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sábado, 15 de agosto de 2026

TODAS LAS COSAS CREADAS CAMINAN HACIA EL HOMBRE. LA FIESTA DE LA ASUNCIÓN SE DEBERÍA LLAMAR LA FIESTA DE LA DIVINA VOLUNTAD



                    Continuaba fundiéndome en el Santo Querer Divino para corresponder a mi Jesús con mi pequeño amor por todo lo que ha hecho por el género humano en la Creación; y mi amado Jesús, moviéndose en mi interior, para dar más valor a mi pequeño amor, hacía junto conmigo lo que yo hacía, y mientras estaba en esto me ha dicho: 

                    “Hija Mía, todas las cosas creadas fueron hechas para el hombre, y todas corren hacia él, no tienen pies, pero todas caminan, todas tienen un movimiento, o para encontrarlo o para hacerse encontrar: la luz del sol parte desde la altura de los cielos para encontrar a la criatura, iluminarla y calentarla; el agua camina para llegar hasta las vísceras humanas para quitarle la sed y refrescarla; las plantas, las semillas, caminan y desgarran la tierra, forman su fruto para darse al hombre, no hay cosa creada que no tenga un paso, un movimiento, hacia quien el Eterno Artífice las había dirigido en su creación. 

                    Mi Voluntad mantiene el orden, la armonía y las mantiene a todas en camino hacia las criaturas, así que es Mi Voluntad que camina siempre en las cosas creadas hacia la criatura, no se detiene jamás, es toda movimiento hacia quien tanto ama, sin embargo, ¿quién dice un gracias a Mi Voluntad que le lleva la luz del sol, el agua para beber para quitarle la sed, el pan para quitarle el hambre, el fruto, la flor para recrearlo y tantas otras cosas que le lleva para hacerlo feliz?. ¿No es justo que mi Voluntad, haciendo todo para él, el hombre hiciera todo para cumplir mi Voluntad?. 

                    ¡Oh! si tú supieras la fiesta que hace Mi Voluntad en las cosas creadas cuando camina y sirve a quien cumple Mi Voluntad. Mi Voluntad obrante y cumplida en la criatura, y Mi Voluntad obrante en las cosas creadas, mientras se encuentran juntas se besan, armonizan, se aman y forman el himno, la adoración a su Creador, y el portento más grande de toda la Creación. 

                    Las cosas creadas se sienten honradas cuando sirven a la criatura que es animada por esa misma Voluntad que forma su misma Vida de ellas; en cambio Mi Voluntad se pone en actitud de dolor en las mismas cosas creadas cuando debe servir a quien no cumple Mi Voluntad; he aquí por qué sucede que muchas veces las cosas creadas se ponen contra el hombre, lo golpean, lo castigan, porque ellas se vuelven superiores al hombre, conservando íntegra en ellas aquella Voluntad Divina por la cual fueron animadas desde el principio de su creación, y el hombre ha descendido a lo bajo, no conservando en él la Voluntad de su Creador”. 

                    Después de esto me he puesto a pensar en la Fiesta de mi Celestial Mamá Asunta al Cielo, y mi dulce Jesús con un acento tierno y conmovedor ha agregado: 

                    “Hija Mía, el verdadero nombre de esta Fiesta, debería ser: ‘La Fiesta de la Divina Voluntad’. Fue la voluntad humana la que cerró el Cielo, que destrozó los vínculos con su Creador, la que hizo salir todas las miserias, el dolor, y que puso término a las fiestas que la criatura debía gozar en el Cielo. Ahora, esta criatura, Reina de todos, con hacer siempre y en todo la Voluntad del Eterno, es más, se puede decir que Su vida fue sólo la Voluntad Divina, abrió el Cielo, se vinculó con el Eterno e hizo volver las fiestas en el Cielo con la criatura; cada acto que hacía en la Voluntad Suprema era una fiesta que iniciaba en el Cielo, eran soles que formaba como ornamentos de esta fiesta, eran músicas que enviaba para alegrar la Jerusalén Celestial, así que la verdadera causa de esta fiesta es la Voluntad Eterna obrante y cumplida en Mi Mamá Celestial, que obró tales prodigios en Ella, que dejó estupefactos a Cielos y tierra, encadenó al Eterno con los vínculos indisolubles de Amor, raptó al Verbo Eterno hasta Su Seno, los mismos Ángeles, raptados, repetían entre ellos: ‘¿De dónde tanta Gloria, tanto Honor, tanta Grandeza y tantos prodigios jamás vistos, en esta excelsa Criatura?. No obstante es del exilio que viene’. Y atónitos reconocían la Voluntad de su Creador como vida y obrante en Ella, y estremeciéndose decían: ‘¡Santa, Santa, Santa, Honor y Gloria a la Voluntad de nuestro Soberano Señor y Gloria y tres veces Santa Aquélla que ha hecho obrar a esta Suprema Voluntad!’. 

