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lunes, 19 de enero de 2026

LA PALABRA DE JESÚS ES ETERNA. JESÚS QUIERE AL SACERDOTE LIBRE DE LAS ATADURAS DE LA FAMILIA. EL ESPÍRITU DE LOS SACERDOTES DE ESTOS TIEMPOS ES: ESPÍRITU DE VENGANZA, DE ODIO, DE INTERÉS, DE SANGRE

 


                    Escuchando las dificultades de los Sacerdotes, especialmente sobre el romper del todo la atadura de la familia, y que era imposible llevarlo a cabo en el modo como decía el Bendito Jesús, y que si fuera verdad que Él así lo quiere, que le hablara al Papa, para que él que tiene autoridad pudiese ordenar a todos y ponerse a la cabeza de la obra, yo estaba diciéndole otra vez al Bendito Jesús todo esto, y me lamentaba con Él diciendo: “Sumo Amor mío, ¿no tenía yo razón al decirte que fueras a las cabezas para decirles a ellos estas cosas, en vez de decírmelas a mí, ignorante?. ¿Qué puedo hacer yo?”. 

                    Y mi siempre amable Jesús ha dicho: 

                    “Hija Mía, escribe, no temas, Yo Estoy contigo, Mi Palabra es eterna, y lo que no puede hacer de bien aquí, puede hacer bien en otra parte, lo que no se puede llevar a cabo en estos tiempos, se llevará a cabo en otros tiempos, pero así quiero al Sacerdote, libre de la atadura de la familia. ¡Ah! tú no sabes cuál es el espíritu de los Sacerdotes de estos tiempos, no es nada diferente del de los seglares, espíritu de venganza, de odio, de interés, de sangre. Ahora, debiendo vivir juntos, si uno gana más que el otro y no deja su ganancia para bien de todos, quién se sentirá antepuesto, quién defraudado, quién humillado, creyendo que también él es bueno para hacer aquella ganancia, y por lo tanto aparecen las riñas, los rencores, los disgustos y llegarán aún a las manos. 

                    Te lo ha dicho tu Jesús y basta, este punto es necesario, es la columna, es el fundamento, es la vida, es el alimento de esta obra; si pudiese ir a los jefes Yo no habría insistido tanto. Además, mira un poco hija Mía cómo son burdos e ignorantes en las cosas divinas, Yo no tengo su modo de pensar, que van buscando, humillándose y poniéndose a las órdenes de las dignidades, Yo al comunicarme a las almas no miro a las dignidades, ni si son Obispos o Papas, sino que miro si están despojados de todo y de todos, miro si en ellos, todo, todo es amor para Mí, miro si se hacen escrúpulo de volverse jefes aun de un solo respiro, de un latido, y encontrándolos todo amor, no miro si son ignorantes, bajos, pobres, despreciados y polvo; el mismo polvo lo convierto en oro, lo transformo en Mí, le comunico todo Mí Mismo, le confío los más íntimos secretos Míos, le doy parte en Mis alegrías y en Mis dolores, es más, viviendo en Mí en virtud del Amor, no es de maravillar que estén al día de Mi Voluntad sobre las almas y sobre Mi Iglesia. Una es la vida de ellos Conmigo, uno el Querer y una es la Luz con la cual ven la Verdad según el punto de vista divino y no según el humano, y por eso Yo no tengo que trabajar en comunicarme a estas almas, y las elevo por encima de todas las dignidades”. 

                    Después, estrechándome y besándome me ha dicho:

                    “Bella hija Mía, pero bella de Mi misma belleza, ¿te afliges por las cosas que dicen?. No te aflijas, pregunta al padre B. pobre hijo Mío, cuánto ha sufrido por causa Mía por los Superiores, por sus compañeros y por los demás, hasta declararlo necio, hechicero, hasta llegar a creer un deber el castigarlo, ¿y cuál era su delito?. ¡El amor!. 

