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lunes, 12 de octubre de 2026

CON VIVIR EN EL DIVINO QUERER, EL QUERER HUMANO ASCIENDE Y EL DIVINO DESCIENDE. CÓMO SE ADQUIEREN LAS PRERROGATIVAS DIVINAS



                    Estaba haciendo mi acostumbrado giro en el Fiat Divino, y llamando todo lo que había hecho en la Creación y Redención, los ofrecía a la Majestad Divina para impetrar que la Divina Voluntad fuese conocida, a fin de que reine y domine en medio a las criaturas. Pero mientras esto hacía pensaba entre mí: “¿Cuál es el bien que hago con repetir siempre estos giros, actos y ofrecimientos?. Y mi amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

                    “Hija Mía, cada vez que giras en Nuestras obras y te unes a los actos que hizo Mi Fiat en la Creación y Redención para ofrecérnoslos, tú das un paso hacia el Cielo y Mi Divina Voluntad da una paso hacia la tierra, así que conforme tú subes, Ella desciende, y mientras queda inmensa se empequeñece y se encierra en tu alma para repetir junto contigo tus actos, tus ofrecimientos, tus oraciones, y Nosotros sentimos que Nuestro Querer Divino ruega en ti; sentimos salir de ti Su respiro; sentimos Su latido, que mientras late en Nosotros, al mismo tiempo late en ti; sentimos la Potencia de nuestras obras creadoras, que alineándose en torno a Nosotros, ruegan con Nuestro Poder Divino que nuestra Divina Voluntad descienda a reinar sobre la tierra; mucho más, porque en lo que tú haces no eres una intrusa, o bien un individuo que no ocupando ningún oficio no tiene ningún poder, sino que has sido llamada, y en modo especial te ha sido dado el oficio de hacer conocer Nuestra Divina Voluntad, y de impetrar que Nuestro Reino sea constituido en medio a la familia humana. 

                    Por eso hay gran diferencia entre quien ha recibido un oficio de Nosotros, y entre quien no ha recibido ningún empeño. Quien ha recibido un oficio, todo lo que hace lo hace con derecho, con libertad, porque tal es Nuestra Divina Voluntad, ella representa a todos aquellos que deben recibir el bien que queremos dar por medio del oficio a ella dado, así que no eres sólo tú la que das un paso hacia el Cielo, sino todos aquellos que conocerán Mi Divina Voluntad, y Ella descendiendo, desciende por medio tuyo en todos aquellos que la harán reinar, por eso el único medio para obtener el Reino del Fiat Divino, es servirte de Nuestras obras para obtener un bien tan grande”.

                    Después continuaba siguiendo los actos de la Divina Voluntad, y habiendo llegado al punto cuando llamó de la nada a la Soberana Reina, me he detenido a comprenderla, toda bella, majestuosa, Sus derechos de Reina se extendían a todas partes, Cielo y tierra doblaban las rodillas para reconocerla como Emperatriz de todos y de todo, y yo desde el fondo de mi corazón veneraba y amaba a la Soberana Señora, y de pequeña cual soy quería dar un salto sobre Sus rodillas maternas para decirle: “Mamá Santa, toda bella Tú eres, y tal eres porque viviste de Voluntad Divina. ¡Ah! Tú que la posees, pídele que descienda sobre la tierra y venga a reinar en medio de Tus hijos”. 

                    Pero mientras esto hacía, mi adorado Jesús ha agregado:

                    “Hija Mía, Mi Madre, aunque no hubiera sido Mi Madre, sólo porque hizo perfectamente la Divina Voluntad y no conoció otra vida, y vivió en la plenitud de Ella, en virtud del vivir siempre de Mi Fiat habría poseído todas las prerrogativas divinas, lo mismo habría sido Reina, la más bella de todas las criaturas, porque donde reina Mi Fiat Divino quiere dar todo, no se queda con nada, es más, la ama tanto, que haciendo uso de sus estratagemas amorosas se esconde, se empequeñece en la criatura, amando el hacerse dominar por ella. En efecto, ¿no fue un dominar lo que hizo la Soberana del Cielo de Mi Querer Divino, que llegó a hacerme concebir y a esconderme en Su Seno?. ¡Oh! si todos conocieran qué sabe hacer y qué puede hacer Mi Querer Divino, harían todos los sacrificios para vivir sólo de Mi Voluntad”.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 27, 12 de Octubre de 1929



miércoles, 30 de septiembre de 2026

EL EDÉN, CAMPO DE LUZ. DIFERENCIA ENTRE QUIEN OBRA EN LA DIVINA VOLUNTAD Y QUIEN OBRA EN EL HUMANO QUERER. EL PEQUEÑO TERRENO DE LA CRIATURA; EL SEMBRADOR CELESTIAL





                    Estaba continuando mis acostumbrados actos en el Querer Divino, y mi pobre mente se ha detenido en el Edén, donde Dios creaba al hombre para dar principio a la vida de la criatura. Y mi amado Bien Jesús, haciéndose ver todo ternura y bondad me ha dicho:

                    “Hija Mía, el Edén campo de luz en el cual Nuestro Ser Supremo creaba al hombre, se puede decir que él fue creado en la Luz de Nuestro Fiat, su primer acto de vida fue luz, la cual extendía detrás y delante a él, a derecha e izquierda, un campo interminable de luz, él debía recorrer su camino para formar su vida tomando en sus actos tanta luz por cuantos actos hacía, para formar una luz toda propia, como propiedad suya en virtud de sus actos, si bien tomada de Mi Divina Voluntad. 

                    Ahora, la diferencia de quien obra en Ella como su principio y fin, en la cual todos sus actos están unidos al principio de la luz donde fue formada su vida, y tuvo su primer acto de vida, la luz tiene en custodia esta vida, la defiende, y nada de extraño deja entrar en su luz para formar uno de los portentos que sólo sabe formar la luz. 

                    En cambio, quien desciende de esta luz entra en la oscura cárcel de su voluntad, y al hacer sus actos toma tinieblas, y toma tantas tinieblas por cuantos actos hace, para formarse una propiedad toda suya de tinieblas. Las tinieblas no saben custodiar, ni defender a aquél que vive en ellas, y si algún acto bueno hace es siempre tenebroso, porque están atados por tinieblas, y como ellas no tienen virtud de saber defender, entran cosas extrañas a las mismas tinieblas, entran las molestias de las debilidades, los enemigos de las pasiones, los ladrones aguerridos que precipitan a la criatura en el pecado, y llegan a precipitarla en las tinieblas eternas donde no hay esperanza de luz. ¡Qué diferencia entre quien vive en la Luz de Mi Divina Voluntad y entre quien vive como aprisionada en su voluntad humana!”.

