viernes, 25 de septiembre de 2026

LOS SACRAMENTOS PRODUCEN SUS FRUTOS SEGÚN LAS ALMAS ESTÁN SOMETIDAS A LA DIVINA VOLUNTAD, Y SEGÚN LA CONEXIÓN QUE TENGAN CON EL DIVINO QUERER ASÍ PRODUCEN LOS EFECTOS




                    Habiendo dicho al Confesor que Jesús me había dicho que la Voluntad de Dios es el centro del alma, y que este centro está en el fondo del alma, que como sol expandiendo sus rayos da Luz a la mente, Santidad a las acciones, Fuerza a los pasos, Vida al corazón, Potencia a la palabra, a todo; y no sólo esto, sino que este centro de la Voluntad de Dios, mientras nos está dentro para hacer que nunca la podamos dejar, y para estar a nuestra continua disposición y ni siquiera un minuto dejarnos solos ni separados, nos está al frente, a la derecha, a la izquierda, por detrás y por doquier, y aun en el Cielo será nuestro Centro, el Confesor decía en cambio que nuestro Centro es el Santísimo Sacramento. Entonces, al venir el Bendito Jesús me ha dicho:

                    “Hija Mía, Yo debía hacer de modo que la Santidad debía ser fácil y accesible a todos, excepto para quien no la quisiera, y en todas las condiciones, en todas las circunstancias y en todos los lugares. Es verdad que el Santísimo Sacramento es centro, pero, ¿quién lo instituyó?, ¿quién sojuzgó a Mi Humanidad a encerrarse en el breve giro de una hostia?, ¿no fue Mi Voluntad?. 

                    Por lo tanto Mi Voluntad tiene siempre la supremacía sobre todo; y además, si el Todo está en la Eucaristía, los Sacerdotes que me llaman del Cielo en sus manos y que están más que todos en contacto con Mi Carne Sacramental deberían ser los más santos, los más buenos, y en cambio muchos son los más malos. ¡Pobre de Mí, cómo me tratan en el Santísimo Sacramento!. 

                    Y tantas almas devotas que me reciben, tal vez todos los días, deberían ser otras tantas santas si bastara el Centro de la Eucaristía, y en cambio, cosa de llorar, están siempre en el mismo punto: vanidosas, iracundas, escrupulosas, etc., ¡pobre Centro del Santísimo Sacramento, cómo quedo deshonrado!. 

                    En cambio una madre de familia que hace Mi Voluntad y que por sus condiciones, no que no quiera, no puede recibirme todos los días, se ve paciente, caritativa, lleva en sí el perfume de Mis virtudes eucarísticas; ¡ah!, ¿es acaso el Sacramento, o Mi Voluntad, a la que ella se ha sometido la que la tiene sojuzgada y que suple al Santísimo Sacramento?. 
        
                    Es más, te digo que los mismos Sacramentos producen sus frutos según las almas están sujetas a Mi Voluntad, y según la conexión que tienen con Mi Querer así producen sus efectos, y si conexión con Mi Querer no hay, Me comulgarán pero quedarán en ayunas; se confesarán, pero quedarán siempre sucias; vendrán a Mi presencia Sacramental, pero si nuestros quereres no se identifican estaré para ellas como muerto, porque sólo Mi Voluntad en el alma que se hace sojuzgar por Ella produce todos los bienes y da vida a los mismos Sacramentos, y quien esto no comprende, significa que es niño en la Religión”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 11, 25 de Septiembre de 1913


domingo, 20 de septiembre de 2026

TODO LO QUE SUCEDE EN TORNO Y DENTRO DEL ALMA, NO ES MÁS QUE EL TRABAJO CONTINUO DE JESÚS PARA HACER CUMPLIR Y DESENVOLVER EN ELLA SU VOLUNTAD

 


                    Estaba pensando en mi estado presente en el que poco o nada sufro, y Jesús rápidamente me ha dicho: 

