martes, 6 de octubre de 2026

CÓMO QUIEN TRABAJA EN LA DIVINA VOLUNTAD TRABAJA EN LAS PROPIEDADES DIVINAS Y CON SUS ACTOS FORMA SOLES. CÓMO QUIERE ENCONTRAR AL ALMA EN TODAS LAS COSAS CREADAS



                    Estaba continuando mis actos en el Fiat Divino, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

                    “Hija Mía, quien obra en Mi Voluntad trabaja en Mis propiedades divinas, y ella forma en Mis interminables bienes de Luz, de Santidad, de Amor, de Felicidad sin fin, sus actos, los cuales se transforman en tantos soles, reproducidos estos soles por Mis mismas cualidades que se han prestado al acto del alma por decoro de ella y para hacer que fueran actos dignos de su Creador y para permanecer estos actos como actos perennes en Dios mismo, que Lo glorifican, Lo aman con sus mismos actos divinos. 

                    Entonces Adán antes de pecar formó tantos soles en su Creador por cuantos actos hizo; ahora, quien vive y obra en Mi Voluntad encuentra estos soles hechos por él, por eso tu empeño es de seguir los primeros actos de la Creación, de tomar tu puesto de trabajo junto al último sol, o más bien del último acto que hizo Adán cuando poseía la unidad de Voluntad con su Creador, debes suplir a lo que él no continuó haciendo porque salió de dentro de Mis propiedades divinas y sus actos ya no fueron soles, porque no tenía más en su poder Mis cualidades divinas que se prestaban para hacerle formar los soles, a lo más, sus actos se redujeron por cuan buenos eran, a pequeñas llamitas, porque la voluntad humana sin la Mía no tiene virtud de poder formar soles, le faltan las materias primas, sería como si tú quisieras formar un objeto de oro sin tener en tu poder el metal del oro, por cuanta buena voluntad tuvieras te resultaría imposible. 

                    Solamente Mi Voluntad tiene luz suficiente para hacer formar los soles a la criatura, y esta luz la da a quien vive en Ella, en sus propiedades, no a quien vive fuera de Ella. Entonces debes suplir a todas las otras criaturas que no han poseído la unidad con Mi Voluntad, tu trabajo es grande y extenso, tienes mucho que hacer en Mis interminables confines, por eso sé atenta y fiel”.

                    Después continuaba mis actos en Su Querer adorable, y girando por toda la Creación, mi Sumo Bien Jesús ha agregado:

                    “Hija Mía, así como Mi Voluntad Divina está esparcida en toda la Creación, así tú, unida con Ella, quiero encontrarte en todas las cosas creadas, como esparcida en cada una de ellas: serás el corazón de la tierra, para encontrar tu vida palpitante en ella, que con su latido continuo Me da el amor de todos sus habitantes; serás la boca del mar, que Me hará oír tu voz en sus olas altísimas y en su murmullo continuo, que Me alabas, Me adoras, Me agradeces, y en el serpenteo de los peces Me des tus besos afectuosos y puros, por ti y por aquellos que atraviesan el mar; serás los brazos del Sol, que extendiéndote y ensanchándote en su luz, dondequiera sienta tus brazos que Me abrazan, Me estrechan fuertemente para decirme que sólo a Mí buscas, sólo a Mí quieres y amas; serás los pies del viento para correr a Mi lado y hacerme sentir el dulce pisar de tus pasos, que jamás dejan de correr aunque no Me encuentres; no estoy contento si no encuentro a Mi pequeña hija en todas las cosas creadas por Mí por amor suyo. Yo pregunto a toda la Creación: ‘¿Está la pequeña hija de Mi Voluntad?. Porque quiero gozármela y entretenerme con ella’. Y si no te encuentro, Yo pierdo Mi gozo y Mi dulce entretenimiento”.

                    Después de esto seguía a mi amado Jesús en los actos que hizo en la Redención, intentaba seguirlo palabra por palabra, obra por obra, paso por paso, no quería que nada me huyera, para apresurarlo y pedirle a nombre de todos Sus actos, lágrimas, oraciones y penas, el Reino de Su Voluntad Divina en medio a las criaturas, y mi adorado Jesús me ha dicho:

                    “Hija Mía, cuando Yo estaba en la tierra, Mi Voluntad Divina que por naturaleza reinaba en Mí, y aquella misma Voluntad Divina que existía y reinaba en todas las cosas creadas, a cada encuentro se besaban mutuamente y suspirando su encuentro hacían fiesta, y las cosas creadas hacían competencia para encontrarse Conmigo y darme los homenajes que Me convenían. 