                    Después continuaba siguiendo el orden que la Divina Voluntad había tenido en la Creación, y mi pequeña y pobre inteligencia se detuvo en el punto cuando Dios creó a la Virgen Inmaculada, y mi amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

                    “Hija Mía, todos los actos buenos y santos de los Profetas, Patriarcas, y del pueblo antiguo, formaron el terreno donde el Ente Supremo sembró la semilla para hacer desarrollar la Vida de la Celestial Niña María, porque su germen fue tomado de la estirpe humana. La Virgen, teniendo en Sí la Vida obrante de la Divina Voluntad, amplió este terreno con Sus actos, lo fecundó y divinizó, hizo correr en él, más que lluvia benéfica y restauradora, la Santidad de Sus virtudes, el calor de Su Amor, y dardeándolo con la luz del Sol de la Divina Voluntad que poseía como propia, preparó el terreno para desarrollar al Celestial Salvador, y nuestra Divinidad abrió el Cielo e hizo llover el Justo, el Santo, el Verbo, dentro de este Brote, y así fue formada Mi Vida Divina y humana para formar la Redención del género humano. 

                    Mira entonces, en todas Nuestras obras dirigidas a bien de las criaturas queremos encontrar un apoyo, un lugar, un pequeño terreno dónde poner nuestra obra y el bien que queremos dar a las criaturas, de otra manera, ¿dónde la ponemos?, ¿en el aire?. ¿Sin que al menos uno lo sepa y que nos atraiga con sus actos formando su pequeño terreno, y Nosotros como celestial sembrador sembrar el bien que queremos dar?. Si esto no fuese, que de ambas partes, Creador y criatura, la formaran juntos, ella preparándose con sus pequeños actos para recibir, y Dios con el dar, sería como si nada hiciéramos o quisiéramos dar a la criatura. 

                    Así que los actos de la criatura preparan el terreno al Sembrador Divino; si no hay tierra no hay que esperar la siembra, ninguno va a sembrar si no tiene un pequeño terreno, mucho menos Dios, Sembrador Celestial, arroja la semilla de Sus verdades, el fruto de Sus obras, si no encuentra el pequeño terreno de la criatura. La Divinidad para obrar, primero se quiere poner de acuerdo con el alma, después de que lo hemos hecho y vemos que ella quiere recibir aquel bien, hasta rogarnos y formarnos el terreno donde ponerlo, entonces con todo amor lo damos, de otra manera sería exponer a la inutilidad nuestras obras”.

Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 28, 30 de Septiembre de 1930



sábado, 15 de agosto de 2026

TODAS LAS COSAS CREADAS CAMINAN HACIA EL HOMBRE. LA FIESTA DE LA ASUNCIÓN SE DEBERÍA LLAMAR LA FIESTA DE LA DIVINA VOLUNTAD



                    Continuaba fundiéndome en el Santo Querer Divino para corresponder a mi Jesús con mi pequeño amor por todo lo que ha hecho por el género humano en la Creación; y mi amado Jesús, moviéndose en mi interior, para dar más valor a mi pequeño amor, hacía junto conmigo lo que yo hacía, y mientras estaba en esto me ha dicho: 

                    “Hija Mía, todas las cosas creadas fueron hechas para el hombre, y todas corren hacia él, no tienen pies, pero todas caminan, todas tienen un movimiento, o para encontrarlo o para hacerse encontrar: la luz del sol parte desde la altura de los cielos para encontrar a la criatura, iluminarla y calentarla; el agua camina para llegar hasta las vísceras humanas para quitarle la sed y refrescarla; las plantas, las semillas, caminan y desgarran la tierra, forman su fruto para darse al hombre, no hay cosa creada que no tenga un paso, un movimiento, hacia quien el Eterno Artífice las había dirigido en su creación. 

                    Mi Voluntad mantiene el orden, la armonía y las mantiene a todas en camino hacia las criaturas, así que es Mi Voluntad que camina siempre en las cosas creadas hacia la criatura, no se detiene jamás, es toda movimiento hacia quien tanto ama, sin embargo, ¿quién dice un gracias a Mi Voluntad que le lleva la luz del sol, el agua para beber para quitarle la sed, el pan para quitarle el hambre, el fruto, la flor para recrearlo y tantas otras cosas que le lleva para hacerlo feliz?. ¿No es justo que mi Voluntad, haciendo todo para él, el hombre hiciera todo para cumplir mi Voluntad?. 

                    ¡Oh! si tú supieras la fiesta que hace Mi Voluntad en las cosas creadas cuando camina y sirve a quien cumple Mi Voluntad. Mi Voluntad obrante y cumplida en la criatura, y Mi Voluntad obrante en las cosas creadas, mientras se encuentran juntas se besan, armonizan, se aman y forman el himno, la adoración a su Creador, y el portento más grande de toda la Creación. 

                    Las cosas creadas se sienten honradas cuando sirven a la criatura que es animada por esa misma Voluntad que forma su misma Vida de ellas; en cambio Mi Voluntad se pone en actitud de dolor en las mismas cosas creadas cuando debe servir a quien no cumple Mi Voluntad; he aquí por qué sucede que muchas veces las cosas creadas se ponen contra el hombre, lo golpean, lo castigan, porque ellas se vuelven superiores al hombre, conservando íntegra en ellas aquella Voluntad Divina por la cual fueron animadas desde el principio de su creación, y el hombre ha descendido a lo bajo, no conservando en él la Voluntad de su Creador”. 

