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viernes, 4 de septiembre de 2026

ARDORES DEL CORAZÓN DE JESÚS POR LA GLORIA DE LA MAJESTAD DIVINA Y POR EL BIEN DE LAS ALMAS



                    Mi adorable Jesús continúa viniendo, y esta mañana apenas lo he visto sentía un ansia de preguntarle si me había perdonado mis pecados, por eso Le he dicho: “Dulce amor mío, cuánto anhelo oír de Tu boca si me has perdonado mis tantos pecados”. Y Jesús se ha acercado a mi oído, y con Su mirada parecía que escrutase todo mi interior y me ha dicho:

                    “Todo está perdonado y te los perdono, no te queda otra cosa que algunos defectos cometidos por ti inadvertidamente, y también te los perdono”.

                    Después de esto parecía que Jesús se ponía a mis espaldas, y tocándome los riñones con Su mano me los fortificaba. ¿Quién puede decir lo que sentía con aquel toque? Solamente sé decir que sentía un fuego refrigerante, una pureza unida a una fuerza; después que me tocó los riñones le he pedido que hiciera lo mismo al corazón, y Jesús para complacerme ha condescendido, y después me parecía como si Jesús Bendito estuviera cansado por causa mía, y Le he dicho: “Dulce vida mía, estás cansado por causa mía, ¿no es verdad?”.

                    Y Él: “Sí. Al menos sé agradecida por las gracias que te estoy haciendo, porque la gratitud es la llave para poder abrir a placer los Tesoros que Dios contiene; pero debes saber que esto que he hecho te servirá para preservarte de la corrupción, para corroborarte y para disponer tu alma y tu cuerpo a la Gloria Eterna”.

                    Después de esto parecía que me transportase fuera de mí misma y me hacía ver la multitud de las gentes y el bien que podían hacer y no hacen, y por lo tanto la Gloria que Dios debe recibir y no recibe, y Jesús todo afligido ha agregado:

                    “Amada Mía, Mi Corazón arde por el Honor de Mi Gloria y por el bien de las almas. Por todo el bien que omiten, tantos vacíos recibe Mi Gloria, y sus almas aunque no hicieran el mal, no haciendo el bien que podrían hacer son como aquellas habitaciones vacías, que si bien son bellas, pero no hay nada para admirar que atraiga la mirada, y por tanto ninguna gloria recibe el dueño, y si hacen un bien y otro lo omiten, son como aquellas habitaciones todas despobladas, en que apenas algún objeto se descubre sin ningún orden. 

                    Amada Mía, entra a tomar parte de estas penas, de los ardores que Mi Corazón siente por la Gloria de la Majestad Divina y por el bien de las almas, trata de llenar estos vacíos de Mi Gloria, y podrás hacerlo no dejando pasar momento de tu vida que no esté unido con la Mía, esto es, en todas tus acciones, sea oración o sufrimiento, reposo o trabajo, silencio o conversación, tristeza o alegría, aun el alimento que tomes, en suma, en todo lo que te pueda suceder pondrás la intención de darme toda la Gloria que en tales acciones deberían darme y de suplir al bien que deberían hacer y no hacen, intentando repetir la intención por cuanta Gloria no recibo y por cuanto bien omiten. Si esto haces llenarás en algún modo el vacío de la Gloria que debo recibir de las criaturas, y Mi Corazón sentirá un refrigerio a Mis ardores, y por este refrigerio correrán ríos de Gracia en provecho de los mortales, que les infundirán mayor fuerza para hacer el bien”.

                    Después de esto me he encontrado en mí misma.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 4 de Septiembre de 1901



viernes, 8 de mayo de 2026

LAS PENAS DE QUIEN AMA A JESÚS ESTÁN EN CONTINUAS CORRIENTES CON SU CORAZÓN



                    Continuando mi habitual estado (1), el Bendito Jesús se hacía ver como rayo que huye; ahora hacía ver la sombra de Su luz, ahora su mano. Yo sentía una pena indescriptible y Él, acariciándome la cara con su mano me ha dicho: 

                    “Pobre hija, cuánto sufres”. 

                    Y rápidamente se ha retirado. Entonces yo pensaba entre mí: “Tantas veces Jesús me ha dicho que me ama tanto y que sufre mucho cuando me ve sufrir por causa de Su privación, ¿quién sabe cuánto sufra ahora al verme petrificada por el dolor de Su privación?. Entonces para no hacerlo sufrir tanto, quiero hacerme fuerza a mí misma, tratando de estar más contenta, menos oprimida, más atenta en mantener mi vuelo, mi actitud en Su Voluntad, a fin de que le lleve mi beso no amargado, sino pacífico y contento, que no lo entristezca sino lo consuele”. Mientras esto pensaba, ha salido de mi interior todo doliente y con Su Corazón todo herido, y en su centro se veía una herida de la que salía una llamita, y me ha dicho: 

                    “Hija Mía, es cierto que por cuanto más te veo sufrir cuando te privo de Mí, tanto más siento Yo la pena, porque siendo tu pena ocasionada por Mi privación, no es otra cosa que efecto del Amor que tienes por Mí, por lo tanto si tú estas amargada, oprimida, tu latido hace eco en Mi Corazón y siento tu amargura y tu opresión. ¡Ah! si supieras cuánto sufro cuando te veo sufrir por causa Mía, usarías siempre esta cautela, esta atención para no amargarme de más; son las penas de quien más Me ama las que están en continuas corrientes con Mi Corazón. Mira, la herida que ves en el centro de Mi Corazón, de donde brota la llamita, es precisamente la tuya, pero consuélate, porque si Me da sumo dolor, también Me da sumo Amor. Tú quédate tranquila y Yo seguiré adelante en cumplir Mi Justicia, pero no te dejo, volveré frecuentemente, aunque sea como relámpago, no dejaré de hacerte Mis pequeñas visitas”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 14, 8 de Mayo de 1922


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.