                    Sintiendo los otros vergüenza de su vida frente a la suya, le han hecho guerra y le hacen guerra. ¡Ah, cómo es costoso el delito del amor!. Mucho Me cuesta a Mí el amor y mucho les cuesta a Mis amados hijos. Pero Yo lo amo mucho, y por lo que ha sufrido, en premio le he dado a Mí Mismo y moro en él. Pobre hijo Mío, no lo dejan libre, lo espían por todas partes, lo que no hacen con los demás, quien sabe y a lo mejor puedan encontrar materia para corregirlo y mortificarlo, pero Yo estando con él vuelvo vanas sus artes, dale ánimos, pero, ¡oh, cómo será terrible el juicio que haré de estos tales que osan maltratar a Mis amados hijos!”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 10, 19 de Enero de 1911


miércoles, 1 de octubre de 2025

JESÚS HABLA CON AMARGURA DE LOS ABUSOS DE LOS SACRAMENTOS



                    Esta mañana Jesús seguía haciéndose ver en silencio, pero con un aspecto afligidísimo, y tenía clavada en la cabeza una tupida corona de espinas; mis potencias interiores las sentía en silencio y no se atrevían a decir una sola palabra; viendo que sufría mucho en la cabeza he extendido mis manos y poco a poco le he quitado la corona, pero, ¡qué acerbo espasmo sufría, cómo se abrían las heridas y la sangre corría a ríos! A decir verdad era cosa que desgarraba el alma. 

                    Después de haberle quitado la corona de espinas la he puesto sobre mi cabeza, y Él mismo ayudaba a que penetrara bien, pero todo era silencio por ambas partes. Pero cuál ha sido mi asombro, porque poco después lo he mirado de nuevo y le estaban poniendo otra corona de espinas con las ofensas que le hacían. ¡Oh perfidia humana!. ¡Oh incomparable paciencia de mi Jesús, cuán grande eres!. Y Jesús callaba y casi no los veía para no saber quiénes eran sus ofensores. 

                    Entonces de nuevo se la he quitado, y avivándose todas mis potencias interiores por una tierna compasión, le he dicho: “Amado Bien mío, dulce vida mía, ¿dime por qué no me dices nada?. No ha sido jamás Tu costumbre esconderme Tus secretos. ¡Ah!, hablemos un poco, así desahogaremos un poco el dolor y el amor que nos oprime”. 

                    Y Él: “Hija Mía, tú eres el alivio en Mis penas. Sin embargo debes saber que no te digo nada porque tú Me obligas siempre a no castigar a las gentes, quieres oponerte a Mi Justicia, y si no hago como tú quieres quedas descontenta y Yo siento una pena de más, o sea el no tenerte contenta, así que para evitar disgustos por ambas partes mejor hago silencio”. 

                    Y yo: “Mi buen Jesús, ¿acaso has olvidado cuánto sufres Tú mismo después de que has usado la Justicia?. El verte sufrir en las criaturas es lo que me decide a forzarte para que no castigues a la gente. Y además, ese ver a las mismas criaturas volverse contra Ti como tantas víboras venenosas, que si estuviera en su poder ya Te hubieran quitado la vida, porque se ven bajo Tus flagelos, y así irritan más Tu Justicia, no me da valor para decir Fiat Voluntas Tua”. 

                    Y Él: “Mi Justicia no puede seguir más allá; Me siento herir por todos, por Sacerdotes, por devotos, por seglares, especialmente por el abuso de los Sacramentos: quien no les presta ninguna atención, agregando los desprecios; quienes frecuentándolos, de ellos hacen una plática de placer, y quien no estando satisfecho en sus caprichos, llega por esto a ofenderme. ¡Oh! cómo queda desgarrado Mi Corazón al ver reducidos los Sacramentos como aquellas cuadros pintados, o como aquellas estatuas de piedra que de lejos parecen vivas, pero si se acerca uno se comienza a descubrir el engaño; y entonces si se hace por tocarlas, ¿qué cosa se encuentra?. Papel, piedra, madera, objetos inanimados, y se queda desengañado del todo. Así son reducidos los Sacramentos, para la mayor parte no hay otra cosa que la sola apariencia y quedan más sucios que limpios. 