                    Después de esto me he puesto a pensar en la Fiesta de mi Celestial Mamá Asunta al Cielo, y mi dulce Jesús con un acento tierno y conmovedor ha agregado: 

                    “Hija Mía, el verdadero nombre de esta Fiesta, debería ser: ‘La Fiesta de la Divina Voluntad’. Fue la voluntad humana la que cerró el Cielo, que destrozó los vínculos con su Creador, la que hizo salir todas las miserias, el dolor, y que puso término a las fiestas que la criatura debía gozar en el Cielo. Ahora, esta criatura, Reina de todos, con hacer siempre y en todo la Voluntad del Eterno, es más, se puede decir que Su vida fue sólo la Voluntad Divina, abrió el Cielo, se vinculó con el Eterno e hizo volver las fiestas en el Cielo con la criatura; cada acto que hacía en la Voluntad Suprema era una fiesta que iniciaba en el Cielo, eran soles que formaba como ornamentos de esta fiesta, eran músicas que enviaba para alegrar la Jerusalén Celestial, así que la verdadera causa de esta fiesta es la Voluntad Eterna obrante y cumplida en Mi Mamá Celestial, que obró tales prodigios en Ella, que dejó estupefactos a Cielos y tierra, encadenó al Eterno con los vínculos indisolubles de Amor, raptó al Verbo Eterno hasta Su Seno, los mismos Ángeles, raptados, repetían entre ellos: ‘¿De dónde tanta Gloria, tanto Honor, tanta Grandeza y tantos prodigios jamás vistos, en esta excelsa Criatura?. No obstante es del exilio que viene’. Y atónitos reconocían la Voluntad de su Creador como vida y obrante en Ella, y estremeciéndose decían: ‘¡Santa, Santa, Santa, Honor y Gloria a la Voluntad de nuestro Soberano Señor y Gloria y tres veces Santa Aquélla que ha hecho obrar a esta Suprema Voluntad!’. 

                    Así que es Mi Voluntad la que más que todo fue y es festejada en el día de la Asunción al Cielo de Mi Madre Santísima; fue Mi Voluntad únicamente la que la hizo ascender tan alto que la distinguió entre todas las criaturas, todo lo demás habría sido nada si no hubiera poseído el prodigio de Mi Querer. Fue Mi Voluntad que le dio la Fecundidad Divina y la hizo Madre del Verbo, fue Mi Voluntad la que le hizo ver y abrazar a todas las criaturas juntas, haciéndose Madre de todas y amando a todas con un Amor de Maternidad Divina, y haciéndola Reina de todos la hacía imperar y dominar. 

                    En aquel día Mi Voluntad recibió los primeros honores, la gloria y el fruto abundante de Su labor en la Creación, y comenzó su fiesta que jamás interrumpe por la glorificación de su obrar en Mi amada Madre; y si bien el Cielo fue abierto por Mí, y muchos Santos estaban ya en posesión de la Patria Celestial cuando la Reina Celestial fue asunta al Cielo, sin embargo la causa primaria era precisamente Ella, que había cumplido en todo la Suprema Voluntad, y por eso se esperó a Aquélla que tanto la había honrado y contenía el verdadero prodigio de la Santísima Voluntad para hacer la primera fiesta al Supremo Querer. 

                    ¡Oh, cómo todo el Cielo glorificaba, bendecía, alababa a la Eterna Voluntad cuando veía a esta sublime Reina entrar en el Empíreo, en medio de la Corte Celestial, toda fundida en el Sol Eterno del Querer Supremo!. La veían toda adornada por la potencia del Fiat Supremo, no había habido en Ella ni siquiera un latido que no tuviera impreso este Fiat, y atónitos la miraban y le decían: ‘Asciende, asciende más arriba, es justo que Aquélla que tanto ha honrado al Fiat Supremo y que por medio Suyo nos encontramos en la Patria Celestial, tenga el trono más alto y que sea nuestra Reina’. Y el más grande honor que recibió mi Mamá fue el ver glorificada la Divina Voluntad”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 18, 15 de Agosto de 1925



lunes, 23 de marzo de 2026

DOLORES DE LA CELESTIAL MAMÁ, Y CÓMO EL FIAT DIVINO OBRÓ EN ELLOS



                    Estaba pensando en los Dolores de mi Mamá Celestial, y mi amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho: 

                    "Hija Mía, el primer Rey de los Dolores fui Yo, y siendo Yo Hombre y Dios, debía concentrar todo en Mí para tener el primado sobre todo, aun sobre los mismos dolores. Los dolores de Mi Mamá no eran otra cosa que los reflejos de los míos, que reflejándose en Ella le participaban todos Mis dolores, que traspasándola, la llenaron de tal amargura y pena, de sentirse morir a cada reflejo de Mis dolores, pero el Amor la sostenía y le daba de nuevo la vida. Por eso, no sólo por honor, sino con derecho de justicia fue la primera Reina del inmenso mar de Sus dolores". 

                    Mientras esto decía, me parecía ver a mi Mamá frente a Jesús, y todo lo que contenía Jesús, los dolores y los traspasos de ese Corazón Santísimo se reflejaban en el Corazón de la Dolorosa Reina, y por cada uno de los reflejos se formaban tantas espadas en el Corazón de la traspasada Mamá, y estas espadas eran selladas por un Fiat de Luz, en la cual Ella quedaba rodeada en medio a tantos Fiat de Luz fulgidísima que le daban tanta gloria, que faltan las palabras para narrarla. Entonces Jesús ha continuado diciéndome: 

                    "No fueron los dolores los que constituyeron Reina a Mi Mamá y la hicieron refulgir de tanta gloria, sino Mi Fiat Omnipotente, el cual entrelazaba cada acto y dolor Suyo y se constituía vida de cada dolor, así que Mi Fiat era el acto primero que formaba la espada, dándole la intensidad del dolor que quería; Mi Fiat podía poner en aquel corazón traspasado cuantos dolores quería, agregar heridas a heridas, penas sobre penas, sin la sombra de la mínima resistencia, es más, se sentía honrada de que Mi Fiat se constituía vida aún de un solo latido, y Mi Fiat le dio la Gloria completa y la constituyó verdadera y legítima Reina.

                    Ahora, ¿quiénes serán las almas en las cuales pueda reflejar los reflejos de Mis dolores y de Mi misma Vida?. Aquéllas que tendrán por vida Mi Fiat, este Fiat absorberá en ellas Mis reflejos, y Yo seré magnánimo en participar lo que Mi Querer obra en Mí, por eso en Mi Voluntad espero a las almas, para darles el verdadero dominio y la Gloria completa de cada acto y pena que puedan sufrir. Fuera de Mi Voluntad, el obrar y el sufrir Yo no lo reconozco, podría decir: ‘No tengo qué darte, ¿cuál es la voluntad que te ha animado en el hacer y en sufrir esto?. De ella hazte recompensar’. Muchas veces el hacer el bien, el sufrir, sin que Mi Voluntad entre en medio, pueden ser míseras esclavitudes que degeneran en pasiones, mientras que sólo Mi Querer da el verdadero dominio, las verdaderas virtudes, la verdadera Gloria de transformar lo humano en divino".