                    La tierra en cuanto sentía Mis pasos, para darme su homenaje reverdecía y florecía bajo Mis pies, quería hacer salir de su seno todas las bellezas que poseía, el encanto de las flores más bellas a Mi paso, tanto que Yo muchas veces debí ordenarle que no Me hiciera estas demostraciones, y ella para darme homenaje obedecía, al igual que por honrarme florecía. 

                    El Sol buscaba siempre encontrarse Conmigo para darme los homenajes de su luz, haciendo salir de su seno solar toda la variedad de las bellezas, de los colores, delante a Mi vista para darme los honores que merecía. Todo y todos buscaban encontrarme para hacerme su fiesta: el viento, el agua, hasta el pajarillo para darme los honores de sus trinos, gorjeos y cantos, todas las cosas creadas Me reconocían y hacían competencia para ver quien más pudiese honrarme y hacerme fiesta. 

                    Quien posee Mi Divina Voluntad tiene la vista para conocer lo que pertenece a Mi Misma Voluntad, sólo el hombre no Me conoció porque no poseía la vista y el fino olfato de Ella, debí decírselo para hacerme conocer, y muchos, con todo Mi decir, ni siquiera Me creyeron, porque quien no posee Mi Querer Divino es ciego, sordo y sin olfato para conocer lo que a Él pertenece. El no poseerlo es la infelicidad más grande de la criatura, es el pobre cretino, ciego, sordo y mudo, que no poseyendo la Luz de Mi Fiat Divino, se sirve de las mismas cosas creadas tomando los excrementos que ellas arrojan, y dejan dentro de ellas el verdadero bien que contienen. ¡Qué dolor, ver a las criaturas sin la nobleza de la Vida de Mi Voluntad Divina!”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 23, 6 de Octubre de 1927



viernes, 2 de octubre de 2026

SÓLO LA DIVINA VOLUNTAD VUELVE FELIZ A LA CRIATURA; ENTREGA MUTUA. QUIEN NO TIENE VERDADERA VOLUNTAD DE HACER UN BIEN ES UN POBRE LISIADO Y DIOS NO QUIERE SERVIRSE DE ÉL



                    Mi abandono y mi vivir en el Fiat Divino continúan, ¡oh! cómo es potente Su Fuerza creadora, cómo es deslumbrante Su Luz, que infiltrándose en las fibras más íntimas del corazón, las inviste y acariciándolas se hace lugar y en ellas erige su trono de dominio y de mando, pero con tal dulzura raptora, que la pequeñez de la criatura queda desaparecida, pero feliz de quedar sin vida y perdida en el Fiat Divino. ¡Oh Voluntad adorable, si todos Te conocieran, cómo amarían el perderse en Ti para readquirir Tu Vida y ser felices con la misma Felicidad Divina! Pero mientras mi pequeñez se perdía en el Fiat Divino, mi amable Jesús se ha movido en mi interior, y estrechándome fuertemente a Su Corazón Divino me ha dicho:

                    “Hija Mía, sólo Mi Divina Voluntad puede volver feliz a la criatura, Ella, con su luz, eclipsa o pone en fuga todos los males, y dice con Su Poder Divino: ‘Yo Soy la Felicidad perenne, huyan todos los males, quiero estar libre, porque delante a Mi Felicidad todos los males pierden la vida’. Para quien vive completamente en Mi Querer Divino, es tanto Su Amor que transforma las acciones de la criatura, y sucede un intercambio de vida entre Dios y ella, intercambio de acciones, de pasos, de latidos. Dios queda unido a la criatura y la criatura a Dios, se vuelven seres inseparables, y en este intercambio de acciones y de vida se forma el juego entre Creador y criatura, uno se da en poder del otro, y en este darse en poder mutuamente juegan con modo divino, se hacen felices, hacen fiesta, y Dios y la criatura se glorían, se sienten victoriosos porque ninguno ha perdido, pero uno ha vencido al otro, porque en Mi Divina Voluntad ninguno pierde, las pérdidas no existen en Ella. Sólo de quien vive en Mi Querer puedo decir: ‘Es Mi entretenimiento en la Creación, Me siento victorioso de abajarme para hacerme vencer por la criatura, porque estoy cierto que ella no se opondrá a dejarse vencer por Mí’. Por eso tu vuelo en Mi Querer sea siempre continuo”.