                    Y además, el espíritu de interés que reina en los Religiosos, es para llorar, ¿no te parece que son todo ojos ahí donde hay una miserable ganancia, hasta llegar a envilecer su dignidad?. Pero donde no está el interés no tienen manos ni pies para moverse ni siquiera un poquito. Este espíritu de interés les llena tanto el interior, que desborda al exterior y hasta los mismos seglares sienten la peste, y escandalizados no tienen fe en sus palabras. ¡Ah sí, ninguno deja de ofenderme!; hay quien Me ofende directamente, y quien, pudiendo impedir tanto mal, no se preocupa en hacerlo, así que no tengo a quién dirigirme. Pero Yo los castigaré de manera de hacerlos inútiles, y a quién destruiré perfectamente, llegarán a tanto, que quedarán desiertas las iglesias, sin tener quien administre los Sacramentos”.

                    Interrumpiendo su decir, toda espantada he dicho: “Señor, ¿qué dices?. Si hay quienes abusan de los Sacramentos, también hay muchas hijas buenas que los reciben con las debidas disposiciones y sufren mucho si no los frecuentan”. 

                    Y Él: “Demasiado escaso es su número, y además su pena por no poder recibirlos, servirá como una reparación a Mí y para ser víctimas por aquellos que abusan”. 

                    ¿Quién puede decir cómo he quedado herida por este hablar de Jesús Bendito?. Pero espero que quiera aplacarse por Su Infinita Misericordia.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 1 de Octubre de 1899



sábado, 6 de septiembre de 2025

IMAGEN DEL ESTADO DE LA IGLESIA. NECESIDAD DE PURIFICARLA



                    Encontrándome en mi habitual estado me he encontrado fuera de mí misma, y con gran sorpresa mía he encontrado en medio de un camino a una mujer tirada por tierra, toda llena de heridas y los miembros todos descoyuntados, no había hueso en su lugar. 

                    La mujer, si bien tan maltrecha que parecía el verdadero retrato del dolor, era bella, noble, majestuosa, pero al mismo tiempo daba piedad el verla abandonada por todos, expuesta a quien quisiera hacerle daño. Entonces, movida a compasión miraba alrededor para ver si había alguien que me ayudara a levantarla y ponerla en lugar seguro, y ¡oh! maravilla, junto a mí estaba un joven que me parecía que fuera Jesús, y juntos la hemos levantado de la tierra, pero a cada movimiento sufría penas desgarradoras debido al dislocamiento de los huesos. 

                    Así, poco a poco la hemos transportado dentro de un palacio, poniéndola sobre una cama, y junto con Jesús, que parecía que amaba tanto a esa mujer que quería darle Su propia Vida para salvarla y darle la salud, tomábamos en nuestras manos los miembros dislocados para ponerlos en su lugar; al toque de Jesús los huesos tomaban su lugar y aquella mujer se transformaba en una bella y graciosa niña. Yo he quedado asombrada por esto, y Jesús me ha dicho:

                    “Hija Mía, esta mujer es la imagen de Mi Iglesia. Ella es siempre Noble, llena de Majestad y Santa, porque su origen está en el Hijo del Padre Celestial; pero a qué estado tan doloroso la han reducido los miembros a Ella incorporados, no contentos con no vivir santamente, a la par de Ella, la han llevado en medio de la calle, exponiéndola al frío, a las burlas, a los golpes, y sus mismos hijos, como miembros dislocados, viviendo en medio de la calle se han dado a toda clase de vicios; el amor al interés, predominante en ellos los ciega y cometen las más feas infamias y viven junto a Ella para herirla y gritarle continuamente: ‘Sea crucificada, sea crucificada’. En qué estado tan doloroso se encuentra Mi Iglesia, los Ministros que deberían defenderla son sus más crueles verdugos; pero para renacer es necesaria la destrucción de estos miembros e incorporarle miembros inocentes, desinteresados, que viviendo a la par con Ella, regrese bella y graciosa niña, tal cual Yo la constituí, sin malicia, más que sencilla niña, para crecer fuerte y sana. Esta es la necesidad de que los enemigos inicien la batalla, para que se purguen los miembros infectados. Tú reza y sufre a fin de que todo redunde para Mi Gloria”.

