudiera dividir en tantos rayos, separándose del centro de la Luz, estos rayos solares
terminarían volviéndose tinieblas, y ¿qué sería de la tierra?. ¡Ah, ciertamente ninguno habría
podido tener más una luz toda suya y toda para sí!. Así fue de Mi Voluntad, el hombre al
sustraerse de Ella perdió la plenitud de los Bienes, la plenitud de la Luz, de la Fuerza, de la
Belleza, etc., y por eso fue obligado a vivir con privaciones. Por eso sé atenta, tu vivir en Mi
Querer sea continuo, a fin de que tú contengas todo y Yo encuentre a todos en ti”.
Después estaba pensando entre mí: “Si tanto bien contiene el verdadero vivir en la
Suprema Voluntad, ¿por qué mi Mamá Celestial, que era toda Voluntad de Dios, no consiguió
junto al suspirado Redentor el Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra, y así hacer
regresar al hombre en aquel Fiat Supremo de donde salió, para darle nuevamente todos lo
bienes y el fin por el cual había sido creado?. Mucho más que Ella, siendo toda Voluntad de
Dios, no tenía ningún alimento extraño a Dios, por lo tanto poseía la misma Potencia Divina y
con ésta todo podía conseguir”.
Y mi dulce Jesús moviéndose de nuevo en mi interior,
suspirando ha agregado:
“Hija mía, todo lo que hizo mi Mamá y todo lo que hice Yo en la Redención, su finalidad
primaria era que Mi Fiat reinase sobre la tierra; no sería ni decoroso, ni verdadero Amor, ni
gran magnanimidad, ni mucho menos obrar como aquel Dios que era, si viniendo al mundo
debiera y quisiera dar a las criaturas la cosa más pequeña, como eran los medios para
salvarse, y no la cosa más grande, como era Mi Voluntad, que contiene no sólo los remedios
sino todos los Bienes posibles que hay en el Cielo y en la tierra, y no sólo la Salvación y la
Santidad, sino aquella Santidad que la eleva a la misma Santidad de su Creador.
¡Oh, si tú pudieras penetrar en cada oración, acto, palabra y pena de Mi indivisible Mamá, tú
encontrarías dentro el Fiat que suspiraba e impetraba; si pudieras penetrar dentro de cada
gota de Mi Sangre, en cada latido Mío, respiro, paso, obra, dolor y lágrima, encontrarías dentro
el Fiat que tenía la Supremacía, que suspiraba y pedía para las criaturas, pero mientras el fin
primario era el Fiat, Mi Bondad debió descender al fin secundario y casi hacer como un
maestro que mientras posee las ciencias más altas, y podría dar lecciones nobles y sublimes,
dignas de sí, como los escolares son todos analfabetos se debe abajar a dar lecciones de: a,
b, c, para poder poco a poco llegar a su fin primario de impartir las lecciones de la ciencia que
posee para hacer otros tantos maestros dignos de tal maestro; si este maestro no se quisiera
abajar a dar lecciones de estudios inferiores y quisiera dar lecciones de Su alta ciencia, los
escolares, siendo analfabetos, no lo habrían entendido y confundidos por tanta ciencia
ignorada por ellos lo habrían dejado, y el pobre maestro por no haberse querido abajar, no ha
dado ni el pequeño bien de su ciencia ni el grande.
Ahora hija Mía, cuando Yo vine a la tierra
las criaturas eran todas analfabetas en las cosas del Cielo, y si Yo hubiese querido hablar del
Fiat y del verdadero vivir en Él, habrían sido incapaces de comprenderlo si no conocían el
camino para venir a Mí, en su mayor parte eran cojos, ciegos, enfermos, debí abajarme en los
vestidos de Mi Humanidad que cubrían aquel Fiat que quería dar, hermanarme con ellos,
mezclarme con todos para poder enseñar las primeras nociones, el a, b, c, del Fiat Supremo, y
todo lo que Yo enseñé, hice y sufrí, no fue otra cosa que preparar el Camino, el Reino y el
Dominio a Mi Voluntad.
Esta es la costumbre en nuestras obras, hacer las cosas menores
como acto preparatorio a las cosas mayores, ¿no hice contigo otro tanto?. Al principio no te
hablé del Fiat Supremo, ni de la Altura, ni de la Santidad a la que Yo quería que tú llegases en
Mi Querer, ni te hice ninguna mención de la gran misión a la cual te llamaba, sino que te tuve
como a una pequeña niña, con la cual Yo me deleitaba con enseñarte la Obediencia, el Amor al
sufrir, el desapego de todo y de todos, la muerte a tu propio yo; y conforme tú te prestabas Yo
Me alegraba, porque veía en ti preparado el puesto dónde poner Mi Fiat y las lecciones
sublimes que pertenecían a Mi Voluntad.
Así fue en la Redención, todo fue hecho con la
finalidad de que el Fiat pudiese de nuevo reinar en la criatura, como cuando la sacamos de
Nuestras manos creadoras; Nosotros no tenemos prisa en Nuestras obras, porque tenemos no
solamente los siglos sino toda la Eternidad a Nuestra disposición, por eso vamos a paso lento,
pero con Nuestro triunfo; primero preparamos y después hacemos.
No por haberme regresado
al Cielo Mi Potencia ha disminuido de como era cuando estaba en la tierra, Mi Potencia es
siempre igual, tanto estando en el Cielo como en la tierra; ¿no llamé y elegí a Mi Mamá
estando en Mi patria celestial?. Así te he llamado y elegido a ti con aquella misma Potencia
que ninguno Me puede resistir para el suspirado Fiat, más bien te digo que para obtener esto,
tú tienes a tu disposición cosas más grandes y más importantes que no las tuvo Mi amada
Mamá, por eso tú eres más feliz, porque Ella no tuvo una Mamá, ni Sus obras por ayuda para
conseguir al suspirado Redentor, sino sólo tuvo el cortejo de los actos de los Profetas, de los
Patriarcas y de los buenos del Antiguo Testamento y de los grandes Bienes previstos del futuro
Redentor.
En cambio tú tienes una Mamá y todas Sus obras por ayuda, tienes las ayudas, las
penas, oraciones y la misma Vida, no prevista sino efectuada, de tu Redentor; no hay bien ni
plegarias que hayan sido hechas o se hacen en la Iglesia que no estén contigo para darte
ayuda para obtener el suspirado Fiat; y como todo lo que fue hecho por Mí, por la Reina del
Cielo y por todos los Buenos, el fin primario era el cumplimiento de Mi Voluntad, por eso todo
está contigo para implorar la realización de Su finalidad. Por eso sé atenta, Yo Estaré junto
contigo, también Mi Mamá, no estarás sola a suspirar el triunfo de Nuestra Voluntad”.
Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 19, 28 de Febrero de 1926