                    Hija Mía, todo lo que sucede en torno y dentro del alma, amarguras, placeres, contrastes, muertes, privaciones, contentos y demás, no es más que Mi trabajo continuo de hacer cumplir y desarrollar en ellos Mi Voluntad, cuando obtengo esto todo está hecho, y por eso todo le da paz, aun el mismo sufrir parece que quiere estar lejos de esta alma, viendo que el Querer Divino es más que él, y que el alma lo tiene en lugar de todo y supera todo; parece que todos le hagan reverencia, y Yo Mismo cuando el alma llega a este punto en el que de todo se sirve para hacerme cumplir el trabajo de Mi Querer, la dispongo para el Cielo.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 11, 20 de Septiembre de 1913


martes, 15 de septiembre de 2026

HUYENDO DE LA CRUZ SE PERMANECE EN LO OSCURO



                    Esta mañana, mi adorable Jesús ha venido glorioso, con las llagas resplandecientes más que sol y con una cruz en la mano. Mientras estaba en esto veía también una rueda de la que salían cuatro ángulos; parecía que en un ángulo escapaba la luz y quedaba a oscuras, en esta oscuridad quedaba la gente como abandonada por Dios y sucedían guerras sangrientas contra la Iglesia y contra la gente misma. ¡Ah!, parecía que las cosas dichas antes por Jesús Bendito se van acercando a pasos veloces. Ahora, Nuestro Señor viendo todo esto, movido a compasión se ha acercado a la parte oscura y arrojó encima la Cruz que tenía en la mano, diciendo con voz sonora:

                    “Gloria a la Cruz”.

                    Y parecía que aquella cruz llamaba de nuevo la luz, y los pueblos sacudiéndose imploraban ayuda y socorro. Y Jesús ha repetido:

                    “Todo el Triunfo y la Gloria serán de la Cruz, de otra manera los remedios empeorarán los mismos males; por lo tanto la Cruz, la Cruz”.

                    ¿Quién puede decir cómo he quedado afligida y pensativa en lo que podrá suceder?


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 15 de Septiembre de 1901





miércoles, 9 de septiembre de 2026

JESÚS LE HABLA DE LA NADA Y DEL AMOR QUE LE LLEVA



                    Jesús continúa viniendo, pero con un aspecto todo nuevo. Parecía que de Su Corazón Bendito salía un tronco de árbol que tenía tres raíces distintas, y este tronco, de Su Corazón entraba en el mío, y saliendo de mi corazón el tronco formaba tantas bellas ramas cargadas de flores, de frutos, de perlas y de piedras preciosas, resplandecientes como estrellas fulgidísimas. Ahora, mi amante Jesús, viéndose a la sombra de este árbol, se recreaba todo, mucho más que del árbol caían tantas perlas que formaban un bello adorno a Su Santísima Humanidad. Mientras estaba en esta posición me ha dicho:

                    “Hija Mía amadísima, las tres raíces que ves que contiene este árbol son: la Fe, la Esperanza y la Caridad. Y lo que tú ves que este tronco sale de Mí y se introduce en tu corazón, significa que no hay bien que posean las almas que no venga de Mí; así que después de la Fe, la Esperanza y la Caridad, el primer desarrollo que hace este tronco es el hacer conocer que todo el Bien viene de Dios, que de ellas no tienen otra cosa que su propia nada, y que esta nada no hace otra cosa que darme la libertad de hacerme entrar en ellas y hacerme obrar lo que quiero; mientras que hay otras nadas, esto es, otras almas, que con la libre voluntad que tienen se oponen, entonces, faltando este conocimiento, el tronco no produce ni ramas ni frutos, ni ninguna otra cosa de bueno. Las ramas que contiene este árbol, con todo el aparato de las flores, frutos, perlas y piedras preciosas, son todas las diversas virtudes que puede poseer el alma. Ahora, ¿quién ha dado la vida a este árbol tan bello? Ciertamente las raíces, esto significa que la Fe, la Esperanza y la Caridad abrazan todo, contienen todas las virtudes, tanto, que son puestas como base y fundamento del árbol, y sin ellas no se puede producir ninguna otra virtud”. 

