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lunes, 2 de febrero de 2026

EL ABANDONO EN DIOS FORMA LAS ALAS PARA VOLAR EN EL ÁMBITO DE LA ETERNIDAD. QUÉ ES LA ETERNIDAD.



                    Me sentía muy oprimida por la privación de mi dulce Jesús, y por otras razones que no es necesario escribir aquí, y mi amado Jesús moviéndose en mi interior y estrechándome a Él para darme fuerza, pues me sentía sucumbir, me ha dicho:

                    “Hija Mía, Mi Voluntad es vida y movimiento de todo, ¿pero sabes tú quién sigue su movimiento y toma el vuelo en Mi Eterno Querer, de manera que gira como gira Él en el ámbito de la Eternidad y se encuentra donde Él se encuentra y hace lo que Él hace?, El alma del todo abandonada en Mi Santa Voluntad; el abandono son las alas para volar junto con Mi Querer, en cuanto cesa el abandono así pierde el vuelo y quedan destruidas las alas. Así que todos sienten el movimiento, la Vida de Mi Voluntad, pero se quedan en el punto donde están, porque no hay movimiento que no parta de Mí, pero sólo quien tiene las alas del abandono en Mí, hace el mismo camino de Mi Voluntad, sobrevuela sobre todo, sea en el Cielo o en la tierra, entra en el ámbito de la Eternidad y gira en medio de las Tres Divinas Personas, penetra en los más íntimos lugares de Ellas, está al día de Sus Secretos y de Sus Bienaventuranzas. 

                    Sucede como a una máquina, donde en medio está la primera rueda y en torno a ella otras muchas pequeñas ruedecillas que son fijas; en cuanto se mueve la primera rueda todas las demás reciben el movimiento, pero nunca llegan a tocar a la primera rueda, ni saben nada de lo que ella hace ni de los bienes que contiene; en cambio otra pequeña ruedita que no esté fija, y que por medio de un mecanismo gire siempre por todas las ruedecillas para encontrarse en cada movimiento de la primera rueda, para hacer de nuevo su giro, esta ruedecilla girante sabe lo que hay en la primera rueda y toma parte en los bienes que ella contiene. 

                    Ahora, la primera rueda es Mi Voluntad, las ruedecillas fijas son las almas abandonadas a sí mismas, lo que las vuelve inmóviles en el bien; la ruedecilla girante es el alma que vive en Mi Voluntad, el mecanismo es el abandono todo en Mí, así que cada falta de abandono en Mí es un giro que pierdes en el ámbito de la Eternidad. ¡Si supieras qué significa perder un giro eterno!”.

                    Yo al oír esto he dicho: “¿Pero dime Amor mío, qué significa Eternidad y qué cosa es este giro eterno?”.

                    Y Jesús ha agregado: “Hija Mía, la Eternidad es un círculo inmenso, donde no se puede conocer ni dónde empieza ni dónde termina; en este círculo se encuentra Dios, sin principio y sin fin, donde posee Felicidad, Bienaventuranzas, Alegrías, Riquezas, Belleza, etc., infinitas. En cada movimiento divino, que no cesa jamás, hace salir de este círculo de la Eternidad nuevas felicidades, nuevas bellezas, nuevas bienaventuranzas, etc., pero esto nuevo es un acto jamás interrumpido; pero uno no es parecido al otro, distintos entre ellos, nuestros contentos son siempre nuevos; son tales y tantas nuestras bienaventuranzas, que mientras gozamos una, otra nos sorprende, y esto siempre y jamás terminan, son eternas, inmensas como Nosotros, y lo que es eterno tiene virtud de hacer surgir cosas siempre nuevas; lo antiguo, las cosas repetidas no existen en lo que es eterno. 

                    ¿Pero sabes tú quién toma más parte en el Cielo de lo nuevo que jamás se agota?. Quien más haya practicado el bien en la tierra, este bien será como el germen que le dará el conocimiento de Nuestras Bienaventuranzas, Alegrías, Bellezas, Amor, Bondad, etc., y según el bien que el alma haya practicado en la tierra, que tenga alguna armonía con nuestras variadas Bienaventuranzas, así se acercará a Nosotros y a grandes sorbos se llenará de aquella Bienaventuranza de la cual contenga el germen, hasta desbordarse fuera. 

