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sábado, 24 de enero de 2026

LA DIVINA VOLUNTAD ES MADRE DE TODAS LAS VOLUNTADES HUMANAS. EN LA DIVINA VOLUNTAD NO HAY MUERTES




                    Me sentía abandonada por el Cielo y por la tierra, y pensaba entre mí que Jesús me había dicho hace ya mucho tiempo, que yo debía vivir en el duro exilio de la vida como si no existiera nadie más que Jesús y yo, todos debían desaparecer de mi mente y de mi corazón. Y ahora, después de que todo me ha desaparecido y habituada a vivir sólo con Jesús, también Él ha huido dejándome sola en poder de amarguras indecibles en el duro estado de aislamiento. ¡Oh! Dios, qué pena, ten piedad de mí, regresa a quien siente necesidad de tu Vida más que de la vida propia. Ahora, mientras esto pensaba y otras cosas más desgarradoras aún, que sería demasiado largo el decirlas, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior, y suspirando me ha dicho:

                    “Hija de Mi Supremo Querer, ánimo en tu aislamiento, éste sirve como compañía a Mi Voluntad abandonada por las criaturas; el dolor de su aislamiento, ¡oh, cómo es más duro que el tuyo!. Mi Voluntad es la Madre de todas las voluntades de las criaturas, Ella, como Madre ternísima se ha quedado en el centro de la Creación para dar a luz a las voluntades humanas y tenerlas todas en torno a Ella, subirlas sobre Sus rodillas, nutrirlas con la leche de Sus enseñanzas celestiales y hacerlas crecer a Su semejanza, dándoles toda la Creación donde entretenerse, y como Mi Voluntad es centro de cada cosa creada, a cualquier parte que las criaturas fueran, Ella como centro de cada cosa les estaría más que madre afectuosa siempre cerca, para no hacerles faltar jamás Sus cuidados maternos y para no dejarlas descender de Su nobleza y semejanza. Pero, ¡ay de Mí! Estas hijas, estas voluntades humanas paridas por esta Madre Celestial de Mi Voluntad, despreciando y no apreciando todos los cuidados maternos, Su amor, Sus ternuras y premuras, a pesar de que Ella está junto a ellas, las voluntades humanas están lejanas de esta Madre, muchas ni siquiera la conocen, otras la desprecian y hacen de Ella mofa. 

                    Pobre Madre que es Voluntad, en medio de tantas hijas paridas por Ella queda aislada, abandonada, y mientras todas toman de lo suyo para vivir, se sirven de todo para crecer a Su desemejanza y para ofenderla; ¿se puede dar dolor más grande para una madre que el abandono de sus propios hijos, no ser conocida por el parto de sus propias entrañas, y cambiándose en enemigas ofendan a Aquélla que las ha dado a luz?. Por eso el dolor del aislamiento de Mi Voluntad es grande e inconcebible. Por eso tu aislamiento sea la compañía de esta Madre aislada, que llora y busca a Sus hijas, que por cuanto llora, grita y llama a Sus hijas con las voces más tiernas, con las lágrimas más amargas, con los suspiros más ardientes y con las voces más fuertes de castigos, estas hijas ingratas se están lejanas del seno de Aquélla que las ha generado. Hija Mía, ¿no quieres tomar parte, como verdadera hija fiel de Mi Voluntad, en Su dolor y en Su aislamiento?”

