Vivo siempre amargada y con el corazón petrificado por el dolor de la privación de mi dulce Jesús, me siento sin vida porque Aquél que es verdadera Vida no está conmigo. ¡Oh! cómo frecuentemente repito: “Dime, oh mi único y sumo Bien, ¿hacia dónde dirigiste Tus pasos?. Y así yo, siguiéndolos, pueda encontrarte. ¡Ah! de lejos Te beso aquellas manos que con tanto amor me abrazaban y me estrechaban a Tu Corazón; adoro y beso aquel Rostro que con tanta gracia y belleza se hacía ver, y que ahora se oculta y está lejano de mí, dime, ¿dónde estás?. ¿Qué camino debo tomar para ir a encontrarte?. ¿Dime qué debo hacer?. ¿En qué Te he ofendido que huyes lejos de mí?. Me decías que jamás me dejarías, ¿y ahora me dejas?. ¡Ah! Jesús, Jesús, vuelve a quien no puede vivir sin Ti, a la pequeña hija Tuya, a la pobre exiliada”.
¿Pero quién puede decir todos los lamentos y desatinos que decía?. Mientras me encontraba en esto, he sentido perder los sentidos y veía una paloma, toda fuego, que temblaba, y una persona junto que con su aliento ardiente daba a la paloma sus llamas para alimentarla, e impedía que pudiera tomar otro alimento, teniéndola estrechada y tan cerca de su boca que no podía hacer más que respirar y absorber las llamas que de aquélla salían, y la pobre paloma sufría y se convertía en aquellas llamas por las que era alimentada. Yo he quedado asombrada al ver esto, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
“Hija Mía, ¿por qué temes que te deje?. Debería dejarme a Mí Mismo para dejarte a ti, y eso no lo puedo hacer; por cuanta Potencia tenga, no tengo el Poder de separarme de Mí Mismo. Así es para quien hace Mi Voluntad, haciéndose inseparable de Mí me falta el Poder de separarme de ella; y no sólo esto, sino que la voy alimentando con Mis Mismas llamas, ¿no has visto aquella paloma toda fuego?. Era la imagen de tu alma, y aquél que la alimentaba con su aliento de fuego era Yo, que tanto Me deleito en nutrir a quien vive de Mi Querer sólo de las llamas que hace salir Mi Corazón por medio de Mi aliento. ¿No sabes que quien vive en Mi Voluntad debe ser filtrado en la luz purísima de Ella?. Y ser filtrado es más que ser puesto bajo una prensa, porque la prensa, si bien hace todo pedazos, pero deja todo junto, cáscaras y pulpa, las cuales, precipitándose abajo hacen quedar siempre algo de turbio.
En cambio, cuando una cosa es filtrada, en especial si es filtrada por la fina luz de Mi Voluntad, no hay peligro de que haga depósito de alguna cosa turbia, sino que todo es claro, semejante a la claridad de la luz en la cual ha sido filtrada, y esto es un gran honor para el alma que vive en Mi Querer, que todo lo que hace, si piensa, si habla, si ama, etc., Mi Voluntad toma el trabajo de filtrarlo en Su purísima luz, y esto es necesario, a fin de que en todo lo que haga no haya ninguna distinción con lo que Nosotros hacemos, sino que todas las cosas se deben dar entre ellas la mano y la semejanza”.
Ahora, mientras esto decía, me he encontrado fuera de mí misma, dentro de un jardín, y yo, cansada, me he sentado bajo un árbol para descansar, pero los rayos del sol me dardeaban de tal manera que me sentía quemar, y quería irme bajo otro árbol más tupido, que hiciera más sombra, a fin de que el sol no me quemara, pero una voz (me parece que era mi querido Jesús) me lo ha impedido diciéndome:
“Quien vive en Mi Voluntad debe estar expuesto a los rayos de un sol ardiente y eterno para vivir de luz, para no ver otra cosa que luz, para no tocar sino luz, y esto lleva a la deificación del alma; entonces se puede decir que el alma vive en Mi Voluntad, cuando queda toda deificada en Dios. Más bien, sal de debajo de ese árbol y pasea en este Edén Celestial de Mi Querer, a fin de que el Sol, invadiéndote toda te convierta en luz y te dé la última pincelada de la deificación en Dios”.
Yo me he puesto a pasear, pero mientras esto hacía la obediencia me ha llamado en mí misma.
Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 16, 30 Octubre de 1923