                    Así que he comprendido también que las flores significan las virtudes, los frutos los sufrimientos, las piedras preciosas y las perlas el sufrir únicamente por el solo Amor de Dios. He aquí por qué aquellas perlas que caían formaban ese bello ornamento a Nuestro Señor. Ahora, mientras Jesús se sentaba a la sombra de este árbol, me miraba con ternura toda paterna, entonces, tomado por un rapto amoroso, que parecía que no podía contener en Sí, abrazándome fuertemente ha comenzado a decir:

                    “¡Cómo eres bella! Tú eres Mi candorosa paloma, Mi amada morada, Mi templo vivo, en el cual unido con el Padre y el Espíritu Santo Me complazco en deleitarme. Tu continuo penar por Mí Me alivia y consuela de las continuas ofensas que Me hacen las criaturas. Debes saber que es tanto el Amor que te tengo, que estoy obligado a esconderlo en parte, para hacer que tú no enloquezcas y puedas vivir, porque si te lo hiciese ver no sólo enloquecerías, sino que no podrías continuar viviendo, tu débil naturaleza quedaría consumada por las llamas de Mi Amor”.

                    Mientras esto decía yo me sentía toda confundir y aniquilar, y me sentía hundir en el abismo de mi nada, porque me veía toda imperfecta, especialmente notaba mi ingratitud y frialdad a las tantas gracias que el Señor me hace. Pero espero que todo redunde a Su Gloria y Honor, esperando con firme confianza que en un esfuerzo de Su Amor quiera vencer mi dureza.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 9 de Septiembre de 1899


viernes, 4 de septiembre de 2026

ARDORES DEL CORAZÓN DE JESÚS POR LA GLORIA DE LA MAJESTAD DIVINA Y POR EL BIEN DE LAS ALMAS



                    Mi adorable Jesús continúa viniendo, y esta mañana apenas lo he visto sentía un ansia de preguntarle si me había perdonado mis pecados, por eso Le he dicho: “Dulce amor mío, cuánto anhelo oír de Tu boca si me has perdonado mis tantos pecados”. Y Jesús se ha acercado a mi oído, y con Su mirada parecía que escrutase todo mi interior y me ha dicho:

                    “Todo está perdonado y te los perdono, no te queda otra cosa que algunos defectos cometidos por ti inadvertidamente, y también te los perdono”.

                    Después de esto parecía que Jesús se ponía a mis espaldas, y tocándome los riñones con Su mano me los fortificaba. ¿Quién puede decir lo que sentía con aquel toque? Solamente sé decir que sentía un fuego refrigerante, una pureza unida a una fuerza; después que me tocó los riñones le he pedido que hiciera lo mismo al corazón, y Jesús para complacerme ha condescendido, y después me parecía como si Jesús Bendito estuviera cansado por causa mía, y Le he dicho: “Dulce vida mía, estás cansado por causa mía, ¿no es verdad?”.

                    Y Él: “Sí. Al menos sé agradecida por las gracias que te estoy haciendo, porque la gratitud es la llave para poder abrir a placer los Tesoros que Dios contiene; pero debes saber que esto que he hecho te servirá para preservarte de la corrupción, para corroborarte y para disponer tu alma y tu cuerpo a la Gloria Eterna”.

                    Después de esto parecía que me transportase fuera de mí misma y me hacía ver la multitud de las gentes y el bien que podían hacer y no hacen, y por lo tanto la Gloria que Dios debe recibir y no recibe, y Jesús todo afligido ha agregado:

                    “Amada Mía, Mi Corazón arde por el Honor de Mi Gloria y por el bien de las almas. Por todo el bien que omiten, tantos vacíos recibe Mi Gloria, y sus almas aunque no hicieran el mal, no haciendo el bien que podrían hacer son como aquellas habitaciones vacías, que si bien son bellas, pero no hay nada para admirar que atraiga la mirada, y por tanto ninguna gloria recibe el dueño, y si hacen un bien y otro lo omiten, son como aquellas habitaciones todas despobladas, en que apenas algún objeto se descubre sin ningún orden. 