                    Dicho esto me he encontrado en mí misma.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 17, 6 de Septiembre de 1924



lunes, 25 de agosto de 2025

EL INTERÉS Y LAS CIENCIAS HUMANAS EN LOS SACERDOTES



                    Esta mañana, encontrándome fuera de mí misma, me parecía ver Sacerdotes, Prelados atentos al interés y a las ciencias humanas, que no son necesarios para su estado, agregando a esto un espíritu de rebelión a las Autoridades Superiores. Nuestro Señor, muy afligido me ha dicho: 

                    “Hija Mía, el interés, las ciencias humanas, y todo lo que al Sacerdote no le pertenece, le forma una segunda naturaleza, fangosa y putrefacta, y las obras que salen de éstos, aun santas, Me provocan náuseas por la peste que exhalan, tanto, que Me son intolerables. Reza y repárame estas ofensas, porque no puedo más”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 7, 25 de Agosto de 1906



sábado, 31 de mayo de 2025

JESÚS SE LAMENTA DEL CONFESOR


                    Esta mañana, estando en mi habitual estado, mi adorable Jesús ha venido, y al mismo tiempo vi al Confesor (1). Jesús se mostraba un poco disgustado con él, porque parecía que el Confesor quería que todos aprobasen que lo mío era obra de Dios, y casi quería convencer a otros sacerdotes con manifestarles algunas cosas de mi interior. Jesús se ha vuelto al Confesor y le ha dicho: “Esto es imposible, hasta Yo tuve contrarios, y esto en personas de las más notables y también sacerdotes y otras dignidades, tuvieron que decir sobre Mis santas obras, hasta tacharme de endemoniado. Estas oposiciones, aun por personas religiosas, Yo las permito para hacer que a su tiempo pueda relucir más la Verdad. Que quieras hacerte aconsejar por dos o tres sacerdotes de los más buenos y santos y aun doctos, para tener luz y hasta para hacer lo que quiero Yo en las cosas que se deben hacer, como es el consejo de los buenos y la oración, esto Yo lo permito, pero el resto no, no, sería querer hacer un derroche de Mis obras y ponerlas en burla, lo que mucho me disgusta”.

                    Después me dijo a mí: "Lo que quiero de ti es un obrar recto y simple, que del pro y del contra de las criaturas no te preocupes, déjalas pensar como quieran, sin tomarte el más mínimo fastidio, pues el querer que todos sean favorables es un querer desviarse de la imitación de Mi Vida”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 31 de Mayo de 1899


NOTA

                    (1) Don Gennaro De Gennaro, tercer confesor de Luisa Piccarreta;  fue por obediencia a él que, el 28 de Febrero de 1899, Luisa comenzara a escribir sus confidencias con el Cielo.




viernes, 2 de mayo de 2025

CÓMO EN LA IGLESIA ESTÁ REFLEJADO TODO EL CIELO



                    Esta mañana Jesús daba mucha compasión, estaba tan afligido y sufriente que yo no me atrevía a hacerle ninguna pregunta, nos mirábamos en silencio, de vez en cuando me daba un beso y yo a Él, y así ha seguido haciéndose ver algunas veces. La última vez me hizo ver la Iglesia diciéndome estas palabras:

                    "En Mi Iglesia está representado todo el Cielo: así como en el Cielo una es la cabeza, que es Dios, y muchos son los Santos, de diferentes condiciones, órdenes y méritos, así en Mi Iglesia una es la cabeza, que es el Papa, y hasta en la tiara que rodea su cabeza está representada la Trinidad Sacrosanta, y muchos son los miembros que de esta cabeza dependen, o sea, diferentes dignidades, diferentes órdenes, superiores e inferiores, desde el más pequeño hasta el más grande todos sirven para embellecer Mi Iglesia, y cada uno según su grado tiene un oficio que le ha sido dado, y con el exacto cumplimiento de las virtudes viene a dar de sí en Mi Iglesia un esplendor olorosísimo, de modo que la tierra y el Cielo quedan perfumados e iluminados, y las gentes quedan tan atraídas por esta luz y por este perfume, que resulta casi imposible no rendirse a la Verdad. Te dejo a ti el considerar a aquellos miembros infectados, que en vez de producir luz dan tinieblas, ¡cuántos destrozos hacen en Mi Iglesia!"

