Mostrando entradas con la etiqueta Huerto de Getsemaní. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Huerto de Getsemaní. Mostrar todas las entradas

miércoles, 19 de noviembre de 2025

LOS DOS APOYOS. PARA CONOCER LAS VERDADES ES NECESARIO QUE ESTÉ LA VOLUNTAD Y EL DESEO DE CONOCERLAS. LAS VERDADES DEBEN SER SIMPLES



                    Estaba haciendo compañía a mi Jesús agonizante en el Huerto de Getsemaní, y por cuanto me era posible lo compadecía, lo estrechaba fuerte a mi corazón tratando de secarle el sudor mortal, y mi doliente Jesús, con voz apagada y agonizante me ha dicho:

                    “Hija Mía, dura y penosa fue Mi agonía en el Huerto, quizá más penosa que la de la Cruz, porque si ésta fue el cumplimiento y el triunfo sobre todos, aquí en el Huerto fue el principio, y los males se sienten más al principio que cuando están por terminar, en esta agonía la pena más desgarradora fue cuando se Me hicieron presentes uno por uno todos los pecados, Mi Humanidad comprendió toda la enormidad de ellos y cada delito llevaba el sello de “muerte a un Dios”, y estaba armado con espada para matarme. 

                    Delante a la Divinidad la culpa me aparecía tan horrenda y más horrible que la misma muerte; sólo al comprender qué significa pecado, Yo Me sentía morir y moría en realidad, grité al Padre y fue inexorable, no hubo uno solo que al menos Me diera una ayuda para no hacerme morir, grité a todas las criaturas que tuvieran piedad de Mí, pero en vano, así que Mi Humanidad languidecía y estaba por recibir el último golpe de la muerte, pero ¿sabes tú quién impidió la ejecución y sostuvo Mi Humanidad para no morir?. Primero fue Mi inseparable Mamá, Ella al oírme pedir ayuda voló a Mi lado y Me sostuvo, y Yo apoyé Mi brazo derecho en Ella, la miré casi agonizante y encontré en Ella la inmensidad de Mi Voluntad íntegra, sin haber habido nunca ruptura alguna entre Mi Voluntad y la Suya. 

                    Mi Voluntad es Vida, y como la Voluntad del Padre era inamovible, y la muerte Me venía de las criaturas, otra criatura que encerraba la Vida de Mi Voluntad Me daba la vida. Y he aquí que Mi Mamá, que en el portento de Mi Voluntad Me concibió y Me hizo nacer en el tiempo, y ahora Me da por segunda vez la vida para hacerme cumplir la Obra de la Redención. 

                    Después miré a la izquierda y encontré a la pequeña hija de Mi Querer, te encontré a ti como primera, con el séquito de las otras hijas de Mi Voluntad, y así como a Mi Mamá la quise Conmigo como primer eslabón de la Misericordia, con el cual debíamos abrir las puertas a todas las criaturas, por eso quise apoyar en Ella la derecha; a ti te quise como primer eslabón de la Justicia, para impedir que se descargase sobre todas las criaturas como se merecen, por eso quise apoyar la izquierda, a fin de que la sostuvieras junto Conmigo. 

                    Entonces, con estos dos apoyos Yo Me sentí dar nuevamente la vida, y como si nada hubiera sufrido, con paso firme fui al encuentro de mis enemigos, y en todas las penas que sufrí en mi Pasión, muchas de ellas capaces de darme la muerte, estos dos apoyos no me dejaban jamás, y cuando me veían a punto de morir, con mi Voluntad que contenían me sostenían y me daban como tantos sorbos de vida. 

                    ¡Oh! los prodigios de Mi Querer, ¿quién puede jamás numerarlos y calcular su valor?. Por eso amo tanto a quien vive de Mi Querer, reconozco en ella Mi retrato, Mis nobles rasgos, siento en ella Mi Mismo aliento, Mi voz, y si no la amase Me defraudaría a Mí Mismo, sería como un padre sin generación, sin el noble cortejo de su corte y sin la corona de sus hijos, y si no tuviera la generación, la corte, la corona, ¿cómo podría llamarme Rey?. Así que Mi Reino es formado por aquellos que viven en Mi Voluntad, y de este Reino escojo la Madre, la Reina, los hijos, los ministros, el ejército, el pueblo, Yo Soy todo para ellos y ellos son todo para Mí”. 

                    Después estaba pensando en lo que Jesús me decía, y decía entre mí: “¿Cómo se hace para poner en práctica esto?” Y Jesús regresando ha agregado: 

                    “Hija Mía, las verdades para conocerlas, es necesario que haya voluntad y el deseo de conocerlas. Supón una estancia con las persianas cerradas, por cuanto sol haya afuera la estancia está siempre en oscuridad; ahora, abrir las persianas significa querer la luz, pero esto no basta si no se aprovecha la luz para reordenar la estancia, sacudirla, ponerse a trabajar, porque si no, es como matar esa luz y hacerse ingrato por la luz recibida. Así no basta tener voluntad de conocer las verdades, si a la luz de la verdad que lo ilumina no busca sacudirse de sus debilidades y reordenarse según la luz de la verdad que conoce, y junto con la luz de la verdad ponerse a trabajar haciendo de ella sustancia propia, en modo de transparentar por su boca, por sus manos, por su comportamiento, la luz de la verdad que ha absorbido, entonces sería como si asesinara la verdad, y con no ponerla en práctica sería estarse en pleno desorden delante de esa luz. 

