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martes, 7 de abril de 2026

EFECTOS DEL QUERER DIVINO. AMENAZAS DE CASTIGOS



                    Continuando mi habitual estado (1), mi dulce Jesús ha venido todo cansado, en acto de pedirme ayuda, y apoyando Su Corazón sobre el mío me hacía sentir Sus penas; cada pena que sentía era capaz de darme muerte, pero Jesús sosteniéndome me daba la fuerza para no morir. Después, mirándome me ha dicho:

                    “Hija Mía, paciencia, en ciertos días Me son más que nunca necesarias tus penas, para hacer que el mundo no se incendie del todo, por eso quiero hacerte sufrir más”. 

                    Y con una lanza que tenía en la mano me ha traspasado el corazón. Yo sufría mucho pero me sentía feliz pensando que mi Jesús dividía conmigo Sus penas, y que desahogándose conmigo podía librar a las gentes de los inminentes y terribles flagelos que caerán. Después de algunas horas de intensas penas, mi amable Jesús me ha dicho:

                    “Querida hija Mía, tú sufres mucho, por eso ven en Mi Querer para tomar descanso y juntos recemos por la pobre humanidad”. 

                    Yo no sé cómo me he encontrado en la inmensidad del Querer Divino, en brazos de Jesús, y Él como en voz baja decía y yo repetía junto con Él. Diré algo de lo que decía, porque el decirlo todo me resulta imposible. Recuerdo: en el Querer de Jesús veía todos los Pensamientos de Jesús, todo el bien que nos había hecho con Su Inteligencia, y cómo de Su Mente recibían vida todas las inteligencias humanas, pero, ¡oh, Dios! qué abuso hacían de ellas, cuántas ofensas, y yo decía: “Jesús, multiplico mis pensamientos en Tu Querer para dar a cada pensamiento Tuyo el beso de un pensamiento divino, una adoración, un reconocimiento a Ti, una reparación, un amor de pensamiento divino, como si otro Jesús lo hiciera, y esto en nombre de todos y de todos los pensamientos humanos, presentes, pasados y futuros, e intento suplir a las mismas inteligencias de las almas perdidas. Quiero que la Gloria por parte de las criaturas sea completa y que ninguno falte a la llamada, y lo que no hacen ellas, lo hago yo en Tu Querer para darte Gloria Divina y completa”. 

                    Después, Jesús mirándome esperaba como si quisiera una reparación a Sus ojos; y yo he dicho: “Jesús, me multiplico en Tus miradas, para tener también yo tantas miradas por cuantas veces has mirado a la criatura con amor; en Tus lágrimas para llorar también yo por todas las culpas de las criaturas, para poderte dar en nombre de todas, miradas de Amor Divino y Lágrimas Divinas, para darte Gloria y Reparación completa por todas las miradas de todas las criaturas”. 

                    Luego, Jesús ha querido que a todo, a la boca, al corazón, a los deseos, etc., continuara con las reparaciones, multiplicando todo en Su Querer; y si lo dijera todo me extendería demasiado, por eso paso adelante. Después Jesús ha agregado:

                    “Hija Mía, conforme tú hacías tus actos en Mi Querer, tantos soles se formaban entre el Cielo y la tierra, y Yo miro la tierra a través de estos soles, de otra manera es tanta la repugnancia que Me da la tierra, que no podría mirarla. Pero ella poco recibe de estos soles, porque son tantas las tinieblas que expanden, que poniéndose de frente a estos soles no recibe ni toda la luz ni el calor”.

                    Después me ha transportado en medio de las criaturas, ¿pero quién puede decir todo lo que hacían?. Sólo digo que mi Jesús con acento doloroso ha agregado:

                    “Qué desorden en el mundo, pero este desorden es culpa de las cabezas, tanto civiles como eclesiásticas; su vida interesada y corrupta no tiene fuerza para corregir a los súbditos, por tanto han cerrado los ojos ante los males de los miembros, porque hubieran recriminado los males propios, y si lo han hecho ha sido todo en modo superficial, porque no teniendo en ellos la vida de aquel bien, ¿cómo podían infundirla en los demás?. Y cuántas veces estas perversas cabezas han antepuesto los malos a los buenos, tanto que los pocos buenos han quedado turbados por este actuar de las cabezas, por eso haré castigar a las cabezas en modo especial”.

                    Y yo: “Perdona a las cabezas de la Iglesia, ya son pocos, si Tú los golpeas faltaran los regidores”.

