Continuando mi pobre estado y el silencio de Jesús Bendito, esta mañana, encontrándome más que nunca oprimida, al venir me ha dicho: “Hija Mía, no las obras, ni la predicación, ni la misma potencia de los milagros Me hicieron conocer con claridad como el Dios que Soy, sino cuando fui puesto en la Cruz y levantado sobre Ella como sobre Mi propio Trono, entonces fui reconocido como Dios; así que sólo la Cruz reveló al mundo y a todo el Infierno quién era Yo verdaderamente; entonces todos quedaron sacudidos, y reconocieron a su Creador. Así que es la Cruz la que revela a Dios al alma, y hace conocer si el alma es verdaderamente de Dios, se puede decir que la Cruz descubre todas las partes íntimas del alma y revela a Dios y a los hombres quién es esta alma”.
Después ha agregado: “Sobre dos cruces Yo consumo a las almas, una es de dolor, la otra es de amor; y así como en el Cielo todos los nueve Coros Angélicos Me aman, sin embargo cada uno tiene su oficio especial, como los Serafines, que su oficio especial es el amor y su Coro es puesto más enfrente para recibir las reverberaciones de Mi Amor, tanto que Mi Amor y el de ellos saeteándose juntos se acoplan continuamente. Así a las almas sobre la tierra les doy su oficio diferente, a quien la vuelvo mártir de dolor, y a quien de amor, siendo ambos hábiles maestros en sacrificar a las almas y hacerlas dignas de Mis complacencias”.
Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 8 de Marzo de 1901
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