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domingo, 22 de febrero de 2026

EL TERCER FIAT DARÁ TAL GRACIA A LA CRIATURA, QUE LA HARÁ CASI REGRESAR AL ESTADO DE ORIGEN, Y ENTONCES DIOS TOMARÁ SU PERPETUO REPOSO EN EL ÚLTIMO FIAT



                    Estaba en mi habitual estado (1), y mi dulce Jesús estaba silencioso, y le he dicho: “Amor mío, ¿por qué no me dices nada?”.

                    Y Jesús: 

                    “Hija Mía, es Mi costumbre después de haber hablado, el hacer silencio, quiero reposarme en Mi Misma palabra, es decir en Mi Misma obra salida de Mí, y esto lo hice en la Creación, después de haber dicho Fiat Lux y la luz fue; Fiat a todas las demás cosas, y las cosas salieron a la vida, quise reposar, y Mi Luz eterna reposó en la luz salida en el tiempo; Mi Amor reposó en el amor con el que investí a todo lo creado; Mi belleza reposó en todo el Universo, el cual adorné con Mi Misma belleza; como también reposó Mi Sabiduría y Potencia, con las que ordené todo con tal Sabiduría y Potencia, que Yo Mismo mirando todo, dije: “¡Cómo es bella la obra salida de Mí, quiero reposarme en ella!” Así hago con las almas, después de haber hablado quiero reposarme y gozar los efectos de Mi Palabra”. 

                    Después de esto ha agregado: 

                    “Digamos juntos Fiat”. Y todo, Cielo y tierra se llenaban de adoración a la Majestad Suprema. Y de nuevo ha repetido “Fiat”, y la Sangre, las Llagas, las penas de Jesús surgían, se multiplicaban al infinito. Y después por tercera vez “Fiat”, y este Fiat se multiplicaba en todas las voluntades de las criaturas para santificarlas. 

                    Después me ha dicho: 

                    “Hija Mía, estos tres Fiat son el Creante, el Redimente y el Santificante. Al crear al hombre lo doté con tres potencias, inteligencia, memoria y voluntad. Con tres Fiat cumpliré la Obra de Santificación en el hombre. 

                    Ante el Fiat Creante la inteligencia del hombre queda como raptada, y cuántas cosas comprende de Mí, y de cómo lo amo, estando Yo oculto en todas las cosas creadas para hacerme conocer y darle amor para hacerme amar. 

                    En el Fiat de la Redención la memoria queda como encadenada por los excesos de mi amor al sufrir tanto para ayudar y salvar al hombre en el estado de la culpa. 

                    En el tercer Fiat Mi Amor quiere desahogar de más, quiero asaltar la voluntad humana, quiero poner como sostén de su voluntad Mi Misma Voluntad, de manera que la voluntad humana quedará no sólo raptada, encadenada, sino sostenida por una Voluntad Eterna, la cual haciéndose apoyo a todo, el hombre casi no le podrá escapar. 

                    No terminarán las generaciones si antes no reina Mi Voluntad en la tierra. Mi Fiat Redentor se pondrá en medio, entre el Fiat Creante y el Fiat Santificante, se entrelazarán los tres juntos y cumplirán la santificación del hombre. 

                    El tercer Fiat dará tal gracia a la criatura, de hacerla regresar casi al estado de origen, y entonces, cuando haya visto al hombre como salió de Mí, Mi Obra será completa y tomaré Mi perpetuo reposo en el último Fiat. Únicamente la vida en Mi Querer dará de nuevo al hombre el estado de origen; por eso sé atenta, y junto Conmigo ayúdame a completar la santificación de la criatura”. 

                    Yo al oír todo esto le he dicho: “Jesús, amor mío, yo no sé hacer como haces Tú, ni como Tú me enseñaste, y casi tengo miedo de tus reproches si no hago bien lo que quieres de mí”. 

