martes, 24 de febrero de 2026

EL ALMA QUE HACE LA DIVINA VOLUNTAD PIERDE SU TEMPERAMENTO, Y ADQUIERE EL TEMPERAMENTO DE JESÚS. SONRISA DE JESÚS

 


                    Habiendo visto varias almas alrededor de Jesús, especialmente una muy sensible, Jesús me ha dicho:

                    “Hija Mía, las almas de temperamento sensible, si se ponen al bien, hacen más progreso que las otras, porque su sensibilidad las lleva a empresas grandes y arduas”. 

                    Yo le he rogado que le quitara ese resto de sensibilidad humana que le quedaba, que la estrechara más a Él, que le dijera que la amaba, pues al oírse decir que la amaba la conquistaría del todo; verás que lo lograrás, ¿no me has vencido a mí así, diciéndome que me amabas tanto, tanto?. Y Jesús: 

                    “Sí, sí, lo haré, pero necesito su cooperación, necesito que huya cuanto más pueda de las personas que le excitan la sensibilidad”. 

                    Entonces yo he agregado: “Amor mío, dime, y mi temperamento, ¿cuál es?”. Y Jesús: 

                    “Quien vive en Mi Voluntad pierde su temperamento y adquiere el Mío. Así que en el alma que hace Mi Voluntad se descubre un temperamento afable, atrayente, penetrante, digno y a la vez sencillo, de una sencillez infantil, en suma, Me asemeja en todo. Más bien, más todavía, tiene en su poder el temperamento como lo quiere y como se necesita, pues como vive en Mi Voluntad toma parte en Mi Potencia, por lo tanto tiene las cosas y a sí misma a su disposición, así que según las circunstancias y las personas con las que trata, toma Mi temperamento y lo desarrolla”.  

                    Y yo: “Dime, ¿me das un primer puesto en Tu Querer?”. 

                    Jesús sonriendo: “Sí, sí, te lo prometo, de Mi Voluntad no te haré salir jamás, y tomarás y harás lo que quieras”.  

                    Y yo: “Jesús, quiero ser pobre, pobre y pequeña, pequeña; de Tus mismas cosas no quiero nada, mejor que las tengas Tú mismo, yo sólo te quiero a Ti, y conforme necesite las cosas Tú me las darás, ¿no es verdad, ¡oh! Jesús?”. Y Jesús: 

                    “Bravo, bravo a Mi hija, finalmente he encontrado una que no quiere nada; todos quieren alguna cosa de Mí, pero no el Todo, esto es, a Mí Mismo; en cambio tú, con no querer nada has querido todo, y aquí está toda la fineza y la astucia del verdadero Amor”.  

                    Yo he sonreído y Jesús ha desaparecido.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 11, 24 de Febrero de 1912





domingo, 22 de febrero de 2026

EL TERCER FIAT DARÁ TAL GRACIA A LA CRIATURA, QUE LA HARÁ CASI REGRESAR AL ESTADO DE ORIGEN, Y ENTONCES DIOS TOMARÁ SU PERPETUO REPOSO EN EL ÚLTIMO FIAT



                    Estaba en mi habitual estado (1), y mi dulce Jesús estaba silencioso, y le he dicho: “Amor mío, ¿por qué no me dices nada?”.

                    Y Jesús: 

                    “Hija Mía, es Mi costumbre después de haber hablado, el hacer silencio, quiero reposarme en Mi Misma palabra, es decir en Mi Misma obra salida de Mí, y esto lo hice en la Creación, después de haber dicho Fiat Lux y la luz fue; Fiat a todas las demás cosas, y las cosas salieron a la vida, quise reposar, y Mi Luz eterna reposó en la luz salida en el tiempo; Mi Amor reposó en el amor con el que investí a todo lo creado; Mi belleza reposó en todo el Universo, el cual adorné con Mi Misma belleza; como también reposó Mi Sabiduría y Potencia, con las que ordené todo con tal Sabiduría y Potencia, que Yo Mismo mirando todo, dije: “¡Cómo es bella la obra salida de Mí, quiero reposarme en ella!” Así hago con las almas, después de haber hablado quiero reposarme y gozar los efectos de Mi Palabra”. 