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 15, 23 de Marzo de 1923




miércoles, 18 de marzo de 2026

JESÚS, EN SU CONCEPCIÓN CONCIBIÓ A TODAS LAS ALMAS, LAS PENAS Y LAS MUERTES DE TODAS ELLAS



                    Continuando mi habitual estado (1), mi siempre amable Jesús, haciéndose ver, me ha atraído en la inmensidad de su Santísimo Querer, en el cual me hacía ver como en acto su concepción en el seno de la Mamá Celestial. ¡Oh Dios, qué abismo de amor! Y mi dulce Jesús me ha dicho: 

                    “Hija de Mi Querer, ven a tomar parte en las primeras muertes y en las penas que sufrió Mi pequeña Humanidad por parte de Mi Divinidad en el acto de Mi Concepción. 

                    En cuanto fui concebido concebí junto Conmigo todas las almas, pasadas, presentes y futuras, como Mi propia Vida, y concebí al mismo tiempo las penas y las muertes que por cada una debía sufrir. Debía incorporar todo en Mí, almas, penas y muertes que cada una debía sufrir, para decir al Padre: “Padre Mío, no verás más a la criatura, sino sólo a Mí, y en Mí encontrarás a todos y Yo daré satisfacción por todos. Cuantas penas quieras, Te las daré; quieres que sufra cada una de las muertes de cada uno, las sufriré; todo acepto con tal de que des vida a todos”. 

                    He aquí por qué se necesitaba un Querer y un Poder Divino, para darme tantas muertes y tantas penas, y un Poder y Querer divino para hacerme sufrir; y como en Mi Querer están en acto todas las almas y todas las cosas, así que no en modo abstracto o intencional como alguno puede pensar, sino en realidad, tenía en Mí a todas fundidas Conmigo, formaban Mi misma Vida, en realidad moría por cada uno y sufría las penas de todos. 

                    Es verdad que concurría un milagro de Mi Omnipotencia, el prodigio de Mi inmenso Querer; sin Mi Voluntad Mi Humanidad no habría podido encontrar y abrazar a todas las almas, ni habría podido morir tantas veces. Por esto Mi pequeña Humanidad, en cuanto fue concebida comenzó a sufrir alternativamente las penas y las muertes, y todas las almas nadaban en Mí como dentro de un vastísimo mar, formaban miembros de Mis miembros, sangre de Mi Sangre, corazón de Mi Corazón. 

                    Cuántas veces Mi Mamá, tomando el primer puesto en Mi Humanidad, sentía Mis penas y Mis muertes y por esto moría junto Conmigo...cómo Me era dulce encontrar en el Amor de Mi Mamá el eco del Mío, son misterios profundos donde la inteligencia humana, no comprendiendo bien, parece que se pierde, por eso ven en Mi Querer y toma parte en las muertes y en las penas que sufrí no apenas fue cumplida Mi Concepción, así podrás comprender mejor lo que te digo”. 

                    No sé decir cómo me he encontrado en el seno de mi Reina Mamá, donde veía al Niño Jesús pequeño, pequeño, pero si bien pequeño contenía todo; de Su Corazón se ha desprendido un dardo de luz hacia el mío, y conforme me penetraba sentía que me daba la muerte, y conforme salía me regresaba la vida. Cada toque de aquel dardo me producía un dolor agudísimo, por el que sentía deshacerme y en realidad morir, y después con su mismo toque me sentía revivir, pero no tengo las palabras justas para expresarme y por eso aquí pongo punto.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 12, 18 de Marzo de 1919


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.




sábado, 28 de febrero de 2026

CON VIVIR EN EL QUERER DIVINO TODOS LOS BIENES QUEDAN CONCENTRADOS EN EL ALMA. LA FINALIDAD PRIMARIA DE LA REDENCIÓN FUE EL FIAT DIVINO



                    Habiendo recibido la Santa Comunión, estaba llamando a todos, a mi Reina Mamá, a los Santos, al primer hombre Adán, con el séquito de todas las generaciones hasta el último hombre que vendrá sobre la tierra y además a todas las cosas creadas, a fin de que todos junto conmigo, postrados en torno a Jesús lo adoráramos, lo bendijéramos y lo amáramos, a fin de que a Jesús nada le faltara en torno a Él de todas las obras salidas de Sus manos, ni un solo corazón que palpita, ni un sol que refulge, ni la vastedad del cielo azul adornado de estrellas, ni el mar que murmura, ni siquiera la pequeña florecita que eleva su perfume, todo y a todos quisiera concentrar en torno a Jesús Hostia, a fin de que le rindieran los honores debidos; Su Querer me hacía todo presente como si todo fuera mío, y yo quería dar todo a Jesús. 

                    Ahora, mientras esto hacía, me parecía que Jesús era feliz al mirar a todas las generaciones y las cosas suyas en torno a Él, y estrechándome a Sí me ha dicho: 

                    “Hija Mía, cómo Estoy contento al ver en torno a Mí a todas Mis obras, me siento restituir la alegría, la felicidad que les di al crearlas, y Yo les correspondo con nueva felicidad; este es el gran bien que contiene y lleva Mi Voluntad, y en quien vive en Ella concentra los bienes de todos en Ella, porque Mi Voluntad no hay bien que no lleve y vincula el alma a todos y a todo lo que a Ella pertenece, así que si la criatura no se hubiese sustraído de Mi Querer, Yo debía encontrar a todos en una, y a cada una en todos; los Bienes, la Luz, la Fuerza, la Ciencia, el Amor, la Belleza, debían ser comunes a todos, no debía haber ni tuyo ni mío, ni en el orden natural ni en el orden espiritual, cada una de las criaturas podría tomar cuanto quisiera. 

                    Símbolo del Sol debía ser la vida humana en Mi Voluntad, que todos pueden tomar la luz por cuanto quieran, sin que a ninguno le falte; pero como se sustrajo de Mi Voluntad, los Bienes, la Luz, la Fuerza, el Amor, la Belleza, quedaron divididos y como incompletos entre las criaturas, por eso no hubo más Orden, ni Armonía, ni verdadero Amor, ni hacia Dios ni entre ellos. 

