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martes, 6 de octubre de 2026

CÓMO QUIEN TRABAJA EN LA DIVINA VOLUNTAD TRABAJA EN LAS PROPIEDADES DIVINAS Y CON SUS ACTOS FORMA SOLES. CÓMO QUIERE ENCONTRAR AL ALMA EN TODAS LAS COSAS CREADAS



                    Estaba continuando mis actos en el Fiat Divino, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

                    “Hija Mía, quien obra en Mi Voluntad trabaja en Mis propiedades divinas, y ella forma en Mis interminables bienes de Luz, de Santidad, de Amor, de Felicidad sin fin, sus actos, los cuales se transforman en tantos soles, reproducidos estos soles por Mis mismas cualidades que se han prestado al acto del alma por decoro de ella y para hacer que fueran actos dignos de su Creador y para permanecer estos actos como actos perennes en Dios mismo, que Lo glorifican, Lo aman con sus mismos actos divinos. 

                    Entonces Adán antes de pecar formó tantos soles en su Creador por cuantos actos hizo; ahora, quien vive y obra en Mi Voluntad encuentra estos soles hechos por él, por eso tu empeño es de seguir los primeros actos de la Creación, de tomar tu puesto de trabajo junto al último sol, o más bien del último acto que hizo Adán cuando poseía la unidad de Voluntad con su Creador, debes suplir a lo que él no continuó haciendo porque salió de dentro de Mis propiedades divinas y sus actos ya no fueron soles, porque no tenía más en su poder Mis cualidades divinas que se prestaban para hacerle formar los soles, a lo más, sus actos se redujeron por cuan buenos eran, a pequeñas llamitas, porque la voluntad humana sin la Mía no tiene virtud de poder formar soles, le faltan las materias primas, sería como si tú quisieras formar un objeto de oro sin tener en tu poder el metal del oro, por cuanta buena voluntad tuvieras te resultaría imposible. 

                    Solamente Mi Voluntad tiene luz suficiente para hacer formar los soles a la criatura, y esta luz la da a quien vive en Ella, en sus propiedades, no a quien vive fuera de Ella. Entonces debes suplir a todas las otras criaturas que no han poseído la unidad con Mi Voluntad, tu trabajo es grande y extenso, tienes mucho que hacer en Mis interminables confines, por eso sé atenta y fiel”.

                    Después continuaba mis actos en Su Querer adorable, y girando por toda la Creación, mi Sumo Bien Jesús ha agregado:

                    “Hija Mía, así como Mi Voluntad Divina está esparcida en toda la Creación, así tú, unida con Ella, quiero encontrarte en todas las cosas creadas, como esparcida en cada una de ellas: serás el corazón de la tierra, para encontrar tu vida palpitante en ella, que con su latido continuo Me da el amor de todos sus habitantes; serás la boca del mar, que Me hará oír tu voz en sus olas altísimas y en su murmullo continuo, que Me alabas, Me adoras, Me agradeces, y en el serpenteo de los peces Me des tus besos afectuosos y puros, por ti y por aquellos que atraviesan el mar; serás los brazos del Sol, que extendiéndote y ensanchándote en su luz, dondequiera sienta tus brazos que Me abrazan, Me estrechan fuertemente para decirme que sólo a Mí buscas, sólo a Mí quieres y amas; serás los pies del viento para correr a Mi lado y hacerme sentir el dulce pisar de tus pasos, que jamás dejan de correr aunque no Me encuentres; no estoy contento si no encuentro a Mi pequeña hija en todas las cosas creadas por Mí por amor suyo. Yo pregunto a toda la Creación: ‘¿Está la pequeña hija de Mi Voluntad?. Porque quiero gozármela y entretenerme con ella’. Y si no te encuentro, Yo pierdo Mi gozo y Mi dulce entretenimiento”.

                    Después de esto seguía a mi amado Jesús en los actos que hizo en la Redención, intentaba seguirlo palabra por palabra, obra por obra, paso por paso, no quería que nada me huyera, para apresurarlo y pedirle a nombre de todos Sus actos, lágrimas, oraciones y penas, el Reino de Su Voluntad Divina en medio a las criaturas, y mi adorado Jesús me ha dicho:

                    “Hija Mía, cuando Yo estaba en la tierra, Mi Voluntad Divina que por naturaleza reinaba en Mí, y aquella misma Voluntad Divina que existía y reinaba en todas las cosas creadas, a cada encuentro se besaban mutuamente y suspirando su encuentro hacían fiesta, y las cosas creadas hacían competencia para encontrarse Conmigo y darme los homenajes que Me convenían. 