                    Así que es Mi Voluntad la que más que todo fue y es festejada en el día de la Asunción al Cielo de Mi Madre Santísima; fue Mi Voluntad únicamente la que la hizo ascender tan alto que la distinguió entre todas las criaturas, todo lo demás habría sido nada si no hubiera poseído el prodigio de Mi Querer. Fue Mi Voluntad que le dio la Fecundidad Divina y la hizo Madre del Verbo, fue Mi Voluntad la que le hizo ver y abrazar a todas las criaturas juntas, haciéndose Madre de todas y amando a todas con un Amor de Maternidad Divina, y haciéndola Reina de todos la hacía imperar y dominar. 

                    En aquel día Mi Voluntad recibió los primeros honores, la gloria y el fruto abundante de Su labor en la Creación, y comenzó su fiesta que jamás interrumpe por la glorificación de su obrar en Mi amada Madre; y si bien el Cielo fue abierto por Mí, y muchos Santos estaban ya en posesión de la Patria Celestial cuando la Reina Celestial fue asunta al Cielo, sin embargo la causa primaria era precisamente Ella, que había cumplido en todo la Suprema Voluntad, y por eso se esperó a Aquélla que tanto la había honrado y contenía el verdadero prodigio de la Santísima Voluntad para hacer la primera fiesta al Supremo Querer. 

                    ¡Oh, cómo todo el Cielo glorificaba, bendecía, alababa a la Eterna Voluntad cuando veía a esta sublime Reina entrar en el Empíreo, en medio de la Corte Celestial, toda fundida en el Sol Eterno del Querer Supremo!. La veían toda adornada por la potencia del Fiat Supremo, no había habido en Ella ni siquiera un latido que no tuviera impreso este Fiat, y atónitos la miraban y le decían: ‘Asciende, asciende más arriba, es justo que Aquélla que tanto ha honrado al Fiat Supremo y que por medio Suyo nos encontramos en la Patria Celestial, tenga el trono más alto y que sea nuestra Reina’. Y el más grande honor que recibió mi Mamá fue el ver glorificada la Divina Voluntad”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 18, 15 de Agosto de 1925



viernes, 15 de agosto de 2025

JESÚS LE ORDENA LA CARIDAD. FIESTA DE LA MAMÁ CELESTIAL. LE DA EL OFICIO DE MAMÁ EN LA TIERRA



                    Esta mañana mi dulcísimo Jesús ha venido todo alegre, trayendo entre las manos un ramo de bellísimas flores, y poniéndose en mi corazón, con aquellas flores ahora se circundaba la cabeza, ahora las tenía entre sus manos, recreándose y complaciéndose todo. Mientras se divertía con estas flores, como si hubiera hecho una gran adquisición, se ha volteado hacia mí y me ha dicho: “Amada Mía, esta mañana he venido para poner en orden en tu corazón todas las virtudes. Las otras virtudes pueden estar separadas la una de la otra, pero la caridad ata y ordena todo. He aquí lo que quiero hacer en ti, ordenar la Caridad”.

                    Yo le he dicho: “Solo y único Bien mío, ¿cómo puedes hacer esto siendo yo tan mala y llena de defectos e imperfecciones?. Si la Caridad es orden, ¿estos defectos y pecados no son desorden que tienen todo en desorden y revuelta mi alma?” . 

                    Y Jesús: “Yo purificaré todo y la Caridad pondrá todo en orden. Y además, cuando a un alma la hago partícipe de las penas de Mi Pasión, no puede haber culpas graves, a lo más algún defecto venial involuntario, pero Mi Amor, siendo fuego, consumirá todo lo que es imperfecto en tu alma”. 