                    Después me he puesto a hacer la adoración a mi Crucificado Jesús, y delante de mi mente pasaba una larga fila de soldados, todos armados, que no terminaba jamás. Yo habría querido pensar en mi Crucificado Jesús y ya no ver soldados, pero a pesar mío me veía obligada a ver estos soldados armados. Entonces pedía a mi dulce Jesús que alejara de mí esta vista a fin de que pudiera quedar libre con Él, y Jesús todo afligido me ha dicho:

                    “Hija Mía, cuanto más el mundo aparentemente parece en paz, alaba la paz, tanto más bajo aquella paz efímera y enmascarada esconden guerras, revoluciones y escenas trágicas para la pobre humanidad, y cuanto más parece que favorecen Mi Iglesia y la alaban, canten victorias y triunfos y prácticas de unión entre Estado e Iglesia, tanto más cercana está la contienda que preparan contra Ella. Así fue de Mí, hasta en tanto que no Me aclamaron Rey y Me recibieron en triunfo, Yo pude vivir en medio de los pueblos, pero después de Mi entrada triunfal en Jerusalén no me dejaron vivir más, y después de pocos días Me gritaron ‘crucifícalo’ y armándose todos contra Mí Me hicieron morir. Cuando las cosas no parten de un fondo de verdad, no tienen fuerza de reinar largamente, porque faltando la verdad falta el amor y falta la vida que las sostiene, y por eso es fácil que salga fuera lo que escondían y cambian la paz en guerra, los favores en venganzas. ¡Oh, cuántas cosas imprevistas están preparando!”.

                    Jesús ha desaparecido, y yo he quedado toda afligida y pensaba entre mí: “Mi amado Jesús me ha dicho tantas veces que yo soy la pequeña recién nacida de la Divina Voluntad, por eso recién nacida apenas, sin haber formado mi pequeña vida en este Querer Supremo. Jesús, ahora que tenía más necesidad de formar mi crecimiento me deja sola, entonces yo seré como un parto abortado de la Divina Voluntad, sin tener existencia. ¿No ves Amor mío en qué estado lamentable me encuentro, y cómo Tus mismos designios sobre mí se resuelven en la nada?. ¡Ah! si no quieres tener piedad de mí, ten piedad de Ti mismo, de Tus designios y de Tus trabajos que has hecho a mi pobre alma”. Pero mientras mi pobre mente quería adentrarse en el estado doloroso en el cual me encuentro, mi amado Bien ha salido de dentro de mi interior, y mirándome toda de la cabeza a los pies me ha dicho:

                    “Hija Mía, en Mi Voluntad no hay muertos ni abortos, y quien vive en Ella contiene por vida la Vida de Mi Voluntad, y aunque se sienta morir, o aun muerta, se encuentra en Mi Voluntad, la cual conteniendo la vida la hace resurgir a cada instante a nueva luz, a nueva belleza, gracia y felicidad, deleitándose en conservarla siempre pequeña en sí, para tenerla grande con Ella; pequeña pero fuerte, pequeña pero bella, recién nacida apenas, a fin de que nada de humano tenga, sino todo divino, así que su vida es sólo Mi Voluntad, la cual llevará a cabo todos Mis designios, sin que nada se pierda. Serás como la gota de agua sumergida en el gran mar, como un grano en las grandes masas de los graneros; por cuanto la gota de agua parezca como desaparecida en el mar y el grano en los innumerables granos, no se puede negar ni quitarle el derecho de que su vida existe. Por eso no temas, y haz de tal manera que pierdas tu vida para adquirir el derecho de tener por vida Mi sola Voluntad”. 

 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 18, 24 de Enero de 1926



lunes, 19 de enero de 2026

LA PALABRA DE JESÚS ES ETERNA. JESÚS QUIERE AL SACERDOTE LIBRE DE LAS ATADURAS DE LA FAMILIA. EL ESPÍRITU DE LOS SACERDOTES DE ESTOS TIEMPOS ES: ESPÍRITU DE VENGANZA, DE ODIO, DE INTERÉS, DE SANGRE

 


                    Escuchando las dificultades de los Sacerdotes, especialmente sobre el romper del todo la atadura de la familia, y que era imposible llevarlo a cabo en el modo como decía el Bendito Jesús, y que si fuera verdad que Él así lo quiere, que le hablara al Papa, para que él que tiene autoridad pudiese ordenar a todos y ponerse a la cabeza de la obra, yo estaba diciéndole otra vez al Bendito Jesús todo esto, y me lamentaba con Él diciendo: “Sumo Amor mío, ¿no tenía yo razón al decirte que fueras a las cabezas para decirles a ellos estas cosas, en vez de decírmelas a mí, ignorante?. ¿Qué puedo hacer yo?”. 

