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jueves, 25 de diciembre de 2025

VE EL NACIMIENTO DE JESÚS



                    Encontrándome en mi habitual estado (1) me he sentido fuera de mí misma, y después de haber girado me encontré dentro de una cueva, y he visto a la Reina Mamá que estaba en el momento de dar a luz al Niñito Jesús. ¡Qué estupendo prodigio!. Me parecía que tanto la Madre como el Hijo estaban cambiados en luz purísima, pero en esa luz se distinguía muy bien la naturaleza humana de Jesús, que contenía en sí la Divinidad, que le servía como de velo para cubrir a la Divinidad, de modo que abriendo el velo de la naturaleza humana era Dios, y cubierto con ese velo era hombre, y he aquí el prodigio de los prodigios: Dios y Hombre, Hombre y Dios, que sin dejar al Padre y al Espíritu Santo viene a habitar con nosotros y toma carne humana, porque el verdadero amor no se desune jamás. 

                    Ahora, me ha parecido que la Madre y el Hijo en ese felicísimo instante quedaron como espiritualizados, y sin el mínimo obstáculo Jesús salió del Seno materno, desbordándose ambos en un exceso de amor, o sea, esos Santísimos cuerpos transformados en Luz, sin el mínimo impedimento, Jesús luz ha salido de dentro de la luz Madre, quedando sanos e intactos tanto el Uno como la Otra, regresando después al estado natural. 

                    ¿Pero quién puede decir la belleza del Niñito, que en ese momento de Su Nacimiento traslucía aún externamente los rayos de Su Divinidad?. ¿Quién puede decir la belleza de la Madre que quedaba toda absorbida en aquellos rayos Divinos?. 

                    Me parecía que San José no estaba presente en el momento del parto, sino que permanecía en otro rincón de la cueva, todo absorto en aquel profundo Misterio, y si no vio con los ojos del cuerpo, vio muy bien con los ojos del alma, porque estaba raptado en éxtasis sublime. 

                    Ahora, en el momento en que el Niñito salió a la luz, yo habría querido volar para tomarlo entre mis brazos, pero los Ángeles me lo impidieron, diciéndome que le correspondía a la Madre el honor de ser la primera en tomarlo. Entonces la Virgen Santísima como sacudida ha vuelto en Sí, y de las manos de un Ángel recibió al Hijo en Sus brazos, lo estrechó tan fuerte en el arrebato de amor en que se encontraba, que parecía que lo quisiera meter de nuevo en Ella, después queriendo dar un desahogo a Su ardiente amor, lo puso a mamar de Sus pechos. 

                    Mientras tanto yo permanecía toda aniquilada, esperando ser llamada para no recibir otro regaño de los Ángeles. Entonces la Reina me dijo: “Ven, ven a tomar a tu amado y gózalo también tú, desahoga con Él tu amor”. 

                    En cuanto dijo esto me acerqué, y la Mamá me lo puso en los brazos. ¿Quién puede decir mi contento, los besos, los abrazos, las ternuras?. Después de que me desahogué un poco le dije: “Amado mío, Tú has tomado leche de nuestra Mamá, hazme partícipe”. Y Él condescendiendo, de Su boca derramó parte de esa leche en la mía, y después me ha dicho: “Amada Mía, Yo fui concebido unido al dolor, nací al dolor y morí en el dolor, y con los tres clavos con que Me crucificaron clavé las tres potencias: inteligencia, memoria y voluntad de aquellas almas que desean amarme, haciéndolas quedar todas atraídas a Mí, porque la culpa las había vuelto enfermas, dispersas de su Creador y sin ningún freno”. 

                    Y mientras esto decía, ha dado una mirada al mundo y comenzó a llorar sus miserias. Yo, viéndolo llorar he dicho: “Amable Niño, no entristezcas una noche tan alegre con Tu llanto a quien Te ama, en lugar de dar desahogo al llanto demos desahogo al canto”. Y así diciendo comencé a cantar; Jesús se distrajo al oírme cantar y dejó de llorar. Al terminar mi verso Él cantó el Suyo, con una voz tan fuerte y armoniosa, que todas las demás voces desaparecían ante Su voz dulcísima. 