                    De todo lo que contiene el círculo de la Eternidad tomaran parte; en cambio de los gérmenes adquiridos en la tierra, de ellos serán colmados. Sucederá como a uno que haya aprendido música, un trabajo, una ciencia; sonando la música, muchos escuchan y gozan, pero, ¿quién entiende?. ¿Quién siente penetrarle en la inteligencia y descenderle en el corazón todas aquellas notas de gozo o de dolor?. ¿Quién se siente como lleno y ve en acto las escenas que la música expresa?. Quien ha estudiado, quien se ha fatigado por aprenderla, los demás gozan pero no entienden, su gozo está sólo en la percepción del oído, pero todo su interior queda en ayunas; así también quien ha aprendido las ciencias, ¿quién goza más, uno que ha estudiado, que ha consumido su inteligencia en los libros, en tantas cosas científicas, o bien quien sólo las ha mirado?. 

                    Cierto, quien ha estudiado puede hacer ganancias justas, puede ocupar diversos puestos, en cambio el otro puede gozar con la sola vista si ve cosas que pertenecen a las ciencias; así de todas las demás cosas. 

                    Si esto sucede en la tierra, mucho más en el Cielo, donde la Justicia pesa con la Balanza del Amor cada pequeño acto bueno hecho por la criatura, y pone sobre ese acto bueno una felicidad, una alegría, una belleza interminables. Ahora, ¿qué será del alma que habrá vivido en Mi Querer, donde todos sus actos quedan con un germen eterno y divino?. El círculo de la Eternidad se verterá de tal forma en ella, que toda la Jerusalén Celestial quedará sorprendida y harán nuevas fiestas y recibirán nueva gloria”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 16, 2 de Febrero de 1924



miércoles, 14 de enero de 2026

NO SE ES DIGNO SI NO SE VACÍA DE TODO. EN QUÉ CONSISTE LA VERDADERA EXALTACIÓN



                    Estando en mi habitual estado (1) ha venido mi adorable Jesús y me ha dicho:

                    “Hija Mía, no puede ser verdaderamente digno de Mí, sino sólo quien ha vaciado todo de dentro de sí, y se ha llenado todo de Mí, de modo de formar de sí mismo un objeto todo de Amor Divino, tanto, que Mi Amor debe llegar a formar su vida y a amarme no con su amor, sino con Mi Amor”.

                    Después ha agregado: 

                    “¿Qué significan aquellas palabras: “Ha depuesto del trono a los poderosos y ha exaltado a los pequeños?”. Que el alma destruyéndose del todo a sí misma se llena toda de Dios, y amando a Dios con Dios mismo, Dios exalta al alma a un Amor Eterno, y esta es la verdadera y la más grande exaltación y a la vez la verdadera humildad”.

                    Después ha continuado: “La verdadera señal para conocer si se posee este Amor, es si el alma no se ocupa de ninguna otra cosa más que de amar a Dios, de hacerlo conocer, y hacer que todos lo amen”.

                    Después, retirándose en mi interior he oído que rezaba diciendo:

                    “Siempre Santa e indivisible Trinidad, os adoro profundamente, os amo intensamente, os agradezco perpetuamente por todos y en los corazones de todos”. 

                    Y así la he pasado, oyendo casi siempre que rezaba dentro de mí y yo junto con Él.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 14 de Enero de 1902


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.



jueves, 16 de octubre de 2025

CUANTO MÁS EL ALMA SE ACERCA AL AMOR DE DIOS, MÁS PERDERÁ LAS VIRTUDES



                    Habiendo leído un libro que trataba de las virtudes, mirándome a mí misma estaba pensativa porque no veía en mí ninguna virtud; si no fuera sólo porque quiero amarlo, lo quiero, lo amo, y quiero ser amada por Jesús Bendito, nada, nada existiría en mí de Dios. 

                    Ahora, encontrándome en mi habitual estado, mi adorable Jesús me ha dicho: 

                    “Hija Mía, cuanto más el alma llega al término, para acercarse a la Fuente de todo Bien, cual es el verdadero y perfecto Amor de Dios, donde todo quedará sumergido y sólo el Amor existirá para ser el motor de todo, así el alma perderá todas las virtudes que ha practicado en el viaje, para encerrar todo en el Amor y reposarse de todo para sólo amar; ¿no pierden todo los Bienaventurados por sólo amar?. Así el alma, mientras más camina, menos siente el diverso trabajo de las virtudes, porque el Amor invistiéndolas todas, las convierte todas en Sí, teniéndolas en Sí Mismo en reposo, como tantas nobles princesas, trabajando Él solo y dándoles vida a todas, y mientras el alma no las advierte, en el Amor las encuentra todas, pero más bellas, más puras, más perfectas, más ennoblecidas, y si el alma las advierte es señal de que están divididas del Amor. 