sábado, 2 de mayo de 2026

CÓMO JESÚS MORÍA POCO A POCO




                    Encontrándome en mi habitual estado (1), estaba lamentándome con mi dulce Jesús de Sus privaciones diciéndole: “Amor mío, ¿quién podía pensarlo, que Tu privación me debía costar tanto?. Me siento morir poco a poco, cada acto mío es una muerte que siento, porque no encuentro la vida, pero morir y vivir es más cruel aún, más bien, es doble muerte”. Y mi amable Jesús, de carrera ha venido y me ha dicho:

                    “Hija Mía, ánimo y firmeza en todo, o qué, ¿no quieres imitarme?. También Yo moría poco a poco, conforme las criaturas Me ofendían en sus pasos, Yo sentía el desgarro en Mis pies, pero con tal acerbidad de espasmos, capaces de darme la muerte, y mientras me sentía morir no moría; conforme Me ofendían con sus obras Yo sentía la muerte en Mis manos, y por el cruel desgarro Yo agonizaba, Me sentía desfallecer, pero la Voluntad del Padre Me sostenía, moría y no moría; conforme las malas palabras, las blasfemias horrendas de las criaturas se repercutían en Mi voz, Yo Me sentía sofocar, ahogar, amargar la palabra y sentía la muerte en Mi voz, pero no moría. Y Mi desgarrado Corazón conforme palpitaba, sentía en Mi latido las vidas malas, las almas que se arrancaban, y Mi Corazón estaba en continuos desgarros y laceraciones; agonizaba y moría continuamente en cada criatura, en cada ofensa, no obstante el Amor, el Querer Divino, Me obligaban a vivir. He aquí el por qué de tu morir poco a poco, te quiero junto Conmigo, quiero tu compañía en Mis muertes, ¿no estás contenta?”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 12, 2 de Mayo de 1917



1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.





lunes, 5 de enero de 2026

EL SER DIVINO ES LLEVADO POR UNA FUERZA IRRESISTIBLE A COMUNICARSE A LA CRIATURA



                    Me sentía muy amargada, y mi dulce Jesús al venir, estrechándome a Él me ha dicho: 

                    “Hija Mía, tu aflicción pesa sobre Mi Corazón más que si fuera Mía, y no puedo sufrir que tú estés tan afligida, a cualquier costo quiero verte feliz, quiero ver despuntar sobre tus labios de nuevo la sonrisa que contiene la Beatitud de Mi Querer; dime entonces, ¿qué quieres para estar de nuevo feliz?. ¿Será posible que después de tanto tiempo en que tú nada Me has negado, Yo no deba darte lo que tú quieres y hacerte contenta?” 

                    Y yo: “Amor mío, lo que quiero es que me des la gracia de que yo haga siempre, siempre Tu Querer, esto me basta; cuánto temo que esto no hiciera. ¿No es esta la más grande desventura, que no hiciera aún en la más pequeña cosa Tu Voluntad?. Sin embargo Tus propuestas, Tus mismas premuras a esto me inducen, porque veo que no porque sea Tu Voluntad, sino porque quieres hacerme feliz y vaciar mi corazón de la amargura de la cual está como inundado, Tú quieres hacer mi voluntad, ¡ah! Jesús, Jesús, no lo permitas, y si quieres hacerme feliz, a Tu potencia no le faltan otros modos para quitarme de mi aflicción”. 

                    Y Jesús: “Hija Mía, hija Mía, hija de Mi Voluntad, no, no temas, esto no será jamás, que Nuestros quereres queden ni siquiera lesionados, si es necesario un milagro lo haré, pero Nuestros quereres no se desunirán jamás, por eso tranquilízate a este respecto y consuélate. Escucha, Mi Ser es llevado por una fuerza irresistible a comunicarse a la criatura, tengo tantas otras cosas que decirte aún, tantas otras verdades que tú no conoces, y todas Mis verdades llevan la felicidad que cada una posee, y por cuantas verdades el alma conoce, tantas diversas felicidades adquiere. 

                    Ahora, encontrando tu corazón amargado, esas verdades sienten ensombrecida su felicidad y no pueden comunicarse libremente. Yo Soy como un padre feliz que posee la plenitud de toda la Felicidad y que quiere hacer felices a todos sus hijos; ahora, si ve un hijo suyo que verdaderamente lo ama, y lo ve triste, pensativo, a cualquier costo quiere hacer feliz a su hijo y sacarlo de esa situación, y si el padre sabe que esa tristeza es por causa del amor que da al padre, ¡oh! entonces no se da paz y usa todas las artes y hace cualquier sacrificio para hacer feliz a su hijo. Así Soy Yo, y como sé que tu aflicción es por causa Mía, si no te veo regresar de nuevo a tu estado de alegría, y sellada por Mi felicidad, Yo Seré infeliz esperando que vuelvas a los brazos de Mi Felicidad”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 13, 5 de Enero de 1922




viernes, 5 de diciembre de 2025

QUIEN NO RECIBE LOS BIENES DE DIOS ES UN INGRATO. DUDAS Y DIFICULTADES



                    Después de haber escrito lo que está dicho arriba me sentía toda compenetrada y más que nunca aniquilada, y habiéndome puesto a rezar, mi siempre amable Jesús ha venido y estrechándome fuerte a Su Corazón me ha dicho: 

                    “Hija de Mi Querer, ¿por qué no quieres reconocer los dones que tu Jesús quiere darte?. Esta es suma ingratitud. Supón un rey rodeado por sus fieles ministros, y que un pobre joven descalzo, andrajoso, que llevado por amor de ver al rey va al palacio y haciéndose más pequeño de lo que es, por detrás de los ministros mira al rey y luego se esconde temiendo ser descubierto, pero el rey poniendo en él su atención, mientras el muchacho se está agazapado tras los ministros, lo llama, lo conduce aparte; el pequeño tiembla, enrojece, teme ser castigado, pero el rey se lo estrecha al corazón y le dice: “No temas, te he llamado aparte para decirte que quiero elevarte por encima de todos, todos los dones que he dado a mis ministros quiero que tú los superes, no quiero que salgas de mi palacio”. Si el muchacho es bueno aceptará con amor la propuesta del rey, dirá a todos cuán bueno es el rey, lo dirá a los ministros, llamando a todos para agradecer al rey, pero si es ingrato se negará a aceptar diciendo: “¿Qué quieres de mí? Soy un pequeño pobre, andrajoso, descalzo, no son para mí esos dones”. Y guardará en su corazón el secreto de su ingratitud; ¿no es ésta una horrenda ingratitud? ¿Y qué será de este muchacho?. Así eres tú, porque te ves indigna quieres desembarazarte de Mis dones”.  