                    La tierra en cuanto sentía Mis pasos, para darme su homenaje reverdecía y florecía bajo Mis pies, quería hacer salir de su seno todas las bellezas que poseía, el encanto de las flores más bellas a Mi paso, tanto que Yo muchas veces debí ordenarle que no Me hiciera estas demostraciones, y ella para darme homenaje obedecía, al igual que por honrarme florecía. 

                    El Sol buscaba siempre encontrarse Conmigo para darme los homenajes de su luz, haciendo salir de su seno solar toda la variedad de las bellezas, de los colores, delante a Mi vista para darme los honores que merecía. Todo y todos buscaban encontrarme para hacerme su fiesta: el viento, el agua, hasta el pajarillo para darme los honores de sus trinos, gorjeos y cantos, todas las cosas creadas Me reconocían y hacían competencia para ver quien más pudiese honrarme y hacerme fiesta. 

                    Quien posee Mi Divina Voluntad tiene la vista para conocer lo que pertenece a Mi Misma Voluntad, sólo el hombre no Me conoció porque no poseía la vista y el fino olfato de Ella, debí decírselo para hacerme conocer, y muchos, con todo Mi decir, ni siquiera Me creyeron, porque quien no posee Mi Querer Divino es ciego, sordo y sin olfato para conocer lo que a Él pertenece. El no poseerlo es la infelicidad más grande de la criatura, es el pobre cretino, ciego, sordo y mudo, que no poseyendo la Luz de Mi Fiat Divino, se sirve de las mismas cosas creadas tomando los excrementos que ellas arrojan, y dejan dentro de ellas el verdadero bien que contienen. ¡Qué dolor, ver a las criaturas sin la nobleza de la Vida de Mi Voluntad Divina!”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 23, 6 de Octubre de 1927



lunes, 18 de mayo de 2026

VALOR DE LOS ACTOS HECHOS EN EL DIVINO QUERER. CÓMO QUIEN VIVE EN ÉL POSEE LA FUENTE DE LOS BIENES. CÓMO DIOS NO SABE HACER LAS COSAS A MEDIAS. VICTORIA DE AMBAS PARTES



                    Estaba siguiendo al Divino Querer girando por toda la Creación, y mientras hacía mis actos, mi dulce Jesús se hacía ver en mi interior, que recogía estos actos en Su regazo, los cuales eran todos de luz, pero uno más brillante que otro, uno más bello que otro, y llamaba a los Ángeles y les daba a cada uno parte en estos actos, y ellos hacían competencia para recibirlos y como en triunfo los llevaban al Cielo. Y Jesús todo Bondad me ha dicho:

                    “Hija Mía, es tanto el valor de los actos hechos en Mi Voluntad, que los Ángeles se consideran afortunados de recibirlos, ven en ellos la virtud creadora, escuchan en estos actos el eco del Fiat Divino, y mientras son luz, son voces divinas, y mientras son voces son música, son bellezas, bienaventuranzas, Santidad, Ciencia Divina, y como Mi Voluntad es virtud de Cielo, los Ángeles ambicionan llevar los actos hechos en Ella, y llevarlos a su Morada Celestial. Todo lo que es hecho en Mi Supremo Querer no puede quedar en la tierra, se pueden hacer en lo bajo, pero Mi mismo Querer como imán se los retira en su fuente y los pare en la Patria Celestial”.

                    Después sentía a mi pobre mente como absorbida en el Eterno Fiat y pensaba entre mí: “¿Cómo es posible tanta Potencia, tantos actos en uno que quedan hechos con el obrar en la Divina Voluntad?”. Y mi amable Jesús ha agregado:

                    “Hija Mía, ¿por qué el Sol da luz a toda la tierra?. Porque es más grande que la Tierra, porque posee la fuerza única y completa de la luz, posee la fuente de los colores, de la fecundidad y de la variedad de las dulzuras. Por esto siendo más grande el Sol que la Tierra, puede dar luz a toda la tierra, puede dar la variedad de los colores a las flores, las diferentes dulzuras a las plantas y a los frutos. El Sol en su grandeza y magnificencia, uno es el acto que hace, pero en su acto único hace tantos, que tiene raptada a sí toda la tierra, dando a cada cosa su acto distinto. 