                    Como por ejemplo, uno recibe una orden, y el alma ejercita la obediencia por obedecer al que da la orden para adquirir la virtud, para sacrificar la voluntad propia, y tantas otras razones que puede haber; ahora, haciendo así se advierte que se ejercita la obediencia, se siente la fatiga, el sacrificio que lleva consigo esta virtud. Otra obedece, no por obedecer al que da la orden, ni por otras razones, pero sabiendo que Dios se disgustaría por su desobediencia, ve a Dios en aquél que ordena, y por amor Suyo sacrifica todo y obedece. El alma no advierte que obedece, sino sólo que ama, porque sólo por Amor ha obedecido, de otra manera habría desobedecido lo mismo, y así de todo lo demás. 

                    Por eso, ánimo en el camino, que por cuanto más se camina, tanto más rápido saborearás la Bienaventuranza eterna del único y verdadero Amor, aun desde aquí”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 6, 16 de Octubre de 1905




miércoles, 16 de julio de 2025

EL PRINCIPIO DEL MAL EN EL HOMBRE. DIFERENCIA ENTRE EL AMOR DE JESÚS Y EL AMOR HUMANO. PARA ENTRAR EN EL CIELO, EL ALMA DEBE ESTAR TODA TRANSFORMADA EN JESÚS



                    Después de varios días de privación, esta mañana se ha dignado venir transportándome fuera de mí misma. Ahora, encontrándome ante Jesús Bendito, veía mucha gente, y los males de la generación presente. 

                    Mi adorable Jesús los miraba con compasión y dirigiéndose a mí me ha dicho: “Hija Mía, ¿quieres saber de dónde comenzó el mal en el hombre?. El principio es que el hombre en cuanto se conoce a sí mismo, o sea, empieza a adquirir el uso de la razón, se dice a sí mismo: “Yo soy algo”, y creyéndose alguna cosa, se separa de Mí, no se fía de Mí que soy el Todo, y toda la confianza y fuerza la toma de él mismo, y de esto sucede que pierde hasta todo buen principio, y perdiendo el buen principio, ¿cuál será su fin?. Imagínalo tú misma hija Mía. Después, separándose de Mí que contengo todo bien, ¿qué puede esperar de bien el hombre, siendo él un océano de mal?. Sin Mí todo es corrupción, miseria y sin ninguna sombra de verdadero bien, y esta es la sociedad presente”. 

                    Yo al oír esto sentía tal aflicción que no sabía expresarla, pero Jesús queriéndome consolar me ha transportado a otra parte, y yo encontrándome sola con mi amado Jesús le he dicho: “Dime, ¿me amas?”. Y Él: “Sí”. Y yo: “No estoy contenta con el sí sólo, quisiera que me explicaras mejor cuánto me amas”. Y Él: “Es tanto Mi amor por ti, que no sólo no tiene principio, sino que no tendrá fin, y en estas dos palabras puedes comprender cuán grande, fuerte y constante es Mi amor por ti”. 

                    He considerado todo esto por un poco de tiempo, y veía un abismo de distancia entre mi amor y el Suyo, y toda confundida he dicho: “Señor, ¡qué diferencia entre mi amor y el Tuyo!. El mío no sólo tiene principio, sino que en el pasado veo vacíos en mi alma de no haberte amado”. Y Jesús compadeciéndome toda me ha dicho: “Amada Mía, no puede haber igualdad entre el amor del Creador y el de la criatura; sin embargo hoy te quiero decir una cosa que te será de consolación y que no has entendido: debes saber que cada alma durante todo el curso de su vida está obligada a amarme constantemente, sin ningún intervalo, y no amándome siempre, quedan en el alma tantos vacíos por cuantos días, horas, minutos ha dejado de amarme, y nadie podrá entrar al Cielo si no ha llenado estos vacíos, y sólo podrá llenarlos, o amándome doblemente el resto de su vida, o si no alcanza los llenará a fuerza de fuego en el Purgatorio. Ahora, tú cuando estás privada de Mí, la privación del objeto amado hace duplicar el amor, y con esto vienes a llenar los vacíos que hay en tu alma”. 