                    ¡Oh!, si el Sol se pudiera dividir en tantos rayos, separándose del centro de la Luz, estos rayos solares terminarían volviéndose tinieblas, y ¿qué sería de la tierra?. ¡Ah, ciertamente ninguno habría podido tener más una luz toda suya y toda para sí!. Así fue de Mi Voluntad, el hombre al sustraerse de Ella perdió la plenitud de los Bienes, la plenitud de la Luz, de la Fuerza, de la Belleza, etc., y por eso fue obligado a vivir con privaciones. Por eso sé atenta, tu vivir en Mi Querer sea continuo, a fin de que tú contengas todo y Yo encuentre a todos en ti”. 

                    Después estaba pensando entre mí: “Si tanto bien contiene el verdadero vivir en la Suprema Voluntad, ¿por qué mi Mamá Celestial, que era toda Voluntad de Dios, no consiguió junto al suspirado Redentor el Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra, y así hacer regresar al hombre en aquel Fiat Supremo de donde salió, para darle nuevamente todos lo bienes y el fin por el cual había sido creado?. Mucho más que Ella, siendo toda Voluntad de Dios, no tenía ningún alimento extraño a Dios, por lo tanto poseía la misma Potencia Divina y con ésta todo podía conseguir”. 

                    Y mi dulce Jesús moviéndose de nuevo en mi interior, suspirando ha agregado:

                    “Hija mía, todo lo que hizo mi Mamá y todo lo que hice Yo en la Redención, su finalidad primaria era que Mi Fiat reinase sobre la tierra; no sería ni decoroso, ni verdadero Amor, ni gran magnanimidad, ni mucho menos obrar como aquel Dios que era, si viniendo al mundo debiera y quisiera dar a las criaturas la cosa más pequeña, como eran los medios para salvarse, y no la cosa más grande, como era Mi Voluntad, que contiene no sólo los remedios sino todos los Bienes posibles que hay en el Cielo y en la tierra, y no sólo la Salvación y la Santidad, sino aquella Santidad que la eleva a la misma Santidad de su Creador. 

                    ¡Oh, si tú pudieras penetrar en cada oración, acto, palabra y pena de Mi indivisible Mamá, tú encontrarías dentro el Fiat que suspiraba e impetraba; si pudieras penetrar dentro de cada gota de Mi Sangre, en cada latido Mío, respiro, paso, obra, dolor y lágrima, encontrarías dentro el Fiat que tenía la Supremacía, que suspiraba y pedía para las criaturas, pero mientras el fin primario era el Fiat, Mi Bondad debió descender al fin secundario y casi hacer como un maestro que mientras posee las ciencias más altas, y podría dar lecciones nobles y sublimes, dignas de sí, como los escolares son todos analfabetos se debe abajar a dar lecciones de: a, b, c, para poder poco a poco llegar a su fin primario de impartir las lecciones de la ciencia que posee para hacer otros tantos maestros dignos de tal maestro; si este maestro no se quisiera abajar a dar lecciones de estudios inferiores y quisiera dar lecciones de Su alta ciencia, los escolares, siendo analfabetos, no lo habrían entendido y confundidos por tanta ciencia ignorada por ellos lo habrían dejado, y el pobre maestro por no haberse querido abajar, no ha dado ni el pequeño bien de su ciencia ni el grande. 

                    Ahora hija Mía, cuando Yo vine a la tierra las criaturas eran todas analfabetas en las cosas del Cielo, y si Yo hubiese querido hablar del Fiat y del verdadero vivir en Él, habrían sido incapaces de comprenderlo si no conocían el camino para venir a Mí, en su mayor parte eran cojos, ciegos, enfermos, debí abajarme en los vestidos de Mi Humanidad que cubrían aquel Fiat que quería dar, hermanarme con ellos, mezclarme con todos para poder enseñar las primeras nociones, el a, b, c, del Fiat Supremo, y todo lo que Yo enseñé, hice y sufrí, no fue otra cosa que preparar el Camino, el Reino y el Dominio a Mi Voluntad. 

                    Esta es la costumbre en nuestras obras, hacer las cosas menores como acto preparatorio a las cosas mayores, ¿no hice contigo otro tanto?. Al principio no te hablé del Fiat Supremo, ni de la Altura, ni de la Santidad a la que Yo quería que tú llegases en Mi Querer, ni te hice ninguna mención de la gran misión a la cual te llamaba, sino que te tuve como a una pequeña niña, con la cual Yo me deleitaba con enseñarte la Obediencia, el Amor al sufrir, el desapego de todo y de todos, la muerte a tu propio yo; y conforme tú te prestabas Yo Me alegraba, porque veía en ti preparado el puesto dónde poner Mi Fiat y las lecciones sublimes que pertenecían a Mi Voluntad. 

                    Así fue en la Redención, todo fue hecho con la finalidad de que el Fiat pudiese de nuevo reinar en la criatura, como cuando la sacamos de Nuestras manos creadoras; Nosotros no tenemos prisa en Nuestras obras, porque tenemos no solamente los siglos sino toda la Eternidad a Nuestra disposición, por eso vamos a paso lento, pero con Nuestro triunfo; primero preparamos y después hacemos. 

                    No por haberme regresado al Cielo Mi Potencia ha disminuido de como era cuando estaba en la tierra, Mi Potencia es siempre igual, tanto estando en el Cielo como en la tierra; ¿no llamé y elegí a Mi Mamá estando en Mi patria celestial?. Así te he llamado y elegido a ti con aquella misma Potencia que ninguno Me puede resistir para el suspirado Fiat, más bien te digo que para obtener esto, tú tienes a tu disposición cosas más grandes y más importantes que no las tuvo Mi amada Mamá, por eso tú eres más feliz, porque Ella no tuvo una Mamá, ni Sus obras por ayuda para conseguir al suspirado Redentor, sino sólo tuvo el cortejo de los actos de los Profetas, de los Patriarcas y de los buenos del Antiguo Testamento y de los grandes Bienes previstos del futuro Redentor. 