                    Y Él, todo bondad: 

                    “También Yo sé que no puedes hacer perfectamente lo que te digo, pero a donde tú no llegues te suplo Yo; pero es necesario que te animes y que comprendas lo que debes hacer, a fin de que si no haces el todo, hagas lo que puedas, pero mientras te hablo, tu voluntad queda encadenada a la Mía y quisieras hacer lo que te digo, y Yo lo tomo como si todo lo hicieras”. 

                    Y yo: “¿Cómo se podrá divulgar y enseñar a los demás este modo de vivir en el Querer Divino, y quién es el que se prestará a esto?”.

                    Y Jesús:

                    “Hija Mía, si a pesar de haber descendido a la tierra ninguno se hubiera salvado, la Obra de glorificar al Padre estaba ya completa; así ahora, a pesar de que ningún otro quisiera recibir este bien, lo que no será, tú sola Me bastarás y Me darás la Gloria completa que quiero de todas las criaturas”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 12, 22 de Febrero de 1921


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.



viernes, 2 de enero de 2026

ASÍ COMO EN JESÚS, EN LAS ALMAS TODO DEBE CALLAR





                    Esta mañana mi siempre amable Jesús se hacía ver bajo una tempestad de golpes, y con Su dulce mirada me miraba pidiéndome ayuda y refugio. Yo me he arrojado hacia Él para quitarlo de aquellos golpes y encerrarlo en mi corazón, y Jesús me ha dicho: 

                    “Hija Mía, Mi Humanidad bajo los golpes de los flagelos callaba, y no sólo callaba la boca, sino todo en Mí callaba: callaba la Estima, la Gloria, la Potencia, el Honor; pero con mudo lenguaje hablaban elocuentemente Mi Paciencia, las humillaciones, Mis Llagas, Mi Sangre, el aniquilamiento casi hasta el polvo de Mi Ser; y Mi Amor ardiente por la salud de las almas ponía un eco a todas Mis penas. 

                    He aquí hija Mía el verdadero retrato de las almas amantes, todo debe callar en ellas y en torno a ellas: Estima, Gloria, placeres, honores, grandezas, voluntad, criaturas, y si las hubiera, debe estar como sorda y como si nada viera, en cambio debe hacer entrar en ella Mi Paciencia, Mi Gloria, Mi Estima, Mis Penas, y en todo lo que hace, piensa, ama, no será otra cosa que Amor, el cual tendrá un solo eco con el Mío y Me pedirá almas. 

                    Mi Amor por las almas es grande, y como quiero que todos se salven, por eso voy en busca de almas que Me amen y que tomadas por las mismas ansias de Mi Amor, sufran y me pidan almas. Pero, ¡ay de Mí, qué escaso es el número de los que Me escuchan!”

 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 12, 2 de Enero de 1919




sábado, 29 de noviembre de 2025

QUIEN SALE DE LA DIVINA VOLUNTAD, SALE DE LA LUZ



                    Encontrándome en mi habitual estado estaba rogando a mi siempre amable Jesús, que hoy, como me había prometido la otra vez, que cuando el alma hace siempre Su Voluntad, alguna vez permite que Él haga la voluntad del alma; así que le decía: 

                    “Hoy justamente debes hacer mi voluntad”. 

                    Y Jesús al venir me ha dicho: 

                    “Hija Mía, ¿no sabes tú que el alma saliendo de Mi Voluntad es para ella como un jornada sin sol, sin calor, sin la vida de la actitud divina en ella?” .

                    Y yo: 

                    “Amor mío, el Cielo me guarde de hacer esto, preferiría morir que salir de Tu Voluntad, por eso pon Tu Voluntad en mí y luego dime que: Es Voluntad Mía que hoy Yo haga tu voluntad”. 

                    Y Jesús: 

                    “Ah! traviesa, está bien, te contento, te tendré Conmigo hasta que quiera, y después Yo mismo te dejaré libre”. 

