Continúa el Bendito Jesús sin venir. ¡Oh Dios, qué pena indecible es Su privación!. Buscaba cuanto más podía el estarme en paz y toda abandonada en Él, pero qué, mi pobre corazón no podía más, hacía lo más que podía para calmarlo, le decía: “Corazón mío, esperemos otro poco, a lo mejor viene, usemos alguna estratagema de amor para atraerlo a que venga”. Y dirigiéndome a Él le decía: “Señor, ven, se hace tarde y Tú no vienes aún. Esta mañana busco por cuanto puedo el estarme calmada, no obstante no te haces encontrar. Señor, Te ofrezco el martirio de Tu privación como testimonio de amor, y para hacerte un presente para atraerte a venir. Es verdad que no soy digna, pero no es porque sea digna que Te busco, sino por amor, y porque sin Ti me siento faltar la vida”.
Y como no venía, le decía:“Señor, o vienes o Te cansaré con mis palabras, y cuando estés cansado, ¿ni siquiera entonces vendrás?”. ¿Pero quién puede decir todos mis desatinos?. Le decía tantos, que me alargaría demasiado si quisiera decirlos todos.
Después de esto veía a mi dulce Jesús que se movía dentro de mi interior, como si se despertase de un sueño, luego se ha hecho ver más claro, y transportándome fuera de mí misma me ha dicho:
“Así como el pájaro cuando debe volar mueve las alas, así el alma en los vuelos de los deseos mueve las alas de la humildad, y en esos movimientos envía un imán que Me atrae, de modo que mientras ella emprende su vuelo para venir a Mí, Yo emprendo el Mío para ir a ella”.
¡Ah Señor, se ve que me falta el imán de la humildad!. Si yo en mi camino expandiera por doquier el imán de la humildad, no sufriría tanto en esperar y esperar Tu venida!.
Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 10 de Abril de 1900


No hay comentarios:
Publicar un comentario