                    Después de esto ha agregado: 

                    “Digamos juntos Fiat”. Y todo, Cielo y tierra se llenaban de adoración a la Majestad Suprema. Y de nuevo ha repetido “Fiat”, y la Sangre, las Llagas, las penas de Jesús surgían, se multiplicaban al infinito. Y después por tercera vez “Fiat”, y este Fiat se multiplicaba en todas las voluntades de las criaturas para santificarlas. 

                    Después me ha dicho: 

                    “Hija Mía, estos tres Fiat son el Creante, el Redimente y el Santificante. Al crear al hombre lo doté con tres potencias, inteligencia, memoria y voluntad. Con tres Fiat cumpliré la Obra de Santificación en el hombre. 

                    Ante el Fiat Creante la inteligencia del hombre queda como raptada, y cuántas cosas comprende de Mí, y de cómo lo amo, estando Yo oculto en todas las cosas creadas para hacerme conocer y darle amor para hacerme amar. 

                    En el Fiat de la Redención la memoria queda como encadenada por los excesos de mi amor al sufrir tanto para ayudar y salvar al hombre en el estado de la culpa. 

                    En el tercer Fiat Mi Amor quiere desahogar de más, quiero asaltar la voluntad humana, quiero poner como sostén de su voluntad Mi Misma Voluntad, de manera que la voluntad humana quedará no sólo raptada, encadenada, sino sostenida por una Voluntad Eterna, la cual haciéndose apoyo a todo, el hombre casi no le podrá escapar. 

                    No terminarán las generaciones si antes no reina Mi Voluntad en la tierra. Mi Fiat Redentor se pondrá en medio, entre el Fiat Creante y el Fiat Santificante, se entrelazarán los tres juntos y cumplirán la santificación del hombre. 

                    El tercer Fiat dará tal gracia a la criatura, de hacerla regresar casi al estado de origen, y entonces, cuando haya visto al hombre como salió de Mí, Mi Obra será completa y tomaré Mi perpetuo reposo en el último Fiat. Únicamente la vida en Mi Querer dará de nuevo al hombre el estado de origen; por eso sé atenta, y junto Conmigo ayúdame a completar la santificación de la criatura”. 

                    Yo al oír todo esto le he dicho: “Jesús, amor mío, yo no sé hacer como haces Tú, ni como Tú me enseñaste, y casi tengo miedo de tus reproches si no hago bien lo que quieres de mí”. 

                    Y Él, todo bondad: 

                    “También Yo sé que no puedes hacer perfectamente lo que te digo, pero a donde tú no llegues te suplo Yo; pero es necesario que te animes y que comprendas lo que debes hacer, a fin de que si no haces el todo, hagas lo que puedas, pero mientras te hablo, tu voluntad queda encadenada a la Mía y quisieras hacer lo que te digo, y Yo lo tomo como si todo lo hicieras”. 

                    Y yo: “¿Cómo se podrá divulgar y enseñar a los demás este modo de vivir en el Querer Divino, y quién es el que se prestará a esto?”.

                    Y Jesús:

                    “Hija Mía, si a pesar de haber descendido a la tierra ninguno se hubiera salvado, la Obra de glorificar al Padre estaba ya completa; así ahora, a pesar de que ningún otro quisiera recibir este bien, lo que no será, tú sola Me bastarás y Me darás la Gloria completa que quiero de todas las criaturas”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 12, 22 de Febrero de 1921


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.



viernes, 20 de febrero de 2026

JESÚS ES LA LUZ DEL CIELO, DE LA CUAL TODOS TOMAN SUS PEQUEÑAS LUCES



                    Continúa viniendo mi Benigno Jesús. Después de haber recibido la Comunión me ha renovado las penas de la Crucifixión, y yo he quedado tan entumecida que sentía necesidad de un alivio, pero no me atrevía a pedirlo. Después de un poco ha regresado como Niño y me besaba toda, y de sus labios corría leche, y yo he bebido a grandes sorbos esa leche dulcísima de Sus purísimos labios. Ahora, mientras esto hacía me ha dicho:

                    “Yo Soy la Flor del Edén Celestial, y es tanto el perfume que expando, que ante Mi fragancia queda atraído todo el Empíreo, y como Yo Soy la Luz que manda luz a todos, tanto, de tenerlos abismados, todos Mis Santos toman de Mí sus pequeñas lucecitas, así que no hay luz en el Cielo que no haya sido tomada de esta Luz”. 