                    ¡Oh, cómo he quedado contenta de que sin hacer mi voluntad, Jesús, fundiendo Su Voluntad a la mía, haciendo la Suya hacía la mía!.

                    Después, mi amable Jesús se ha entretenido conmigo y parecía que mojaba la punta de Su dedo en Su Preciosísima Sangre y lo pasaba por la frente, los ojos, la boca, el corazón, y después me ha besado. Yo al verlo tan afectuoso y dulce he tratado de chupar de Su boca las amarguras que contenía Su Corazón, como lo hacía antes, pero Jesús rápidamente se ha alejado un poco y me hacía ver un envoltorio que tenía en las manos, lleno de otros flagelos y me ha dicho: 

                    “Mira cuantos otros flagelos hay para verter sobre la tierra, por eso no derramo en ti. Los enemigos han preparado todos los planos internos para hacer revoluciones, ahora no queda otra cosa que terminar de preparar los planos externos. ¡Ah, hija Mía, cómo Me duele el Corazón, no tengo con quien desahogar Mi dolor, por eso quiero desahogarlo contigo!. Tú tendrás paciencia para oírme hablar frecuentemente de cosas tristes; sé que tú sufres por esto, pero es el Amor el que a esto Me empuja. El Amor quiere hacer saber sus penas a la persona amada; casi no sabría estar si no viniera a desahogarme contigo”. 

                    Yo me sentía mal al ver a Jesús tan amargado, sentía Sus penas en mi corazón, y Jesús para darme alivio me ha dado a beber pocos sorbos de una leche dulcísima, y después ha agregado: 

                    “Yo me retiro y te dejo libre”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 12, 29 de Noviembre de 1918



martes, 21 de octubre de 2025

LOS BIENES TERRENOS DEBEN SERVIR PARA LA SANTIFICACIÓN, NO PARA SER ÍDOLOS PARA EL HOMBRE. CAUSA DE LOS CASTIGOS



                    Después de haber pasado días amarguísimos de privación, me sentía cansada y sin fuerzas, si bien iba ofreciendo estas mismas penas diciendo: “Señor, Tú sabes cuánto me cuesta el estar privada de Ti, pero me resigno a Tu Santa Voluntad, ofreciendo esta pena acerbísima como medio para atestiguarte mi amor y aplacarte. Estos tedios, fastidios, flaquezas, frialdades que siento, tengo intención de enviártelos como mensajeros de alabanzas y de reparaciones por mí y por todas las criaturas; esto tengo y esto Te ofrezco. Es cierto que Tú aceptas el sacrificio de la buena voluntad cuando se Te ofrece lo que uno puede sin reserva alguna, pero ven, porque no puedo más”. 

                    Muchas veces me venía la tentación de conformarme a la justicia y pensaba que la causa por la que no venía era yo misma, porque cuando Jesús, en los días pasados me había dicho que si no me conformaba lo obligaría a que no viniera y a no decirme más nada para no tenerme descontenta, pero no tenía ánimo de hacerlo, mucho más porque la obediencia no lo consentía. 

                    Mientras me encontraba entre estas amarguras, primero ha venido una luz, con una voz que decía: “A medida que el hombre se entromete en las cosas terrenas, así se aleja y pierde la estima de los bienes eternos. Yo he dado las riquezas para que se sirvan de ellas para su santificación, pero se han servido de ellas para ofenderme y formar un ídolo para su corazón, y Yo destruiré a las personas y a las riquezas junto con ellas”. 

                    Después de esto he visto a mi amadísimo Jesús, pero tan sufriente, ofendido y airado con las gentes, que daba terror. Yo súbito he comenzado a decirle: “Señor, Te ofrezco Tus Llagas, Tu Sangre, el uso santísimo de Tus Santísimos Sentidos que hiciste en el curso de Tu vida mortal, para repararte las ofensas y el mal uso de los sentidos que hacen las criaturas”. 