                    Y yo: 

                    “Amor mío, Tú tienes razón, pero lo que me causa más impresión es que siempre quieres hablar de mí”. 

                    Y Él: 

                    “Es justo, es necesario que hable de ti. ¿Sería correcto que un esposo que quiere casarse con su esposa deba tratar con los otros y no con ella?. Mientras que es necesario que se confíen sus secretos, que uno sepa lo que tiene el otro, que los papás den la dote a estos esposos y que anticipadamente uno se habitúe a los modos del otro”. 

                    Y yo he agregado: 

                    “Dime vida mía, ¿quién es mi familia?. ¿Cuál es mi dote y la tuya?”.

                    Y sonriendo ha continuado:  

                    “Tu familia es la Trinidad. ¿No te acuerdas que en los primeros años de cama te llevé al Cielo, y ante la Trinidad Sacrosanta nos unimos?. Y Ella te dotó de tantos dones que tú misma no los has conocido aún, y conforme te hablo de Mi Querer, de sus efectos y de su valor, son descubiertos los dones con que desde entonces fuiste dotada. 

                    De Mi dote no te hablo, porque lo que es Mío es tuyo. Y además, después de pocos días descendimos del Cielo y las Tres Divinas Personas tomamos posesión de tu corazón y formamos Nuestra perpetua morada; Nosotros tomamos el gobierno de tu inteligencia, de tu corazón, de toda tú, y cada cosa que tú hacías era un desahogo de Nuestra Voluntad Creadora en ti, eran confirmaciones de que tu querer estaba animado de un Querer Eterno. 

                    El trabajo ya está hecho, sólo queda hacerlo conocer para hacer que no sólo tú, sino también otros puedan tomar parte en estos tan grandes bienes, y esto lo estoy haciendo llamando ahora a un ministro Mío, y ahora a otro, y hasta ministros de lugares lejanos para hacerles conocer estas grandes verdades. La cosa es Mía, no tuya, así que déjame hacer; es más, debes saber que cada vez que manifiestas un valor de más de Mi Querer, Me siento tan contento que te amo con amor multiplicado”.

                    Y yo enrojeciendo por mis dificultades he dicho: 

                    “Mi sumo y único Bien, mira cómo me he hecho más mala, antes no tenía dudas en lo que Tú me decías, pero ahora no, cuántas dudas, cuántas dificultades, yo misma no sé de dónde las saco”. 

                    Y Jesús: 

                    “No te aflijas ni siquiera por esto, Soy Yo mismo quien muchas veces suscito estas dificultades para responder no sólo a ti y confirmarte las verdades que te digo, sino para responder a todos aquellos que leyendo estas verdades puedan encontrar dudas y dificultades, y Yo les respondo desde antes, a fin de que puedan encontrar la Luz y la respuesta a todas sus dificultades. Críticas no faltarán, por eso todo es necesario”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 13, 5 de Diciembre de 1921





martes, 2 de diciembre de 2025

LA LLAMITA DE JESÚS



                    Continuando mi habitual estado (1) mi siempre amable Jesús ha venido, y yo me veía a mí misma como una llamita, y esta llamita giraba en torno a mi amado Jesús, y ahora se detenía en la cabeza, ahora en los ojos, ahora entraba en la boca y descendía dentro, hasta lo íntimo de Su Corazón adorable, después salía de Él y giraba, y Jesús se la ponía hasta debajo de Sus pies, y en vez de extinguirse al calor de las plantas divinas se encendía de más y con más velocidad salía de debajo de Sus pies y giraba de nuevo en torno a Jesús, y ahora rezaba con Jesús, ahora amaba, ahora reparaba, en suma, hacía lo que hacía Jesús y con Jesús, esta llamita se hacía inmensa, abrazaba a todos en la oración, no le escapaba ninguno, se encontraba en el amor de todos y por todos amaba, reparaba, suplía por todos y por todo. ¡Oh, cómo es admirable e inenarrable lo que se hace con Jesús!, me faltan las palabras para poder poner en el papel las expresiones de amor y de otras cosas que se hacen con Jesús; la obediencia quisiera, pero la mente se va a lo alto para tomar de Jesús las palabras y desciende a lo bajo, hace por encontrar las expresiones, las palabras del lenguaje natural y no encuentra el camino para sacarlo fuera, por eso no puedo. 

                    Entonces mi amado Jesús me ha dicho:

                    “Hija Mía, tú eres la llamita de Jesús, la llamita puede estar en cualquier parte, puede penetrar en todo, no ocupa lugar, a lo más vive en lo alto y gira, y también es deleitable”. 

                    Y yo: 

                    “Ah Jesús, es muy débil y es fácil de apagarse la llamita, y si se apaga no hay forma de darle nueva vida, así que pobre de mí si llego a apagarme”. 

                    Y Jesús: 

                    “No, no, la llamita de Jesús no se puede apagar, porque su vida es alimentada por el Fuego de Jesús, y las llamitas que tienen Vida de Mi Fuego no están sujetas a muerte, y si mueren, mueren en el mismo Fuego de Jesús. Te he hecho llamita para poder divertirme más contigo, y por la pequeñez de la llamita puedo servirme de ella para hacerla girar continuamente dentro y fuera de Mí y tenerla en cualquier parte que quiera de Mí mismo, en los ojos, en los oídos, en la boca, bajo los pies, donde mejor me plazca”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 10, 2 de Diciembre de 1910


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.



sábado, 29 de noviembre de 2025

QUIEN SALE DE LA DIVINA VOLUNTAD, SALE DE LA LUZ



                    Encontrándome en mi habitual estado estaba rogando a mi siempre amable Jesús, que hoy, como me había prometido la otra vez, que cuando el alma hace siempre Su Voluntad, alguna vez permite que Él haga la voluntad del alma; así que le decía: 

                    “Hoy justamente debes hacer mi voluntad”. 