                    ¡Ah sí! no hay ni siquiera olor de virtud sin Jesús, y no hay luz, aunque se fuera a lo más alto de los Cielos, sin Él.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 20 de Febrero de 1900




miércoles, 18 de febrero de 2026

COMO QUIEN VIVE DE LA VIDA DE JESÚS, PUEDE DECIR QUE SU VIDA HA TERMINADO



                    Encontrándome en mi habitual estado (1), mi siempre y todo amable Jesús ha venido y me ha dicho:

                    “Hija Mía, todo lo que haces por Mí, aún un respiro, entra en Mí como prenda de tu amor por Mí, y Yo en correspondencia te doy Mis prendas de Amor, así que el alma puede decir: “Yo vivo de las prendas que me da mi amado Jesús”.

                    Después ha agregado:

                    “Hija amada Mía, viviendo tú de Mi Vida, se puede decir que tu vida ha terminado, que no vives más, así que no viviendo más tú, sino Yo en ti, todo lo que te hacen, agradable o desagradable, Yo lo recibo como hecho propiamente a Mí; y esto lo puedes comprender porque ante eso que te hacen, agradable o desagradable, tú no sientes nada, esto significa que debe ser otro quien siente ese gusto o ese disgusto, ¿y quién otro lo puede sentir sino Yo que vivo en ti y que te amo tanto, tanto?”


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 11, 18 de Febrero de 1912


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.



lunes, 16 de febrero de 2026

LA MORTIFICACIÓN DEBE SER RESPIRO DEL ALMA



                    Continúa casi siempre lo mismo. Esta mañana, después de haberme renovado las penas de la crucifixión me ha dicho:

                    “La mortificación debe ser el respiro del alma. Así como al cuerpo le es necesaria la respiración, y del aire bueno o malo que se respira así queda infectado o purificado, también por la respiración se conoce si está sano o enfermo el interior del hombre, si todas las partes vitales están de acuerdo, así el alma: si respira el aire de la mortificación, todo estará en ella purificado, todos sus sentidos sonarán con un mismo sonido concordante, su interior exhalará un respiro balsámico, saludable, fortificante; pero si no respira el aire de la mortificación todo será discordante en el alma, exhalará un respiro maloliente y nauseante; mientras está por domar una pasión, otra se desenfrena. En suma, su vida no será otra cosa que un juego de niños”. 

                    Me parecía ver a la mortificación como un instrumento musical, en el cual, si todas las cuerdas están buenas y fuertes, produce un sonido armonioso y agradable, pero si las cuerdas no son buenas, ahora hay que reparar una, ahora hay que afinar otra, por lo que todo el tiempo lo emplea en ajustarlo, pero jamás en tocarlo, a lo más podrá emitir un sonido discordante y desagradable, por eso jamás hará nada de bueno.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 16 de Febrero de 1900




viernes, 13 de febrero de 2026

LA MORTIFICACIÓN ES COMO LA CAL



                    Esta mañana después de haber recibido la Comunión he visto a mi adorable Jesús, pero todo cambiado de aspecto. Me parecía serio, todo reservado, en acto de reprenderme. ¡Qué desgarrador cambio! Mi pobre corazón, en vez de ser aliviado, me lo sentía más oprimido, más traspasado ante el aspecto tan insólito de Jesús. 

                    Sin embargo sentía toda la necesidad de un alivio por las penas sufridas en los pasados días por su privación, en que me parecía que vivía, pero agonizante y en continua violencia. Pero Jesús Bendito, queriendo reprenderme porque iba buscando alivio debido a Su Presencia, mientras que no debía buscar otra cosa que sufrir, me ha dicho:

                    “Así como la cal tiene virtud de quemar los objetos que se meten en ella, así la mortificación tiene virtud de quemar todas las imperfecciones y los defectos que se encuentran en el alma, y llega a tanto, que espiritualiza aun el cuerpo, y como un cerco se pone alrededor, y ahí sella todas las virtudes. Hasta en tanto que la mortificación no te queme bien, tanto el alma como el cuerpo, hasta deshacerlo, no podré sellar perfectamente en ti la marca de Mi Crucifixión”. 

