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sábado, 23 de agosto de 2025

EN EL ALMA QUE VIVE EN LA DIVINA VOLUNTAD SE FORMA LA FUENTE DE TODOS LOS DOLORES Y TAMBIÉN DE TODAS LAS ALEGRÍAS



                    Me sentía oprimida y sufriente, y mi interior como si estuviese en continuo acto de sufrir nuevas destrucciones y aniquilamiento de mi pobre ser. Entonces pedía a Jesús que me diese la fuerza, y Él al venir me ha tomado en Sus brazos para infundirme nueva vida, pero esta nueva vida era para darme ocasión de sufrir una nueva muerte, para después infundirme otra nueva vida. Entonces me ha dicho: 

                    “Hija Mía, Mi Voluntad abraza todo, encierra en Sí todas las penas, todos los martirios, todos los dolores que hay en el giro de todos los siglos, he aquí por qué Mi Humanidad abrazó todo, cada pena, cada martirio de criatura, porque Mi Vida no fue otra cosa que la Vida de la Divina Voluntad, y esto era conveniente para cumplir la Obra de la Redención, y no sólo para ello, sino para poderme constituir Rey, ayuda y fuerza de todos los martirios, dolores y penas. Si no tuviera en Mí la fuente de todos los martirios, dolores y penas, ¿cómo podría llamarme Rey de todos y poseer en Mí la fuente de todas las ayudas, apoyos, fuerza y gracia que se necesitan en cada pena de criatura?. 

                    Es necesario tener para dar, he aquí por qué te he dicho tantas veces que la misión de llamar a un alma a vivir en Mi Querer es la más grande, la más alta y sublime, no hay otra que la pueda igualar. La inmensidad de Mi Querer le hará llegar todos los martirios, penas y dolores, Mi Misma Voluntad le dará la fuerza divina para sostenerlos, y formará en ella fuentes de martirios y dolores, y Mi Mismo Querer la constituirá reina de todos los martirios, dolores y penas. ¿Ves qué significa vivir en Mi Querer?. Sufrir no sólo un martirio, sino todos los martirios; no una pena y dolor, sino todas las penas y todos los dolores. 

                    He aquí por qué la necesidad de que Mi Voluntad le sea vida, de otra manera, ¿quién le daría la fuerza en tanto sufrir?. Y si esto no fuera así, ¿cómo se podría decir que el alma que vive en Mi Querer es la fuerza del mártir?. Si no tuviera en ella la sustancia de esa pena, ¿cómo podría ser fuerza de otro?. Sería solamente un modo de decir, una cosa fantástica, no una realidad. 

                    Veo que te asustas al oír esto, no, no temas, tantos martirios, dolores y penas serán correspondidos con innumerables alegrías, contentos y gracias, de los cuales Mi Mismo Querer formará fuentes inagotables. Es justo, si en el alma que vive en Mi Querer formará la fuente de los dolores para ayuda de toda la familia humana, es también justo que forme la fuente de las alegrías y de las gracias; con esta diferencia, que la de los dolores tendrá un fin, porque las cosas de acá abajo, por cuan grandes sean, están siempre determinadas, en cambio la fuente de las alegrías, son de allá arriba, son divinas, por lo tanto sin término, por eso ánimo en hacer el camino en Mi Voluntad”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 14, 23 de Agosto de 1922



sábado, 8 de marzo de 2025

JESÚS LE DICE QUE LA CRUZ LO HIZO CONOCER COMO DIOS. LE EXPLICA ACERCA DE LA CRUZ DEL DOLOR Y DEL AMOR

 


               Continuando mi pobre estado y el silencio de Jesús Bendito, esta mañana, encontrándome más que nunca oprimida, al venir me ha dicho: “Hija Mía, no las obras, ni la predicación, ni la misma potencia de los milagros Me hicieron conocer con claridad como el Dios que Soy, sino cuando fui puesto en la Cruz y levantado sobre Ella como sobre Mi propio Trono, entonces fui reconocido como Dios; así que sólo la Cruz reveló al mundo y a todo el Infierno quién era Yo verdaderamente; entonces todos quedaron sacudidos, y reconocieron a su Creador. Así que es la Cruz la que revela a Dios al alma, y hace conocer si el alma es verdaderamente de Dios, se puede decir que la Cruz descubre todas las partes íntimas del alma y revela a Dios y a los hombres quién es esta alma”. 

               Después ha agregado: “Sobre dos cruces Yo consumo a las almas, una es de dolor, la otra es de amor; y así como en el Cielo todos los nueve Coros Angélicos Me aman, sin embargo cada uno tiene su oficio especial, como los Serafines, que su oficio especial es el amor y su Coro es puesto más enfrente para recibir las reverberaciones de Mi Amor, tanto que Mi Amor y el de ellos saeteándose juntos se acoplan continuamente. Así a las almas sobre la tierra les doy su oficio diferente, a quien la vuelvo mártir de dolor, y a quien de amor, siendo ambos hábiles maestros en sacrificar a las almas y hacerlas dignas de Mis complacencias”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 8 de Marzo de 1901



miércoles, 15 de enero de 2025

JESÚS LE DICE QUE ELLA FORMA SU MÁS GRANDE MARTIRIO

 



               Como en los días pasados mi amado Jesús se ha hecho ver en cierto modo enojado con el mundo, esta mañana al no verlo venir pensaba entre mí: “Quién sabe, quizá no viene porque quiere mandar algún castigo, ¿y qué culpa tengo yo de que como quiere mandar castigos no se digna venir a mí? Que bonita cosa, que mientras quiere castigar a los otros, me da a mí el más grande de los castigos, que es Su privación”. 

               Ahora, mientras decía estos y otros desatinos, mi amable Jesús apenas se hizo ver me ha dicho: “Hija Mía, tú formas para Mí el más grande martirio, porque debiendo mandar algún castigo no puedo estar contigo, porque Me atas por todas partes y no quieres que haga nada, y no viniendo, tú Me ensordeces con tus demandas, con tus lamentos y tus esperas, tanto, que mientras Me ocupo en castigar estoy obligado a pensar en ti, a oírte, y Mi Corazón es lacerado al verte en tu estado doloroso de Mi privación, porque el martirio más doloroso es el Martirio del Amor, y por cuanto más se aman dos personas, tanto más resultan dolorosas esas penas, que no por otros, sino por medio de ellos mismos se suscitan, por eso estate tranquila, calmada, no quieras acrecentar Mis penas por medio de tus penas”. 

               Entonces Él ha desaparecido y yo he quedado toda mortificada al pensar que yo formo el martirio de mi amado Jesús, y que para no hacerlo sufrir tanto, cuando no viene debo estarme tranquila, ¿pero quién puede hacer este sacrificio?. Me parece imposible, y estaré obligada a seguir martirizándonos mutuamente.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 15 de Enero de 1901