lunes, 5 de enero de 2026

EL SER DIVINO ES LLEVADO POR UNA FUERZA IRRESISTIBLE A COMUNICARSE A LA CRIATURA



                    Me sentía muy amargada, y mi dulce Jesús al venir, estrechándome a Él me ha dicho: 

                    “Hija Mía, tu aflicción pesa sobre Mi Corazón más que si fuera Mía, y no puedo sufrir que tú estés tan afligida, a cualquier costo quiero verte feliz, quiero ver despuntar sobre tus labios de nuevo la sonrisa que contiene la Beatitud de Mi Querer; dime entonces, ¿qué quieres para estar de nuevo feliz?. ¿Será posible que después de tanto tiempo en que tú nada Me has negado, Yo no deba darte lo que tú quieres y hacerte contenta?” 

                    Y yo: “Amor mío, lo que quiero es que me des la gracia de que yo haga siempre, siempre Tu Querer, esto me basta; cuánto temo que esto no hiciera. ¿No es esta la más grande desventura, que no hiciera aún en la más pequeña cosa Tu Voluntad?. Sin embargo Tus propuestas, Tus mismas premuras a esto me inducen, porque veo que no porque sea Tu Voluntad, sino porque quieres hacerme feliz y vaciar mi corazón de la amargura de la cual está como inundado, Tú quieres hacer mi voluntad, ¡ah! Jesús, Jesús, no lo permitas, y si quieres hacerme feliz, a Tu potencia no le faltan otros modos para quitarme de mi aflicción”. 

                    Y Jesús: “Hija Mía, hija Mía, hija de Mi Voluntad, no, no temas, esto no será jamás, que Nuestros quereres queden ni siquiera lesionados, si es necesario un milagro lo haré, pero Nuestros quereres no se desunirán jamás, por eso tranquilízate a este respecto y consuélate. Escucha, Mi Ser es llevado por una fuerza irresistible a comunicarse a la criatura, tengo tantas otras cosas que decirte aún, tantas otras verdades que tú no conoces, y todas Mis verdades llevan la felicidad que cada una posee, y por cuantas verdades el alma conoce, tantas diversas felicidades adquiere. 

                    Ahora, encontrando tu corazón amargado, esas verdades sienten ensombrecida su felicidad y no pueden comunicarse libremente. Yo Soy como un padre feliz que posee la plenitud de toda la Felicidad y que quiere hacer felices a todos sus hijos; ahora, si ve un hijo suyo que verdaderamente lo ama, y lo ve triste, pensativo, a cualquier costo quiere hacer feliz a su hijo y sacarlo de esa situación, y si el padre sabe que esa tristeza es por causa del amor que da al padre, ¡oh! entonces no se da paz y usa todas las artes y hace cualquier sacrificio para hacer feliz a su hijo. Así Soy Yo, y como sé que tu aflicción es por causa Mía, si no te veo regresar de nuevo a tu estado de alegría, y sellada por Mi felicidad, Yo Seré infeliz esperando que vuelvas a los brazos de Mi Felicidad”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 13, 5 de Enero de 1922




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