                    Y mi siempre amable Jesús ha dicho: 

                    “Hija Mía, escribe, no temas, Yo Estoy contigo, Mi Palabra es eterna, y lo que no puede hacer de bien aquí, puede hacer bien en otra parte, lo que no se puede llevar a cabo en estos tiempos, se llevará a cabo en otros tiempos, pero así quiero al Sacerdote, libre de la atadura de la familia. ¡Ah! tú no sabes cuál es el espíritu de los Sacerdotes de estos tiempos, no es nada diferente del de los seglares, espíritu de venganza, de odio, de interés, de sangre. Ahora, debiendo vivir juntos, si uno gana más que el otro y no deja su ganancia para bien de todos, quién se sentirá antepuesto, quién defraudado, quién humillado, creyendo que también él es bueno para hacer aquella ganancia, y por lo tanto aparecen las riñas, los rencores, los disgustos y llegarán aún a las manos. 

                    Te lo ha dicho tu Jesús y basta, este punto es necesario, es la columna, es el fundamento, es la vida, es el alimento de esta obra; si pudiese ir a los jefes Yo no habría insistido tanto. Además, mira un poco hija Mía cómo son burdos e ignorantes en las cosas divinas, Yo no tengo su modo de pensar, que van buscando, humillándose y poniéndose a las órdenes de las dignidades, Yo al comunicarme a las almas no miro a las dignidades, ni si son Obispos o Papas, sino que miro si están despojados de todo y de todos, miro si en ellos, todo, todo es amor para Mí, miro si se hacen escrúpulo de volverse jefes aun de un solo respiro, de un latido, y encontrándolos todo amor, no miro si son ignorantes, bajos, pobres, despreciados y polvo; el mismo polvo lo convierto en oro, lo transformo en Mí, le comunico todo Mí Mismo, le confío los más íntimos secretos Míos, le doy parte en Mis alegrías y en Mis dolores, es más, viviendo en Mí en virtud del Amor, no es de maravillar que estén al día de Mi Voluntad sobre las almas y sobre Mi Iglesia. Una es la vida de ellos Conmigo, uno el Querer y una es la Luz con la cual ven la Verdad según el punto de vista divino y no según el humano, y por eso Yo no tengo que trabajar en comunicarme a estas almas, y las elevo por encima de todas las dignidades”. 

                    Después, estrechándome y besándome me ha dicho:

                    “Bella hija Mía, pero bella de Mi misma belleza, ¿te afliges por las cosas que dicen?. No te aflijas, pregunta al padre B. pobre hijo Mío, cuánto ha sufrido por causa Mía por los Superiores, por sus compañeros y por los demás, hasta declararlo necio, hechicero, hasta llegar a creer un deber el castigarlo, ¿y cuál era su delito?. ¡El amor!. 

                    Sintiendo los otros vergüenza de su vida frente a la suya, le han hecho guerra y le hacen guerra. ¡Ah, cómo es costoso el delito del amor!. Mucho Me cuesta a Mí el amor y mucho les cuesta a Mis amados hijos. Pero Yo lo amo mucho, y por lo que ha sufrido, en premio le he dado a Mí Mismo y moro en él. Pobre hijo Mío, no lo dejan libre, lo espían por todas partes, lo que no hacen con los demás, quien sabe y a lo mejor puedan encontrar materia para corregirlo y mortificarlo, pero Yo estando con él vuelvo vanas sus artes, dale ánimos, pero, ¡oh, cómo será terrible el juicio que haré de estos tales que osan maltratar a Mis amados hijos!”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 10, 19 de Enero de 1911


domingo, 11 de enero de 2026

LAS ALMAS QUE VIVEN EN EL DIVINO QUERER, SERÁN AL CUERPO MÍSTICO DE LA IGLESIA COMO PIEL AL CUERPO, Y LLEVARÁN A TODOS SUS MIEMBROS LA CIRCULACIÓN DE VIDA



