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viernes, 4 de julio de 2025

JESÚS HABLA DE LA MAMÁ CELESTIAL. LAS TURBACIONES



                    Esta mañana, habiéndome renovado Jesús las penas de la crucifixión, se encontraba también nuestra Mamá Reina, y Jesús hablando de Ella ha dicho: “Mi propio Reino estuvo en el Corazón de Mi Madre, y esto porque Su Corazón no fue jamás ni mínimamente turbado, tanto, que en el mar inmenso de la Pasión sufrió penas inmensas, Su Corazón fue traspasado de lado a lado por la espada del dolor, pero no recibió ni un mínimo aliento de turbación. Por eso, siendo Mi Reino un Reino de Paz, pude extender en Ella Mi Reino, y sin encontrar ningún obstáculo pude libremente reinar”. 

                    Habiendo venido Jesús más veces y viéndome toda llena de pecados le he dicho: “Señor mío Jesús, me siento toda cubierta de llagas y pecados graves; ah, Te pido, ten piedad de esta miserable”. Y Jesús: “No temas, que no hay culpas graves, y además, se debe tener horror de la culpa, pero no turbarse, porque la agitación, de donde venga, jamás hace bien al alma”. Después ha agregado: “Hija Mía, tú eres víctima como lo Soy Yo, haz que todas tus obras resplandezcan con Mis mismas intenciones, puras y santas, a fin de que encontrando en ti Mi misma imagen pueda libremente derramar el influjo de Mis gracias, y adornada así podré ofrecerte como víctima perfumada ante la Divina Justicia”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 4 de Julio de 1899





miércoles, 23 de octubre de 2024

EN MEDIO DE VUESTROS DOS CORAZONES



                "Oh Jesús, junto con Tu Madre Te beso el pie izquierdo suplicándote que quieras perdonarme a mí y a todas las criaturas por todas las veces que no hemos caminado hacia Dios. Beso Tu pie derecho pidiéndote me perdones a mí y a todas las criaturas por todas las veces que no hemos seguido la perfección que Tú querías de nosotras. 

               Beso Tu mano izquierda pidiéndote nos comuniques Tu pureza. Beso Tu mano derecha pidiéndote me bendigas todos mis latidos, mis pensamientos, los afectos, para que recibiendo el valor de Tu bendición sean todos santificados. Y bendiciéndome a mí bendice también a todas las criaturas y con Tu bendición sella la salvación de sus almas. 

               Oh Jesús, junto con Tu Madre Te abrazo y besándote el Corazón Te ruego que pongas en medio de Vuestros dos Corazones el mío para que se alimente continuamente de Vuestros amores, de Vuestros dolores, de Vuestros mismos afectos y deseos, en suma, de Vuestra misma Vida. Así sea". 


Extraído de la Primera Hora de “Las Horas de la Pasión”, 
revelaciones de Nuestro Señor a la mística Luisa Piccarreta