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sábado, 31 de enero de 2026

CORRESPONDENCIA A LA GRACIA



                    Después de que Jesús ha venido varias veces, pero siempre en silencio, yo me sentía un vacío y una pena porque no oía la voz dulcísima de mi dulce Jesús y Él, regresando, casi para contentarme me ha dicho: 

                    “La gracia es la vida del alma. Así como al cuerpo le da vida el alma, así la Gracia da vida al alma. Pero al cuerpo no le basta para tener vida el tener sólo al alma, sino que necesita también de un alimento para nutrirse y crecer a debida estatura, así al alma no le basta tener la Gracia para tener vida, sino que necesita un alimento para nutrirla y conducirla a debida estatura, ¿y cuál es este alimento?. Es la Correspondencia. Así que la Gracia y la correspondencia forman esa cadena que la conduce al Cielo, y a medida que el alma corresponde a la gracia, son formados los eslabones de esta cadena”. 

                    Después ha agregado: “¿Cuál es el pasaporte para entrar en el Reino de la Gracia?. Es la Humildad. El alma, mirando siempre su nada y descubriendo que no es otra cosa que polvo, que viento, toda su confianza la pondrá en la Gracia, tanto que la hará dueña, y la Gracia tomando el dominio sobre toda el alma, la conduce por el sendero de todas las virtudes y la hace llegar a la cima de la Perfección”. 

                    ¿Qué será el alma sin gracia?. Me parecía como el cuerpo sin el alma, que se vuelve pestilente y se llena de gusanos y podredumbre por todas partes, tanto que se hace objeto de horror a la misma vista humana; así el alma sin la gracia, se vuelve tan abominable que da horror a la vista, no de los hombres, sino de aquel Dios tres veces Santo. ¡Ah Señor, líbrame de tanta desgracia y del monstruo abominable del pecado!.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 31 de Enero de 1900




jueves, 24 de julio de 2025

VÍNCULOS ENTRE JESÚS Y TODAS LAS ALMAS. CORRESPONDENCIA A LA GRACIA



                    Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús ha venido con una majestad y amor encantadores y me ha hecho ver todas las generaciones, desde el primero hasta el último hombre, cada uno de los cuales estaba vinculado y atado junto con mi dulce Jesús, y era tanta la unión, que parecía que Jesús se multiplicaba para cada una de las criaturas, de modo que cada uno lo tenía todo para sí, y que Jesús daba Su Vida para sufrir cualquier pena y muerte que cada una debía sufrir, para poder decir al Padre Celestial: “Padre Mío, en cada criatura tendrás otros tantos Yo Mismo que Te darán por cada una lo que cada una Te debe”. 

                    Mientras esto veía, mi dulce Jesús me ha dicho: “Hija Mía, ¿quieres también tú aceptar el vínculo de cada ser, a fin de que entre Yo y tú no haya ninguna desemejanza?”. 

                    Yo no sé cómo sentía como si el peso de todos se apoyase sobre mis espaldas, veía mi indignidad y debilidad, y sentía tal repugnancia que me sentía aniquilar, tanto que el Bendito Jesús teniendo compasión de mí me ha tomado entre Sus brazos y me ha estrechado a Su Corazón, haciéndome poner la boca en la herida que lo traspasaba diciéndome: “Bebe hija Mía la Sangre que brota de esta herida para recibir la fuerza que te falta, ánimo, no temas, Yo estaré contigo, dividiremos juntos todo el peso, el trabajo, las penas y las muertes, por eso te digo, sé atenta y fiel, porque Mi Gracia quiere correspondencia, de otra manera se necesita nada para descender. ¿Qué se necesita para abrir y cerrar los ojos?. No se necesita nada, sin embargo qué gran bien lleva el tenerlos abiertos, y que gran mal el tenerlos cerrados, con tenerlos abiertos los ojos se llenan de luz, de sol; con esta luz la mano puede obrar, el pie caminar seguro y sin tropezar, distingue los objetos, si son buenos o malos, reordena las cosas, lee, escribe; ahora, ¿qué se necesita para perder todo este bien?. Cerrar los ojos, entonces la mano no puede obrar, el pie no puede caminar y si camina está sujeto a tropezar, no distingue más los objetos, se reduce a la inhabilidad. Tal es la correspondencia, no es otra cosa que abrir los ojos del alma, y en cuanto los abre se hace luz en la mente, Mi Imagen se refleja en todo lo que va haciendo, copiándome fielmente, de manera que no hace otra cosa que recibir continua luz de Mí, tanto que llega a convertir todo su ser en luz. En cambio la incorrespondencia arroja al alma en las tinieblas y la vuelve inactiva”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 14, 24 de Julio de 1922