                    Y Jesús al venir me ha dicho: 

                    “Hija Mía, ¿no sabes tú que el alma saliendo de Mi Voluntad es para ella como un jornada sin sol, sin calor, sin la vida de la actitud divina en ella?” .

                    Y yo: 

                    “Amor mío, el Cielo me guarde de hacer esto, preferiría morir que salir de Tu Voluntad, por eso pon Tu Voluntad en mí y luego dime que: Es Voluntad Mía que hoy Yo haga tu voluntad”. 

                    Y Jesús: 

                    “Ah! traviesa, está bien, te contento, te tendré Conmigo hasta que quiera, y después Yo mismo te dejaré libre”. 

                    ¡Oh, cómo he quedado contenta de que sin hacer mi voluntad, Jesús, fundiendo Su Voluntad a la mía, haciendo la Suya hacía la mía!.

                    Después, mi amable Jesús se ha entretenido conmigo y parecía que mojaba la punta de Su dedo en Su Preciosísima Sangre y lo pasaba por la frente, los ojos, la boca, el corazón, y después me ha besado. Yo al verlo tan afectuoso y dulce he tratado de chupar de Su boca las amarguras que contenía Su Corazón, como lo hacía antes, pero Jesús rápidamente se ha alejado un poco y me hacía ver un envoltorio que tenía en las manos, lleno de otros flagelos y me ha dicho: 

                    “Mira cuantos otros flagelos hay para verter sobre la tierra, por eso no derramo en ti. Los enemigos han preparado todos los planos internos para hacer revoluciones, ahora no queda otra cosa que terminar de preparar los planos externos. ¡Ah, hija Mía, cómo Me duele el Corazón, no tengo con quien desahogar Mi dolor, por eso quiero desahogarlo contigo!. Tú tendrás paciencia para oírme hablar frecuentemente de cosas tristes; sé que tú sufres por esto, pero es el Amor el que a esto Me empuja. El Amor quiere hacer saber sus penas a la persona amada; casi no sabría estar si no viniera a desahogarme contigo”. 

                    Yo me sentía mal al ver a Jesús tan amargado, sentía Sus penas en mi corazón, y Jesús para darme alivio me ha dado a beber pocos sorbos de una leche dulcísima, y después ha agregado: 

                    “Yo me retiro y te dejo libre”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 12, 29 de Noviembre de 1918



miércoles, 1 de octubre de 2025

JESÚS HABLA CON AMARGURA DE LOS ABUSOS DE LOS SACRAMENTOS



                    Esta mañana Jesús seguía haciéndose ver en silencio, pero con un aspecto afligidísimo, y tenía clavada en la cabeza una tupida corona de espinas; mis potencias interiores las sentía en silencio y no se atrevían a decir una sola palabra; viendo que sufría mucho en la cabeza he extendido mis manos y poco a poco le he quitado la corona, pero, ¡qué acerbo espasmo sufría, cómo se abrían las heridas y la sangre corría a ríos! A decir verdad era cosa que desgarraba el alma. 

                    Después de haberle quitado la corona de espinas la he puesto sobre mi cabeza, y Él mismo ayudaba a que penetrara bien, pero todo era silencio por ambas partes. Pero cuál ha sido mi asombro, porque poco después lo he mirado de nuevo y le estaban poniendo otra corona de espinas con las ofensas que le hacían. ¡Oh perfidia humana!. ¡Oh incomparable paciencia de mi Jesús, cuán grande eres!. Y Jesús callaba y casi no los veía para no saber quiénes eran sus ofensores. 

                    Entonces de nuevo se la he quitado, y avivándose todas mis potencias interiores por una tierna compasión, le he dicho: “Amado Bien mío, dulce vida mía, ¿dime por qué no me dices nada?. No ha sido jamás Tu costumbre esconderme Tus secretos. ¡Ah!, hablemos un poco, así desahogaremos un poco el dolor y el amor que nos oprime”. 

                    Y Él: “Hija Mía, tú eres el alivio en Mis penas. Sin embargo debes saber que no te digo nada porque tú Me obligas siempre a no castigar a las gentes, quieres oponerte a Mi Justicia, y si no hago como tú quieres quedas descontenta y Yo siento una pena de más, o sea el no tenerte contenta, así que para evitar disgustos por ambas partes mejor hago silencio”. 

                    Y yo: “Mi buen Jesús, ¿acaso has olvidado cuánto sufres Tú mismo después de que has usado la Justicia?. El verte sufrir en las criaturas es lo que me decide a forzarte para que no castigues a la gente. Y además, ese ver a las mismas criaturas volverse contra Ti como tantas víboras venenosas, que si estuviera en su poder ya Te hubieran quitado la vida, porque se ven bajo Tus flagelos, y así irritan más Tu Justicia, no me da valor para decir Fiat Voluntas Tua”. 

                    Y Él: “Mi Justicia no puede seguir más allá; Me siento herir por todos, por Sacerdotes, por devotos, por seglares, especialmente por el abuso de los Sacramentos: quien no les presta ninguna atención, agregando los desprecios; quienes frecuentándolos, de ellos hacen una plática de placer, y quien no estando satisfecho en sus caprichos, llega por esto a ofenderme. ¡Oh! cómo queda desgarrado Mi Corazón al ver reducidos los Sacramentos como aquellas cuadros pintados, o como aquellas estatuas de piedra que de lejos parecen vivas, pero si se acerca uno se comienza a descubrir el engaño; y entonces si se hace por tocarlas, ¿qué cosa se encuentra?. Papel, piedra, madera, objetos inanimados, y se queda desengañado del todo. Así son reducidos los Sacramentos, para la mayor parte no hay otra cosa que la sola apariencia y quedan más sucios que limpios. 