                    Encontrándome en mi habitual estado (1), estaba pensando en el Santo Querer Divino y decía entre mí: “Todos los hijos de la Iglesia son miembros del Cuerpo Místico, del cual Jesús es la cabeza; ¿cuál será el lugar que ocuparán las almas que hacen la Voluntad de Dios en este Cuerpo Místico?” Y Jesús, siempre benigno, al venir me ha dicho:

                    “Hija Mía, la Iglesia es Mi Cuerpo Místico, del cual Yo Me glorío de Ser la cabeza, pero para poder entrar en este Cuerpo Místico los miembros deben crecer a debida estatura, de otra manera deformarían Mi Cuerpo; pero ¡ay! cuántos no sólo no tienen la debida proporción, sino que están putrefactos, llagados, tanto que dan asco a Mi Cabeza y a los otros miembros sanos. 

                    Ahora, las almas que viven en Mi Querer o vivirán, serán al Cuerpo de Mi Iglesia como la piel al cuerpo; el cuerpo contiene piel interna y piel externa, y como en la piel está la circulación de la sangre que da vida a todo el cuerpo, y es en virtud de esta circulación que los miembros llegan a debida estatura, si no fuera por la piel y por la circulación de la sangre, el cuerpo humano sería horrible a la vista y los miembros no crecerían a debida proporción. 

                    Ve entonces cuánto Me son necesarias estas almas que viven en Mi Querer, habiéndolas destinado como piel al Cuerpo de Mi Iglesia y como circulación de vida a todos los miembros, serán ellas las que darán el debido crecimiento a los miembros no crecidos, las que sanarán los miembros llagados y las que con su continuo vivir en Mi Querer restituirán la frescura, la belleza, el esplendor a todo el Cuerpo Místico, haciéndolo todo igual a la Cabeza, que reinará con toda majestad sobre estos miembros. 

                    He aquí por qué no podrá llegar el fin de los días si no tengo estas almas que vivan como perdidas en Mi Querer, ellas Me interesan más que todo. ¿Qué ridículo haría este Cuerpo Místico en la Jerusalén Celestial sin ellas?. Y si esto es lo que Me interesa más que todo a Mí, también debe interesarte más que todo a ti, si Me amas, y Yo, de ahora en adelante daré a todos tus actos hechos en Mi Querer virtud de circulación de vida a todo el Cuerpo Místico de la Iglesia, como circulación de sangre al cuerpo humano, tus actos extendidos en la inmensidad de Mi Querer se extenderán sobre todos, y como piel cubrirán estos miembros, dándoles el debido crecimiento, por eso sé atenta y fiel”. 

                    Después estaba rezando toda abandonada en el Querer de Jesús, y casi sin pensarlo he dicho: “Amor mío, todo en Tu Querer: mis pequeñas penas, mis oraciones, mi latido, mi respiro, todo lo que soy y puedo unido a todo lo que eres Tú para dar el debido crecimiento a los miembros del Cuerpo Místico”. Jesús al oírme, de nuevo se ha hecho ver y sonriendo de satisfacción ha agregado:

                    “Cómo es bello ver en tu corazón Mis verdades como fuentes de vida, que inmediatamente tienen su desarrollo y el efecto para el cual se han comunicado. Por eso, corresponde, y Yo tendré el honor de que en cuanto vea desarrollada una verdad, una nueva fuente de verdad haré surgir”.