                    Ahora, más que Sol es Mi Voluntad, y como es la interminable que con un solo acto hace salir de Sí la fecundidad de todos los otros actos juntos, el alma que vive en Ella posee la fuente de Sus actos, Su fecundidad; es por esto que en el alma donde Mi Querer reina y domina no cambia ni régimen, ni modos, y así conforme el alma obra en Mi Voluntad, sus actos salen con la multiplicidad y fecundidad de sus actos divinos. 

                    Todos los actos de Dios son actos únicos, que abrazan todo y hacen todos los actos juntos. Mira, en la creación del hombre uno fue Nuestro acto, pero en este acto único salió de Nosotros todo junto: Santidad, Potencia, Sabiduría, Amor, Belleza, Bondad, en suma, no hubo cosa nuestra que saliera de Nosotros que no fuera infundida en el hombre, de todo lo hicimos partícipe, porque cuando Nosotros obramos no sabemos hacer cosas a la mitad, sino todas obras completas, y cuando damos, damos todo. 

                    Mucho más que Mi Voluntad es Luz interminable, y la virtud de la Luz desciende en lo más profundo de lo bajo, se eleva a lo más alto, se extiende alrededor, no hay punto donde no llegue, ni puede entrar en ella ni materias ni cosas extrañas a su luz, ella es intangible, su oficio es de dar y dar siempre, sin jamás terminar de dar. Así es para el alma que vive en Mi Divino Querer, ella se vuelve luz junto con la Luz de Mi Voluntad, y por lo tanto, como luz desciende a lo más profundo de los corazones y lleva el bien de su luz, se extiende por todas partes buscando con su luz a todos y a todo para llevar a cada uno sus efectos, la multiplicidad y variedad de los bienes que su luz contiene; se sentiría como defraudada si no se pudiese extender a todos y por todas partes, tanto que elevándose a lo alto y penetrando más arriba de la bóveda azul y haciendo eco a Mi Misma Voluntad reinante en la Patria Celestial, Ésta y Mi Misma Voluntad que reina en el alma se funden juntas, y extendiéndose sobre todos los Bienaventurados forma su lluvia y hace llover sobre todos nuevas alegrías, felicidad y nuevas beatitudes. 

                    El vivir en Mi Voluntad es admirable, es prodigio continuado, es el portador de todos los bienes, es semilla que se multiplica al infinito, su fecundidad es inalcanzable y por eso es suspirado por la tierra y por todo el Cielo, es la Victoria de Dios sobre la criatura y la victoria del alma sobre su Creador. 

                    Cómo es bello ver cantar la victoria al más grande, al Ente Supremo, a la Eterna Majestad y a la pequeñez de la criatura, y en virtud de esta Voluntad Divina ponerse a competir el grande y el pequeño, el fuerte y el débil, el rico y el pobre, y quedar los dos victoriosos. Por eso suspiro tanto que sea conocida Mi Divina Voluntad, que venga Su Reino, para hacer vencer a la criatura y ponerla como a la par Conmigo. Sin Mi Voluntad reinante en la criatura esto no puede suceder, habrá siempre distancia entre Yo y la criatura, siempre será perdedora, jamás podrá celebrar y cantar victoria. La obra de Nuestras manos no tendrá Nuestra semejanza”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 21, 18 de Mayo de 1927




lunes, 24 de noviembre de 2025

LA HISTORIA DOLIENTE DE LA DIVINA VOLUNTAD. ASÍ COMO LA VIRGEN PARA LA OBRA DE LA REDENCIÓN HIZO SUYOS TODOS LOS ACTOS DE LA DIVINA VOLUNTAD Y PREPARÓ EL ALIMENTO A SUS HIJOS, TAMBIÉN LUISA DEBE HACERLO PARA LA OBRA DEL FIAT VOLUNTAS TUA



                    Estaba haciendo la hora de la Pasión en la que mi Mamá Dolorosa recibió en Sus brazos a Su Hijo muerto y lo depositó en el sepulcro, y en mi interior decía: “Mamá mía, junto con Jesús pongo en Tus brazos todas las almas, a fin de que a todas las reconozcas como hijas Tuyas, y una por una las escribas en Tu Corazón y las pongas en las Llagas de Jesús; son hijas de Tu dolor inmenso y esto basta para que las reconozcas y las ames; y quiero poner todas las generaciones en la Voluntad Suprema, a fin de que ninguna falte, y a nombre de todas Te doy consuelos, compadecimientos y alivios divinos”. 