                    Después de esto estaba pensando en tantas cosas que el Bendito Jesús me había dicho sobre Su Divina Voluntad, en los tantos deseos ardientes de Él por hacerla conocer, y que a pesar de tantos deseos de Jesús no se ve nada para obtener su intento, y decía entre mí: “Qué Sabiduría de Dios, qué Misterios profundos, ¿quién puede comprenderlos?. Lo quiere, está doliente porque falta quién tome la iniciativa para hacerla conocer, muestra Su Corazón anhelante, suspira que Su Divina Voluntad se haga camino para hacerse conocer, para formar Su Reino en medio a las criaturas, y después, como si fuera un Dios impotente, se obstaculizan los caminos, se cierran las puertas, y Jesús tolera, y con paciencia invencible e indecible espera que se abran las puertas y los caminos, toca a los corazones para encontrar quiénes serán aquellos que se ocuparán en hacer conocer Su Divina Voluntad”. Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús haciéndose ver todo bondad y ternura, de romper los corazones más duros, me ha dicho:

                    “Hija Mía, si supieras cuánto sufro cuando quiero formar Mis obras y hacerlas conocer a las criaturas para darles el Bien que contienen, y no encuentro quién tenga verdadero ánimo, deseo veraz y voluntad de hacer vida suya Mi Obra para hacerla conocer, para dar a los demás la vida del bien de Mi Obra que siente en sí mismo. 

                    Yo cuando veo estas disposiciones en quien debe ocuparse, que Yo con tanto amor llamo y escojo para las obras que Me pertenecen, Me siento tan atraído hacia él, que para hacer que haga bien lo que Yo quiero Me abajo, desciendo en él y le doy Mi mente, Mi boca, Mis manos, y hasta Mis pies, a fin de que en todo sienta la vida de Mi Obra, y como vida sentida, no como cosa extraña a él, pueda sentir la necesidad de darla a los demás. 

                    Hija Mía, cuando un bien no se siente en uno mismo como vida, todo termina en palabras, no en obras, y Yo quedo fuera de ellos, no dentro, y por eso quedan como pobres lisiados, sin inteligencia, ciegos, mudos, sin manos y sin pies, y Yo en Mis obras no quiero servirme de pobres lisiados, los hago a un lado, y no poniendo atención al tiempo continúo girando para encontrar a los dispuestos que deben servir a Mi Obra. Y así como no Me cansé de girar los siglos y toda la tierra para encontrar la más pequeña, para poner en su pequeñez el gran depósito de los conocimientos de Mi Divina Voluntad, así no me cansaré de girar y volver a girar la tierra para encontrar a los realmente dispuestos, que apreciarán como vida lo que he manifestado sobre el Fiat Divino, y éstos harán cualquier sacrificio para hacerlo conocer. 

                    Por eso no Soy el Dios impotente, sino más bien aquel Dios paciente, que quiero que Mis obras se hagan con decoro y por personas que lo hagan voluntariamente, no forzadas, porque la cosa que más aborrezco en Mis obras es que la criatura lo haga forzadamente, como si Yo no mereciera sus pequeños sacrificios; y por decoro de una Obra tan grande, cual es el hacer conocer Mi Divina Voluntad, no quiero servirme de pobres lisiados, porque quien no tiene verdadera voluntad de hacer un bien, es siempre una herida que hace a su alma dejándola lisiada, sino quiero servirme de personas que suministrándoles mis miembros divinos, la hagan con decoro, como merece una obra que tanto bien debe aportar a las criaturas y gran Gloria a Mi Majestad”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 27, 2 de Octubre de 1929


miércoles, 30 de septiembre de 2026

EL EDÉN, CAMPO DE LUZ. DIFERENCIA ENTRE QUIEN OBRA EN LA DIVINA VOLUNTAD Y QUIEN OBRA EN EL HUMANO QUERER. EL PEQUEÑO TERRENO DE LA CRIATURA; EL SEMBRADOR CELESTIAL





                    Estaba continuando mis acostumbrados actos en el Querer Divino, y mi pobre mente se ha detenido en el Edén, donde Dios creaba al hombre para dar principio a la vida de la criatura. Y mi amado Bien Jesús, haciéndose ver todo ternura y bondad me ha dicho:

                    “Hija Mía, el Edén campo de luz en el cual Nuestro Ser Supremo creaba al hombre, se puede decir que él fue creado en la Luz de Nuestro Fiat, su primer acto de vida fue luz, la cual extendía detrás y delante a él, a derecha e izquierda, un campo interminable de luz, él debía recorrer su camino para formar su vida tomando en sus actos tanta luz por cuantos actos hacía, para formar una luz toda propia, como propiedad suya en virtud de sus actos, si bien tomada de Mi Divina Voluntad. 

