Continuando mi habitual estado (1) he pasado cerca de seis días inmersa en el amor de mi Bendito Jesús, tanto, que a veces sentía que no podía más y le decía: “Basta, basta porque no puedo más”.
Me sentía como dentro de un baño de Amor que me penetraba hasta la médula de los huesos, ahora me hablaba Jesús de amor y de cuánto me amaba, y ahora Le hablaba yo de amor. Lo bello era que a veces Jesús no se dejaba ver, y yo nadando en este baño de Amor sentía rompérseme el cerco de la pobre naturaleza, y me lamentaba con Jesús, y Él me susurraba al oído:
“El Amor Soy Yo, y si tú sientes el Amor, cierto es que Estoy contigo”.
Otras veces, lamentándome, me decía al oído, pero todo de improviso:
“Luisa, tú eres Mi paraíso en la tierra, y tu amor Me vuelve feliz”.
Y yo: “Jesús, mi Amor, ¿qué dices?. ¿Quieres burlarte de mí?. Tú eres feliz por Ti mismo, ¿por qué dices que eres feliz por mí?.
Y Él:
“Escúchame bien hija Mía y comprenderás lo que Yo te digo. No hay cosa creada que no tenga vida de Mi Corazón, todas las criaturas son como tantas cuerdas que salen de Mi Corazón y que tienen vida de Mí, por eso por necesidad y naturalmente todo lo que hacen repercute en Mi Corazón, aunque sea un solo movimiento; por consecuencia, si hacen mal, si no Me aman, Me dan continua molestia, aquella cuerda hace sonar en Mi Corazón sonidos de disgustos, de amarguras, de pecados y forma sonidos lúgubres que Me vuelven infeliz por parte de aquella cuerda o vida que sale de Mí; en cambio si Me ama y está toda atenta a contentarme, aquella cuerda me da continuo placer y forma sonidos festivos, dulces, que armonizan con Mi Misma Vida, y por parte de aquella cuerda Yo gozo tanto, hasta volverme feliz y gozar por causa suya Mi Mismo paraíso. Si comprendes bien todo esto, no dirás más que me burlo de ti”.
Y ahora digo lo que decía yo de Amor y lo que decía Jesús, lo diré disparatando y quizá revuelto, porque la mente no se adapta del todo a las palabras:
Luisa: -¡Oh! mi Jesús, Amor eres Tú, eres todo Amor, y Amor yo quiero, Amor deseo, Amor suspiro, Amor yo suplico y Te ruego Amor, Amor me invita, el Amor me es vida, Amor me rapta el corazón hasta el seno de mi Señor. De Amor me embriaga, de Amor me hace feliz. ¡Yo sola, sola y sólo para Ti!. ¡Tú solo, y sólo para mí!. Ahora que estamos solos hablemos de Amor, ¡ah! hazme entender cuánto me amas, porque sólo en Tu Corazón, Amor se comprende!.
Jesús: -De amor quieres tú que te hable?. Escucha hija amada Mía Mi Vida de Amor: si respiro te amo; si Me late el Corazón, Mi latido te dice Amor, Amor, son locuras de Amor por ti; si Me muevo, Amor te agrego, de Amor te inundo, de Amor te circundo, de Amor te acaricio, de Amor te flecho, de Amor te saeteo, de Amor te atraigo, de Amor te alimento y agudos dardos te mando al corazón.
Luisa: -Basta ¡oh! mi Jesús por ahora, ya me siento desfallecer de Amor, sostenme entre Tus brazos, enciérrame en Tu Corazón y desde dentro de Él hazme desahogar también a mí de Amor, de otra manera muero de Amor, de Amor deliro, de Amor me quemo, de Amor hago fiesta, de Amor languidezco, de Amor me consumo, el Amor me mata y me hace resurgir más bella a una vida nueva. Mi vida me huye y siento sólo la Vida de Jesús, mi Amor, y en Jesús mi Amor me siento inmensa y amo a todos, me llaga de Amor, me enferma de Amor, de Amor me embellece y me hace más rica aún. Decir más no sé, ¡oh! Amor, sólo Tú me entiendes, Tú solo me comprendes, mi silencio Te dice más todavía, en Tu bello Corazón se dice más con el callar que con el hablar, y amando se aprende a amar. Amor, Amor, habla sólo Tú, porque siendo Amor sabes hablar de Amor.
Jesús: -¿Amor tú quieres oír?. Todo lo creado te dice amor: si brillan las estrellas Amor te dicen; si nace el Sol, Amor te manda; si resplandece de toda su luz en su pleno mediodía, dardos de Amor te manda al corazón; si el Sol se pone te dice: “Jesús muere por ti de Amor”. En los truenos y relámpagos Amor te mando y toques de besos te doy al corazón; sobre las alas de los vientos es Amor que corre; si murmuran las aguas te extiendo los brazos; si se mueven las hojas, te estrecho al Corazón; si perfuma la flor, te recreo de Amor. Todo lo creado en mudo lenguaje te dice al corazón: sólo de ti quiero Vida de Amor. Amor Yo quiero, Amor deseo, Amor mendigo desde dentro del Corazón, sólo Estoy contento si Me das Amor.
Luisa: -Mi bien, mi todo, Amor insaciable, si quieres Amor, Amor dame; si me quieres feliz, Amor me dices; si me quieres contenta, Amor me entregas. Amor me inviste, Amor me eleva, me lleva al Trono de mi Creador; el Amor me señala la Sabiduría increada y me conduce al Eterno Amor y ahí yo hago mi morada. Vida de Amor viviré en Tu Corazón, Te amaré por todos, Te amaré con todos, Te amaré en todos. Jesús, séllame toda de Amor dentro de Tu Corazón, ábreme las venas y en vez de sangre haz correr Amor; quítame el respiro y haz que respire aire de Amor; quémame los huesos y las carnes y téjeme toda, toda de Amor. El Amor me transforme, el Amor me conforme, el Amor me enseñe a sufrir Contigo, el Amor me crucifique y me vuelva toda similar a Ti.
Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 10, 8 de Febrero de 1900
1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.





