                    Y Jesús, tomando un aspecto serio y casi airado ha dicho: “¿Sabes tú cómo han llegado a ser los sentidos de las criaturas?. Como aquellos rugidos de las bestias feroces, que con sus rugidos alejan a los hombres en vez de atraerlos. Es tanta la podredumbre y la multiplicidad de las culpas que sale de sus sentidos, que me obligan a huir”. 

                    Y yo: “¡Ah! Señor, como Te veo enojado. Si Tú quieres continuar mandando castigos, yo me quiero ir al Cielo, o bien quiero salir de este estado. ¿En qué aprovecha estar en él si ya no puedo más ofrecerme víctima para librar a las gentes?.” 

                    Y Él, hablándome serio, tanto que me sentía aterrar, me ha dicho: “Tú quieres tocar los dos extremos, o que no haga nada, o que tú te quieres venir. ¿No te contentas conque las gentes sean perdonadas en parte?. ¿Crees tú que Corato sea el mejor y el que menos me ofende?. ¿Y el que lo haya perdonado en parte en comparación de las otras ciudades es cosa de nada?. Por eso conténtate y cálmate, y mientras Yo me ocupo en castigar a las gentes, tú acompáñame con tus suspiros y con tus sufrimientos, pidiéndome que los mismos castigos sirvan para la conversión de los pueblos”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 21 de Octubre de 1899



miércoles, 24 de septiembre de 2025

TODO EL MAL DEL HOMBRE ESTÁ EN HABER PERDIDO EL GERMEN DE LA DIVINA VOLUNTAD. LA DIVINA VOLUNTAD: VESTIDO DEL ALMA



                    Encontrándome en mi habitual estado (1), mi dulce Jesús se hacía ver desnudado, que temblaba de frío y diciéndome: 

                    “Hija Mía, cúbreme y caliéntame que tengo frío; mira, la criatura con el pecado se había despojado de todos los bienes, y Yo quise formarle una vestidura más bella, tejiéndola con Mis obras, adornándola con Mi Sangre y decorándola con Mis Llagas, ¿pero cuál no es Mi dolor al ver que me rechaza esta vestidura tan bella, contentándose de permanecer desnuda? Y Yo Me siento desvestido en ellas y siento su frío, por eso vísteme, porque tengo necesidad de ello”. 

                    Y yo: “¿Cómo podré vestirte? Yo no tengo nada”. 

                    Y Él: “Sí que podrás vestirme, tienes toda Mi Voluntad en tu poder, absórbela en ti y luego hazla salir, y me harás la más bella vestidura, una vestidura de Cielo y divina, ¡oh! cómo quedaré calentado y Yo te vestiré a ti con el vestido de Mi Voluntad, a fin de que podamos quedar vestidos con un mismo vestido, por eso la quiero de ti, para podértela dar a ti con justicia; si tú Me vistes a Mí, es justo que Yo te vista a ti para darte la correspondencia de lo que has hecho por Mí. Todo el mal en el hombre es que ha perdido el germen de Mi Voluntad, por eso no hace otra cosa que cubrirse con los más grandes delitos que lo degradan y lo hacen obrar como loco. ¡Oh, cuántas locuras están por cometer! Justa pena, porque quieren tener por Dios al propio yo”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 14, 24 de Septiembre de 1922


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.



jueves, 24 de julio de 2025

VÍNCULOS ENTRE JESÚS Y TODAS LAS ALMAS. CORRESPONDENCIA A LA GRACIA



                    Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús ha venido con una majestad y amor encantadores y me ha hecho ver todas las generaciones, desde el primero hasta el último hombre, cada uno de los cuales estaba vinculado y atado junto con mi dulce Jesús, y era tanta la unión, que parecía que Jesús se multiplicaba para cada una de las criaturas, de modo que cada uno lo tenía todo para sí, y que Jesús daba Su Vida para sufrir cualquier pena y muerte que cada una debía sufrir, para poder decir al Padre Celestial: “Padre Mío, en cada criatura tendrás otros tantos Yo Mismo que Te darán por cada una lo que cada una Te debe”. 