                    Ahora, la diferencia de quien obra en Ella como su principio y fin, en la cual todos sus actos están unidos al principio de la luz donde fue formada su vida, y tuvo su primer acto de vida, la luz tiene en custodia esta vida, la defiende, y nada de extraño deja entrar en su luz para formar uno de los portentos que sólo sabe formar la luz. 

                    En cambio, quien desciende de esta luz entra en la oscura cárcel de su voluntad, y al hacer sus actos toma tinieblas, y toma tantas tinieblas por cuantos actos hace, para formarse una propiedad toda suya de tinieblas. Las tinieblas no saben custodiar, ni defender a aquél que vive en ellas, y si algún acto bueno hace es siempre tenebroso, porque están atados por tinieblas, y como ellas no tienen virtud de saber defender, entran cosas extrañas a las mismas tinieblas, entran las molestias de las debilidades, los enemigos de las pasiones, los ladrones aguerridos que precipitan a la criatura en el pecado, y llegan a precipitarla en las tinieblas eternas donde no hay esperanza de luz. ¡Qué diferencia entre quien vive en la Luz de Mi Divina Voluntad y entre quien vive como aprisionada en su voluntad humana!”.

                    Después continuaba siguiendo el orden que la Divina Voluntad había tenido en la Creación, y mi pequeña y pobre inteligencia se detuvo en el punto cuando Dios creó a la Virgen Inmaculada, y mi amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

                    “Hija Mía, todos los actos buenos y santos de los Profetas, Patriarcas, y del pueblo antiguo, formaron el terreno donde el Ente Supremo sembró la semilla para hacer desarrollar la Vida de la Celestial Niña María, porque su germen fue tomado de la estirpe humana. La Virgen, teniendo en Sí la Vida obrante de la Divina Voluntad, amplió este terreno con Sus actos, lo fecundó y divinizó, hizo correr en él, más que lluvia benéfica y restauradora, la Santidad de Sus virtudes, el calor de Su Amor, y dardeándolo con la luz del Sol de la Divina Voluntad que poseía como propia, preparó el terreno para desarrollar al Celestial Salvador, y nuestra Divinidad abrió el Cielo e hizo llover el Justo, el Santo, el Verbo, dentro de este Brote, y así fue formada Mi Vida Divina y humana para formar la Redención del género humano. 

                    Mira entonces, en todas Nuestras obras dirigidas a bien de las criaturas queremos encontrar un apoyo, un lugar, un pequeño terreno dónde poner nuestra obra y el bien que queremos dar a las criaturas, de otra manera, ¿dónde la ponemos?, ¿en el aire?. ¿Sin que al menos uno lo sepa y que nos atraiga con sus actos formando su pequeño terreno, y Nosotros como celestial sembrador sembrar el bien que queremos dar?. Si esto no fuese, que de ambas partes, Creador y criatura, la formaran juntos, ella preparándose con sus pequeños actos para recibir, y Dios con el dar, sería como si nada hiciéramos o quisiéramos dar a la criatura. 

                    Así que los actos de la criatura preparan el terreno al Sembrador Divino; si no hay tierra no hay que esperar la siembra, ninguno va a sembrar si no tiene un pequeño terreno, mucho menos Dios, Sembrador Celestial, arroja la semilla de Sus verdades, el fruto de Sus obras, si no encuentra el pequeño terreno de la criatura. La Divinidad para obrar, primero se quiere poner de acuerdo con el alma, después de que lo hemos hecho y vemos que ella quiere recibir aquel bien, hasta rogarnos y formarnos el terreno donde ponerlo, entonces con todo amor lo damos, de otra manera sería exponer a la inutilidad nuestras obras”.

Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 28, 30 de Septiembre de 1930



lunes, 28 de septiembre de 2026

SU GRAN AFLICICÓN POR LA PUBLICACIÓN DE LOS ESCRITOS. JESÚS QUIERE LA ENTREGA. JESÚS INCITA AL PADRE QUE DEBE OCUPARSE DE ESTO



                    Me sentía oprimida y como aplastada bajo el peso de una humillación profunda, porque me había sido dicho que no sólo se publicaría lo que se refiere a la Voluntad de Dios, sino también lo que se refiere a todas las otras cosas que me ha dicho mi amable Jesús; era tanto el dolor, que me quitaba hasta las palabras para poder aducir razones para que no lo hicieran, ni sabía rogar a mi amado Jesús para que no permitiera esto, todo era silencio dentro y fuera de mí. Entonces mi amable Jesús moviéndose en mi interior me ha estrechado a Él para infundirme ánimo y fuerza y me ha dicho:

                    “Hija Mía, no quiero que veas como cosa tuya lo que has escrito, sino que lo veas como cosa Mía y como cosa que no te pertenece, tú de hecho no debes entrar en medio, Yo Me encargaré de todo, y por eso quiero que todo Me lo entregues y conforme escribes quiero que Me lo des todo como un don, a fin de que Yo quede libre de hacer lo que quiero y para ti, te quede sólo aquello que te conviene para vivir en Mi Voluntad. Yo te he hecho tantos dones preciosos por cuantos conocimientos te he manifestado, ¿y tú ningún don Me quieres dar?”

