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martes, 24 de febrero de 2026

EL ALMA QUE HACE LA DIVINA VOLUNTAD PIERDE SU TEMPERAMENTO, Y ADQUIERE EL TEMPERAMENTO DE JESÚS. SONRISA DE JESÚS

 


                    Habiendo visto varias almas alrededor de Jesús, especialmente una muy sensible, Jesús me ha dicho:

                    “Hija Mía, las almas de temperamento sensible, si se ponen al bien, hacen más progreso que las otras, porque su sensibilidad las lleva a empresas grandes y arduas”. 

                    Yo le he rogado que le quitara ese resto de sensibilidad humana que le quedaba, que la estrechara más a Él, que le dijera que la amaba, pues al oírse decir que la amaba la conquistaría del todo; verás que lo lograrás, ¿no me has vencido a mí así, diciéndome que me amabas tanto, tanto?. Y Jesús: 

                    “Sí, sí, lo haré, pero necesito su cooperación, necesito que huya cuanto más pueda de las personas que le excitan la sensibilidad”. 

                    Entonces yo he agregado: “Amor mío, dime, y mi temperamento, ¿cuál es?”. Y Jesús: 

                    “Quien vive en Mi Voluntad pierde su temperamento y adquiere el Mío. Así que en el alma que hace Mi Voluntad se descubre un temperamento afable, atrayente, penetrante, digno y a la vez sencillo, de una sencillez infantil, en suma, Me asemeja en todo. Más bien, más todavía, tiene en su poder el temperamento como lo quiere y como se necesita, pues como vive en Mi Voluntad toma parte en Mi Potencia, por lo tanto tiene las cosas y a sí misma a su disposición, así que según las circunstancias y las personas con las que trata, toma Mi temperamento y lo desarrolla”.  

                    Y yo: “Dime, ¿me das un primer puesto en Tu Querer?”. 

                    Jesús sonriendo: “Sí, sí, te lo prometo, de Mi Voluntad no te haré salir jamás, y tomarás y harás lo que quieras”.  

                    Y yo: “Jesús, quiero ser pobre, pobre y pequeña, pequeña; de Tus mismas cosas no quiero nada, mejor que las tengas Tú mismo, yo sólo te quiero a Ti, y conforme necesite las cosas Tú me las darás, ¿no es verdad, ¡oh! Jesús?”. Y Jesús: 

                    “Bravo, bravo a Mi hija, finalmente he encontrado una que no quiere nada; todos quieren alguna cosa de Mí, pero no el Todo, esto es, a Mí Mismo; en cambio tú, con no querer nada has querido todo, y aquí está toda la fineza y la astucia del verdadero Amor”.  

                    Yo he sonreído y Jesús ha desaparecido.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 11, 24 de Febrero de 1912