                    Ahora, mientras esto decía, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho: 

                    “Hija Mía, si supieras cuál fue el alimento con el que alimentó a todos estos hijos Mi doliente Mamá”. 

                    Y yo: “¿Cuál fue, oh mi Jesús?” 

                    Y Él de nuevo: 

                    “Como tú eres Mi pequeñita, elegida por Mí para la Misión de Mi Querer y vives en aquel Fiat en el cual fuiste creada, quiero hacerte saber la Historia de Mi Eterno Querer, Sus alegrías y Sus dolores, Sus efectos, Su valor inmenso, lo que hizo, lo que recibió, y quién tomó a corazón Su defensa. 

                    Los pequeños son más atentos a escucharme porque no tienen la mente llena de otras cosas, están como en ayunas de todo, y si se les quiere dar otro alimento sienten asco, porque siendo pequeños están habituados a tomar sólo la leche de Mi Voluntad, que más que madre amorosa los tiene pegados a Su divino pecho para alimentarlos abundantemente, y ellos están con sus boquitas abiertas para esperar la leche de Mis enseñanzas, y Yo Me divierto mucho; ¡oh, cómo es bello verlos ahora sonreír, ahora alegrarse y ahora llorar al oírme narrar la historia de Mi Voluntad!.

                    El origen de Mi Voluntad es eterno, jamás entró el dolor en Ella; entre las Divinas Personas esta Voluntad estaba en suma concordia, es más, era una sola; en cada acto que emitía fuera, tanto ad intra cuanto ad extra, nos daba infinitas alegrías, nuevos contentos, felicidad inmensa, y cuando quisimos poner fuera la máquina de la Creación, ¿cuánta Gloria, cuántas armonías y honor no nos dio?. 

                    En cuanto brotó el Fiat, este Fiat difundió Nuestra belleza, Nuestra luz, Nuestra potencia, el orden, la armonía, el Amor, la Santidad, todo, y Nosotros quedamos glorificados por las mismas virtudes Nuestras, viendo por medio de Nuestro Fiat el florecimiento de Nuestra Divinidad reflejada en todo el Universo. 

                    Nuestro Querer no se detuvo, henchido de Amor como estaba quiso crear al hombre, y tú sabes la historia de él, por eso sigo adelante. ¡Ah! fue precisamente Él quien llevó el primer dolor a Mi Querer, trató de amargar a Aquél que tanto lo amaba, que lo había hecho feliz. Mi Querer lloró más que una tierna madre, lloró a Su hijo lisiado y ciego sólo porque se ha sustraído de la Voluntad de la madre; Mi Querer quería ser el primero en obrar en el hombre, no para otra cosa sino para darle nuevas sorpresas de amor, de alegrías, de felicidad, de luz, de riquezas, quería siempre dar, he aquí el por qué quería obrar, pero el hombre quiso hacer su voluntad y rompió con la Divina; ¡jamás lo hubiese hecho!. 

                    Mi Querer se retiró y él se precipitó en el abismo de todos los males. Ahora, para volver a anudar a estas dos voluntades, se necesitaba Uno que contuviera en Sí una Voluntad Divina, y por eso Yo, Verbo Eterno, amando con un Amor eterno a este hombre, decretamos entre las Divinas Personas que tomara carne humana para venir a salvarlo y volver a unir las dos voluntades separadas. 