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 13, 11 de Enero de 1922





domingo, 16 de noviembre de 2025

LAS HUMILLACIONES SON FISURAS POR LAS CUALES ENTRA LA LUZ



                    Continuando mi habitual estado, mi dulce Jesús ha venido y parecía que sentía un fuerte dolor en el corazón, y pidiéndome ayuda me ha dicho: 

                    “Hija Mía, qué cadenas de delitos en estos días, qué triunfo satánico, la prosperidad del impío es la señal más mala, y son empujones con los cuales la Fe parte de sus naciones, quedando como atrapados dentro de una oscura prisión; en cambio las humillaciones al impío son tantas fisuras por las cuales entra la Luz, que haciéndolo reentrar en sí mismo le lleva la Fe a él y a las mismas naciones. Así que les hará más bien las humillaciones que cualquier victoria y conquista. ¡Qué momentos críticos y dolorosos atravesarán!. El Infierno y los malvados se roen de rabia por comenzar sus embrollos y maldades. ¡Pobres hijos Míos, pobre Iglesia Mía!”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 12, 16 de Noviembre de 1918



sábado, 6 de septiembre de 2025

IMAGEN DEL ESTADO DE LA IGLESIA. NECESIDAD DE PURIFICARLA



                    Encontrándome en mi habitual estado me he encontrado fuera de mí misma, y con gran sorpresa mía he encontrado en medio de un camino a una mujer tirada por tierra, toda llena de heridas y los miembros todos descoyuntados, no había hueso en su lugar. 

                    La mujer, si bien tan maltrecha que parecía el verdadero retrato del dolor, era bella, noble, majestuosa, pero al mismo tiempo daba piedad el verla abandonada por todos, expuesta a quien quisiera hacerle daño. Entonces, movida a compasión miraba alrededor para ver si había alguien que me ayudara a levantarla y ponerla en lugar seguro, y ¡oh! maravilla, junto a mí estaba un joven que me parecía que fuera Jesús, y juntos la hemos levantado de la tierra, pero a cada movimiento sufría penas desgarradoras debido al dislocamiento de los huesos. 

                    Así, poco a poco la hemos transportado dentro de un palacio, poniéndola sobre una cama, y junto con Jesús, que parecía que amaba tanto a esa mujer que quería darle Su propia Vida para salvarla y darle la salud, tomábamos en nuestras manos los miembros dislocados para ponerlos en su lugar; al toque de Jesús los huesos tomaban su lugar y aquella mujer se transformaba en una bella y graciosa niña. Yo he quedado asombrada por esto, y Jesús me ha dicho:

                    “Hija Mía, esta mujer es la imagen de Mi Iglesia. Ella es siempre Noble, llena de Majestad y Santa, porque su origen está en el Hijo del Padre Celestial; pero a qué estado tan doloroso la han reducido los miembros a Ella incorporados, no contentos con no vivir santamente, a la par de Ella, la han llevado en medio de la calle, exponiéndola al frío, a las burlas, a los golpes, y sus mismos hijos, como miembros dislocados, viviendo en medio de la calle se han dado a toda clase de vicios; el amor al interés, predominante en ellos los ciega y cometen las más feas infamias y viven junto a Ella para herirla y gritarle continuamente: ‘Sea crucificada, sea crucificada’. En qué estado tan doloroso se encuentra Mi Iglesia, los Ministros que deberían defenderla son sus más crueles verdugos; pero para renacer es necesaria la destrucción de estos miembros e incorporarle miembros inocentes, desinteresados, que viviendo a la par con Ella, regrese bella y graciosa niña, tal cual Yo la constituí, sin malicia, más que sencilla niña, para crecer fuerte y sana. Esta es la necesidad de que los enemigos inicien la batalla, para que se purguen los miembros infectados. Tú reza y sufre a fin de que todo redunde para Mi Gloria”.

                    Dicho esto me he encontrado en mí misma.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 17, 6 de Septiembre de 1924



sábado, 30 de agosto de 2025

JESÚS LE HACE VER EL ESTADO LAMENTABLE DEL MUNDO



                    Esta mañana mi amado Jesús me ha transportado fuera de mí misma y me ha hecho ver la decadencia de la religión en los hombres y un preparativo de guerra. Yo le he dicho: “¡Oh Señor, en qué estado tan lamentable se encuentra el mundo en estos tiempos en cuanto a la Religión!. Parece que el mundo no reconoce más a Aquel que ennoblece al hombre y lo hace aspirar a un fin eterno, pero lo que más hace llorar, es que parte de aquellos mismos que se dicen religiosos, que deberían poner la propia vida para defender la Religión y hacerla resurgir, la ignoran”. 