                    Mientras esto veía, mi dulce Jesús me ha dicho: “Hija Mía, ¿quieres también tú aceptar el vínculo de cada ser, a fin de que entre Yo y tú no haya ninguna desemejanza?”. 

                    Yo no sé cómo sentía como si el peso de todos se apoyase sobre mis espaldas, veía mi indignidad y debilidad, y sentía tal repugnancia que me sentía aniquilar, tanto que el Bendito Jesús teniendo compasión de mí me ha tomado entre Sus brazos y me ha estrechado a Su Corazón, haciéndome poner la boca en la herida que lo traspasaba diciéndome: “Bebe hija Mía la Sangre que brota de esta herida para recibir la fuerza que te falta, ánimo, no temas, Yo estaré contigo, dividiremos juntos todo el peso, el trabajo, las penas y las muertes, por eso te digo, sé atenta y fiel, porque Mi Gracia quiere correspondencia, de otra manera se necesita nada para descender. ¿Qué se necesita para abrir y cerrar los ojos?. No se necesita nada, sin embargo qué gran bien lleva el tenerlos abiertos, y que gran mal el tenerlos cerrados, con tenerlos abiertos los ojos se llenan de luz, de sol; con esta luz la mano puede obrar, el pie caminar seguro y sin tropezar, distingue los objetos, si son buenos o malos, reordena las cosas, lee, escribe; ahora, ¿qué se necesita para perder todo este bien?. Cerrar los ojos, entonces la mano no puede obrar, el pie no puede caminar y si camina está sujeto a tropezar, no distingue más los objetos, se reduce a la inhabilidad. Tal es la correspondencia, no es otra cosa que abrir los ojos del alma, y en cuanto los abre se hace luz en la mente, Mi Imagen se refleja en todo lo que va haciendo, copiándome fielmente, de manera que no hace otra cosa que recibir continua luz de Mí, tanto que llega a convertir todo su ser en luz. En cambio la incorrespondencia arroja al alma en las tinieblas y la vuelve inactiva”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 14, 24 de Julio de 1922



jueves, 5 de junio de 2025

LUISA REZA JUNTO A JESÚS



                    Continúa aún el estado de aniquilamiento, pero hasta tal punto que no osaba decir una palabra a mi amado Jesús. Pero esta mañana, Jesús teniendo compasión de mi miserable estado, Él mismo ha querido aliviarme y he aquí cómo: mientras se hizo ver y yo me sentía toda aniquilada y avergonzada delante de Él, Jesús se ha acercado a mí, pero tan estrechamente, que me parecía que Él estuviese en mí y yo en Él, y me ha dicho: “Hija Mía amada ¿qué tienes que estás tan afligida?. Dime todo, que te contentaré y remediaré todo”. 

                    Pero como continuaba viéndome a mí misma, como dije el día anterior, entonces viéndome tan mala, ni siquiera he osado decirle nada, pero Jesús replicó: “Pronto, pronto, dime qué quieres, no tardes”. Viéndome casi obligada y rompiendo en abundante llanto le he dicho:“Jesús Santo, cómo quieres que no esté afligida, después de tantas gracias no debía ser tan mala, a veces aun las obras buenas que busco hacer, en las mismas oraciones, mezclo tantos defectos e imperfecciones que yo misma siento horror. ¿Qué será ante Ti que eres tan perfecto y santo?. Y además, el escasísimo sufrir en comparación con el de antes, Tu gran tardanza en venir, todo me dice claramente que mis pecados, mis grandes ingratitudes son la causa, y que Tú, enojado conmigo, me niegas también el pan cotidiano que Tú concedes a todos generalmente, como es la cruz; así que después terminarás con abandonarme del todo. ¿Se puede dar tal vez mayor aflicción que ésta?”. 