                    ¿Pero dónde descender?. ¿Quién debía ser Aquélla que debía prestar Su carne a Su Creador?. He aquí por qué elegimos una criatura, y en virtud de los méritos previstos del futuro Redentor fue exenta de la culpa de origen, Su querer y el Nuestro fueron uno solo, fue esta Celestial Criatura la que comprendió la Historia de Nuestra Voluntad. Nosotros, como a pequeñita, todo le narramos, el dolor de Nuestro Querer y cómo el hombre ingrato con el romper su voluntad con la Nuestra, había encerrado Nuestro Querer en el cerco divino, como obstruyéndolo en Sus designios, impidiendo que pudiera comunicarle Sus bienes y la finalidad para la que había sido creado. 

                    Para Nosotros el dar es hacernos felices y hacer feliz a quien de Nosotros recibe, es enriquecer sin Nosotros empobrecer, es dar lo que Nosotros somos por naturaleza y formarlo en la criatura por gracia, es salir de Nosotros para dar lo que poseemos, con el dar, Nuestro Amor se desahoga, Nuestro Querer hace fiesta; ¿si no debíamos dar, para qué formar la Creación?. Así que el sólo no poder dar a Nuestros hijos, a Nuestras amadas imágenes, era como un luto para Nuestra Suprema Voluntad; sólo con ver al hombre obrar, hablar, caminar, sin la conexión con Nuestro Querer, porque él la había destrozado, y que debían correr hacia él si estaba con Nosotros, corrientes de gracias, de luz, de Santidad, de ciencia, etc., y no pudiéndolo hacer, Nuestro Querer se ponía en actitud de dolor; en cada acto de criatura era un dolor, porque veíamos aquel acto vacío de valor divino, privado de belleza y de Santidad, todo desemejante de Nuestros actos. 

                    ¡Oh! cómo comprendió la Celestial Pequeña este Nuestro sumo dolor y el gran mal del hombre al sustraerse de Nuestro Querer, ¡oh! cuántas veces Ella lloró ardientes lágrimas por Nuestro dolor y por la gran desventura del hombre, y por eso Ella, temiendo, no quiso conceder ni siquiera un acto de vida a Su voluntad, por eso se mantuvo pequeña, porque Su querer no tuvo vida en Ella, ¿cómo podía hacerse grande?. 

                    Pero lo que no hizo Ella lo hizo Nuestro Querer, la hizo crecer toda bella, Santa, divina; la enriqueció tanto que la hizo la más grande de todos; era un prodigio de Nuestro Querer, prodigio de gracia, de belleza, de Santidad, pero Ella se mantuvo siempre pequeña, tanto que no descendía jamás de Nuestros brazos, y tomando a pecho Nuestra defensa correspondió a todos los actos dolientes del Supremo Querer, y no sólo estaba Ella toda en orden a Nuestra Voluntad, sino que hizo suyos todos los actos de las criaturas, y absorbiendo en Sí toda Nuestra Voluntad rechazada por ellas, la reparó, la amó, y teniéndola como en depósito en Su Corazón virginal, preparó el alimento de Nuestra Voluntad a todas las criaturas. 

                    ¿Ves entonces con qué alimento nutre a Sus hijos esta Madre amantísima?. Le costó toda Su vida, penas inauditas, la misma Vida de Su Hijo, para hacer en Ella el depósito abundante de este alimento de Mi Voluntad, para tenerlo dispuesto para alimentar a todos Sus hijos cual Madre tierna y amorosa; Ella no podía amar más a Sus hijos, con darles este alimento su amor había llegado al último grado, así que entre tantos títulos que Ella tiene, el más bello título que a Ella se le podría dar es el de Madre y Reina de la Voluntad Divina. 

                    Ahora hija Mía, si esto hizo Mi Mamá por la Obra de la Redención, también tú para la obra del Fiat Voluntas Tua; tu voluntad no debe tener vida en ti, y haciendo tuyos todos los actos de Mi Voluntad en cada criatura, los depositarás en ti, y mientras a nombre de todos darás la correspondencia a Mi Voluntad, formarás en ti todo el alimento necesario para alimentar a todas las generaciones con el alimento de Mi Voluntad. 