                    Y Jesús, tomando un aspecto afligidísimo me ha dicho: 

                    “Hija Mía, esta es la causa de que el hombre viva como bestia, porque ha perdido la Religión; pero tiempos más tristes vendrán para el hombre en castigo de la ceguera en la cual él mismo se ha sumergido, tanto, que se Me oprime el Corazón al verlo. Pero la sangre hará revivir esta Santa Religión, esta sangre que haré derramar por toda clase de gente, por seglares y religiosos, regará al resto de las gentes que viven como salvajes, y civilizándolas les restituirá de nuevo su nobleza. He aquí la necesidad de que la sangre se derrame y que las mismas iglesias queden casi abatidas, para hacer que regresen de nuevo y existan con su primer brillo y esplendor”. 

                    ¿Pero quién puede decir el desgarro cruel que harán en los tiempos por venir?. Lo paso en silencio porque no lo recuerdo bien y no lo veo tan claro; si el Señor quiere que lo diga me dará más claridad y entonces tomaré de nuevo la pluma sobre este argumento, por eso, por ahora pongo punto.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 30 de Agosto de 1899




viernes, 2 de mayo de 2025

CÓMO EN LA IGLESIA ESTÁ REFLEJADO TODO EL CIELO



                    Esta mañana Jesús daba mucha compasión, estaba tan afligido y sufriente que yo no me atrevía a hacerle ninguna pregunta, nos mirábamos en silencio, de vez en cuando me daba un beso y yo a Él, y así ha seguido haciéndose ver algunas veces. La última vez me hizo ver la Iglesia diciéndome estas palabras:

                    "En Mi Iglesia está representado todo el Cielo: así como en el Cielo una es la cabeza, que es Dios, y muchos son los Santos, de diferentes condiciones, órdenes y méritos, así en Mi Iglesia una es la cabeza, que es el Papa, y hasta en la tiara que rodea su cabeza está representada la Trinidad Sacrosanta, y muchos son los miembros que de esta cabeza dependen, o sea, diferentes dignidades, diferentes órdenes, superiores e inferiores, desde el más pequeño hasta el más grande todos sirven para embellecer Mi Iglesia, y cada uno según su grado tiene un oficio que le ha sido dado, y con el exacto cumplimiento de las virtudes viene a dar de sí en Mi Iglesia un esplendor olorosísimo, de modo que la tierra y el Cielo quedan perfumados e iluminados, y las gentes quedan tan atraídas por esta luz y por este perfume, que resulta casi imposible no rendirse a la Verdad. Te dejo a ti el considerar a aquellos miembros infectados, que en vez de producir luz dan tinieblas, ¡cuántos destrozos hacen en Mi Iglesia!"

                    Mientras Jesús así me decía, he visto al Confesor junto a Él, Jesús con Su mirada penetrante lo miraba fijamente; después, dirigiéndose a mí me ha dicho:

                    "Quiero que tengas plena confianza con el Confesor, aun en las mínimas cosas, tanto que entre Mí y él no debe haber diferencia alguna, porque en la medida de tu confianza y de la fe que des a sus palabras, así concurriré Yo."

                    En el momento que Jesús decía estas palabras me acordé de ciertas tentaciones del Demonio, que habían producido en mí un poco de desconfianza, pero Jesús con Su ojo vigilante, de inmediato me ha tomado nuevamente junto a Sí, y en ese mismo instante me sentí quitar de mi interior esa desconfianza. Sea siempre bendito el Señor que tiene tanto cuidado de esta alma tan miserable y pecadora.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 2 de Mayo de 1899