jueves, 23 de abril de 2026

LA RESIGNACIÓN ES ACEITE QUE UNGE

 


                    Esta mañana, encontrándome fuera de mí misma, veía a mi dulce Jesús que sufría mucho, y le he pedido que me diera parte de Sus penas, y Él me ha dicho: 

                    “También tú sufres, mejor Yo Me pongo en tu lugar y tú Me haces el oficio de enfermera”.

                    Entonces parecía que Jesús se metía en mi cama, y yo a Su lado comenzaba a examinarle la cabeza, y una a una le he quitado las espinas que estaban clavadas. Después he seguido con Su cuerpo y he recorrido todas Sus llagas, les secaba la sangre, las besaba, pero no tenía con qué ungirlas para mitigar el dolor, entonces vi que de mí salía un aceite y yo lo tomaba y ungía las Llagas de Jesús, pero con cierto temor porque no comprendía qué cosa significaba aquel aceite que salía de mí. Pero Jesús Bendito me ha hecho entender que la resignación al Querer Divino es aceite, que mientras unge y mitiga nuestras penas, al mismo tiempo es aceite que unge y mitiga el dolor de las Llagas de Jesús. Entonces, después de haber estado por un buen tiempo haciendo este oficio a mi amado Jesús, ha desaparecido y yo he regresado en mí misma.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 23 de Abril de 1900





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