                    Después de esto, no sé decir bien quién fuese, pero me parecía que fuese un Ángel, me ha traspasado las manos y los pies, y Jesús con una lanza que salía de Su Corazón, me ha traspasado el mío con extremo dolor y ha desaparecido dejándome más afligida que antes. 

                    ¡Oh, cómo comprendía bien la necesidad de la mortificación, mi inseparable amiga, y que en mí no existía ni siquiera la sombra de amistad con ella!. ¡Ah!, Señor, átame Tú con indisoluble amistad a esta buena amiga, porque por mí no sé mostrarme más que toda rudeza, y ella no viéndose acogida por mí con buena cara, usa conmigo todas las consideraciones, me va rehuyendo siempre, temiendo que le vaya a voltear la espalda del todo, y jamás cumple conmigo su bello y majestuoso trabajo, porque debido a que estamos un poco lejanos, sus manos prodigiosas no llegan hasta mí para poderme trabajar y presentarme ante Ti como obra digna de sus santísimas manos.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 13 de Febrero de 1900



martes, 10 de febrero de 2026

CUÁLES SON LOS CONTENTOS DEL ALMA



                    Encontrándome en mi habitual estado (1), sentía un descontento de mí misma, y habiendo venido el bendito Jesús me he sentido entrar en tal contento, que he dicho: “¡Ah! Señor, sólo Tú eres el verdadero contento”. 

                    Y Él ha continuado: “Y Yo te digo que el primer contento del alma es sólo Dios; el segundo contento es cuando el alma dentro de sí, y fuera de sí, no mira otra cosa que a Dios; el tercero es cuando el alma encontrándose en este ambiente divino, ningún objeto creado, ni criaturas, ni riquezas, rompen la Imagen Divina en su mente, porque la mente se alimenta de lo que piensa, y mirando sólo a Dios, de las cosas de acá abajo ve sólo aquellas que quiere Dios, no preocupándose de todo lo demás, y así se queda siempre en Dios; el cuarto contento es el sufrir por Dios, porque el alma y Dios, ora por mantener la conversación, ora por estrecharse más íntimamente, ora por declararse el Uno a la otra lo mucho que se quieren, Dios la llama y el alma responde, Dios se acerca y el alma lo abraza, Dios le da el sufrir y el alma voluntariamente sufre, es más, desea sufrir más por amor Suyo, para poderle decir: “¿Ves cómo Te amo?” . Y este es el mayor de todos los contentos”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 6, 10 de Febrero de 1905


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.



domingo, 8 de febrero de 2026

EL AMOR VUELVE FELIZ A JESÚS. LUISA, EL PARAÍSO DE JESÚS EN LA TIERRA



                    Continuando mi habitual estado (1) he pasado cerca de seis días inmersa en el amor de mi Bendito Jesús, tanto, que a veces sentía que no podía más y le decía: “Basta, basta porque no puedo más”. 

                    Me sentía como dentro de un baño de Amor que me penetraba hasta la médula de los huesos, ahora me hablaba Jesús de amor y de cuánto me amaba, y ahora Le hablaba yo de amor. Lo bello era que a veces Jesús no se dejaba ver, y yo nadando en este baño de Amor sentía rompérseme el cerco de la pobre naturaleza, y me lamentaba con Jesús, y Él me susurraba al oído: 

                    “El Amor Soy Yo, y si tú sientes el Amor, cierto es que Estoy contigo”. 

                    Otras veces, lamentándome, me decía al oído, pero todo de improviso:

                    “Luisa, tú eres Mi paraíso en la tierra, y tu amor Me vuelve feliz”. 

                    Y yo: “Jesús, mi Amor, ¿qué dices?. ¿Quieres burlarte de mí?. Tú eres feliz por Ti mismo, ¿por qué dices que eres feliz por mí?.