                    En cambio tú tienes una Mamá y todas Sus obras por ayuda, tienes las ayudas, las penas, oraciones y la misma Vida, no prevista sino efectuada, de tu Redentor; no hay bien ni plegarias que hayan sido hechas o se hacen en la Iglesia que no estén contigo para darte ayuda para obtener el suspirado Fiat; y como todo lo que fue hecho por Mí, por la Reina del Cielo y por todos los Buenos, el fin primario era el cumplimiento de Mi Voluntad, por eso todo está contigo para implorar la realización de Su finalidad. Por eso sé atenta, Yo Estaré junto contigo, también Mi Mamá, no estarás sola a suspirar el triunfo de Nuestra Voluntad”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 19, 28 de Febrero de 1926





jueves, 25 de diciembre de 2025

VE EL NACIMIENTO DE JESÚS



                    Encontrándome en mi habitual estado (1) me he sentido fuera de mí misma, y después de haber girado me encontré dentro de una cueva, y he visto a la Reina Mamá que estaba en el momento de dar a luz al Niñito Jesús. ¡Qué estupendo prodigio!. Me parecía que tanto la Madre como el Hijo estaban cambiados en luz purísima, pero en esa luz se distinguía muy bien la naturaleza humana de Jesús, que contenía en sí la Divinidad, que le servía como de velo para cubrir a la Divinidad, de modo que abriendo el velo de la naturaleza humana era Dios, y cubierto con ese velo era hombre, y he aquí el prodigio de los prodigios: Dios y Hombre, Hombre y Dios, que sin dejar al Padre y al Espíritu Santo viene a habitar con nosotros y toma carne humana, porque el verdadero amor no se desune jamás. 

                    Ahora, me ha parecido que la Madre y el Hijo en ese felicísimo instante quedaron como espiritualizados, y sin el mínimo obstáculo Jesús salió del Seno materno, desbordándose ambos en un exceso de amor, o sea, esos Santísimos cuerpos transformados en Luz, sin el mínimo impedimento, Jesús luz ha salido de dentro de la luz Madre, quedando sanos e intactos tanto el Uno como la Otra, regresando después al estado natural. 

                    ¿Pero quién puede decir la belleza del Niñito, que en ese momento de Su Nacimiento traslucía aún externamente los rayos de Su Divinidad?. ¿Quién puede decir la belleza de la Madre que quedaba toda absorbida en aquellos rayos Divinos?. 

                    Me parecía que San José no estaba presente en el momento del parto, sino que permanecía en otro rincón de la cueva, todo absorto en aquel profundo Misterio, y si no vio con los ojos del cuerpo, vio muy bien con los ojos del alma, porque estaba raptado en éxtasis sublime. 

                    Ahora, en el momento en que el Niñito salió a la luz, yo habría querido volar para tomarlo entre mis brazos, pero los Ángeles me lo impidieron, diciéndome que le correspondía a la Madre el honor de ser la primera en tomarlo. Entonces la Virgen Santísima como sacudida ha vuelto en Sí, y de las manos de un Ángel recibió al Hijo en Sus brazos, lo estrechó tan fuerte en el arrebato de amor en que se encontraba, que parecía que lo quisiera meter de nuevo en Ella, después queriendo dar un desahogo a Su ardiente amor, lo puso a mamar de Sus pechos. 

                    Mientras tanto yo permanecía toda aniquilada, esperando ser llamada para no recibir otro regaño de los Ángeles. Entonces la Reina me dijo: “Ven, ven a tomar a tu amado y gózalo también tú, desahoga con Él tu amor”. 

                    En cuanto dijo esto me acerqué, y la Mamá me lo puso en los brazos. ¿Quién puede decir mi contento, los besos, los abrazos, las ternuras?. Después de que me desahogué un poco le dije: “Amado mío, Tú has tomado leche de nuestra Mamá, hazme partícipe”. Y Él condescendiendo, de Su boca derramó parte de esa leche en la mía, y después me ha dicho: “Amada Mía, Yo fui concebido unido al dolor, nací al dolor y morí en el dolor, y con los tres clavos con que Me crucificaron clavé las tres potencias: inteligencia, memoria y voluntad de aquellas almas que desean amarme, haciéndolas quedar todas atraídas a Mí, porque la culpa las había vuelto enfermas, dispersas de su Creador y sin ningún freno”. 

                    Y mientras esto decía, ha dado una mirada al mundo y comenzó a llorar sus miserias. Yo, viéndolo llorar he dicho: “Amable Niño, no entristezcas una noche tan alegre con Tu llanto a quien Te ama, en lugar de dar desahogo al llanto demos desahogo al canto”. Y así diciendo comencé a cantar; Jesús se distrajo al oírme cantar y dejó de llorar. Al terminar mi verso Él cantó el Suyo, con una voz tan fuerte y armoniosa, que todas las demás voces desaparecían ante Su voz dulcísima. 

                    Después de esto le pedí al Niño Jesús por mi Confesor, por aquellos que me pertenecen, y finalmente por todos, y Él parecía todo condescendiente. Mientras estaba en esto ha desaparecido y yo volví en mí misma.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 25 de Diciembre de 1900


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.




miércoles, 24 de diciembre de 2025

LA NOVENA DE LA SANTA NAVIDAD, DÍA 9º

 

La Novena de la Santa Navidad
 
tomada del Primer Volumen de los escritos de la mística italiana 
Luisa Piccarreta, “la pequeña Hija de la Divina Voluntad” 




                    Esta hermosa Novena sobre la Encarnación y el Nacimiento del Niño Jesús es la  experiencia espiritual de la mística Luisa Picarreta, alma especialísima a quien fue revelada la espiritualidad de la Divina Voluntad.

                    A través de esta Novena conoceremos más íntimamente a Jesús Nuestro Señor, desde el momento bendito de Su Encarnación en el vientre la Santísima Virgen María.

                    La Novena de la Santa Navidad se puede hacer en cualquier época del año, es una tierna y santa manera de preparar nuestros corazones para que Jesús nazca en ellos.



                    En el Nombre del Padre y del Hijo ☩ y del Espíritu Santo. 

                    ¡Oh Jesús, oh Esposo, oh fortaleza mía! A Ti me dirijo, a Ti vengo, en Tus brazos me introduzco, me abandono, me reposo. ¡Ah, consuélame en mi aflicción y no me dejes sola y abandonada!. Mírame y vuelve a mirarme, oh Esposo Santo en estos Tus brazos, mira de cuántas tinieblas estoy circundada, son tan densas que no dejan entrar ni siquiera un átomo de luz en mi alma. 