                    Y Jesús: “¿No recuerdas que con doce apóstoles fundé Mi Iglesia?. Así, los pocos que quedarán bastarán para reformar al mundo. El Enemigo está ya a sus puertas, las revoluciones están ya en acto, las naciones nadarán en la sangre, las cabezas serán dispersadas; reza, reza y sufre, a fin de que el Enemigo no tenga la libertad de convertir todo en ruinas”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 12, 7 de Abril de 1919


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.



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viernes, 10 de octubre de 2025

JESÚS LA ATRAE A HACER SU QUERER



                    Me siento morir por el dolor y voy repitiendo frecuentemente mi estribillo: “Pobres hermanos míos, pobres hermanos míos”. Jesús ha acrecentado mi dolor haciéndome ver la tragedia de la guerra; cuánta sangre parecía que se derramaba y se derramará. Jesús parecía inexorable y decía: 

                    “No puedo más, quiero terminar con esto, tú harás Mi Querer, ¿no es verdad?” .

                    “Cierto, como Tú quieras, ¿pero puedo acaso olvidar que son Tus hijos salidos de Tus mismas manos?”. 

                    Y Jesús: “Pero estos hijos Me hacen sufrir mucho, y no sólo quieren matar a su propio Padre, sino que se quieren volver homicidas de ellos mismos. Si tú supieras cuánto Me hacen sufrir, tú te uniformarías Conmigo”. 

                    Y mientras esto decía, parecía que me ataba las manos y me estrechaba Consigo, y me sentía tan transformada en Su Querer, que perdía la fuerza de hacerle violencia, y ha agregado: 

                    “Así está bien, toda en Mi Voluntad”. 

                    Yo, viendo mi inhabilidad y al mismo tiempo la tragedia, he roto en llanto y decía: “Mi Jesús, ¿cómo harán?. No hay medios para salvarlos, salva al menos sus almas, ¿quién podrá resistir?. Al menos llévame a mí primero”. 

                    Y Jesús: “¿Has visto?. Si tú continúas llorando Yo me voy y te dejo sola, también tú quieres afligirme. Yo salvaré a todos aquellos que están dispuestos, por eso no llores, te daré sus almas, estate contenta. ¿Tal vez no puedo llevarte más al Cielo, y será por lo que tanto te afliges?. ¿Sabes tú por qué no te llevo?”. 

                    Y como yo continuaba llorando, Jesús hacía como que se retiraba, y yo he debido gritar fuerte diciéndole: “Jesús, no me dejes, que no lloro más”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 10, 10 de Octubre de 1911



miércoles, 18 de septiembre de 2024

POR TODA LA GLORIA QUE TODAS LAS CRIATURAS HUBIERAN DEBIDO DARTE

               


               "¿Quieres alguna reparación? Hagámosla juntos; así mis reparaciones unidas a las Tuyas producirán sus efectos, pues sólo las mías creo que Te disgustarían aún más…

               Así he tomado Su mano ensangrentada, y besándola he dicho el "Laudate Dominum" (1) con el "Gloria Patri", Jesús una parte y yo la otra, para reparar tantas obras malas que se cometen, poniendo la intención de alabarlo tantas veces por cuantas ofensas recibe con las malas acciones. 

               ¡Qué conmovedor era ver orar a Jesús! Luego he seguido haciendo lo mismo con la otra mano, con la intención de alabarlo tantas veces por cuantas ofensas recibe por los pecados que son causa de otros.

               Después los pies, con la intención de alabarlo tantas veces cuanto son los malos pasos y los malos senderos recorridos, aun bajo aspecto de piedad y santidad. 

               Por último el Corazón, con la intención de alabarlo tantas veces por cuantas el corazón humano no palpita por Dios, no lo ama, no lo desea. Mi amado Jesús parecía confortado del todo con esas reparaciones hechas junto con Él.

                Ah, Señor, por todas las gotas de Sangre y las Lágrimas que derramaste, por todas las espinas que sufriste, por cuantas heridas soportaste, tanta Gloria quiero darte, por toda la Gloria que todas las criaturas hubieran debido darte, si no existiera el pecado de soberbia, y tantas gracias quiero pedirte en favor de todas las criaturas, para hacer que ese pecado se destruya... 

               Señor, toda la Gloria que las criaturas deberían darte con la boca y no Te dan, yo quiero dártela con la mía y pido para ellas que hagan un uso de la boca bueno y santo, uniéndome siempre a Tu misma boca, Jesús". 


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, "Libro de Cielo", Vol. 4, 5 de Enero y 10 de Septiembre de 1901


NOTA

          1) Se refiere al Salmo 117, usado como Himno en la Liturgia, en particular tras la bendición con el Santísimo Sacramento.

     Laudate Dominum omnes gentes, laudate eum, omnes populi, quoniam confirmata est super nos misericordia eius, et veritas, veritas Domini manet, manet in aeternum.