                    Amada Mía, entra a tomar parte de estas penas, de los ardores que Mi Corazón siente por la Gloria de la Majestad Divina y por el bien de las almas, trata de llenar estos vacíos de Mi Gloria, y podrás hacerlo no dejando pasar momento de tu vida que no esté unido con la Mía, esto es, en todas tus acciones, sea oración o sufrimiento, reposo o trabajo, silencio o conversación, tristeza o alegría, aun el alimento que tomes, en suma, en todo lo que te pueda suceder pondrás la intención de darme toda la Gloria que en tales acciones deberían darme y de suplir al bien que deberían hacer y no hacen, intentando repetir la intención por cuanta Gloria no recibo y por cuanto bien omiten. Si esto haces llenarás en algún modo el vacío de la Gloria que debo recibir de las criaturas, y Mi Corazón sentirá un refrigerio a Mis ardores, y por este refrigerio correrán ríos de Gracia en provecho de los mortales, que les infundirán mayor fuerza para hacer el bien”.

                    Después de esto me he encontrado en mí misma.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 4 de Septiembre de 1901



miércoles, 19 de agosto de 2026

LAS PENAS QUE LA DIVINIDAD INFLIGÍA EN EL INTERIOR DE JESÚS. LAS PENAS DE LA PASIÓN FUERON SOMBRAS Y SEMEJANZAS DE LAS PENAS INTERNAS



                    Encontrándome en mi habitual estado (1), el dulce Jesús me hacía sufrir parte de Sus penas y de Sus muertes que sufrió por cada una de las criaturas. Por mis pequeñas penas comprendía cuán atroces y mortales habían sido las penas de Jesús, entonces me ha dicho: 

                    “Hija Mía, Mis penas son incomprensibles a la naturaleza humana, las mismas penas de Mi Pasión fueron sombras o semejanzas de Mis penas internas. Mis penas internas Me eran infligidas por un Dios Omnipotente, al cual ninguna fibra podía esquivar el golpe; las de Mi Pasión me eran infligidas por los hombres, los cuales no teniendo ni la omnipotencia ni la omnividencia, no podían hacer lo que ellos mismos querían, ni podían penetrar en todas Mis fibras internas. Mis penas internas estaban encarnadas y Mi Misma Humanidad era transformada en clavos, en espinas, en flagelos, en llagas, en martirio, tan crueles que me daban muertes continuas, éstas eran inseparables de Mí, formaban Mi Misma Vida; en cambio las de Mi Pasión eran extrañas a Mí, eran espinas y clavos que se podían clavar, y queriendo se podían también quitar, y el solo pensamiento de que una pena se puede quitar es un alivio; pero Mis penas internas, que eran formadas por la misma carne, no había ninguna esperanza de que se Me pudieran quitar, ni disminuir la agudeza de una espina, del traspasarme con clavos. 

                    Mis penas internas fueron tales y tantas, que las penas de Mi Pasión las podría llamar alivios y besos que daban a Mis penas internas, que uniéndose juntas daban el último testimonio de Mi grande y excesivo Amor por salvar a las almas. 

                    Mis penas externas eran voces que llamaban a todos a entrar en el océano de Mis penas internas, para hacerlos comprender cuánto Me costaba su salvación. Y además, por tus mismas penas internas, comunicadas por Mí, puedes comprender en algún modo la intensidad continua de las mías. Por eso date ánimo, es el amor lo que a esto Me empuja”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 14, 19 de Agosto de 1922


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.


sábado, 15 de agosto de 2026

TODAS LAS COSAS CREADAS CAMINAN HACIA EL HOMBRE. LA FIESTA DE LA ASUNCIÓN SE DEBERÍA LLAMAR LA FIESTA DE LA DIVINA VOLUNTAD



                    Continuaba fundiéndome en el Santo Querer Divino para corresponder a mi Jesús con mi pequeño amor por todo lo que ha hecho por el género humano en la Creación; y mi amado Jesús, moviéndose en mi interior, para dar más valor a mi pequeño amor, hacía junto conmigo lo que yo hacía, y mientras estaba en esto me ha dicho: 

