Me estaba fundiendo toda en el Santo Querer Divino, pero mientras esto hacía sentía toda la amargura de la privación de mi Dulce Jesús, y aunque casi habituada a sufrir Su ausencia, sin embargo cada vez que estoy privada de Él, es siempre nueva la pena. Me parece que cada vez que quedo privada de la Vida de mi vida, Jesús pone un grado más de dolor, y yo siento más a lo vivo la pena de su lejanía. ¡Oh, cuán cierto es que en Jesús son siempre nuevas las penas y nuevas las alegrías!.
Ahora, mientras me abandonaba en Su Voluntad, mi amable Jesús ha sacado una mano de dentro de mi interior, toda llena de luz, pero en la suya tenía también la mía, pero tan fundida en la suya, que con trabajo se descubría que en lugar de una eran dos manos fundidas juntas; y Jesús teniendo compasión de mi extrema amargura me ha dicho:
“Hija Mía, la luz de Mi Voluntad nos transforma juntos y forma una sola vida; la luz se hace camino y el calor que contiene la luz vacía, consume todo lo que puede impedir la transformación con Mi Vida y hacer de ellas una sola. ¿Por qué tanto te afliges?. ¿No sientes en ti ésta Mi Vida, y no fantástica sino real?. ¿Cuántas veces no sientes en ti Mi Vida obrante, otras veces sufriente, y otras veces te lleno tanto que tú te ves obligada a perder el movimiento, el respiro, las facultades mentales, y tu naturaleza misma pierde su vida para dar lugar a la Mía?. Y para hacer que puedas revivir estoy obligado a empequeñecerme en ti misma para hacerte readquirir el movimiento natural y el uso de los sentidos, pero siempre dentro de ti permanezco, ¿y no adviertes que cada vez que me ves, es de dentro de tu interior que me ves salir?. Entonces, ¿por qué temes que Yo te deje si tú sientes a ésta Mi Vida en ti?”.
Y Yo: “¡Ah! mi Jesús, es verdad que siento otra Vida en mí, que obra, que sufre, que se mueve, que respira, que se extiende en mí, pero tanto, que yo misma no sé decir que me sucede, muchas veces creo que estoy por morir, pero como aquella vida que siento en mí se empequeñece, retirándose de los brazos, de la cabeza, yo comienzo de nuevo a revivir, pero muchas veces no Te veo, Te siento, pero no veo Tu amable presencia, y yo temo y tengo casi pavor de aquella vida que siento en mí, pensando: ‘¿Quién podrá ser aquél que tiene tanto dominio en mí, que yo me siento un harapo bajo su poder?. ¿No podrá ser algún enemigo mío?’.Y si me quiero oponer a lo que Él quiere hacer en mí, se hace tan fuerte e imponente que no me cede ni un acto de mi voluntad, y yo de inmediato le cedo la victoria sobre de mí”.
Y Jesús: “Hija Mía, sólo Mi Voluntad tiene este poder de formarse una Vida en la criatura. Se entiende que el alma me haya dado, quién sabe cuántas veces, pruebas seguras de que quiere vivir de Mi Voluntad, no de la suya, porque cada acto de voluntad humana impide que se cumpla esta Vida Mía, y este es el más grande prodigio que sabe hacer Mi Voluntad: ‘Mi Vida en la criatura’. Su luz me prepara el lugar, su Calor purifica y consume todo lo que podría ser inconveniente a Mi Vida, y Me suministra los elementos necesarios para poder desarrollar Mi Vida, por eso déjame hacer a fin de que pueda cumplir todo lo que ha establecido Mi Voluntad sobre de ti”.
Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 17, 15 de Marzo de 1925


No hay comentarios:
Publicar un comentario