                    Pobre estancia, llena de luz pero toda desordenada, trastornada y en pleno desorden, y una persona dentro que no se preocupa de reordenarla, ¿qué compasión no daría?. Tal es quien conoce las verdades y no las pone en práctica. Has de saber que en todas las verdades, como primer alimento entra la simplicidad, si las verdades no fueran simples, no serían luz y no podrían penetrar en las mentes humanas para iluminarlas, y donde no hay luz no se pueden distinguir los objetos; la simplicidad no sólo es luz, sino es como el aire que se respira, que aunque no se ve da la respiración a todo, y si no fuese por el aire, la tierra y todos quedarían sin movimiento, así que si las virtudes, las verdades, no llevan la marca de la simplicidad, serán sin luz y sin aire”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 13, 19 de Noviembre de 1921



viernes, 26 de septiembre de 2025

TODAS LAS PENAS QUE JESÚS SUFRIÓ EN SU PASIÓN FUERON TRIPLES. ESTO NO FUE CASUAL, SINO QUE TODO FUE PARA RESTITUIR COMPLETA LA GLORIA DEBIDA AL PADRE, LA REPARACIÓN QUE LE DEBÍAN LAS CRIATURAS, Y EL BIEN QUE MERECÍAN LAS MISMAS CRIATURAS



                    Encontrándome en mi habitual estado, oía una voz que me decía: “Hay una luz que cualquiera que se acerque a ella puede encender cuantas lámparas quiera, y estas lámparas sirven para hacer corona de honor a la luz, y dar luz a quien las enciende”. 

                    Yo decía para mí: “Qué bella luz es ésta, que tiene tanta luz y tanta potencia, que mientras da a los demás cuanta luz quieren, ella siempre queda lo que es, sin empobrecer en luz; ¿pero quién será aquél que la tiene?” 

                    Mientras esto pensaba, he oído que me decían: “La luz es la Gracia y la tiene Dios, y el acercarse significa la buena voluntad del alma de hacer el bien, porque cuantos bienes se quieren tomar de la Gracia, se toman, y las lámparas que se forman son las diversas virtudes, que mientras dan Gloria a Dios dan luz al alma”. 

                    Después de esto, en cuanto he visto al Bendito Jesús me ha dicho: “Hija Mía; y esto porque estaba pensando que Nuestro Señor no sólo una vez, sino por tres veces se hizo coronar de espinas, y cómo aquellas espinas quedaban rotas dentro de la cabeza, y al clavarla de nuevo, más adentro entraban las que ya estaban”, y yo decía: “Dulce amor mío, ¿y por qué por tres veces quisiste sufrir tan doloroso martirio? ¿No bastaba una vez para pagar tantos malos pensamientos nuestros?” 

                    Así que me ha dicho: “Hija Mía, no sólo la coronación de espinas fue triple, sino casi todas las penas que sufrí en Mi Pasión fueron triples. Triples fueron las tres horas de la agonía del Huerto; triple fue la flagelación, flagelándome con tres diferentes flagelos; tres veces me desnudaron; por tres veces fui condenado a muerte: de noche, de madrugada, y en pleno día; tres fueron las caídas bajo la Cruz; tres los clavos; tres veces Mi Corazón derramó sangre, esto es, en el Huerto por sí mismo; de su propio centro en el acto de la Crucifixión cuando fui estirado sobre la Cruz, tanto, que todo Mi cuerpo quedó dislocado y Mi Corazón se destrozó dentro, y derramó sangre; y después de Mi Muerte cuando con una lanza Me fue abierto el Costado; triples las tres horas de la agonía sobre la Cruz. Si todo se quisiera examinar, ¡oh! cuántas cosas triples se encontrarían. Esto no fue por casualidad, sino que todo fue por el Orden Divino, y para completar la Gloria debida al Padre, la reparación que se le debía por parte de las criaturas, y merecer el bien para las mismas criaturas, porque el don más grande que la criatura ha recibido de Dios, ha sido el crearla a Su imagen y semejanza, y dotarla con tres potencias, Inteligencia, Memoria y Voluntad, y no hay culpa que cometa la criatura en que estas tres potencias no concurran, y por eso mancha, estropea la bella imagen divina que contiene en sí misma, sirviéndose del don para ofender al donador; y Yo para rehacer de nuevo esta imagen divina en la criatura, y para dar toda aquella Gloria que la criatura le debía a Dios, he concurrido con toda Mi Inteligencia, Memoria y Voluntad, y en modo especial en estas cosas triples sufridas por Mí, para volver completa tanto la Gloria que se debía al Padre, como el bien que era necesario a las criaturas”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 6, 26 de Septiembre de 1904