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jueves, 26 de febrero de 2026

LA DIVINA VOLUNTAD ES FELICIDAD DE TODOS



                    Después de haber pasado algunos días de privación, cuando a lo más venía alguna vez como sombra y huía, yo sentía tal pena que me deshacía en lágrimas, y el Bendito Jesús teniendo compasión de mi dolor, ha venido y me veía y me veía, y después me ha dicho: 

                    “Hija Mía, no temas, que no te dejo; ahora, cuando estés sin Mi Presencia no quiero que te desanimes, más bien, de hoy en adelante cuando estés privada de Mí, quiero que tomes Mi Voluntad y que en Ella te deleites, amándome y glorificándome en Ella y teniendo a Mi Voluntad como si fuese Mi Misma Persona. 

                    Haciéndolo así tú me tendrás en tus mismas manos. ¿Qué cosa forma la Bienaventuranza del Paraíso?. Ciertamente Mi Divinidad. Ahora, ¿qué formará la Bienaventuranza de Mis amados en la tierra?. Con certeza Mi Voluntad. Ella no te podrá huir jamás, la tendrás siempre en tu posesión, y si tú permaneces en el círculo de Mi Voluntad, ahí sentirás las alegrías más inefables y los placeres más puros. 

                    El alma, no saliendo jamás del círculo de Mi Voluntad, se vuelve noble, se diviniza y todas sus obras repercuten en el centro del Sol Divino, así como los rayos del Sol repercuten en la superficie de la tierra, y ni uno solo sale del centro que es Dios. El alma que hace Mi Voluntad es la única noble reina que se nutre de Mi aliento, porque su alimento y su bebida no las toma más que de Mi Voluntad, y nutriéndose de Mi Voluntad toda Santa, en sus venas correrá una sangre purísima, su aliento exhalará un fragante perfume que Me recreará, porque será producido por Mi Mismo aliento. Por eso no quiero otra cosa de ti, sino que formes tu Bienaventuranza en el giro de Mi Voluntad, sin salir jamás, ni siquiera por un breve instante”. 

                    Mientras esto decía, en mi interior sentía una inquietud y un temor, porque el hablar de Jesús indicaba que no iba a venir, y que yo debía aquietarme en Su Voluntad. ¡Oh Dios, qué pena mortal!. ¡Qué estrechuras de corazón!. Pero Jesús siempre benigno ha agregado:

                    “¿Cómo puedo dejarte si tú eres víctima?. Sólo dejaré de venir cuando tú dejes de ser víctima, pero mientras seas víctima Me sentiré siempre atraído a venir”. 

                    Así parece que quedé tranquila; pero me siento como circundada por la adorable Voluntad de Dios, de modo que no encuentro ninguna abertura por la cual salir. Espero que me quiera tener siempre en este cerco que me une toda a Dios.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 26 de Febrero de 1900



jueves, 10 de julio de 2025

EL VIVIR EN EL DIVINO QUERER ES REPETIR LA VIDA REAL DE JESÚS NO SOLAMENTE EN EL ALMA, SINO TAMBIÉN EN EL CUERPO

 


                    Continuando mi habitual estado, sentía a mi siempre amable Jesús en mi interior, pero tan real, que ahora sentía que me estrechaba tan fuerte el corazón que me hacía sufrir, ahora estrechaba Sus brazos a mi cuello y me sofocaba, ahora se sentaba sobre mi corazón, tomando un aire imperante y de mando, y yo me sentía como aniquilar y luego resurgir a nueva vida bajo Su mandato, ¿pero quién puede decir lo que Él hacía en mi interior y lo que yo sentía?. Creo que es mejor pasarlo en silencio. 

                    Entonces mientras sentía Su Presencia real en mi interior me decía: “Hija Mía, elévate, elévate más, pero tanto de llegar al seno de la Divinidad, entre las Divinas Personas será tu vida. Mira, para hacerte llegar a esto he formado Mi Vida en ti, he encerrado Mi Querer eterno en lo que tú haces, y ahí corre en modo maravilloso y sorprendente; Mi Querer está obrante en ti en continuo acto inmediato. Ahora, después de haber formado Mi Vida en ti, con Mi Querer obrante en ti, en tus actos, tu querer ha quedado impregnado, transfundido en el Mío, de modo que Mi Querer tiene una vida sobre la tierra. Ahora es necesario que te eleves y lleves contigo Mi Vida, Mi Querer, a fin de que Mi Querer de la tierra y el del Cielo se fundan juntos y tú hagas vida por algún tiempo en el seno de la Divinidad, donde tu querer será obrante en el Mío para poderlo ensanchar por cuanto la criatura puede ser capaz, después descenderás de nuevo sobre la tierra llevando la potencia, los prodigios de Mi Querer, por los cuales las criaturas serán sacudidas, abrirán los ojos y muchos conocerán qué significa vivir en Mi Querer, vivir a semejanza de su Creador. Esto será el principio de que Mi Reino venga sobre la tierra y que Mi Querer tenga su último cumplimiento. ¿Crees que sea cosa de nada el vivir en Mi Querer?. No hay cosa que lo iguale, ni santidad que lo iguale; es la Vida real, no fantástica como alguno puede imaginar, y ésta Mi Vida está no sólo en el alma, sino también en el cuerpo, ¿pero sabes tú cómo es formada esta Mi Vida?. Mi Querer eterno es el del alma, y Mi latido, latiendo en su corazón forma Mi concepción; su amor, sus penas y todos sus actos hechos en Mi Querer forman Mi Humanidad, y me hacen crecer tanto que no puedo mantenerme escondido, ni ella puede hacer menos que sentirme. ¿No Me sientes tú, vivo en tu interior?. Por eso te he dicho que a la santidad del vivir en Mi Querer no hay nada que la iguale, todas las otras santidades serán las pequeñas luces, y ella será el gran sol transfundido en su Creador”. 

