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sábado, 8 de febrero de 2025

LA SANTA MISA. QUÉ COSA ES LA MISA

 


               Ahora, mientras veía a Jesús o al Sacerdote que celebraba el Divino Sacrificio, Jesús me hacía entender que en la Misa está todo el fundamento de nuestra Sacrosanta Religión. ¡Ah! Sí, la Misa nos dice todo y nos habla de todo. La Misa nos recuerda nuestra Redención, nos habla detalladamente de las penas que Jesús sufrió por nosotros, nos manifiesta también Su Amor inmenso que no estuvo contento con morir sobre la Cruz, sino que quiso continuar el estado de Víctima en la Santísima Eucaristía. 

                La Misa nos dice también que nuestros cuerpos deshechos, reducidos a cenizas por la muerte, resurgirán en el Día del Juicio junto con Cristo a Vida inmortal y gloriosa. Jesús me hacía comprender que la cosa más consoladora para un Cristiano y los Misterios más altos y sublimes de nuestra Santa Religión son: Jesús en el Sacramento y la resurrección de nuestros cuerpos a la gloria. Son Misterios profundos que los comprenderemos sólo más allá de las estrellas. Pero Jesús en el Sacramento nos lo hace casi tocar con la mano en varios modos: en primer lugar Su Resurrección, en segundo Su estado de aniquilamiento bajo de aquellas especies, pero también es cierto que está en ellas Vivo y Verdadero, pero consumidas esas especies Su Real Presencia no existe más; después, consagradas las especies de nuevo, Jesús adquiere nuevamente Su estado Sacramental. 

               Así, Jesús en el Sacramento nos recuerda la resurrección de nuestros cuerpos a la Gloria, y así como Jesús, cesando Su estado Sacramentado reside en el seno de Dios, Su Padre, así nosotros, cesando nuestra vida, nuestras almas van a hacer Su morada en el Cielo, en el Seno de Dios, y nuestros cuerpos quedan consumidos, así que se puede decir que no existen más, pero después con un prodigio de la Omnipotencia de Dios, nuestros cuerpos adquirirán nueva vida, y uniéndose con el alma irán juntos a gozar la Bienaventuranza Eterna. ¿Se puede dar cosa más consoladora para el corazón humano, que no sólo el alma, sino también el cuerpo debe complacerse en los eternos contentos?. 

               A mí me parece que en aquel gran día sucederá como cuando el cielo está estrellado y sale el sol, ¿qué sucede?. El sol, con su inmensa luz absorbe las estrellas y las hace desaparecer, pero las estrellas existen. El sol es Dios y todas las Almas Bienaventuradas son estrellas, Dios con Su inmensa Luz nos absorberá a todos en Sí, de modo que existiremos en Dios y nadaremos en el mar inmenso de Dios. ¡Oh, cuántas cosas nos dice Jesús en el Sacramento!. ¿Pero quién puede decirlas todas?. Ciertamente me extendería demasiado, si el Señor lo permite reservaré para otra ocasión decir alguna otra cosa.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 1



martes, 19 de noviembre de 2024

QUE DE TU VOLUNTAD Y DE LA MÍA SE FORME UNA SOLA



               …recibía otras luces sobre la aniquilación de mí misma y me decía: "Tú no eres otra cosa que una sombra, que mientras quieres tomarla te huye, tú eres nada"

               Yo me sentía tan aniquilada que habría querido esconderme en los más profundos abismos, pero me veía imposibilitada para hacerlo, sentía tal vergüenza que quedaba muda. Mientras estaba en este reconocimiento de mi nada, Él me decía: "Ponte junto a Mí, apóyate en Mi brazo, Yo te sostendré con Mis manos y tú recibirás fuerza. Tú estás ciega, pero Mi luz te servirá de guía. Mira, Me pondré delante y tú no harás otra cosa que mirarme para imitarme".

               Después me decía: "La primera cosa que quiero que mortifiques es tu voluntad, aquel "yo" se debe destruir en ti, quiero que la tengas sacrificada como víctima ante Mí para hacer que de tu voluntad y de la Mía se forme una sola. ¿No estás contenta?".

               "Sí Señor, pero dame la Gracia, porque veo que por mí nada puedo". Y Él continuaba diciéndome: "Sí, Yo mismo te contradiré en todo, y a veces por medio de las criaturas". Y sucedía así, por ejemplo: si en la mañana me despertaba y no me levantaba en seguida, la voz interna me decía: "Tú descansas, y Yo no tuve otro lecho que la Cruz, pronto, pronto, no tanta satisfacción".

                Si caminaba y mi vista se iba un poco lejos, pronto me reprendía: "No quiero, tu vista no la alejes de ti más allá que la distancia de un paso a otro, para hacer que no tropieces".

               Si me encontraba en el campo y veía flores, árboles, me decía: "Yo todo lo he creado por amor tuyo, tú priva a tu vista de este contento por amor Mío".

               Aun en las cosas más inocentes y santas, como por ejemplo los ornamentos de los altares, las procesiones, me decía: "No debes tomar otro placer que en Mí solo".

               Si mientras trabajaba estaba sentada, me decía: "Estás demasiado cómoda, ¿no te acuerdas que Mi Vida fue un continuo penar? ¿Y tú? ¿Y tú?". 

               Enseguida, para contentarlo me sentaba en la mitad de la silla y la otra mitad la dejaba vacía, y algunas veces en broma le decía: "Mira, oh Señor, la mitad de la silla está vacía, ven a sentarte junto a mí". Alguna vez me parecía que me contentaba, y sentía tanto gusto que yo misma no sé decirlo.

               Algunas veces que estaba trabajando con lentitud y desganada me decía: "Pronto, apúrate, que el tiempo que ganarás apurándote vendrás a pasarlo junto Conmigo en la oración".


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, "Libro de Cielo",Volumen 1




jueves, 22 de agosto de 2024

SÓLO YO Y TÚ SIEMPRE



               También quiero que si las personas te mortifican, te injurian, te contradicen, la mirada también fija en Mí, pensando que con Mi misma boca te digo: "Hija, Soy propiamente Yo que quiero que sufras esto, no las criaturas, aleja la mirada de ellas, sino sólo Yo y tú siempre, todas las demás destrúyelas. Mira, quiero hacerte bella por medio de estos sufrimientos, te quiero enriquecer con méritos, quiero trabajar tu alma, volverte similar a Mí. Tú me harás un regalo, me agradecerás afectuosamente, serás agradecida con aquellas personas que te dan ocasión de sufrir, recompensándolas con algún beneficio. 


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, "Libro de Cielo", Vol. 1