                    Y además, el espíritu de interés que reina en los Religiosos, es para llorar, ¿no te parece que son todo ojos ahí donde hay una miserable ganancia, hasta llegar a envilecer su dignidad?. Pero donde no está el interés no tienen manos ni pies para moverse ni siquiera un poquito. Este espíritu de interés les llena tanto el interior, que desborda al exterior y hasta los mismos seglares sienten la peste, y escandalizados no tienen fe en sus palabras. ¡Ah sí, ninguno deja de ofenderme!; hay quien Me ofende directamente, y quien, pudiendo impedir tanto mal, no se preocupa en hacerlo, así que no tengo a quién dirigirme. Pero Yo los castigaré de manera de hacerlos inútiles, y a quién destruiré perfectamente, llegarán a tanto, que quedarán desiertas las iglesias, sin tener quien administre los Sacramentos”.

                    Interrumpiendo su decir, toda espantada he dicho: “Señor, ¿qué dices?. Si hay quienes abusan de los Sacramentos, también hay muchas hijas buenas que los reciben con las debidas disposiciones y sufren mucho si no los frecuentan”. 

                    Y Él: “Demasiado escaso es su número, y además su pena por no poder recibirlos, servirá como una reparación a Mí y para ser víctimas por aquellos que abusan”. 

                    ¿Quién puede decir cómo he quedado herida por este hablar de Jesús Bendito?. Pero espero que quiera aplacarse por Su Infinita Misericordia.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 1 de Octubre de 1899



domingo, 28 de septiembre de 2025

JESÚS ES LUZ Y TODO LO QUE DE ÉL SALE ES LUZ, QUE DIFUNDIÉNDOSE EN MEDIO DE TODAS LAS CRIATURAS SE SUSTITUYE COMO VIDA DE CADA UNA DE ELLAS



                    Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús se hacía ver junto a mí, con el Corazón todo en llamas, y de cada latido que daba Su Corazón salía una luz, estas luces me circundaban toda y se difundían sobre toda la Creación. Yo he quedado sorprendida, y Jesús me ha dicho: “Hija Mía, Yo Soy Luz Eterna, y todo lo que sale de Mí es luz, así que no es solamente Mi latido el que emana luz, sino cada pensamiento Mío, respiro, palabra, paso, cada gota de Mi Sangre es luz que se desprende de Mí, y que difundiéndose en medio de todas las criaturas, se sustituye como vida de cada una de ellas, queriendo la correspondencia de sus pequeñas luces, porque también ellas son luz, pues también ellas han salido de dentro de Mi Misma luz, pero el pecado convierte en tinieblas el obrar de la criatura.

                    Hija Mía, amo tanto a la criatura, que la concebí en Mi aliento y la parí sobre Mis rodillas, para hacerla reposar sobre Mi Seno y tenerla al seguro, pero la criatura Me huye, y Yo, no sintiéndola en Mi aliento ni encontrándola sobre Mis rodillas, Mi aliento la llama continuamente, y Mis rodillas están cansadas de esperarla y la voy buscando por todas partes para tenerla Conmigo de regreso. ¡Ah, en qué estrecheces de dolor y de amor Me ponen las criaturas!”.

                    Después de esto, habiendo yo oído hablar de la humildad, estoy convencida de que esta virtud no existe en mí, ni yo pienso en ella jamás; y al venir mi dulce Jesús le he dicho mi pena, y Él me ha dicho: 

                    “Hija Mía, no temas, Yo te he crecido en el mar, y quien vive en el mar no se entiende de la tierra. Si se quisiera preguntar a los peces cómo es la tierra, cómo son sus frutos, las plantas, las flores, si tuvieran razón responderían: “Nosotros hemos nacido en el mar, vivimos en el mar, el agua nos nutre, y si los demás quedarían ahogados en él, nosotros nos movemos en él y él nos da la vida, y si a los demás seres les helaría la sangre en las venas, a nosotros nos da el calor, el mar es todo para nosotros, nos sirve de habitación, de cama, paseamos en él, somos los únicos seres afortunados que no debemos fatigarnos para encontrar el alimento; lo que queremos, todo está pronto a nuestra disposición, así que podemos platicar del mar, no de la tierra; el agua nos sirve para todo y en ella encontramos todo”. 

                    Pero si en cambio se les preguntara a los pájaros, éstos responderían: “Conocemos las plantas, la altura de los árboles, las flores, los frutos; dirían cuántas fatigas pasan para encontrar una semilla para alimentarse, un escondite para protegerse del frío, de la lluvia”. Similitud del mar es para quien vive en Mi Voluntad; similitud de la tierra es para quien camina por el camino de las virtudes. Por eso viviendo tú en el Mar de Mi Voluntad, no es maravilla el que sólo Mi Voluntad te baste para todo; si el agua sirve y hace tantos oficios diversos a los peces: de alimento, de calor, de lecho, de habitación, de todo, mucho más lo puede hacer y en modo más admirable Mi Voluntad, es más, en Mi Voluntad las virtudes son en el grado más heroico y divino. 

                    Mi Voluntad absorbe todo y licua todo en Sí, y el alma queda absorbida en Mi Voluntad, de Ella se alimenta, en Ella camina, sólo a Ella conoce y le basta para todo, se puede decir que entre todas las criaturas es la única afortunada que no debe mendigar un pan, no, sino que el agua de Mi Voluntad la inunda por encima, por debajo, a la derecha, a la izquierda, y si quiere el alimento come, si quiere la fuerza la encuentra, si quiere dormir encuentra la cama más suave para reposarse, todo está pronto y a su disposición”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 13, 28 de Septiembre de 1921



viernes, 26 de septiembre de 2025

TODAS LAS PENAS QUE JESÚS SUFRIÓ EN SU PASIÓN FUERON TRIPLES. ESTO NO FUE CASUAL, SINO QUE TODO FUE PARA RESTITUIR COMPLETA LA GLORIA DEBIDA AL PADRE, LA REPARACIÓN QUE LE DEBÍAN LAS CRIATURAS, Y EL BIEN QUE MERECÍAN LAS MISMAS CRIATURAS



                    Encontrándome en mi habitual estado, oía una voz que me decía: “Hay una luz que cualquiera que se acerque a ella puede encender cuantas lámparas quiera, y estas lámparas sirven para hacer corona de honor a la luz, y dar luz a quien las enciende”. 