                    Así parecía que Jesús me purificaba y ordenaba toda; después derramaba como un río de miel de su corazón en el mío y con esa miel regaba todo mi interior, de modo que todo lo que estaba en mí quedaba ordenado, unido, y con la marca de la Caridad. 

                    Después de esto me he sentido salir fuera de mí misma en la Bóveda de los Cielos, junto con mi amante Jesús; parecía que todo estaba en fiesta, Cielo, tierra y Purgatorio; todos estaban inundados de un nuevo gozo y júbilo. Muchas almas salían del Purgatorio y como rayos llegaban al Cielo para asistir a la Fiesta de nuestra Reina Mamá. También yo me ponía en medio de aquella multitud inmensa de gente, es decir, Ángeles, Santos y Almas del Purgatorio, que ocupaban aquel nuevo Cielo, que era tan inmenso, que el nuestro que vemos, comparado con aquél me parecía un pequeño agujero, mucho más que tenía la obediencia del Confesor. Pero mientras hacía por mirar, no veía otra cosa que un Sol luminosísimo que esparcía rayos que me penetraban toda, de lado a lado, y me volvían como un cristal, tanto que se descubrían muy bien los pequeños defectos y la infinita distancia que hay entre el Creador y la criatura; tanto más que aquellos rayos, cada uno tenía su marca: uno delineaba la Santidad de Dios, otro la Pureza, otro la Potencia, otro la sabiduría, y todas las otras virtudes y atributos de Dios. Así que el alma, viendo su nada, sus miserias y su pobreza, se sentía aniquilada y en vez de mirar, se postraba con la cara en la tierra ante aquel Sol Eterno, ante el cual no hay ninguno que pueda estar frente a Él. 

                    Pero lo más era que para ver la Fiesta de Nuestra Mamá Reina, se debía ver desde dentro de aquel Sol, tanto parecía inmersa en Dios la Virgen Santísima, que mirando desde otros puntos no se veía nada. 

                    Ahora, mientras me encontraba en estas condiciones de aniquilamiento ante el Sol Divino y la Mamá Reina teniendo en sus brazos al Niñito, Jesús me ha dicho: “Nuestra Mamá está en el Cielo, te doy a ti el oficio de hacerme de mamá en la tierra, y como Mi vida está sujeta continuamente a los desprecios, a la pobreza, a las penas, a los abandonos de los hombres, y Mi Madre estando en la tierra fue Mi fiel compañera en todas estas penas, y no sólo eso, sino buscaba aliviarme en todo, por cuanto podían Sus fuerzas, así también tú, haciéndome de madre Me harás fiel compañía en todas Mis penas, sufriendo tú en vez Mía por cuanto puedas, y donde no puedas, buscarás darme al menos un consuelo. Debes saber que te quiero toda atenta en Mí. Seré celoso aun de tu respiro si no lo haces por Mí, y cuando vea que no estás toda atenta para contentarme, no te daré ni paz ni reposo”. 

                    Después de esto he comenzado a hacerle de mamá, pero, ¡oh! cuánta atención se necesitaba para contentarlo. Para verlo contento no se podía ni siquiera dirigir una mirada a otra parte. Ahora quería dormir, ahora quería beber, ahora quería que lo acariciara y yo debía encontrarme pronta a todo lo que quería; ahora decía: “Mamá Mía, me duele la cabeza, ¡ah, alíviame!”. Y yo enseguida le revisaba la cabeza, y encontrando espinas se las quitaba, y poniéndole mi brazo bajo la cabeza lo hacía reposar. Mientras hacía que reposara, de repente se levantaba y decía: “Siento un peso y un sufrimiento en el corazón, tanto de sentirme morir; ve que hay”. Y observando en el interior del corazón, he encontrado todos los instrumentos de la Pasión, y uno a uno los he quitado y los he puesto en mi corazón. Después, viéndolo aliviado, he comenzado a acariciarlo y a besarlo y le he dicho: “Mi solo y único tesoro, ni siquiera me has dejado ver la Fiesta de Nuestra Reina Madre, ni escuchar los primeros cánticos que le cantaron los Ángeles y los Santos en el ingreso que hizo en el Paraíso”.