                    Y Él: 

                    “Escúchame bien hija Mía y comprenderás lo que Yo te digo. No hay cosa creada que no tenga vida de Mi Corazón, todas las criaturas son como tantas cuerdas que salen de Mi Corazón y que tienen vida de Mí, por eso por necesidad y naturalmente todo lo que hacen repercute en Mi Corazón, aunque sea un solo movimiento; por consecuencia, si hacen mal, si no Me aman, Me dan continua molestia, aquella cuerda hace sonar en Mi Corazón sonidos de disgustos, de amarguras, de pecados y forma sonidos lúgubres que Me vuelven infeliz por parte de aquella cuerda o vida que sale de Mí; en cambio si Me ama y está toda atenta a contentarme, aquella cuerda me da continuo placer y forma sonidos festivos, dulces, que armonizan con Mi Misma Vida, y por parte de aquella cuerda Yo gozo tanto, hasta volverme feliz y gozar por causa suya Mi Mismo paraíso. Si comprendes bien todo esto, no dirás más que me burlo de ti”.

                    Y ahora digo lo que decía yo de Amor y lo que decía Jesús, lo diré disparatando y quizá revuelto, porque la mente no se adapta del todo a las palabras: 

                    Luisa: -¡Oh! mi Jesús, Amor eres Tú, eres todo Amor, y Amor yo quiero, Amor deseo, Amor suspiro, Amor yo suplico y Te ruego Amor, Amor me invita, el Amor me es vida, Amor me rapta el corazón hasta el seno de mi Señor. De Amor me embriaga, de Amor me hace feliz. ¡Yo sola, sola y sólo para Ti!. ¡Tú solo, y sólo para mí!. Ahora que estamos solos hablemos de Amor, ¡ah! hazme entender cuánto me amas, porque sólo en Tu Corazón, Amor se comprende!.

                    Jesús: -De amor quieres tú que te hable?. Escucha hija amada Mía Mi Vida de Amor: si respiro te amo; si Me late el Corazón, Mi latido te dice Amor, Amor, son locuras de Amor por ti; si Me muevo, Amor te agrego, de Amor te inundo, de Amor te circundo, de Amor te acaricio, de Amor te flecho, de Amor te saeteo, de Amor te atraigo, de Amor te alimento y agudos dardos te mando al corazón. 

                    Luisa: -Basta ¡oh! mi Jesús por ahora, ya me siento desfallecer de Amor, sostenme entre Tus brazos, enciérrame en Tu Corazón y desde dentro de Él hazme desahogar también a mí de Amor, de otra manera muero de Amor, de Amor deliro, de Amor me quemo, de Amor hago fiesta, de Amor languidezco, de Amor me consumo, el Amor me mata y me hace resurgir más bella a una vida nueva. Mi vida me huye y siento sólo la Vida de Jesús, mi Amor, y en Jesús mi Amor me siento inmensa y amo a todos, me llaga de Amor, me enferma de Amor, de Amor me embellece y me hace más rica aún. Decir más no sé, ¡oh! Amor, sólo Tú me entiendes, Tú solo me comprendes, mi silencio Te dice más todavía, en Tu bello Corazón se dice más con el callar que con el hablar, y amando se aprende a amar. Amor, Amor, habla sólo Tú, porque siendo Amor sabes hablar de Amor.  



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                    Jesús: -¿Amor tú quieres oír?. Todo lo creado te dice amor: si brillan las estrellas Amor te dicen; si nace el Sol, Amor te manda; si resplandece de toda su luz en su pleno mediodía, dardos de Amor te manda al corazón; si el Sol se pone te dice: “Jesús muere por ti de Amor”. En los truenos y relámpagos Amor te mando y toques de besos te doy al corazón; sobre las alas de los vientos es Amor que corre; si murmuran las aguas te extiendo los brazos; si se mueven las hojas, te estrecho al Corazón; si perfuma la flor, te recreo de Amor. Todo lo creado en mudo lenguaje te dice al corazón: sólo de ti quiero Vida de Amor. Amor Yo quiero, Amor deseo, Amor mendigo desde dentro del Corazón, sólo Estoy contento si Me das Amor.  