                    Yo decía para mí: “Qué bella luz es ésta, que tiene tanta luz y tanta potencia, que mientras da a los demás cuanta luz quieren, ella siempre queda lo que es, sin empobrecer en luz; ¿pero quién será aquél que la tiene?” 

                    Mientras esto pensaba, he oído que me decían: “La luz es la Gracia y la tiene Dios, y el acercarse significa la buena voluntad del alma de hacer el bien, porque cuantos bienes se quieren tomar de la Gracia, se toman, y las lámparas que se forman son las diversas virtudes, que mientras dan Gloria a Dios dan luz al alma”. 

                    Después de esto, en cuanto he visto al Bendito Jesús me ha dicho: “Hija Mía; y esto porque estaba pensando que Nuestro Señor no sólo una vez, sino por tres veces se hizo coronar de espinas, y cómo aquellas espinas quedaban rotas dentro de la cabeza, y al clavarla de nuevo, más adentro entraban las que ya estaban”, y yo decía: “Dulce amor mío, ¿y por qué por tres veces quisiste sufrir tan doloroso martirio? ¿No bastaba una vez para pagar tantos malos pensamientos nuestros?” 

                    Así que me ha dicho: “Hija Mía, no sólo la coronación de espinas fue triple, sino casi todas las penas que sufrí en Mi Pasión fueron triples. Triples fueron las tres horas de la agonía del Huerto; triple fue la flagelación, flagelándome con tres diferentes flagelos; tres veces me desnudaron; por tres veces fui condenado a muerte: de noche, de madrugada, y en pleno día; tres fueron las caídas bajo la Cruz; tres los clavos; tres veces Mi Corazón derramó sangre, esto es, en el Huerto por sí mismo; de su propio centro en el acto de la Crucifixión cuando fui estirado sobre la Cruz, tanto, que todo Mi cuerpo quedó dislocado y Mi Corazón se destrozó dentro, y derramó sangre; y después de Mi Muerte cuando con una lanza Me fue abierto el Costado; triples las tres horas de la agonía sobre la Cruz. Si todo se quisiera examinar, ¡oh! cuántas cosas triples se encontrarían. Esto no fue por casualidad, sino que todo fue por el Orden Divino, y para completar la Gloria debida al Padre, la reparación que se le debía por parte de las criaturas, y merecer el bien para las mismas criaturas, porque el don más grande que la criatura ha recibido de Dios, ha sido el crearla a Su imagen y semejanza, y dotarla con tres potencias, Inteligencia, Memoria y Voluntad, y no hay culpa que cometa la criatura en que estas tres potencias no concurran, y por eso mancha, estropea la bella imagen divina que contiene en sí misma, sirviéndose del don para ofender al donador; y Yo para rehacer de nuevo esta imagen divina en la criatura, y para dar toda aquella Gloria que la criatura le debía a Dios, he concurrido con toda Mi Inteligencia, Memoria y Voluntad, y en modo especial en estas cosas triples sufridas por Mí, para volver completa tanto la Gloria que se debía al Padre, como el bien que era necesario a las criaturas”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 6, 26 de Septiembre de 1904




viernes, 19 de septiembre de 2025

JESÚS HABLA DE LA FE, DE LA ESPERANZA Y LA CARIDAD



                    Encontrándome esta mañana un poco turbada, especialmente por el temor de que no sea Jesús quien viene sino el demonio, y de que mi estado no sea Voluntad de Dios, mientras me encontraba en esta agitación, ha venido mi adorable Jesús y me ha dicho: “Hija Mía, no quiero que pierdas el tiempo, pensando en esto tú te distraes de Mí y me haces faltar el alimento para nutrirme, lo que quiero es que pienses solamente en amarme y en estarte toda abandonada en Mí, así me prepararás un alimento muy agradable, y no de vez en cuando como harías si continuases haciendo así, sino continuamente. ¿Y no sería esto tu grandísimo contento, que tu voluntad, con estar abandonada en Mí y con el amarme, fuese alimento para Mí, tu Dios?”.

                    Después de esto me ha hecho ver Su Corazón y dentro tenía tres globos de luz distintos, que después formaban uno solo, y Jesús volviendo a hablar me ha dicho:  “Los globos de luz que ves en Mi Corazón son la Fe, la Esperanza y la Caridad, que traje a la tierra para hacer feliz al hombre sufriente, ofreciéndoselos en don; ahora, también a ti te quiero hacer un don más especial”. 

                    Y mientras así decía, de aquellos globos de luz salían como tantos hilos de luz que inundaban mi alma, formando como una especie de red, y yo quedaba dentro. Y Jesús: “Mira en lo que quiero que ocupes tu alma: primero vuela con las alas de la Fe y sumergiéndote en esa Luz conocerás y adquirirás siempre nuevas noticias de Mí, tu Dios, pero al conocerme más tu nada se sentirá casi dispersa, y no tendrás donde apoyarte. Pero tú elévate más y arrojándote en el mar inmenso de la Esperanza, el cual son todos Mis Méritos que adquirí en el curso de Mi vida mortal, y todas las penas de Mi Pasión que también de ellas hice don al hombre, y sólo por medio de estos puedes esperar los bienes inmensos de la Fe, porque no hay otro medio para poderlos obtener. Entonces, sirviéndote de estos Mis Méritos como si fuesen tuyos, tu nada no se sentirá más dispersa y hundida en el abismo de la nada, sino que adquiriendo nueva vida quedará embellecida, enriquecida en modo tal de atraerse las mismas miradas divinas; y entonces no más tímida, sino que la Esperanza le suministrará el valor, la fuerza, de modo de volver al alma estable como columna, expuesta a todas las inclemencias del aire, como son las diferentes tribulaciones de la vida, que no la moverán nada, y la Esperanza hará que el alma no sólo se sumerja sin temor en las inmensas riquezas de la Fe, sino que se volverá dueña y llegará a tanto con la Esperanza, de hacer suyo al mismo Dios. 

                    ¡Ah! sí, la Esperanza hace llegar al alma hasta donde quiere, la Esperanza es la Puerta del Cielo, así que sólo por su medio se abre, porque quien todo espera, todo obtiene. Entonces el alma, cuando haya llegado a hacer suyo al mismo Dios, súbito, sin ningún obstáculo se encontrará en el océano inmenso de la Caridad, y ahí llevando consigo la Fe y la Esperanza, se sumergirá dentro y hará una sola cosa Conmigo, su Dios”.