                    Jesús, compadeciéndome toda, me ha estrechado a Su Corazón y me ha dicho: “No temas, esta mañana haremos las cosas juntos, así Yo supliré a las tuyas”. 

                    Entonces me pareció que Jesús contenía una fuente de agua y otra de sangre en Su Pecho, y en esas dos fuentes ha sumergido mi alma, primero en el agua y después en la sangre. ¿Quién puede decir cómo ha quedado purificada y embellecida mi alma?. Después nos hemos puesto a rezar juntos recitando tres “Gloria Patri” y esto me ha dicho que lo hacía para suplir a mis oraciones y adoraciones a la Majestad de Dios. ¡Oh, cómo era bello y conmovedor rezar junto con Jesús!. 

                    Después de esto Jesús me ha dicho: “No te aflija el no sufrir, ¿quieres tú anticipar la hora designada por Mí?. Mi obrar no es apresurado, sino todo a su tiempo, cumpliremos cada cosa, pero a su debido tiempo”.

                    Después, por un hecho todo providencial, inesperadamente, habiendo salido el Viático de la iglesia para ir a otros enfermos, recibí también yo la Comunión. ¿Quién puede decir todo lo que ha pasado entre Jesús y yo, los besos, las caricias que Jesús me hacía?. Es imposible poder decirlo todo. Me parecía que después de la Comunión veía la Sagrada Partícula, y ahora veía en la Partícula la boca de Jesús, ahora los ojos, ahora una mano y después se hizo ver todo Él. 

                    Me ha transportado fuera de mí misma y ahora me encontraba en la bóveda de los Cielos y ahora me encontraba sobre la tierra, en medio de los hombres, pero siempre junto con Jesús. Él de vez en cuando iba repitiendo:“¡Oh, cómo eres bella amada Mía, si tú supieras cuánto te amo!. Y tú, ¿cuánto me amas?”. 

                    Al oír que me decía estas palabras, sentí tal confusión que me sentía morir, pero con todo esto he tenido el valor de decirle: “Jesús mío, hermoso, sí, Te amo mucho, y Tú si verdaderamente me amas tanto, dime también: ¿Tú me perdonas por todo el mal que he hecho?. Y también concédeme el sufrir”. Y Jesús: “Sí que te perdono y quiero contentarte con derramar en abundancia Mis amarguras en ti”. Así Jesús ha vertido sus amarguras. Me parecía que tuviese una fuente de amarguras en Su Corazón, recibidas por las ofensas de los hombres, y la mayor parte la derramaba en mí. 

                    Después Jesús me ha dicho: “Dime ¿qué otra cosa quieres?”. Y yo: “Jesús Santo, te encomiendo a mi Confesor, házmelo santo y dale también la salud del cuerpo, y además, ¿es Voluntad tuya que venga este Sacerdote?”. Y Jesús: “Sí”. Y yo: “Si fuera Tu Voluntad lo harías estar bien”. Y Él: “Estate quieta, no quieras investigar demasiado Mis juicios”. Y en ese mismo instante me hacía ver el mejoramiento de la salud del cuerpo y la santidad del alma del Confesor, y ha agregado:“Tú quieres ser apresurada, pero Yo hago todo a su tiempo”. 

                    Después le encomendé las personas que me pertenecen y pedí por los pecadores diciendo a Jesús: “¡Oh, cuánto deseo que mi cuerpo se redujera en pequeñísimos pedazos, con tal que los pecadores se convirtiesen!”. Y besé la frente, los ojos, el rostro, la boca de Jesús, haciendo varias adoraciones y reparaciones por las ofensas que le hacían los pecadores. ¡Oh, cómo estaba contento Jesús y yo también!. Después, haciéndome prometer por Jesús que no me volvería a dejar, he regresado en mí misma y así ha terminado.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 5 de Junio de 1899



lunes, 10 de marzo de 2025

EL SEÑOR LE HACE VER MUCHOS CASTIGOS

 


               Estando en mi habitual estado se ha hecho ver mi siempre amable Jesús, todo amargado y afligido y me ha dicho: “Hija Mía, Mi Justicia se ha vuelto muy pesada, y son tantas las ofensas que Me hacen los hombres que no puedo sostenerlas más. Por lo tanto la guadaña de la muerte está a punto de matar a muchos, de improviso y de enfermedades, y además son tantos los castigos que verteré sobre el mundo, que serán una especie de juicio”. 