                    Y yo: “Mi Jesús, perdóname, yo no quisiera sentir lo que siento, el pensar que lo que ha pasado entre Tú y yo deben saberlo los demás, me pone inquieta y me da tal pena, que yo misma no sé explicar, por eso dame la fuerza, en Ti me abandono y todo a Ti lo dono”. Y Jesús ha agregado:

                    “Hija Mía, así está bien, todo esto lo requiere Mi Gloria y el Triunfo de Mi Voluntad, pero el primer Triunfo lo quiere, lo exige sobre de ti. ¿No estás contenta de que tú te vuelvas la Victoria, el Triunfo de esta Voluntad Suprema?, ¿no quieres tú entonces hacer cualquier sacrificio para hacer que este Reino Supremo sea conocido y poseído por las criaturas?. También Yo sé que tú sufres mucho al ver que después de tantos años de secreto entre tú y Yo y que con tanto celo te he tenido escondida, ahora al ver salir fuera Nuestros secretos sientes fuertes impresiones, pero cuando lo quiero Yo lo debes querer también tú, por eso pongámonos de acuerdo y no te preocupes”.

                    Después de esto me hacía ver al Reverendo Padre (1), y Jesús estando junto a él le ponía Su Santa Mano derecha sobre su cabeza para infundirle firmeza, ayuda y voluntad diciéndole: “Hijo Mío, hazlo pronto, no pierdas tiempo, Yo te ayudaré, estaré junto a ti a fin de que todo vaya bien y según Mi Voluntad. Así como Me interesa que Mi Voluntad sea conocida y así como con paterna bondad he dictado los escritos que se refieren al Reino del Fiat Supremo, así ayudaré a la publicación, estaré en medio de aquellos que se ocuparán, a fin de que el todo sea regulado por Mí. Por eso pronto, pronto”. 


NOTA 

                    Se refiere al Padre Aníbal María di Francia, que ya había comenzado a difundir el trabajo de Luisa años antes de recibir su nombramiento como Confesor formal en 1926: en 1915 había editado y publicado la primera edición de la célebre obra "Las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo", de la cual llegó a realizar cuatro ediciones consecutivas provistas de "Nihil Obstat" e "Imprimatur". Además, hasta su propia muerte en 1927, revisó y preparó para la imprenta los primeros 19 volúmenes del "Libro del Cielo".


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 20, 28 de Septiembre de 1926




viernes, 25 de septiembre de 2026

LOS SACRAMENTOS PRODUCEN SUS FRUTOS SEGÚN LAS ALMAS ESTÁN SOMETIDAS A LA DIVINA VOLUNTAD, Y SEGÚN LA CONEXIÓN QUE TENGAN CON EL DIVINO QUERER ASÍ PRODUCEN LOS EFECTOS




                    Habiendo dicho al Confesor que Jesús me había dicho que la Voluntad de Dios es el centro del alma, y que este centro está en el fondo del alma, que como sol expandiendo sus rayos da Luz a la mente, Santidad a las acciones, Fuerza a los pasos, Vida al corazón, Potencia a la palabra, a todo; y no sólo esto, sino que este centro de la Voluntad de Dios, mientras nos está dentro para hacer que nunca la podamos dejar, y para estar a nuestra continua disposición y ni siquiera un minuto dejarnos solos ni separados, nos está al frente, a la derecha, a la izquierda, por detrás y por doquier, y aun en el Cielo será nuestro Centro, el Confesor decía en cambio que nuestro Centro es el Santísimo Sacramento. Entonces, al venir el Bendito Jesús me ha dicho:

                    “Hija Mía, Yo debía hacer de modo que la Santidad debía ser fácil y accesible a todos, excepto para quien no la quisiera, y en todas las condiciones, en todas las circunstancias y en todos los lugares. Es verdad que el Santísimo Sacramento es centro, pero, ¿quién lo instituyó?, ¿quién sojuzgó a Mi Humanidad a encerrarse en el breve giro de una hostia?, ¿no fue Mi Voluntad?. 