                    Mientras Jesús así me decía, he visto al Confesor junto a Él, Jesús con Su mirada penetrante lo miraba fijamente; después, dirigiéndose a mí me ha dicho:

                    "Quiero que tengas plena confianza con el Confesor, aun en las mínimas cosas, tanto que entre Mí y él no debe haber diferencia alguna, porque en la medida de tu confianza y de la fe que des a sus palabras, así concurriré Yo."

                    En el momento que Jesús decía estas palabras me acordé de ciertas tentaciones del Demonio, que habían producido en mí un poco de desconfianza, pero Jesús con Su ojo vigilante, de inmediato me ha tomado nuevamente junto a Sí, y en ese mismo instante me sentí quitar de mi interior esa desconfianza. Sea siempre bendito el Señor que tiene tanto cuidado de esta alma tan miserable y pecadora.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 2 de Mayo de 1899




miércoles, 16 de abril de 2025

JESÚS QUIERE GIRAR JUNTO CON LUISA Y LE HACE VER CÓMO ES TRATADO POR LAS ALMAS

                    


                    Estando en mi habitual estado (1), Jesús me invitó a girar para ver qué cosa hacían las criaturas. Yo le dije: "Mi adorable Jesús, esta mañana no tengo ganas de girar y ver las ofensas que Te hacen; estémonos aquí los dos juntos." Pero Jesús insistía en que quería girar, entonces para contentarlo le dije: "Si quieres salir, vamos, pero vamos dentro de alguna iglesia, pues ahí son pocas las ofensas que Te hacen”.

                    Y así hemos ido dentro de una iglesia, pero también ahí era ofendido, y más que en otros lugares, no porque en las iglesias se hagan más pecados que en el mundo, sino porque son ofensas hechas por Sus más amados, por aquellos mismos que deberían poner alma y cuerpo para defender el Honor y la Gloria de Dios, por eso resultan más dolorosas a Su Corazón adorable.

                    Entonces veía almas devotas, que por bagatelas de nada no se preparaban bien a la Comunión; su mente en vez de pensar en Jesús pensaba en sus pequeñas disturbios, en tantas cosas de nada, y esta era su preparación. Cuánta pena daban estas almas a Jesús y cuánta compasión daban ellas, porque daban importancia a tantas pajitas, a tantas ociosidades y en cambio no se dignaban dirigirle una mirada a Jesús. 

                    Entonces Él me ha dicho:"Hija Mía, cuánto impiden estas almas que Mi Gracia se derrame en ellas, Yo no me fijo en las menudencias sino en el amor con el cual se acercan, y ellas al contrario, más se fijan en las pajas que en el amor, es más, el amor destruye las pajas, pero con muchas pajas no se acrecienta ni un poquito el amor, más bien lo disminuye. Pero lo que es peor de estas almas es que se disturban mucho, pierden mucho tiempo; quisieran estar con los confesores horas enteras para decir todas estas menudencias, pero jamás ponen manos a la obra con una buena y valiente resolución para extirpar estas pajas.

                    ¿Qué decirte además, ¡oh! hija Mía, de ciertos sacerdotes de estos tiempos?. Se puede decir que obran casi satánicamente, llegando a hacerse ídolos de las almas. ¡Ah! sí, Mi Corazón es más traspasado por Mis hijos, porque si los otros Me ofenden más, ofenden las partes de Mi Cuerpo, pero los Míos Me ofenden las partes más sensibles y tiernas, hasta en lo más íntimo de Mi Corazón”.