                    “Hija Mía, todas las cosas creadas fueron hechas para el hombre, y todas corren hacia él, no tienen pies, pero todas caminan, todas tienen un movimiento, o para encontrarlo o para hacerse encontrar: la luz del sol parte desde la altura de los cielos para encontrar a la criatura, iluminarla y calentarla; el agua camina para llegar hasta las vísceras humanas para quitarle la sed y refrescarla; las plantas, las semillas, caminan y desgarran la tierra, forman su fruto para darse al hombre, no hay cosa creada que no tenga un paso, un movimiento, hacia quien el Eterno Artífice las había dirigido en su creación. 

                    Mi Voluntad mantiene el orden, la armonía y las mantiene a todas en camino hacia las criaturas, así que es Mi Voluntad que camina siempre en las cosas creadas hacia la criatura, no se detiene jamás, es toda movimiento hacia quien tanto ama, sin embargo, ¿quién dice un gracias a Mi Voluntad que le lleva la luz del sol, el agua para beber para quitarle la sed, el pan para quitarle el hambre, el fruto, la flor para recrearlo y tantas otras cosas que le lleva para hacerlo feliz?. ¿No es justo que mi Voluntad, haciendo todo para él, el hombre hiciera todo para cumplir mi Voluntad?. 

                    ¡Oh! si tú supieras la fiesta que hace Mi Voluntad en las cosas creadas cuando camina y sirve a quien cumple Mi Voluntad. Mi Voluntad obrante y cumplida en la criatura, y Mi Voluntad obrante en las cosas creadas, mientras se encuentran juntas se besan, armonizan, se aman y forman el himno, la adoración a su Creador, y el portento más grande de toda la Creación. 

                    Las cosas creadas se sienten honradas cuando sirven a la criatura que es animada por esa misma Voluntad que forma su misma Vida de ellas; en cambio Mi Voluntad se pone en actitud de dolor en las mismas cosas creadas cuando debe servir a quien no cumple Mi Voluntad; he aquí por qué sucede que muchas veces las cosas creadas se ponen contra el hombre, lo golpean, lo castigan, porque ellas se vuelven superiores al hombre, conservando íntegra en ellas aquella Voluntad Divina por la cual fueron animadas desde el principio de su creación, y el hombre ha descendido a lo bajo, no conservando en él la Voluntad de su Creador”. 

                    Después de esto me he puesto a pensar en la Fiesta de mi Celestial Mamá Asunta al Cielo, y mi dulce Jesús con un acento tierno y conmovedor ha agregado: 

                    “Hija Mía, el verdadero nombre de esta Fiesta, debería ser: ‘La Fiesta de la Divina Voluntad’. Fue la voluntad humana la que cerró el Cielo, que destrozó los vínculos con su Creador, la que hizo salir todas las miserias, el dolor, y que puso término a las fiestas que la criatura debía gozar en el Cielo. Ahora, esta criatura, Reina de todos, con hacer siempre y en todo la Voluntad del Eterno, es más, se puede decir que Su vida fue sólo la Voluntad Divina, abrió el Cielo, se vinculó con el Eterno e hizo volver las fiestas en el Cielo con la criatura; cada acto que hacía en la Voluntad Suprema era una fiesta que iniciaba en el Cielo, eran soles que formaba como ornamentos de esta fiesta, eran músicas que enviaba para alegrar la Jerusalén Celestial, así que la verdadera causa de esta fiesta es la Voluntad Eterna obrante y cumplida en Mi Mamá Celestial, que obró tales prodigios en Ella, que dejó estupefactos a Cielos y tierra, encadenó al Eterno con los vínculos indisolubles de Amor, raptó al Verbo Eterno hasta Su Seno, los mismos Ángeles, raptados, repetían entre ellos: ‘¿De dónde tanta Gloria, tanto Honor, tanta Grandeza y tantos prodigios jamás vistos, en esta excelsa Criatura?. No obstante es del exilio que viene’. Y atónitos reconocían la Voluntad de su Creador como vida y obrante en Ella, y estremeciéndose decían: ‘¡Santa, Santa, Santa, Honor y Gloria a la Voluntad de nuestro Soberano Señor y Gloria y tres veces Santa Aquélla que ha hecho obrar a esta Suprema Voluntad!’. 