                    Por lo tanto Mi Voluntad tiene siempre la supremacía sobre todo; y además, si el Todo está en la Eucaristía, los Sacerdotes que me llaman del Cielo en sus manos y que están más que todos en contacto con Mi Carne Sacramental deberían ser los más santos, los más buenos, y en cambio muchos son los más malos. ¡Pobre de Mí, cómo me tratan en el Santísimo Sacramento!. 

                    Y tantas almas devotas que me reciben, tal vez todos los días, deberían ser otras tantas santas si bastara el Centro de la Eucaristía, y en cambio, cosa de llorar, están siempre en el mismo punto: vanidosas, iracundas, escrupulosas, etc., ¡pobre Centro del Santísimo Sacramento, cómo quedo deshonrado!. 

                    En cambio una madre de familia que hace Mi Voluntad y que por sus condiciones, no que no quiera, no puede recibirme todos los días, se ve paciente, caritativa, lleva en sí el perfume de Mis virtudes eucarísticas; ¡ah!, ¿es acaso el Sacramento, o Mi Voluntad, a la que ella se ha sometido la que la tiene sojuzgada y que suple al Santísimo Sacramento?. 
        
                    Es más, te digo que los mismos Sacramentos producen sus frutos según las almas están sujetas a Mi Voluntad, y según la conexión que tienen con Mi Querer así producen sus efectos, y si conexión con Mi Querer no hay, Me comulgarán pero quedarán en ayunas; se confesarán, pero quedarán siempre sucias; vendrán a Mi presencia Sacramental, pero si nuestros quereres no se identifican estaré para ellas como muerto, porque sólo Mi Voluntad en el alma que se hace sojuzgar por Ella produce todos los bienes y da vida a los mismos Sacramentos, y quien esto no comprende, significa que es niño en la Religión”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 11, 25 de Septiembre de 1913


domingo, 20 de septiembre de 2026

TODO LO QUE SUCEDE EN TORNO Y DENTRO DEL ALMA, NO ES MÁS QUE EL TRABAJO CONTINUO DE JESÚS PARA HACER CUMPLIR Y DESENVOLVER EN ELLA SU VOLUNTAD

 


                    Estaba pensando en mi estado presente en el que poco o nada sufro, y Jesús rápidamente me ha dicho: 

                    Hija Mía, todo lo que sucede en torno y dentro del alma, amarguras, placeres, contrastes, muertes, privaciones, contentos y demás, no es más que Mi trabajo continuo de hacer cumplir y desarrollar en ellos Mi Voluntad, cuando obtengo esto todo está hecho, y por eso todo le da paz, aun el mismo sufrir parece que quiere estar lejos de esta alma, viendo que el Querer Divino es más que él, y que el alma lo tiene en lugar de todo y supera todo; parece que todos le hagan reverencia, y Yo Mismo cuando el alma llega a este punto en el que de todo se sirve para hacerme cumplir el trabajo de Mi Querer, la dispongo para el Cielo.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 11, 20 de Septiembre de 1913


martes, 15 de septiembre de 2026

HUYENDO DE LA CRUZ SE PERMANECE EN LO OSCURO



                    Esta mañana, mi adorable Jesús ha venido glorioso, con las llagas resplandecientes más que sol y con una cruz en la mano. Mientras estaba en esto veía también una rueda de la que salían cuatro ángulos; parecía que en un ángulo escapaba la luz y quedaba a oscuras, en esta oscuridad quedaba la gente como abandonada por Dios y sucedían guerras sangrientas contra la Iglesia y contra la gente misma. ¡Ah!, parecía que las cosas dichas antes por Jesús Bendito se van acercando a pasos veloces. Ahora, Nuestro Señor viendo todo esto, movido a compasión se ha acercado a la parte oscura y arrojó encima la Cruz que tenía en la mano, diciendo con voz sonora:

                    “Gloria a la Cruz”.

                    Y parecía que aquella cruz llamaba de nuevo la luz, y los pueblos sacudiéndose imploraban ayuda y socorro. Y Jesús ha repetido:

                    “Todo el Triunfo y la Gloria serán de la Cruz, de otra manera los remedios empeorarán los mismos males; por lo tanto la Cruz, la Cruz”.

                    ¿Quién puede decir cómo he quedado afligida y pensativa en lo que podrá suceder?