                    ¡Oh! Mi místico Sol Jesús, resplandezca esta Luz en mi mente, a fin de que haga huir las tinieblas y pueda libremente recordar las gracias que has hecho a mi alma. 

                    ¡Oh! Sol Eterno, manda otro rayo de Luz a lo íntimo de mi corazón y lo purifique del fango en el cual yace, lo incendie, lo consuma en Tu Amor, a fin de que Él, que más que todo ha probado las dulzuras de Tu Amor, pueda claramente manifestarlas a quien está obligado.Tú que tanto me amas, continúa mandándome Luz. 

                    ¡Oh! Mi Sol, mi bello, propiamente quiero entrar en el centro, a fin de quedar toda abismada en esta Luz purísima. Haz, oh Sol Divino, que esta Luz me preceda delante, me siga junto, me circunde por doquier, se introduzca en los más íntimos escondites de mi interior, a fin de que consumiendo mi ser terreno, lo transformes todo en Tu Ser Divino. 

                    Mi amable y dulce Jesús, perdóname, no te retires de mí, continúa derramando en mí Tu gracia, a fin de que puedas hacer de mí un triunfo de Tu Misericordia.

                    Virgen Santísima, Madre amable, ven en mi auxilio, obtenme de Tu y mi dulce Jesús gracia y fuerza... 

                    San José, amado protector mío, asísteme en esta circunstancia. 

                    Arcángel San Miguel, defiéndeme del enemigo infernal, que tantos obstáculos me pone en la mente... 

                    Arcángel San Rafael y tú mi Ángel custodio, venid a asistirme y a acompañarme... 



Novena Meditación: 
Amor agonizante que 
quiere ser vencedor

        
                    “Hija Mía, Mi estado es siempre más doloroso, si Me amas, tu mirada tenla fija en Mí, para que veas si puedes dar a tu pequeño Jesús algún consuelo, una palabrita de amor, una caricia, un beso, que dé tregua a Mi llanto y a Mis aflicciones. 

                    Escucha hija Mía, después de haber dado ocho excesos de Mi Amor, y que el hombre tan malamente Me correspondió, Mi Amor no se dio por vencido, y al octavo exceso quiso agregar el noveno, y esto fueron las ansias, los suspiros de fuego, las llamas de los deseos de que quería salir del Seno materno para abrazar al hombre, y esto reducía a Mi pequeña Humanidad aún no nacida a una agonía tal que estaba a punto de dar Mi último respiro. Y mientras estaba por darlo, Mi Divinidad que era inseparable de Mí, Me daba sorbos de vida, y así retomaba de nuevo la vida para continuar Mi agonía y volver a morir nuevamente. Este fue el noveno exceso de Mi Amor, agonizar y morir continuamente de amor por la criatura. 

                    ¡Oh, qué larga agonía de nueve meses! ¡Oh, cómo el amor Me sofocaba y Me hacía morir! Y si no hubiera tenido la Divinidad Conmigo, que me daba continuamente la vida cada vez que estaba por morir, el Amor Me habría consumado antes de salir a la luz del día”. 

                    Después agregaba: “Mírame, escúchame como agonizo, como Mi pequeño Corazón late, se afana, arde; mírame, ahora muero”. Y hacía un profundo silencio. Yo me sentía morir, se me helaba la sangre en las venas y temblando le decía: “Amor mío, Vida mía, no mueras, no me dejes sola, Tú quieres amor y yo Te amaré, no Te dejaré más, dame Tus llamas para poderte amar más y consumarme toda por Ti”.



martes, 23 de diciembre de 2025

LA NOVENA DE LA SANTA NAVIDAD, DÍA 8º

 

La Novena de la Santa Navidad
 
tomada del Primer Volumen de los escritos de la mística italiana 
Luisa Piccarreta, “la pequeña Hija de la Divina Voluntad” 




                    Esta hermosa Novena sobre la Encarnación y el Nacimiento del Niño Jesús es la  experiencia espiritual de la mística Luisa Picarreta, alma especialísima a quien fue revelada la espiritualidad de la Divina Voluntad.

                    A través de esta Novena conoceremos más íntimamente a Jesús Nuestro Señor, desde el momento bendito de Su Encarnación en el vientre la Santísima Virgen María.

                    La Novena de la Santa Navidad se puede hacer en cualquier época del año, es una tierna y santa manera de preparar nuestros corazones para que Jesús nazca en ellos.



                    En el Nombre del Padre y del Hijo ☩ y del Espíritu Santo. 

                    ¡Oh Jesús, oh Esposo, oh fortaleza mía! A Ti me dirijo, a Ti vengo, en Tus brazos me introduzco, me abandono, me reposo. ¡Ah, consuélame en mi aflicción y no me dejes sola y abandonada!. Mírame y vuelve a mirarme, oh Esposo Santo en estos Tus brazos, mira de cuántas tinieblas estoy circundada, son tan densas que no dejan entrar ni siquiera un átomo de luz en mi alma. 

                    ¡Oh! Mi místico Sol Jesús, resplandezca esta Luz en mi mente, a fin de que haga huir las tinieblas y pueda libremente recordar las gracias que has hecho a mi alma. 

                    ¡Oh! Sol Eterno, manda otro rayo de Luz a lo íntimo de mi corazón y lo purifique del fango en el cual yace, lo incendie, lo consuma en Tu Amor, a fin de que Él, que más que todo ha probado las dulzuras de Tu Amor, pueda claramente manifestarlas a quien está obligado.Tú que tanto me amas, continúa mandándome Luz. 

                    ¡Oh! Mi Sol, mi bello, propiamente quiero entrar en el centro, a fin de quedar toda abismada en esta Luz purísima. Haz, oh Sol Divino, que esta Luz me preceda delante, me siga junto, me circunde por doquier, se introduzca en los más íntimos escondites de mi interior, a fin de que consumiendo mi ser terreno, lo transformes todo en Tu Ser Divino. 

                    Mi amable y dulce Jesús, perdóname, no te retires de mí, continúa derramando en mí Tu gracia, a fin de que puedas hacer de mí un triunfo de Tu Misericordia.