                    Cada dicho, cada efecto, cada conocimiento de más de Ella, será un gusto de más que encontrarán en este alimento, de manera que con avidez lo comerán; todo lo que te digo sobre Mi Querer servirá para excitar el apetito y para hacer que ningún otro alimento tomen, aún a costa de cualquier sacrificio. Si se dijera que un alimento es bueno, que restituye las fuerzas, que sana a los enfermos, que contiene todos los gustos, es más, que da la vida, la embellece, la hace feliz, ¿quién no haría cualquier sacrificio para tomar ese alimento?. Así será de Mi Voluntad, para hacerla amar, desear, es necesario el conocimiento, por eso sé atenta, recibe en ti este depósito de Mi Querer, a fin de que cual segunda Madre prepares el alimento a Nuestros hijos, así imitarás a Mi Mamá. Te costará también a ti, pero ante Mi Voluntad cualquier sacrificio te parecerá nada. Hazla de pequeña, no desciendas jamás de Mis brazos y Yo continuaré narrándote la Historia de Mi Voluntad”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 16, 24 de Noviembre de 1923



viernes, 1 de agosto de 2025

LA HUMANIDAD DE JESÚS ES EL ESPEJO DE LA DIVINIDAD. CASTIGOS



                    Continúa mi adorable Jesús viniendo poquísimas veces y por poco tiempo. Esta mañana me sentía toda aniquilada y casi no me atrevía a ir en busca de mi sumo Bien; pero Él siempre benigno ha venido, y queriéndome infundir confianza me ha dicho:“Hija Mía, ante Mi Majestad y pureza no hay quien pueda estar de frente, más bien todos están obligados a estar por tierra y golpeados por el fulgor de Mi Santidad. El hombre quisiera casi huir de Mí, porque es tal y tanta su miseria, que no tiene valor para sostenerse delante del Ser Divino. Entonces haciendo uso de Mi Misericordia asumí Mi Humanidad, la que atenuando los rayos de la Divinidad, es medio para infundir confianza y ánimo al hombre para venir a Mí, el cual poniéndose de frente a Mi Humanidad, que expande rayos atenuados de la Divinidad, tiene el bien de poderse purificar, santificar y hasta divinizar en Mi Misma Humanidad deificada. 

                    Por eso tú estate siempre de frente a Mi Humanidad, teniéndola como espejo en el cual limpiarás todas tus manchas; y no sólo esto, sino como espejo en el cual reflejándote adquirirás la belleza, y poco a poco irás adornándote a semejanza de Mí Mismo, porque es propiedad del espejo hacer aparecer dentro de sí la imagen similar a aquella de quien se mira en él; si así es el espejo material, mucho más es el divino, porque Mi Humanidad sirve al hombre como espejo para mirar Mi Divinidad. He aquí por esto que todos los bienes para el hombre derivan de Mi Humanidad”. 

                    Mientras esto decía, me sentía infundir tal confianza, que me ha venido el pensamiento de quererle hablar de los castigos, tal vez me escuchara y haría el intento de aplacarlo del todo. Pero mientras me disponía a esto, como rayo ha desaparecido, y mi alma corriendo detrás de Él se ha encontrado fuera de mí misma; pero no lo he podido reencontrar más, y con suma amargura mía he visto muchas personas que iban a las cárceles, a otros sectarios que salían para atentar contra otras vidas de reyes y de otros jefes; veía que se carcomían de rabia porque les falta el medio para salir entre los pueblos y hacer matazón, sin embargo llegará su tiempo. Después de esto me he encontrado en mí misma, toda oprimida y afligida.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 1 de Agosto de 1900




jueves, 10 de julio de 2025

EL VIVIR EN EL DIVINO QUERER ES REPETIR LA VIDA REAL DE JESÚS NO SOLAMENTE EN EL ALMA, SINO TAMBIÉN EN EL CUERPO

 


                    Continuando mi habitual estado, sentía a mi siempre amable Jesús en mi interior, pero tan real, que ahora sentía que me estrechaba tan fuerte el corazón que me hacía sufrir, ahora estrechaba Sus brazos a mi cuello y me sofocaba, ahora se sentaba sobre mi corazón, tomando un aire imperante y de mando, y yo me sentía como aniquilar y luego resurgir a nueva vida bajo Su mandato, ¿pero quién puede decir lo que Él hacía en mi interior y lo que yo sentía?. Creo que es mejor pasarlo en silencio. 