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 15 de Septiembre de 1901





miércoles, 9 de septiembre de 2026

JESÚS LE HABLA DE LA NADA Y DEL AMOR QUE LE LLEVA



                    Jesús continúa viniendo, pero con un aspecto todo nuevo. Parecía que de Su Corazón Bendito salía un tronco de árbol que tenía tres raíces distintas, y este tronco, de Su Corazón entraba en el mío, y saliendo de mi corazón el tronco formaba tantas bellas ramas cargadas de flores, de frutos, de perlas y de piedras preciosas, resplandecientes como estrellas fulgidísimas. Ahora, mi amante Jesús, viéndose a la sombra de este árbol, se recreaba todo, mucho más que del árbol caían tantas perlas que formaban un bello adorno a Su Santísima Humanidad. Mientras estaba en esta posición me ha dicho:

                    “Hija Mía amadísima, las tres raíces que ves que contiene este árbol son: la Fe, la Esperanza y la Caridad. Y lo que tú ves que este tronco sale de Mí y se introduce en tu corazón, significa que no hay bien que posean las almas que no venga de Mí; así que después de la Fe, la Esperanza y la Caridad, el primer desarrollo que hace este tronco es el hacer conocer que todo el Bien viene de Dios, que de ellas no tienen otra cosa que su propia nada, y que esta nada no hace otra cosa que darme la libertad de hacerme entrar en ellas y hacerme obrar lo que quiero; mientras que hay otras nadas, esto es, otras almas, que con la libre voluntad que tienen se oponen, entonces, faltando este conocimiento, el tronco no produce ni ramas ni frutos, ni ninguna otra cosa de bueno. Las ramas que contiene este árbol, con todo el aparato de las flores, frutos, perlas y piedras preciosas, son todas las diversas virtudes que puede poseer el alma. Ahora, ¿quién ha dado la vida a este árbol tan bello? Ciertamente las raíces, esto significa que la Fe, la Esperanza y la Caridad abrazan todo, contienen todas las virtudes, tanto, que son puestas como base y fundamento del árbol, y sin ellas no se puede producir ninguna otra virtud”. 

                    Así que he comprendido también que las flores significan las virtudes, los frutos los sufrimientos, las piedras preciosas y las perlas el sufrir únicamente por el solo Amor de Dios. He aquí por qué aquellas perlas que caían formaban ese bello ornamento a Nuestro Señor. Ahora, mientras Jesús se sentaba a la sombra de este árbol, me miraba con ternura toda paterna, entonces, tomado por un rapto amoroso, que parecía que no podía contener en Sí, abrazándome fuertemente ha comenzado a decir:

                    “¡Cómo eres bella! Tú eres Mi candorosa paloma, Mi amada morada, Mi templo vivo, en el cual unido con el Padre y el Espíritu Santo Me complazco en deleitarme. Tu continuo penar por Mí Me alivia y consuela de las continuas ofensas que Me hacen las criaturas. Debes saber que es tanto el Amor que te tengo, que estoy obligado a esconderlo en parte, para hacer que tú no enloquezcas y puedas vivir, porque si te lo hiciese ver no sólo enloquecerías, sino que no podrías continuar viviendo, tu débil naturaleza quedaría consumada por las llamas de Mi Amor”.

                    Mientras esto decía yo me sentía toda confundir y aniquilar, y me sentía hundir en el abismo de mi nada, porque me veía toda imperfecta, especialmente notaba mi ingratitud y frialdad a las tantas gracias que el Señor me hace. Pero espero que todo redunde a Su Gloria y Honor, esperando con firme confianza que en un esfuerzo de Su Amor quiera vencer mi dureza.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 9 de Septiembre de 1899


viernes, 4 de septiembre de 2026

ARDORES DEL CORAZÓN DE JESÚS POR LA GLORIA DE LA MAJESTAD DIVINA Y POR EL BIEN DE LAS ALMAS



                    Mi adorable Jesús continúa viniendo, y esta mañana apenas lo he visto sentía un ansia de preguntarle si me había perdonado mis pecados, por eso Le he dicho: “Dulce amor mío, cuánto anhelo oír de Tu boca si me has perdonado mis tantos pecados”. Y Jesús se ha acercado a mi oído, y con Su mirada parecía que escrutase todo mi interior y me ha dicho:

                    “Todo está perdonado y te los perdono, no te queda otra cosa que algunos defectos cometidos por ti inadvertidamente, y también te los perdono”.

                    Después de esto parecía que Jesús se ponía a mis espaldas, y tocándome los riñones con Su mano me los fortificaba. ¿Quién puede decir lo que sentía con aquel toque? Solamente sé decir que sentía un fuego refrigerante, una pureza unida a una fuerza; después que me tocó los riñones le he pedido que hiciera lo mismo al corazón, y Jesús para complacerme ha condescendido, y después me parecía como si Jesús Bendito estuviera cansado por causa mía, y Le he dicho: “Dulce vida mía, estás cansado por causa mía, ¿no es verdad?”.