                    El amantísimo Jesús continúa diciendo: “Si la Fe es el rey y la Caridad es la reina, la Esperanza es como madre pacificadora que pone paz en todo, porque con la Fe y la Caridad puede haber tribulaciones, pero la Esperanza, siendo vínculo de paz, convierte todo en paz. La Esperanza es sostén, la Esperanza es alivio, y cuando el alma elevándose con la Fe ve la belleza, la santidad, el amor con el cual es amada por Dios, se siente atraída a amarlo, pero viendo su insuficiencia, lo poco que hace por Dios, el cómo debería amarlo y no lo ama, se siente desconsolada, turbada y casi no se atreve a acercarse a Dios; entonces, enseguida sale esta madre pacificadora de la Esperanza, y poniéndose en medio de la Fe y la Caridad comienza a hacer su oficio de poner paz, así que pone en paz de nuevo al alma, la empuja, la eleva, le da nuevas fuerzas y llevándola ante el rey de la Fe y la reina de la Caridad, excusa al alma, pone ante el alma nueva efusión de sus méritos y les pide que la quieran recibir, y la Fe y la Caridad, teniendo en la mira sólo a esta madre pacificadora, tan tierna y llena de compasión, reciben al alma y Dios forma la delicia del alma, y el alma la delicia de Dios”. 

                    ¡Oh Santa Esperanza, cómo eres admirable! Yo me imagino ver al alma que es poseída por esta bella Esperanza, como un noble viajero que camina para ir a tomar posesión de unas tierras que formarán toda su fortuna, pero como es desconocido y viaja por tierras que no son suyas, quién lo escarnece, quién lo insulta, quién lo despoja de sus vestidos y quién llega hasta golpearlo y a amenazarlo con quitarle la piel, ¿y el noble viajero qué hace en todas estas dificultades? ¿Se turbará? ¡Ah, no, jamás!, más bien no tomará en cuenta a aquellos que le hacen todo esto, y conociendo bien que mientras más sufrirá, tanto más será honrado y glorificado cuando llegue a tomar posesión de sus tierras, por eso él mismo incita a la gente para que lo atormenten más. 

                    Pero él siempre está tranquilo, goza la más perfecta paz, y en medio de estos insultos está tan calmado, que mientras los demás están despiertos a su alrededor, él está durmiendo en el seno de su suspirado Dios. ¿Quién suministrará a este viajero tanta paz y tanta firmeza para seguir el viaje emprendido? Ciertamente la esperanza de los bienes eternos que serán suyos, y así superará todo para tomar posesión de ellos. Ahora pensando que son suyos, viene a amarlos, y he aquí que la Esperanza hace nacer la Caridad.  

                    ¿Quién puede decir lo que Jesús Bendito me hace ver con aquella luz? Hubiera querido pasarlo en silencio, pero veo que la señora obediencia dejando el vestido amigable, toma el aspecto de guerrero y toma sus armas para hacerme guerra y herirme. ¡Ah, no te armes tan pronto!, deja tus garras, estate tranquila, que por cuanto pueda haré como tú dices, y así permaneceremos siempre amigas.  

                    Ahora, cuando el alma se pone en el extensísimo mar de la Caridad, prueba delicias inefables, goza alegrías inenarrables a un alma mortal. Todo es amor; sus suspiros, sus latidos, sus pensamientos, son tantas voces sonoras que hace resonar en torno a su amadísimo Dios, voces todas de amor que lo llaman a ella, de modo que Dios Bendito, atraído, herido por estas voces amorosas, le corresponde, y sucede que los suspiros, los latidos y todo el Ser Divino llaman continuamente al alma hacia Dios.  

                    ¿Quién puede decir cómo queda herida el alma por estas voces? ¿Cómo comienza a delirar como si tuviera fiebre altísima, cómo corre como enloquecida y va a arrojarse en el amoroso Corazón de su Amado para encontrar refrigerio y a torrentes chupa las delicias divinas? Ella queda ebria de amor, y en su embriaguez entona cantos todos amorosos a su Esposo dulcísimo. ¿Pero quién puede decir todo lo que pasa entre el alma y Dios? ¿Quién puede decir algo sobre esta Caridad que es Dios mismo?  

                    En este momento veo una luz grandísima y mi mente ahora queda asombrada, ahora se fija en un punto, ahora en otro, y hago por ponerlo en el papel pero me siento balbuceante al explicarlo. Así que no sabiendo qué hacer, por ahora hago silencio; y espero que la señora obediencia por esta vez quiera perdonarme, pues si ella quiere enojarse conmigo, esta vez no tiene tanta razón, porque la culpa es suya, porque no me da una lengua ágil para saber decirlo. ¿Ha comprendido, reverendísima obediencia? Quedamos en paz, ¿no es verdad?


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 19 de Septiembre de 1899



sábado, 30 de agosto de 2025

JESÚS LE HACE VER EL ESTADO LAMENTABLE DEL MUNDO



                    Esta mañana mi amado Jesús me ha transportado fuera de mí misma y me ha hecho ver la decadencia de la religión en los hombres y un preparativo de guerra. Yo le he dicho: “¡Oh Señor, en qué estado tan lamentable se encuentra el mundo en estos tiempos en cuanto a la Religión!. Parece que el mundo no reconoce más a Aquel que ennoblece al hombre y lo hace aspirar a un fin eterno, pero lo que más hace llorar, es que parte de aquellos mismos que se dicen religiosos, que deberían poner la propia vida para defender la Religión y hacerla resurgir, la ignoran”. 

                    Y Jesús, tomando un aspecto afligidísimo me ha dicho: 

                    “Hija Mía, esta es la causa de que el hombre viva como bestia, porque ha perdido la Religión; pero tiempos más tristes vendrán para el hombre en castigo de la ceguera en la cual él mismo se ha sumergido, tanto, que se Me oprime el Corazón al verlo. Pero la sangre hará revivir esta Santa Religión, esta sangre que haré derramar por toda clase de gente, por seglares y religiosos, regará al resto de las gentes que viven como salvajes, y civilizándolas les restituirá de nuevo su nobleza. He aquí la necesidad de que la sangre se derrame y que las mismas iglesias queden casi abatidas, para hacer que regresen de nuevo y existan con su primer brillo y esplendor”. 