                    Así que es Mi Voluntad la que más que todo fue y es festejada en el día de la Asunción al Cielo de Mi Madre Santísima; fue Mi Voluntad únicamente la que la hizo ascender tan alto que la distinguió entre todas las criaturas, todo lo demás habría sido nada si no hubiera poseído el prodigio de Mi Querer. Fue Mi Voluntad que le dio la Fecundidad Divina y la hizo Madre del Verbo, fue Mi Voluntad la que le hizo ver y abrazar a todas las criaturas juntas, haciéndose Madre de todas y amando a todas con un Amor de Maternidad Divina, y haciéndola Reina de todos la hacía imperar y dominar. 

                    En aquel día Mi Voluntad recibió los primeros honores, la gloria y el fruto abundante de Su labor en la Creación, y comenzó su fiesta que jamás interrumpe por la glorificación de su obrar en Mi amada Madre; y si bien el Cielo fue abierto por Mí, y muchos Santos estaban ya en posesión de la Patria Celestial cuando la Reina Celestial fue asunta al Cielo, sin embargo la causa primaria era precisamente Ella, que había cumplido en todo la Suprema Voluntad, y por eso se esperó a Aquélla que tanto la había honrado y contenía el verdadero prodigio de la Santísima Voluntad para hacer la primera fiesta al Supremo Querer. 

                    ¡Oh, cómo todo el Cielo glorificaba, bendecía, alababa a la Eterna Voluntad cuando veía a esta sublime Reina entrar en el Empíreo, en medio de la Corte Celestial, toda fundida en el Sol Eterno del Querer Supremo!. La veían toda adornada por la potencia del Fiat Supremo, no había habido en Ella ni siquiera un latido que no tuviera impreso este Fiat, y atónitos la miraban y le decían: ‘Asciende, asciende más arriba, es justo que Aquélla que tanto ha honrado al Fiat Supremo y que por medio Suyo nos encontramos en la Patria Celestial, tenga el trono más alto y que sea nuestra Reina’. Y el más grande honor que recibió mi Mamá fue el ver glorificada la Divina Voluntad”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 18, 15 de Agosto de 1925



lunes, 10 de agosto de 2026

DIOS SABE EL NÚMERO, EL VALOR, EL PESO DE TODAS LAS COSAS CREADAS



                    Encontrándome fuera de mí misma, me he encontrado girando en las iglesias, haciendo el peregrinaje a Jesús Sacramentado con el Ángel Custodio, y habiendo dicho dentro de una iglesia:

                    “Prisionero de Amor, Tú estás abandonado y solo, y yo he venido a hacerte compañía, y mientras Te hago compañía intento amarte por quien Te ofende, alabarte por quien Te desprecia, agradecerte por quien derramaste gracias y no Te rinde el tributo del agradecimiento, consolarte por quien Te aflige, repararte cualquier ofensa, en una palabra, intento hacerte todo lo que están obligadas a hacerte las criaturas por haberte quedado en el Santísimo Sacramento, y tantas veces intento repetirlas por cuantas gotas de agua, cuantos peces y granos de arena hay en el mar”. 

                    Mientras esto decía, ante mi mente se han puesto todas las aguas del mar y dentro de mí decía: 

                    “Mi vista no puede abarcar toda la vastedad del mar, ni conoce la profundidad y el peso de aquellas inmensas aguas, pero el Señor conoce el número, su peso y medida”. Y me quedaba toda maravillada. Mientras estaba en esto, el Bendito Jesús me ha dicho: 

                    “Tonta, tonta que eres, ¿por qué te maravillas tanto? Lo que a la criatura le es difícil e imposible, al Creador le es fácil y posible, e incluso natural; sucede en esto como a alguien que mirando en un abrir y cerrar de ojos millones y millones de monedas, dice para sí: “Son innumerables, ¿quién las puede contar? Pero el que las ha puesto en ese lugar, en una palabra lo puede decir todo, son tantas, valen tanto, pesan tanto; hija Mía, Yo sé cuántas gotas de agua puse Yo Mismo en el mar, y ninguno puede perderme ni siquiera una sola, Yo numeré todo, pesé todo y valoré todo, y así de todas las otras cosas; entonces, qué maravilla que sepa todo”. 