                    Y Él: “Sí. Al menos sé agradecida por las gracias que te estoy haciendo, porque la gratitud es la llave para poder abrir a placer los Tesoros que Dios contiene; pero debes saber que esto que he hecho te servirá para preservarte de la corrupción, para corroborarte y para disponer tu alma y tu cuerpo a la Gloria Eterna”.

                    Después de esto parecía que me transportase fuera de mí misma y me hacía ver la multitud de las gentes y el bien que podían hacer y no hacen, y por lo tanto la Gloria que Dios debe recibir y no recibe, y Jesús todo afligido ha agregado:

                    “Amada Mía, Mi Corazón arde por el Honor de Mi Gloria y por el bien de las almas. Por todo el bien que omiten, tantos vacíos recibe Mi Gloria, y sus almas aunque no hicieran el mal, no haciendo el bien que podrían hacer son como aquellas habitaciones vacías, que si bien son bellas, pero no hay nada para admirar que atraiga la mirada, y por tanto ninguna gloria recibe el dueño, y si hacen un bien y otro lo omiten, son como aquellas habitaciones todas despobladas, en que apenas algún objeto se descubre sin ningún orden. 

                    Amada Mía, entra a tomar parte de estas penas, de los ardores que Mi Corazón siente por la Gloria de la Majestad Divina y por el bien de las almas, trata de llenar estos vacíos de Mi Gloria, y podrás hacerlo no dejando pasar momento de tu vida que no esté unido con la Mía, esto es, en todas tus acciones, sea oración o sufrimiento, reposo o trabajo, silencio o conversación, tristeza o alegría, aun el alimento que tomes, en suma, en todo lo que te pueda suceder pondrás la intención de darme toda la Gloria que en tales acciones deberían darme y de suplir al bien que deberían hacer y no hacen, intentando repetir la intención por cuanta Gloria no recibo y por cuanto bien omiten. Si esto haces llenarás en algún modo el vacío de la Gloria que debo recibir de las criaturas, y Mi Corazón sentirá un refrigerio a Mis ardores, y por este refrigerio correrán ríos de Gracia en provecho de los mortales, que les infundirán mayor fuerza para hacer el bien”.

                    Después de esto me he encontrado en mí misma.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 4 de Septiembre de 1901



miércoles, 19 de agosto de 2026

LAS PENAS QUE LA DIVINIDAD INFLIGÍA EN EL INTERIOR DE JESÚS. LAS PENAS DE LA PASIÓN FUERON SOMBRAS Y SEMEJANZAS DE LAS PENAS INTERNAS



                    Encontrándome en mi habitual estado (1), el dulce Jesús me hacía sufrir parte de Sus penas y de Sus muertes que sufrió por cada una de las criaturas. Por mis pequeñas penas comprendía cuán atroces y mortales habían sido las penas de Jesús, entonces me ha dicho: 

                    “Hija Mía, Mis penas son incomprensibles a la naturaleza humana, las mismas penas de Mi Pasión fueron sombras o semejanzas de Mis penas internas. Mis penas internas Me eran infligidas por un Dios Omnipotente, al cual ninguna fibra podía esquivar el golpe; las de Mi Pasión me eran infligidas por los hombres, los cuales no teniendo ni la omnipotencia ni la omnividencia, no podían hacer lo que ellos mismos querían, ni podían penetrar en todas Mis fibras internas. Mis penas internas estaban encarnadas y Mi Misma Humanidad era transformada en clavos, en espinas, en flagelos, en llagas, en martirio, tan crueles que me daban muertes continuas, éstas eran inseparables de Mí, formaban Mi Misma Vida; en cambio las de Mi Pasión eran extrañas a Mí, eran espinas y clavos que se podían clavar, y queriendo se podían también quitar, y el solo pensamiento de que una pena se puede quitar es un alivio; pero Mis penas internas, que eran formadas por la misma carne, no había ninguna esperanza de que se Me pudieran quitar, ni disminuir la agudeza de una espina, del traspasarme con clavos. 

                    Mis penas internas fueron tales y tantas, que las penas de Mi Pasión las podría llamar alivios y besos que daban a Mis penas internas, que uniéndose juntas daban el último testimonio de Mi grande y excesivo Amor por salvar a las almas. 

                    Mis penas externas eran voces que llamaban a todos a entrar en el océano de Mis penas internas, para hacerlos comprender cuánto Me costaba su salvación. Y además, por tus mismas penas internas, comunicadas por Mí, puedes comprender en algún modo la intensidad continua de las mías. Por eso date ánimo, es el amor lo que a esto Me empuja”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 14, 19 de Agosto de 1922


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.