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martes, 12 de mayo de 2026

MEDIO PARA NO PERDER EL AMOR DE JESÚS



                    Encontrándome en mi habitual estado (1), cuando vino mi Bendito Jesús, yo, sólo al verlo, no sé por qué he dicho: “Señor, sin embargo hay una cosa que lacera mi alma, el pensamiento de que puedo perder tu Amor”. Y Él: 

                    “Hija Mía, ¿quién te lo ha dicho?. En todas las cosas Mi paterna Bondad ha suministrado los medios para ayudar a la criatura, siempre y cuando estos medios no sean rechazados. Por tanto, el medio para no perder Mi Amor, es hacer de Él y de todo lo que Me concierne, como si fueran cosas propias; ¿puede perder uno todo lo que es suyo?. No, ciertamente, a lo más si no tiene estima de sus cosas no tendrá cuidado de custodiarlas, pero si no las estima y no la custodia es señal de que no las ama, por tanto aquel objeto no contiene más Vida de Amor y no se puede incluir entre las cosas propias. Pero Mi Amor cuando se hace propio, se estima, se custodia, se tiene siempre a la vista, de modo que no puede perder lo que es suyo, ni en vida ni en muerte”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 6, 12 de Mayo de 1905


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.




martes, 24 de diciembre de 2024

PARA HACER NACER Y CRECER A JESÚS EN NUESTRO CORAZÓN



               Encontrándome en mi habitual estado (1), estaba deseando al Niño Jesús, y después de mucho esperar se ha hecho ver en mi interior como pequeño niño, y me decía: “Hija Mía, el mejor modo para hacerme nacer en el propio corazón es vaciarse de todo, porque encontrando el vacío puedo poner en él todos Mis bienes, y sólo puedo permanecer ahí para siempre si hay lugar para poder poner todo lo que Me pertenece, todo lo Mío en ella. Una persona que fuera a habitar a casa de otra persona, sólo se podría sentir contenta cuando en aquella casa encontrara espacio para poder poner todas sus cosas, de otra manera se volvería infeliz. Así Soy Yo. 

               La segunda cosa para hacerme nacer y acrecentar Mi felicidad, es que todo lo que el alma contiene, sea interno o externo, todo debe ser hecho para Mí, todo debe servir para honrarme, para seguir Mis órdenes, porque si aun una sola cosa, un pensamiento, una palabra, no es para Mí, Yo Me siento infeliz, y debiendo ser dueño Me hacen esclavo, ¿puedo Yo tolerar todo esto?. 

               La tercera cosa es amor heroico, amor engrandecido, amor de sacrificio. Estos tres amores harán crecer en modo maravilloso Mi felicidad, porque el alma se arriesga a hacer obras superiores a sus fuerzas, haciéndolas únicamente con Mi fuerza, éstas la engrandecerán con hacer que no sólo ella, sino también los demás Me amen, y llegará a soportar cualquier cosa, aun la misma muerte, para poder triunfar en todo y poderme decir: “No tengo nada más, todo es sólo amor por Ti”. Este modo no sólo Me hará nacer, sino que Me hará crecer y Me formará un bello paraíso en su propio corazón”. 

               Mientras esto decía yo lo miraba, y de pequeño, en un instante se ha hecho grande, de modo que yo quedaba toda llena de Él, y todo ha desaparecido.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, "Libro de Cielo", 
Vol. 8, 25 de Diciembre de 1908


       1) Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.