                    Al oír esto he dejado de admirarme, más bien me he admirado de mi locura.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 6, 10 de Agosto de 1904



sábado, 8 de agosto de 2026

EL ALMA RESIGNADA ESTÁ SIEMPRE EN REPOSO



                    Continúa haciéndose ver apenas y casi enojado con los hombres y por más que le he pedido que derramara en mí sus amarguras, ha sido imposible y sin prestarme atención a lo que le decía, me ha dicho: 

                    “La resignación absorbe todo lo que puede ser de pena o de disgusto a la naturaleza y lo convierte en dulce; y siendo mi Ser pacífico, tranquilo, de modo que cualquier cosa que pueda suceder en el Cielo y en la tierra no puede recibir ni siquiera el más mínimo aliento de turbación, entonces la resignación tiene la virtud de injertar en el alma estas mismas virtudes mías. El alma resignada está siempre en reposo, no sólo ella, sino que Me hace reposar tranquilamente también a Mí en ella.”


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 8 de Agosto de 1899



sábado, 1 de agosto de 2026

SILENCIO Y LLANTO DE JESÚS POR LAS CRIATURAS. HABLA ACERCA DE LA PUREZA



                    Esta mañana mi suavísimo Jesús, transportándome fuera de mí misma, me hacía ver la corrupción en la cual ha caído el género humano. ¡Da horror pensarlo! Mientras me encontraba en medio de estas gentes, Jesús decía casi llorando: “¡Oh hombre, cómo te has desfigurado, deformado, desnoblecido!, ¡oh hombre, Yo te hice para que fueras Mi templo vivo, y tú en cambio te has hecho habitación del Demonio!; mira aun las plantas, con estar cubiertas de hojas, de flores y frutos, te enseñan la honestidad, el pudor que tú debes tener de tu cuerpo, y tú habiendo perdido todo pudor y también la vergüenza natural que deberías tener, te has vuelto peor que las bestias, tanto que no tengo más a quien compararte. Tú eras Mi imagen, pero ahora no te reconoces más, más bien Me das tanto horror por tus impurezas, que Me da náuseas el verte, y tú mismo Me obligas a huir de ti”. 

                    Mientras Jesús así decía, yo me sentía desgarrar por el dolor al ver tan amargado a mi amado Jesús, por eso le he dicho: “Señor, tienes razón de que no encuentras más nada de bien en el hombre y que ha llegado a tal ceguera, que no sabe ya ni siquiera respetar las leyes de la naturaleza, entonces si quieres ver al hombre, no harás otra cosa que mandar castigos, por eso te pido que mires Tu Misericordia y así será remediado todo”. Mientras así decía, Jesús me ha dicho:

                    “Hija, dame tú un alivio a Mis penas”.

                    Al decir esto, se ha quitado la corona de espinas que parecía encarnada en Su adorable cabeza y me la ha clavado en la mía, yo sentía un dolor fortísimo, pero estaba contenta de que Jesús se reconfortara. Después de esto me ha dicho:

                    “Hija, Yo amo grandemente a las almas puras, y así como de las impuras estoy obligado a huir, de las puras en cambio como por un imán Soy atraído a hacer morada en ellas. A las almas puras con gusto les presto Mi boca para hacerlas hablar con Mi misma lengua, así que no se fatigan para convertir a las almas; en dichas almas Yo Me complazco no sólo de continuar en ellas Mi Pasión, y así continuar aun la Redención, sino lo que es más, Me complazco sumamente de glorificar en ellas Mis mismas virtudes”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 1 de Agosto de 1899