                    Después de esto le he dicho: “Dulce Bien mío, déjame ir junto Contigo al Cielo, y si no quieres para siempre, al menos por un poco, ¡ah, te lo pido, conténtame!”. Y Él me ha dicho:“¿No sabes tú que para entrar en esa Bienaventurada Morada el alma debe estar toda transformada en Mí, de manera que debe aparecer como otro Cristo?. De otra manera, ¿qué papel harías en medio de los demás Bienaventurados?. Tú misma tendrías vergüenza de estar junto con ellos”. Y yo: “Es verdad que soy muy desemejante de Ti, pero si quieres puedes volverme tal”. 

                    Entonces para contentarme me encerró toda en Él, de modo que no me veía más a mí misma, sino a Jesucristo, y en este modo nos elevamos hacia el Cielo; llegados a un punto nos hemos encontrado ante una luz indescriptible, delante a aquella luz se experimentaba nueva vida, alegría insólita, jamás sentida, ¡cómo me sentía feliz! más bien me parecía encontrarme en la plenitud de toda la felicidad. Ahora, mientras nos adentramos en esa luz, yo sentía temor, hubiera querido alabarlo, agradecerlo, pero no sabiendo qué decir, he recitado tres Gloria Patri, y Jesús respondía junto conmigo; pero apenas terminadas, como relámpago me he encontrado en la mísera prisión de mi cuerpo. Ah Señor, ¿cómo es que tan poco ha durado mi felicidad?. Parece que es demasiado duro el barro de mi cuerpo, pues se necesita mucho para romperse, e impide a mi alma marcharse de esta miserable tierra. Pero espero que algún golpe impetuoso lo quiera no sólo romper, sino pulverizar, y entonces, no teniendo ya casa donde podernos estar aquí, tengas compasión de mí y me acojas para siempre en la Celestial Morada.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 16 de Julio de 1901



lunes, 10 de febrero de 2025

LA OBEDIENCIA TIENE UNA VISTA AGUDA, EL AMOR PROPIO ES MUY CORTO DE VISTA




               Al venir mi adorable Jesús, se hacía ver con los ojos resplandecientes de vivísima y purísima luz; yo he quedado cautivada y sorprendida ante aquella luz deslumbrante, y Jesús viéndome tan cautivada, sin que le dijera nada me ha dicho: 

               “Amada Mía, la obediencia tiene la vista agudísima y vence en belleza y en penetración a la misma luz del sol, mientras que el amor propio es muy corto de vista, tanto que no puede dar un paso sin tropezar. Y no creas tú que esta vista agudísima la tienen las almas que están siempre agitadas y haciendo escrúpulo de todo, más bien ésta es una red que les teje el amor propio, porque siendo muy corto de vista, primero las hace caer y luego les suscita mil turbaciones y escrúpulos, y lo que hoy detestan con tantos escrúpulos y temores, mañana caen en eso nuevamente, tanto, que su vivir se reduce a estarse siempre sumergidos en esta red artificiosa que les sabe tejer muy bien el amor propio, a diferencia de la vista agudísima de la obediencia que es homicida del amor propio, porque siendo agudísima y clarísima, inmediatamente prevé donde puede dar un paso en falso, y con ánimo generoso se abstiene de darlo y goza la santa libertad de los hijos de Dios. Y así como las tinieblas atraen más tinieblas y la luz atrae más luz, así esta luz llega a atraer la Luz del Verbo, y uniéndose tejen la luz de todas las virtudes”.  

               Sorprendiéndome al oír esto he dicho: “Señor, ¿qué dices?. A mí me parece que es Santidad ese modo de vivir escrupuloso”. 

               Y Él con tono más serio ha agregado: “Más bien te digo que ésta es la verdadera marca de la obediencia, y la otra es la verdadera marca del amor propio, y ese modo de vivir Me mueve más a indignación que a amor, porque cuando es la luz de la verdad la que hace ver una falta, aun mínima, debería haber una enmienda, pero como es la vista corta del amor propio, no hace otra cosa que tenerlas oprimidas, sin que avancen en el camino de la verdadera Santidad”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 10 de Febrero de 1901