                    ¿Quién puede decir la amargura de Jesús?. Al decir estas palabras lloraba amargamente. Yo hacía cuanto más podía por compadecerlo y repararlo, pero mientras esto hacía nos retiramos juntos en el lecho.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 2, 16 Abril de 1899


                1) Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.



jueves, 30 de enero de 2025

LAS VIRTUDES, LOS MÉRITOS DE JESÚS, SON TANTAS TORRES DE FUERZA, EN LAS CUALES CADA UNO PUEDE APOYARSE EN EL CAMINO DE LA ETERNIDAD



               Esta mañana al venir el Bendito Jesús me ha transportado fuera de mí misma, en medio de muchas personas de diferentes condiciones: Sacerdotes, monjas, seglares, y Jesús dando un doloroso lamento ha dicho: 

               "Hija Mía, el veneno del interés ha entrado en todos los corazones, y como esponjas han quedado empapados de este veneno. Este veneno pestífero ha penetrado en los Monasterios, en los Sacerdotes, en los seglares. Hija Mía, lo que no cede a la luz de la Verdad y a la potencia de la virtud, cede ante un vilísimo interés, y las virtudes más sublimes y excelsas, ante este veneno, como frágil vidrio caen hechas pedazos".

               Y mientras esto decía lloraba amargamente. Ahora, ¿quién puede decir el desgarro de mi alma al ver llorar a mi amorosísimo Jesús? No sabiendo qué hacer para que dejara de llorar he dicho disparates: "Amado mío, ¡ah! no llores, si los demás no Te aman, Te ofenden y tienen los ojos cegados por el veneno del interés, de modo que por él quedan todos embebidos, estoy yo que Te amo, Te alabo, y miro como inmundicia todo lo que es terreno, y no anhelo más que a Ti, por eso deberías quedar contento con mi amor y dejar de llorar, y si Te sientes amargado derrama en mí Tus amarguras, que estaré más contenta, antes que verte llorar". 

               Al oírme dejó de llorar, derramó un poco y luego me participó los dolores de la Cruz, después ha agregado: 

               "Mis virtudes y los méritos adquiridos para el hombre en Mi Pasión, son tantas torres de fortaleza en las cuales cada uno puede apoyarse en el camino hacia la Eternidad, pero el hombre ingrato, huyendo de estas torres de fortaleza, se apoya en el fango, y se conduce por el camino de la perdición". 

               Entonces Jesús ha desaparecido, y yo me he encontrado en mí misma.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 30 de Enero de 1901




jueves, 28 de noviembre de 2024

ROGARÉ POR LOS SACERDOTES



               ...quiero repararte por todos los sacrilegios, en particular por las Misas celebradas malamente... ¿Cuántas veces, amor mío, te ves forzado a descender del Cielo a las manos del Sacerdote, que en virtud de su potestad Te llama, y encuentras esas manos llenas de fango, que chorrean inmundicia, y Tú, aunque sientes náusea de esas manos, Te ves obligado por Tu Amor a permanecer en ellas! 

               Es más, en algunos Sacerdotes es peor, en ellos encuentras a los Sacerdotes aquellos de Tu Pasión, que con sus enormes delitos y sacrilegios renuevan el deicidio... Jesús mío, es espantoso pensarlo: otra vez Te encuentras, como en la Pasión, en esas manos indignas, como un corderito, aguardando de nuevo Tu muerte. ¡Ah Jesús, cuánto sufres! ¡Cómo quisieras una mano amorosa para librarte de esas manos sanguinarias!

               ¡Ah, cuando Te encuentres en esas manos, Te ruego que hagas que me encuentre presente también yo para darte mi reparación. Quiero cubrirte con la pureza de los Ángeles y perfumarte con sus virtudes para neutralizar el hedor de esas manos, y darte mi corazón como consuelo y refugio y mientras estés en mí, yo Te rogaré por los Sacerdotes, para que sean dignos ministros Tuyos, y así no pongan en peligro Tu Vida Sacramental. 


Extraído de la Vigésima Cuarta Hora de "Las Horas de la Pasión", 
revelaciones de Nuestro Señor a la mística Luisa Piccarreta