Paso días amargos por la privación de mi dulce Jesús. ¡Oh! cómo lloro por Su amable presencia, aun el solo recuerdo de Sus dulces palabras son heridas a mi pobre corazón y digo entre mí: “¿Y ahora dónde está?, ¿adónde dirigió Sus pasos?, ¿dónde podría encontrarlo? ¡Ay! todo ha terminado, no lo veré más, no escucharé más su voz, no más rezaremos juntos, ¡cómo es dura mi suerte, qué desgarro, qué pena!. ¡Ah Jesús, cómo has cambiado!, ¿cómo has huido de mí?. Pero si bien lejos, Te mando en alas de Tu Querer, donde estés, mis besos, mi amor, mi grito de dolor que Te dice: Ven, regresa a la pobre exiliada, a la pequeña recién nacida que no puede vivir sin Ti”.
Pero mientras esto y más decía, mi amable Jesús se ha movido en mi interior, y extendiéndome Sus brazos me ha estrechado fuerte, fuerte, y yo le he dicho: “Mi vida, mi Jesús, no puedo más, ayúdame, dame la fuerza, no me dejes más, llévame Contigo, me quiero ir”. Y Jesús interrumpiendo mi hablar me ha dicho:
“Hija Mía, ¿no quieres hacer Mi Voluntad?”.
Y yo: “Claro que quiero hacer Tu Voluntad, pero también en el Cielo está Tu Voluntad, así que si hasta ahora la he hecho en la tierra, de ahora en adelante quiero ir a hacerla en el Cielo, por eso, pronto, llévame, no me dejes más, siento que no puedo más, ten piedad de mí”.
Y Jesús de nuevo: “Hija Mía, tú no sabes qué cosa es Mi Voluntad en la tierra, se ve que después de tantas lecciones Mías no lo has entendido bien. Debes saber que el alma que hace vivir Mi Voluntad en ella, conforme reza, conforme sufre, obra, ama, etc., etc., forma un dulce encanto a las pupilas divinas, de manera que encierra en ese encanto, con sus actos, la mirada de Dios, de modo que raptado por la dulzura de este encanto, muchos castigos que se atraen las criaturas con sus graves pecados, este encanto tiene virtud de impedir que Mi Justicia se derrame con todo su furor sobre la faz de la tierra, porque también Mi Justicia siente el encanto de Mi Voluntad que obra en la criatura. ¿Te parece poco que el Creador vea en las criaturas, viviendo aún sobre la tierra, Su Voluntad obrante, triunfante, dominante, con esa misma libertad con la cual obra y domina en el Cielo?.
Este encanto no está en el Cielo, porque Mi Voluntad en Mi Reino domina como en su casa, y el encanto viene formado en Mí Mismo, no fuera de Mí, así que Soy Yo, es Mi Voluntad la que encanta con una fuerza raptora a todos los Bienaventurados, de manera que sus pupilas están encerradas en Mi encanto para gozar eternamente, así que no ellos Me forman el dulce encanto, sino Yo a ellos, así que Mis pupilas están libres, no sufren ninguna fascinación.
En cambio Mi Voluntad viviendo en la criatura que navega en el exilio, es obrante y dominante en casa de la criatura, y por esto me forma el encanto, Me fascina y hace sentir a Mi mirada un atractivo tal, que Me rapta a fijar Mis pupilas en ella, sin poder separarlas. ¡Ah! tú no sabes cuán necesario es este encanto en estos tiempos.- ¡Cuántos males vendrán!. Los pueblos se verán obligados a devorarse uno al otro, serán tomados de tal rabia, de ensañarse el uno contra el otro, pero la culpa mayor es de los jefes y gobernantes.
¡Pobres pueblos!. Tienen por jefes a verdaderos carniceros, diablos encarnados que quieren hacer carnicería de sus hermanos. Si los males no debieran ser graves, tu Jesús no te dejaba como privada de Él; tú temes que sea por otra cosa por lo que te privo de Mí, no, no, está segura, es Mi Justicia que privándote de Mí quiere descargarse sobre las criaturas; tú no salgas jamás de Mi Voluntad, a fin de que su dulce encanto pueda evitar a los pueblos males mayores”.
Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 17, 23 de Octubre de 1924


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