               ¿Quién puede decir los tantos castigos que me ha hecho ver, y el modo como yo he quedado aterrorizada y espantada?. Es tanta la pena que siente mi alma, que creo es mejor pasarla en silencio. 

               Continúo diciendo porque la obediencia lo quiere; entonces me parecía ver las calles llenas de carne humana y la sangre que inundaba la tierra, ciudades sitiadas por enemigos que no perdonaban ni siquiera a los niños; me parecían como tantos animales salidos del Infierno, no respetaron ni iglesias ni Sacerdotes. Parecía que el Señor mandaba un castigo del Cielo, cuál sea no sé decirlo, sólo me parecía que todos recibiremos un golpe mortal, y quién quedará víctima de la muerte y quién se repondrá. Me parecía también ver las plantas secas y muchos otros males que deben venir sobre las cosechas. ¡Oh Dios, qué pena ver estas cosas y estar obligada a manifestarlas!. ¡Ah Señor, aplácate, yo espero que Tu Sangre y Tus Llagas sean nuestro remedio, o bien viértelos sobre esta pecadora, pues los merezco, de otra manera tómame y entonces estarás libre de hacer lo que quieras, pero mientras viva haré cuanto pueda para oponerme!.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 10 de Marzo de 1899



lunes, 25 de noviembre de 2024

QUE TODAS ENCUENTREN ALIVIO Y LIBERACIÓN

 


               Volemos ahora hacia el Purgatorio y demos también esta Sangre a las Almas penantes, pues Ellas lloran y suplican esta Sangre para su liberación... ¿No escuchas, Mamá, sus gemidos y sus delirios de amor que las torturan, y cómo continuamente se sienten atraídas hacia el Sumo Bien? ¿Ves cómo Jesús mismo quiere purificarlas para tenerlas cuanto antes Consigo?. Él las atrae con Su Amor, y Ellas le corresponden con continuos ímpetus de amor hacia Él, pero al encontrarse en Su Presencia, no pudiendo aún sostener la pureza de la divina mirada, no pueden sino retroceder y caer de nuevo en las llamas de amor purificadoras...

               Madre mía, descendamos en esta profunda cárcel y derramando sobre Ellas esta Sangre, llevémosles la luz, mitiguemos sus delirios de amor, extingamos el fuego que las abrasa, purifiquémoslas de sus manchas, para que así, libres de toda pena, vuelen a los brazos del Sumo Bien; demos esta Sangre a las Almas más abandonadas y olvidadas, para que encuentren en Ella todos los sufragios que las criaturas le niegan; demos a todas, oh Mamá esta Sangre, no privemos a ninguna, para que en virtud de Ella todas encuentren alivio y liberación. Haz de Reina en estas regiones de llantos y de lamentos, extiende Tus manos maternas y saca de estas llamas ardientes, una por una a todas las Almas, haciéndolas emprender a todas el vuelo hacia el Cielo... 


Extraído de la Vigésima Cuarta Hora de "Las Horas de la Pasión", 
revelaciones de Nuestro Señor a la mística Luisa Piccarreta 



martes, 12 de noviembre de 2024

ESE ROSTRO TAN DESFIGURADO POR AMOR A MÍ

 


               Mamá Dolorosa, no me dejes sola, llévame Contigo; pero antes deposítame toda en Jesús, vacíame de todo para poner a Jesús por entero en mí, así como lo has puesto en Ti... 