                    Luisa: -Mi bien, mi todo, Amor insaciable, si quieres Amor, Amor dame; si me quieres feliz, Amor me dices; si me quieres contenta, Amor me entregas. Amor me inviste, Amor me eleva, me lleva al Trono de mi Creador; el Amor me señala la Sabiduría increada y me conduce al Eterno Amor y ahí yo hago mi morada. Vida de Amor viviré en Tu Corazón, Te amaré por todos, Te amaré con todos, Te amaré en todos. Jesús, séllame toda de Amor dentro de Tu Corazón, ábreme las venas y en vez de sangre haz correr Amor; quítame el respiro y haz que respire aire de Amor; quémame los huesos y las carnes y téjeme toda, toda de Amor. El Amor me transforme, el Amor me conforme, el Amor me enseñe a sufrir Contigo, el Amor me crucifique y me vuelva toda similar a Ti.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 10, 8 de Febrero de 1900


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.





viernes, 6 de febrero de 2026

LA PERFECTA COMPLACENCIA DE JESÚS, ES AL ENCONTRARSE A SÍ MISMO EN EL ALMA



                    Encontrándome en mi habitual estado (1), el Bendito Jesús al venir me ha dicho:

                    “Hija Mía, cuando Mi Gracia se encuentra en posesión de muchas personas, festeja más; sucede como con aquellas reinas que por cuantas más doncellas están atentas de sus órdenes y les hacen corona alrededor, tanto más gozan y hacen fiesta. Tú quédate fija en Mí y mírame, y quedarás tan adherida a Mí, que todo lo material quedará muerto para ti, y tanto debes fijarte en Mí, hasta atraerme todo en ti, porque Yo encontrando en ti a Mí Mismo, puedo encontrar en ti Mi perfecta complacencia. Ahora, encontrando en ti todos Mis placeres posibles que puedo encontrar en una criatura humana, no puede disgustarme tanto lo que me hacen los demás”.

                    Y mientras esto decía se ha internado dentro de mí y todo se complacía. Cómo sería afortunada si llegara a atraer en mí a todo mi amado Jesús.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 6 de Febrero de 1901


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.




miércoles, 4 de febrero de 2026

DESCONFIANZA



                    Encontrándome en un estado lleno de desaliento, especialmente por la privación de mi sumo Bien, esta mañana, apenas dejándose ver, me ha dicho: 

                    “El desaliento es un humor infeccioso que infecta las más bellas flores y los más agradables frutos y penetra hasta el fondo de la raíz, de modo que aquel humor infeccioso, invadiendo todo el árbol, lo marchita, lo vuelve escuálido, y si no se le pone remedio regándolo con el humor contrario, como aquel humor malo se ha introducido hasta la raíz, seca la raíz y hace caer por tierra al árbol. Así le sucede al alma que se embebe de este humor infeccioso del desaliento”. 

                    A pesar de todo esto yo me sentía todavía desalentada, toda encogida en mí misma y me veía tan mala que no me atrevía a arrojarme hacia mi dulce Jesús. Mi mente estaba ocupada pensando en que para mí era inútil esperar como antes las continuas visitas de Él, Sus gracias, Sus carismas, todo para mí había terminado. Y Él, casi reprendiéndome, ha agregado: 

                    “¿Qué haces?. ¿Qué haces?. ¿No sabes tú que la desconfianza deja moribunda al alma?, que pensando en que debe morir no piensa más en nada, ni en adquirir, ni en comerciar, ni en embellecerse más, ni en poner remedio a sus males, no piensa otra cosa sino que para ella todo ha terminado. Y no sólo vuelve al alma moribunda, sino que la desconfianza pone a todas las virtudes en peligro de expirar”.

                    ¡Ah Señor!, me imagino ver a este espectro de la desconfianza, triste, mustio, medroso y todo tembloroso, y toda su maestría, no con otra astucia sino sólo con el temor, conduce las almas a la tumba. Pero lo que es peor, es que este espectro no se muestra como enemigo, porque entonces el alma podría burlarse de su miedo, sino que se muestra como amigo, y se infiltra tan dulcemente en el alma, que si el alma no está atenta, pareciéndole que es un amigo fiel que agoniza junto y llega a morir junto con ella, difícilmente se sabrá liberar de su artificiosa maestría.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 4 de Febrero de 1900