                    ¿Pero quién puede decir el desgarro cruel que harán en los tiempos por venir?. Lo paso en silencio porque no lo recuerdo bien y no lo veo tan claro; si el Señor quiere que lo diga me dará más claridad y entonces tomaré de nuevo la pluma sobre este argumento, por eso, por ahora pongo punto.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 30 de Agosto de 1899




viernes, 29 de agosto de 2025

ADOREMOS LAS LLAGAS DE NUESTRO SEÑOR JUNTO CON LA PURÍSIMA VIRGEN MARÍA


                    Estaba escribiendo las Horas de la Pasión, y pensaba para mí: « ¡Cuántos sacrificios al escribir estas benditas Horas de la Pasión, especialmente al poner en papel ciertos actos internos que habían ocurrido sólo entre Jesús y yo! ¿Cuál será la recompensa que él me dará?».

                    Y Jesús, haciéndome escuchar su voz tierna y dulce, me dijo: «Hija Mía, como recompensa por haberlas escrito, por cada palabra que has escrito te daré un alma, un beso».

                    Y yo: «Amor mío, esto para mí; y a los que las hagan, ¿qué les darás?». 

                    Y Jesús: «Si las hacen junto Conmigo y con Mi Misma Voluntad, por cada palabra que repitan les daré un alma, porque toda la mayor o menor eficacia de estas Horas de Mi Pasión está en la mayor o menor unión que tengan Conmigo. Y haciéndolas con Mi Voluntad, la criatura se esconde en Mi Voluntad, y obrando Mi Voluntad puedo hacer todos los bienes que quiero, aun por medio de una sola palabra. Y esto, cada vez que las hagan».


Del "Libro de Cielo", revelaciones de Nuestro Señor a Luisa Piccarreta


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               Oh Jesús, junto con Tu Madre Te beso el pie izquierdo suplicándote que quieras perdonarme a mí y a todas las criaturas por todas las veces que no hemos caminado hacia Dios. 

               Beso Tu pie derecho pidiéndote me perdones a mí y a todas las criaturas por todas las veces que no hemos seguido la perfección que Tú querías de nosotras.

              Beso Tu mano izquierda pidiéndote nos comuniques Tu pureza. 

               Beso Tu mano derecha pidiéndote me bendigas todos mis latidos, mis pensamientos, los afectos, para que recibiendo el valor de Tu bendición sean todos santificados. Y bendiciéndome a mí bendice también a todas las criaturas y con Tu bendición sella la salvación de sus almas.

               Oh Jesús, junto con Tu Madre Te abrazo y besándote el Corazón Te ruego que pongas en medio de Vuestros dos Corazones el mío para que se alimente continuamente de Vuestros amores, de Vuestros dolores, de Vuestros mismos afectos y deseos, en suma, de Vuestra misma Vida. Así sea. 


Extraído de “Las Horas de la Pasión”, de las Revelaciones 
de Nuestro Señor a Luisa Piccarreta. Primera Hora




jueves, 24 de julio de 2025

VÍNCULOS ENTRE JESÚS Y TODAS LAS ALMAS. CORRESPONDENCIA A LA GRACIA



                    Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús ha venido con una majestad y amor encantadores y me ha hecho ver todas las generaciones, desde el primero hasta el último hombre, cada uno de los cuales estaba vinculado y atado junto con mi dulce Jesús, y era tanta la unión, que parecía que Jesús se multiplicaba para cada una de las criaturas, de modo que cada uno lo tenía todo para sí, y que Jesús daba Su Vida para sufrir cualquier pena y muerte que cada una debía sufrir, para poder decir al Padre Celestial: “Padre Mío, en cada criatura tendrás otros tantos Yo Mismo que Te darán por cada una lo que cada una Te debe”. 

                    Mientras esto veía, mi dulce Jesús me ha dicho: “Hija Mía, ¿quieres también tú aceptar el vínculo de cada ser, a fin de que entre Yo y tú no haya ninguna desemejanza?”. 

                    Yo no sé cómo sentía como si el peso de todos se apoyase sobre mis espaldas, veía mi indignidad y debilidad, y sentía tal repugnancia que me sentía aniquilar, tanto que el Bendito Jesús teniendo compasión de mí me ha tomado entre Sus brazos y me ha estrechado a Su Corazón, haciéndome poner la boca en la herida que lo traspasaba diciéndome: “Bebe hija Mía la Sangre que brota de esta herida para recibir la fuerza que te falta, ánimo, no temas, Yo estaré contigo, dividiremos juntos todo el peso, el trabajo, las penas y las muertes, por eso te digo, sé atenta y fiel, porque Mi Gracia quiere correspondencia, de otra manera se necesita nada para descender. ¿Qué se necesita para abrir y cerrar los ojos?. No se necesita nada, sin embargo qué gran bien lleva el tenerlos abiertos, y que gran mal el tenerlos cerrados, con tenerlos abiertos los ojos se llenan de luz, de sol; con esta luz la mano puede obrar, el pie caminar seguro y sin tropezar, distingue los objetos, si son buenos o malos, reordena las cosas, lee, escribe; ahora, ¿qué se necesita para perder todo este bien?. Cerrar los ojos, entonces la mano no puede obrar, el pie no puede caminar y si camina está sujeto a tropezar, no distingue más los objetos, se reduce a la inhabilidad. Tal es la correspondencia, no es otra cosa que abrir los ojos del alma, y en cuanto los abre se hace luz en la mente, Mi Imagen se refleja en todo lo que va haciendo, copiándome fielmente, de manera que no hace otra cosa que recibir continua luz de Mí, tanto que llega a convertir todo su ser en luz. En cambio la incorrespondencia arroja al alma en las tinieblas y la vuelve inactiva”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 14, 24 de Julio de 1922