               Comienza a cumplir conmigo el oficio de Madre que Te dio Jesús estando en la Cruz, y abriendo mi pobreza extrema una brecha en Tu Corazón materno, enciérrame toda por completo en Jesús con Tus mismas manos maternas. Encierra los pensamientos de Jesús en mi mente, a fin de que no entre en mí ningún otro pensamiento. Encierra los ojos de Jesús en los míos para que nunca pueda escapar yo a Su mirada. Pon sus oídos en los míos para que siempre lo escuche y cumpla en todo Su Santísimo Querer... 

               Su Rostro ponlo en el mío a fin de que contemplando ese Rostro tan desfigurado por amor a mí, lo ame, lo compadezca y repare. Pon Su lengua en la mía, para que hable, rece y enseñe con la lengua de Jesús. Pon Sus manos en las mías para que cada movimiento que yo haga y cada obra que realice, tomen vida en las obras y movimientos de Jesús. Sus pies ponlos en los míos, a fin de que cada paso que yo dé sea vida, salvación, fuerza y celo para todas las criaturas...

               Y ahora, afligida Mamá mía, permíteme que bese Su Corazón y que beba Su Preciosísima Sangre, y encerrando Tú Su Corazón en el mío, haz que pueda vivir yo de Su Amor, de Sus deseos y de Sus penas... Y ahora toma la mano derecha de Jesús, rígida ya, para que me des con ella Su última bendición...


Extraído de la Vigésima Cuarta Hora de “Las Horas de la Pasión”, 
revelaciones de Nuestro Señor a la mística Luisa Piccarreta 



miércoles, 18 de septiembre de 2024

POR TODA LA GLORIA QUE TODAS LAS CRIATURAS HUBIERAN DEBIDO DARTE

               


               "¿Quieres alguna reparación? Hagámosla juntos; así mis reparaciones unidas a las Tuyas producirán sus efectos, pues sólo las mías creo que Te disgustarían aún más…

               Así he tomado Su mano ensangrentada, y besándola he dicho el "Laudate Dominum" (1) con el "Gloria Patri", Jesús una parte y yo la otra, para reparar tantas obras malas que se cometen, poniendo la intención de alabarlo tantas veces por cuantas ofensas recibe con las malas acciones. 

               ¡Qué conmovedor era ver orar a Jesús! Luego he seguido haciendo lo mismo con la otra mano, con la intención de alabarlo tantas veces por cuantas ofensas recibe por los pecados que son causa de otros.

               Después los pies, con la intención de alabarlo tantas veces cuanto son los malos pasos y los malos senderos recorridos, aun bajo aspecto de piedad y santidad. 

               Por último el Corazón, con la intención de alabarlo tantas veces por cuantas el corazón humano no palpita por Dios, no lo ama, no lo desea. Mi amado Jesús parecía confortado del todo con esas reparaciones hechas junto con Él.

                Ah, Señor, por todas las gotas de Sangre y las Lágrimas que derramaste, por todas las espinas que sufriste, por cuantas heridas soportaste, tanta Gloria quiero darte, por toda la Gloria que todas las criaturas hubieran debido darte, si no existiera el pecado de soberbia, y tantas gracias quiero pedirte en favor de todas las criaturas, para hacer que ese pecado se destruya... 

               Señor, toda la Gloria que las criaturas deberían darte con la boca y no Te dan, yo quiero dártela con la mía y pido para ellas que hagan un uso de la boca bueno y santo, uniéndome siempre a Tu misma boca, Jesús". 


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, "Libro de Cielo", Vol. 4, 5 de Enero y 10 de Septiembre de 1901


NOTA

          1) Se refiere al Salmo 117, usado como Himno en la Liturgia, en particular tras la bendición con el Santísimo Sacramento.

     Laudate Dominum omnes gentes, laudate eum, omnes populi, quoniam confirmata est super nos misericordia eius, et veritas, veritas Domini manet, manet in aeternum.