                    Entonces mientras sentía Su Presencia real en mi interior me decía: “Hija Mía, elévate, elévate más, pero tanto de llegar al seno de la Divinidad, entre las Divinas Personas será tu vida. Mira, para hacerte llegar a esto he formado Mi Vida en ti, he encerrado Mi Querer eterno en lo que tú haces, y ahí corre en modo maravilloso y sorprendente; Mi Querer está obrante en ti en continuo acto inmediato. Ahora, después de haber formado Mi Vida en ti, con Mi Querer obrante en ti, en tus actos, tu querer ha quedado impregnado, transfundido en el Mío, de modo que Mi Querer tiene una vida sobre la tierra. Ahora es necesario que te eleves y lleves contigo Mi Vida, Mi Querer, a fin de que Mi Querer de la tierra y el del Cielo se fundan juntos y tú hagas vida por algún tiempo en el seno de la Divinidad, donde tu querer será obrante en el Mío para poderlo ensanchar por cuanto la criatura puede ser capaz, después descenderás de nuevo sobre la tierra llevando la potencia, los prodigios de Mi Querer, por los cuales las criaturas serán sacudidas, abrirán los ojos y muchos conocerán qué significa vivir en Mi Querer, vivir a semejanza de su Creador. Esto será el principio de que Mi Reino venga sobre la tierra y que Mi Querer tenga su último cumplimiento. ¿Crees que sea cosa de nada el vivir en Mi Querer?. No hay cosa que lo iguale, ni santidad que lo iguale; es la Vida real, no fantástica como alguno puede imaginar, y ésta Mi Vida está no sólo en el alma, sino también en el cuerpo, ¿pero sabes tú cómo es formada esta Mi Vida?. Mi Querer eterno es el del alma, y Mi latido, latiendo en su corazón forma Mi concepción; su amor, sus penas y todos sus actos hechos en Mi Querer forman Mi Humanidad, y me hacen crecer tanto que no puedo mantenerme escondido, ni ella puede hacer menos que sentirme. ¿No Me sientes tú, vivo en tu interior?. Por eso te he dicho que a la santidad del vivir en Mi Querer no hay nada que la iguale, todas las otras santidades serán las pequeñas luces, y ella será el gran sol transfundido en su Creador”. 

                    Ahora, por obedecer y con gran repugnancia digo cómo siento a Jesús en mi interior: lo siento en el lugar de mi corazón, casi en modo visible, ahora oigo que reza y muchas veces lo oigo con los oídos del cuerpo, y yo rezo junto con Él; ahora que sufre y me hace sentir Su respiro entrecortado, afanoso, y lo siento en mi respiro, tanto que estoy obligada a afanarme junto con Él, y como en Él están contenidas todas las criaturas, siento Su respiro que como vida se difunde en todos los movimientos y respiros humanos, y yo me difundo junto con Él. Ahora lo siento gemir, agonizar; ahora lo siento mover los brazos y los extiende en los míos; ahora que duerme, quedando en mi interior un profundo silencio; ¿pero quién pude decirlo todo?. 

                    Sólo Jesús puede decir lo que obra en mí, porque yo no tengo palabras suficientes para manifestarlo. Lo he hecho sólo por obedecer, con sumo desgarro de mi alma y por temor de que mi Jesús pudiera disgustarse, porque Él me tolera siempre que la obediencia no me mande, pero si la obediencia manda, sólo me queda Fiat, de otra manera me aniquilaría. Espero que sea todo para Gloria Suya y para confusión mía.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 14, 10 de Julio de 1922



lunes, 10 de febrero de 2025

LA OBEDIENCIA TIENE UNA VISTA AGUDA, EL AMOR PROPIO ES MUY CORTO DE VISTA




               Al venir mi adorable Jesús, se hacía ver con los ojos resplandecientes de vivísima y purísima luz; yo he quedado cautivada y sorprendida ante aquella luz deslumbrante, y Jesús viéndome tan cautivada, sin que le dijera nada me ha dicho: 

