Me sentía muy amargada, y mi dulce Jesús al venir, estrechándome a Él me ha dicho:
“Hija Mía, tu aflicción pesa sobre Mi Corazón más que si fuera Mía, y no puedo sufrir que
tú estés tan afligida, a cualquier costo quiero verte feliz, quiero ver despuntar sobre tus labios
de nuevo la sonrisa que contiene la Beatitud de Mi Querer; dime entonces, ¿qué quieres para
estar de nuevo feliz?. ¿Será posible que después de tanto tiempo en que tú nada Me has
negado, Yo no deba darte lo que tú quieres y hacerte contenta?”
Y yo: “Amor mío, lo que quiero es que me des la gracia de que yo haga siempre,
siempre Tu Querer, esto me basta; cuánto temo que esto no hiciera. ¿No es esta la más
grande desventura, que no hiciera aún en la más pequeña cosa Tu Voluntad?. Sin embargo Tus propuestas, Tus mismas premuras a esto me inducen, porque veo que no porque sea Tu
Voluntad, sino porque quieres hacerme feliz y vaciar mi corazón de la amargura de la cual está
como inundado, Tú quieres hacer mi voluntad, ¡ah! Jesús, Jesús, no lo permitas, y si quieres
hacerme feliz, a Tu potencia no le faltan otros modos para quitarme de mi aflicción”.
Y Jesús: “Hija Mía, hija Mía, hija de Mi Voluntad, no, no temas, esto no será jamás, que
Nuestros quereres queden ni siquiera lesionados, si es necesario un milagro lo haré, pero
Nuestros quereres no se desunirán jamás, por eso tranquilízate a este respecto y consuélate.
Escucha, Mi Ser es llevado por una fuerza irresistible a comunicarse a la criatura, tengo tantas
otras cosas que decirte aún, tantas otras verdades que tú no conoces, y todas Mis verdades
llevan la felicidad que cada una posee, y por cuantas verdades el alma conoce, tantas diversas
felicidades adquiere.
Ahora, encontrando tu corazón amargado, esas verdades sienten
ensombrecida su felicidad y no pueden comunicarse libremente. Yo Soy como un padre feliz
que posee la plenitud de toda la Felicidad y que quiere hacer felices a todos sus hijos; ahora, si
ve un hijo suyo que verdaderamente lo ama, y lo ve triste, pensativo, a cualquier costo quiere
hacer feliz a su hijo y sacarlo de esa situación, y si el padre sabe que esa tristeza es por causa
del amor que da al padre, ¡oh! entonces no se da paz y usa todas las artes y hace cualquier
sacrificio para hacer feliz a su hijo. Así Soy Yo, y como sé que tu aflicción es por causa Mía, si
no te veo regresar de nuevo a tu estado de alegría, y sellada por Mi felicidad, Yo Seré infeliz
esperando que vuelvas a los brazos de Mi Felicidad”.
Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 13, 5 de Enero de 1922