                    Ahora, por obedecer y con gran repugnancia digo cómo siento a Jesús en mi interior: lo siento en el lugar de mi corazón, casi en modo visible, ahora oigo que reza y muchas veces lo oigo con los oídos del cuerpo, y yo rezo junto con Él; ahora que sufre y me hace sentir Su respiro entrecortado, afanoso, y lo siento en mi respiro, tanto que estoy obligada a afanarme junto con Él, y como en Él están contenidas todas las criaturas, siento Su respiro que como vida se difunde en todos los movimientos y respiros humanos, y yo me difundo junto con Él. Ahora lo siento gemir, agonizar; ahora lo siento mover los brazos y los extiende en los míos; ahora que duerme, quedando en mi interior un profundo silencio; ¿pero quién pude decirlo todo?. 

                    Sólo Jesús puede decir lo que obra en mí, porque yo no tengo palabras suficientes para manifestarlo. Lo he hecho sólo por obedecer, con sumo desgarro de mi alma y por temor de que mi Jesús pudiera disgustarse, porque Él me tolera siempre que la obediencia no me mande, pero si la obediencia manda, sólo me queda Fiat, de otra manera me aniquilaría. Espero que sea todo para Gloria Suya y para confusión mía.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 14, 10 de Julio de 1922



martes, 29 de abril de 2025

LA VIDA DE DIOS SE MANIFIESTA EN LAS CRIATURAS CON LAS PALABRAS, CON LAS OBRAS Y CON LOS SUFRIMIENTOS, PERO LO QUE LA MANIFIESTA MÁS CLARAMENTE SON LOS SUFRIMIENTOS



               Continuando mi habitual estado (1), me he encontrado rodeada por tres vírgenes, las cuales tomándome querían a viva fuerza crucificarme sobre una cruz, y yo como no veía al Bendito Jesús, temiendo, ponía resistencia, y ellas viendo mi resistencia me han dicho: “Hermana queridísima, no temas que no esté nuestro Esposo, deja que te comencemos a crucificar, que el Señor atraído por la virtud de los sufrimientos vendrá, nosotras venimos del Cielo, y como hemos visto males gravísimos que están por suceder en Europa, para hacer que al menos sucedan más benignos hemos venido a hacerte sufrir”. 

                Mientras tanto me han traspasado con clavos las manos y los pies, pero con tal crudeza de dolor que me sentía morir. Ahora, mientras sufría ha venido el Bendito Jesús, y viéndome con severidad me ha dicho: “¿Quién te ha ordenado ponerte en estos sufrimientos?. Entonces ¿para qué me sirves? ¿Para no poder ni siquiera ser libre de hacer lo que quiero, y para ser un continuo estorbo a Mi Justicia?”. 

               Yo en mi interior decía: “Qué quiere de mí, yo ni siquiera quería, han sido ellas las que me han inducido, y la toma contra mí”. Pero no podía hablar por lo acerbo del dolor; aquellas vírgenes viendo la severidad de nuestro Señor, más me hacían sufrir sacando y volviendo a meter los clavos, y me acercaban a Él mostrándole mis sufrimientos, y cuanto más sufría, más parecía que el Señor se apaciguaba, y cuando lo han visto más apaciguado y casi enternecido por mi sufrir, me han dejado y se han ido, dejándome sola con Nuestro Señor. Entonces Él mismo me asistía y sostenía, y viéndome sufrir, para reanimarme me ha dicho:

               “Hija Mía, Mi Vida se manifiesta en las criaturas con las palabras, con las obras y con los sufrimientos, pero lo que la manifiesta más claramente son los sufrimientos”. 

               Mientras estaba en esto ha venido el Confesor para llamarme a la obediencia, y en parte por los sufrimientos, y en parte porque el Señor no me dejaba, no podía obedecer. Entonces me he lamentado con mi Jesús, diciéndole: “Señor, ¿Cómo es que se encuentra el Confesor a esta hora?. ¿Justo ahora debía venir?” . Y Él: “Hija Mía, déjalo que esté un poco con Nosotros y que participe también en Mis gracias. Cuando uno continuamente frecuenta una casa, participa del llanto y de la risa, de la pobreza y de la riqueza; así es del Confesor, ¿no ha participado de tus mortificaciones y privaciones? Ahora participa de Mi Presencia”. 

               Entonces parecía que le participaba la Fuerza Divina diciéndole: “La Vida de Dios en el alma es la esperanza, y por cuanto esperes, tanto de Vida Divina contienes en ti mismo, y así como la Vida Divina contiene potencia, sabiduría, fortaleza, amor y otras cosas, así el alma se siente regar por tantos arroyos por cuantas son las virtudes divinas, y la Vida Divina crece siempre en ti mismo; pero si no esperas, en lo espiritual, y por lo espiritual participará también lo corporal, la Vida Divina se irá consumiendo hasta apagarse del todo, por eso espera, espera siempre”. 

               Después, con esfuerzo he recibido la Comunión, y después me he encontrado fuera de mí misma y veía tres hombres en forma de tres caballos indómitos que se desenfrenaban en Europa, haciendo tantos estragos de sangre, y parecía que querían envolver como dentro de una red a la mayor parte de Europa en guerras encarnizadas, todos temblaban a la vista de estos diablos encarnados, y muchos quedaban destruidos.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 6, 29 de Abril de 1904 


  1) Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.