               “Amada Mía, la obediencia tiene la vista agudísima y vence en belleza y en penetración a la misma luz del sol, mientras que el amor propio es muy corto de vista, tanto que no puede dar un paso sin tropezar. Y no creas tú que esta vista agudísima la tienen las almas que están siempre agitadas y haciendo escrúpulo de todo, más bien ésta es una red que les teje el amor propio, porque siendo muy corto de vista, primero las hace caer y luego les suscita mil turbaciones y escrúpulos, y lo que hoy detestan con tantos escrúpulos y temores, mañana caen en eso nuevamente, tanto, que su vivir se reduce a estarse siempre sumergidos en esta red artificiosa que les sabe tejer muy bien el amor propio, a diferencia de la vista agudísima de la obediencia que es homicida del amor propio, porque siendo agudísima y clarísima, inmediatamente prevé donde puede dar un paso en falso, y con ánimo generoso se abstiene de darlo y goza la santa libertad de los hijos de Dios. Y así como las tinieblas atraen más tinieblas y la luz atrae más luz, así esta luz llega a atraer la Luz del Verbo, y uniéndose tejen la luz de todas las virtudes”.  

               Sorprendiéndome al oír esto he dicho: “Señor, ¿qué dices?. A mí me parece que es Santidad ese modo de vivir escrupuloso”. 

               Y Él con tono más serio ha agregado: “Más bien te digo que ésta es la verdadera marca de la obediencia, y la otra es la verdadera marca del amor propio, y ese modo de vivir Me mueve más a indignación que a amor, porque cuando es la luz de la verdad la que hace ver una falta, aun mínima, debería haber una enmienda, pero como es la vista corta del amor propio, no hace otra cosa que tenerlas oprimidas, sin que avancen en el camino de la verdadera Santidad”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 10 de Febrero de 1901



lunes, 20 de enero de 2025

LA MAYOR SANTIDAD ES EL VIVIR EN EL DIVINO QUERER

 


               Habiendo leído dos vidas de Santas, una que ansiaba mucho el sufrir, y la otra que quería ser pequeña, yo pensaba en mi interior cuál de las dos sería mejor para poderla imitar, y no sabiendo resolver esto me sentía como confundida, y para poder estar libre y pensar sólo en amarlo he dicho entre mí: “Yo no quiero aspirar a nada sino solamente a amarlo y cumplir perfectamente Su Santo Querer”. 

               Mientras me encontraba en esto, el Señor en mi interior me ha dicho: “Y Yo aquí te quiero, en Mi Querer; hasta en tanto que el grano de trigo no es sepultado bajo tierra y muere del todo, no puede renacer a Vida Nueva y multiplicarse y dar vida a otros granos; así el alma, hasta que no se sepulta en Mi Voluntad, hasta morir del todo en Ella con deshacer todo su querer en el Mío, no puede resurgir a nueva Vida Divina con el resurgimiento de todas las virtudes de Cristo, que contienen la verdadera Santidad, por eso Mi Voluntad sea el sello que te marque el interior y el exterior, y cuando Mi Voluntad haya resurgido toda en ti, en Ella encontrarás el verdadero Amor, y esta es la mejor de todas las otras santidades a las cuales puede uno aspirar”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol.7, 20 de Enero de 1907



lunes, 28 de octubre de 2024

SÓLO TÚ ENSEÑARÁS LA VERDADERA SANTIDAD



               "Cruz adorada, por fin Te abrazo... Tú eras el suspiro de Mi Corazón, el martirio de Mi Amor; pero Tú, oh Cruz, tardaste hasta ahora, en tanto que Mis pasos siempre se dirigían hacia Ti... Cruz Santa, Tú eras la meta de Mis deseos, la finalidad de Mi existencia acá abajo. En Ti concentro todo Mi Ser; en Ti pongo a todos Mis hijos... Tú serás su Vida y su Luz, su defensa, su protección, su fuerza... Tú los sostendrás en todo y Me los conducirás gloriosos al Cielo. 

               Oh Cruz, Cátedra de Sabiduría, sólo Tú enseñarás la verdadera Santidad, sólo Tú formarás los héroes, los atletas, los Mártires, los Santos... Cruz hermosa, Tú eres Mi trono, y teniendo Yo que abandonar la tierra, quedarás Tú en Mi lugar... A Ti Te entrego en dote a todas las almas: ¡Custódiamelas, sálvamelas... Te las confío!"


Extraído de la Décimo Octava Hora de “Las Horas de la Pasión”, 
revelaciones de Nuestro Señor a la mística Luisa Piccarreta