                    Y Jesús: “El primer canto que hicieron a Mi Mamá fue el Ave María, porque en el Ave María están las alabanzas más bellas, los honores más grandes, y se le renueva el gozo que tuvo al ser hecha Madre de Dios, por eso, recitémosla juntos para honrarla y cuando tú vengas al Paraíso te la haré encontrar como si la hubieras dicho junto con los Ángeles aquella primera vez en el Cielo”. Y así hemos recitado la primera parte del Ave María juntos. ¡Oh, cómo era tierno y conmovedor saludar a Nuestra Mamá Santísima junto con Su amado Hijo!. Cada palabra que Él decía, llevaba una luz inmensa en la cual se comprendían muchas cosas sobre la Virgen Santísima, ¿pero quién puede decirlas todas?. Mucho más por mi incapacidad, por eso las paso en silencio.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 15 de Agosto de 1899



jueves, 15 de agosto de 2024

LA GLORIA DE LA SANTÍSIMA VIRGEN ES INSUPERABLE



               Estaba pensando y acompañando a la Soberana Reina cuando fue asunta al Cielo, y mi dulce Jesús, moviéndose en mi interior, como ensalzando a Su Madre Celestial, me dijo: 

               "Hija Mía, la Gloria de la Mamá en el Cielo es insuperable; en las regiones celestiales ningún otro posee mares de gracia, de luz, mares de belleza y de santidad, mares de potencia, de ciencia y de amor; más aún, estos mares los posee en el mar interminable de Su Creador. Los otros habitantes de la Bienaventurada Patria poseen, cuando mucho, uno, pequeños ríos; otro, gotitas; otro, fuentecitas.

               Solo Ella es única, porque fue la única que hizo vida en el Fiat Divino, y jamás tuvo lugar en Ella el querer humano. Su vida fue toda de Voluntad Divina y en virtud de Ella concentró en Sí a todas las criaturas, concibiéndolas en Su materno Corazón y bilocando tantas veces a Su Hijo Jesús, para darlo a cada una de las criaturas que había concebido en Su virginal Corazón. 

               Por eso, Su Maternidad se extiende a todos, y todos pueden presumir y decir: “La Madre de Jesús es mi Madre, y esta Madre tan dulce, amable, amante, nos da a cada uno a Su Hijo amado, como prenda de Su amor materno.” Sólo Mi Voluntad podía darle esta virtud de concebir a todas las criaturas como hijos Suyos y de multiplicar tantas veces a Su Jesús por cuantos hijos tenía.

                Ahora, en el Cielo, la Madre Soberana, poseyendo Sus mares, no hace otra cosa que elevar olas altísimas de luz, de santidad, de amor... y descargarlas sobre el Trono del Ser Supremo, el Cual, para no dejarse vencer por el amor de Ella, de debajo los mares de la Virgen Reina, donde tiene el suyo, más extenso, más profundo, forma Sus olas más altas y las vierte sobre Ella, y Ella prepara otras, y Dios, otras, de modo que todo el Empíreo queda anegado por estas olas de luz, de belleza, de amor y similares; de manera que todos toman parte y gozan. 

                Y los Bienaventurados, viendo que ellos no pueden formar estas olas porque no poseen mares, comprenden que su Madre y Reina, si posee todo esto, es porque formó Su vida y Su santidad en la Voluntad Divina. Así que Los Santos conocen en la Virgen qué cosa significa Santidad de Voluntad Divina en la criatura, y por eso suspiran por otras criaturas que lleven estos mares a la Patria Celestial, para ver formar otras olas encantadoras y para su mayor gozo. 

               La tierra no conoce aún la Santidad en mi Voluntad, y por eso amo tanto el hacerla conocer. Pero al Cielo le es bien conocida, porque está la Reina Soberana, que sólo con verla se hace reveladora de la Santidad de Mi Fiat. 

               Así que Ella, en virtud de Él, en la tierra fue un portento de gracias para Sí y para toda la familia humana, y Es un portento de Gloria en la Patria Celestial. Y ninguna otra criatura puede considerarse similar a Ella".


Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, 
15 de Agosto de 1928. Volumen 24. Capítulo 35