                    Después de esto le pedí al Niño Jesús por mi Confesor, por aquellos que me pertenecen, y finalmente por todos, y Él parecía todo condescendiente. Mientras estaba en esto ha desaparecido y yo volví en mí misma.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 25 de Diciembre de 1900


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.




martes, 31 de diciembre de 2024

LA VOLUNTAD DEL ALMA COMO REGALO DE AÑO NUEVO PARA EL NIÑO JESÚS

 


              Estaba meditando sobre el año viejo que llegaba a su fin y sobre el nuevo que surgía. Mi estado continúa en el vuelo de la luz del Querer Divino y rogaba al gracioso Niñito que así como moría el año viejo, sin renacer más, así hiciera morir mi voluntad sin hacerla revivir más, y que como regalo de año nuevo me diera Su Voluntad así como yo le hacía el don, como regalo, de la mía, para ponerla como escabel a Sus tiernos piececitos, a fin de que no tuviera otra vida sino sólo Su Voluntad. Ahora, mientras esto y otras cosas decía, mi dulce Jesús ha salido de dentro de mi interior y me ha dicho:

               “Hija de Mi Querer, cómo amo, quiero, deseo que tu querer tenga fin en ti. ¡Oh! cómo acepto tu regalo de fin de año, cómo me será agradable el tenerla como suave escabel a Mis pies, porque la voluntad humana mientras está en la criatura, fuera de su centro que es Dios, es dura, pero cuando regresa a su centro de donde salió y sirve como escabel a los pies de tu Niñito Jesús, se vuelve blanda y Me sirve para entretenerme, ¿no es justo que siendo Yo pequeño tenga una diversión, y en medio de tantos dolores, privaciones y lágrimas tenga tu voluntad que me haga sonreír?. 

               Ahora, tú debes saber que quien pone fin a su voluntad, regresa a su principio, de donde salió, y comienza en ella la vida nueva, la vida de luz, la vida perenne de Mi Voluntad. Mira, cuando Yo vine a la tierra quise dar muchos ejemplos y semejanzas de cómo quería que tuviera fin la voluntad humana: quise nacer a media noche para dividir la noche de la voluntad humana con el brillante día de la Mía, y si bien a media noche la noche sigue, no termina, pero es principio de un nuevo día, y Mis Ángeles para hacer honor a Mi Nacimiento y para indicar a todos el día de Mi Voluntad, llenaron de alegría y felicidad, de media noche en adelante, en la bóveda de los Cielos, nuevas estrellas, nuevos soles, hasta hacer cambiar la noche en día, era el homenaje que los Ángeles daban a Mi pequeña Humanidad, donde residía el pleno día del Sol de Mi Voluntad Divina y la llamada a la criatura al pleno día de Ella. 

               Pequeño aún me sometí al durísimo corte de la circuncisión, que me hizo verter por el dolor amargas lágrimas, no sólo a Mí, sino que junto Conmigo lloraron Mi Mamá y el amado San José; era el corte que Yo quería dar a la voluntad humana, a fin que en aquel corte hicieran correr la Voluntad Divina para que no tuviera más vida una voluntad dividida, sino sólo la Mía, que había corrido en aquel corte a fin de que comenzara nuevamente su Vida. 

               Pequeño aún quise huir a Egipto, una voluntad tirana, inicua, quería asesinarme, símbolo de la voluntad humana que quiere matar la Mía, y Yo huí para decir a todos: ‘Huyan de la voluntad humana si no quieren que sea asesinada la Mía’. Toda Mi vida no fue otra cosa que la llamada de la Voluntad Divina en la humana. En Egipto vivía como un extraño en medio de aquel pueblo, símbolo de Mi Voluntad, que la tienen como extraña en medio de ellos, y símbolo de que quien quiere vivir en paz y unido con la Mía, debe vivir como extraño a la voluntad humana, de otra manera habrá siempre guerra entre la una y la otra, son dos voluntades irreconciliables. 

               Después de Mi exilio volví a Mi patria, símbolo de Mi Voluntad que después de su largo exilio de siglos y siglos volverá a su amada patria en medio de Sus hijos para reinar, y a medida que Yo pasaba estas circunstancias en Mi Vida, así formaba Su Reino en Mí y la llamaba con plegarias incesantes, con penas y lágrimas a venir a reinar en medio de las criaturas. Regresé a Mi patria y viví oculto y desconocido, ¡oh! cómo esto simboliza el dolor de Mi Voluntad, que mientras vive en medio de los pueblos, vive desconocida y escondida, y Yo imploraba con Mi ocultamiento que la Suprema Voluntad fuera conocida, a fin de que recibiera el homenaje y la gloria a Ella debidos. No hubo cosa hecha por Mí que no simbolizara un dolor de Mi Voluntad, la condición en la cual la ponen las criaturas y una llamada que Yo hacía para restituirle Su Reino. Y esto quiero que sea tu vida, la llamada continua del Reino de Mi Voluntad en medio a las criaturas”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”  
Volumen 20, 1 de Enero de 1927