                    Virgen Santísima, Madre amable, ven en mi auxilio, obtenme de Tu y mi dulce Jesús gracia y fuerza... 

                    San José, amado protector mío, asísteme en esta circunstancia. 

                    Arcángel San Miguel, defiéndeme del enemigo infernal, que tantos obstáculos me pone en la mente... 

                    Arcángel San Rafael y tú mi Ángel custodio, venid a asistirme y a acompañarme... 



Octava Meditación: 
El Amor mendicante, 
gimiente y suplicante


                    “Hija Mía, no Me dejes solo, apoya tu cabeza sobre el Seno de Mi amada Mamá, porque también desde afuera oirás Mis gemidos, Mis súplicas, y viendo que ni Mis gemidos ni Mis súplicas mueven a compasión de Mi Amor a la criatura, me pongo en actitud del más pobre de los mendigos y extendiendo Mi pequeña manita, pido por piedad, al menos a título de limosna sus almas, sus afectos y sus corazones. 

                    Mi Amor quería vencer a cualquier costo el corazón del hombre, y viendo que después de siete excesos de Mi Amor permanecía reacio, se hacía el sordo, no se ocupaba de Mí ni se quería dar a Mí, Mi Amor quiso ir más allá, debería haberse detenido, pero no, quiso salir más allá de sus límites, y desde el Seno de Mi Mamá Yo hacía llegar Mi voz a cada corazón con los modos más insinuantes, con los ruegos más fervientes, con las palabras más penetrantes. ¿Pero sabes qué les decía?: “Hijo Mío, dame tu corazón, todo lo que tú quieras Yo te daré con tal que Me des a cambio tu corazón; he descendido del Cielo para tomarlo, ¡ah, no Me lo niegues! ¡no defraudes Mis esperanzas!”. 

                    Y viéndolo reacio, y que muchos Me volteaban la espalda, pasaba a los gemidos, juntaba Mis pequeñas manitas y llorando, con voz sofocada por los sollozos le añadía: “¡Ay, ay! Soy el pequeño mendigo, ¿ni siquiera de limosna quieres darme tu corazón?”. 

                    ¿No es esto un exceso más grande de Mi Amor, que el Creador para acercarse a la criatura tome la forma de un pequeño niño para no infundirle temor, y pida al menos como limosna el corazón de la criatura, y viendo que ella no se lo quiere dar ruega, gime y llora?”. 

                    Después me decía: “¿Y tú no quieres darme tu corazón? ¿Tal vez también tú quieres que gima, que ruegue y llore para que Me des tu corazón? ¿Quieres negarme la limosna que te pido?”. Y mientras esto decía oía como si sollozara, y yo le dije: “Mi Jesús, no llores, Te dono mi corazón y toda yo misma”. Entonces la voz interna continuaba: “Sigue más adelante, y pasa al noveno exceso de Mi Amor”.



lunes, 22 de diciembre de 2025

LA NOVENA DE LA SANTA NAVIDAD, DÍA 7º

 

La Novena de la Santa Navidad
 
tomada del Primer Volumen de los escritos de la mística italiana 
Luisa Piccarreta, “la pequeña Hija de la Divina Voluntad” 




                    Esta hermosa Novena sobre la Encarnación y el Nacimiento del Niño Jesús es la  experiencia espiritual de la mística Luisa Picarreta, alma especialísima a quien fue revelada la espiritualidad de la Divina Voluntad.

                    A través de esta Novena conoceremos más íntimamente a Jesús Nuestro Señor, desde el momento bendito de Su Encarnación en el vientre la Santísima Virgen María.

                    La Novena de la Santa Navidad se puede hacer en cualquier época del año, es una tierna y santa manera de preparar nuestros corazones para que Jesús nazca en ellos.



                    En el Nombre del Padre y del Hijo ☩ y del Espíritu Santo. 

                    ¡Oh Jesús, oh Esposo, oh fortaleza mía! A Ti me dirijo, a Ti vengo, en Tus brazos me introduzco, me abandono, me reposo. ¡Ah, consuélame en mi aflicción y no me dejes sola y abandonada!. Mírame y vuelve a mirarme, oh Esposo Santo en estos Tus brazos, mira de cuántas tinieblas estoy circundada, son tan densas que no dejan entrar ni siquiera un átomo de luz en mi alma. 

                    ¡Oh! Mi místico Sol Jesús, resplandezca esta Luz en mi mente, a fin de que haga huir las tinieblas y pueda libremente recordar las gracias que has hecho a mi alma. 

                    ¡Oh! Sol Eterno, manda otro rayo de Luz a lo íntimo de mi corazón y lo purifique del fango en el cual yace, lo incendie, lo consuma en Tu Amor, a fin de que Él, que más que todo ha probado las dulzuras de Tu Amor, pueda claramente manifestarlas a quien está obligado.Tú que tanto me amas, continúa mandándome Luz. 

                    ¡Oh! Mi Sol, mi bello, propiamente quiero entrar en el centro, a fin de quedar toda abismada en esta Luz purísima. Haz, oh Sol Divino, que esta Luz me preceda delante, me siga junto, me circunde por doquier, se introduzca en los más íntimos escondites de mi interior, a fin de que consumiendo mi ser terreno, lo transformes todo en Tu Ser Divino. 

                    Mi amable y dulce Jesús, perdóname, no te retires de mí, continúa derramando en mí Tu gracia, a fin de que puedas hacer de mí un triunfo de Tu Misericordia.

                    Virgen Santísima, Madre amable, ven en mi auxilio, obtenme de Tu y mi dulce Jesús gracia y fuerza... 

                    San José, amado protector mío, asísteme en esta circunstancia. 

                    Arcángel San Miguel, defiéndeme del enemigo infernal, que tantos obstáculos me pone en la mente... 

                    Arcángel San Rafael y tú mi Ángel custodio, venid a asistirme y a acompañarme... 



Séptima Meditación: 
El Amor no correspondido y herido.
Por la ingratitud de las criaturas


                    La voz interior continuaba: “Hija Mía, no Me dejes solo en tanta soledad y en tanta oscuridad, no salgas del Seno de Mi Mamá para que veas el séptimo exceso de Mi Amor. Escúchame, en el Seno de Mi Padre Celestial Yo era plenamente feliz, no había bien que no poseyera, alegría, felicidad, todo estaba a Mi disposición; los Ángeles reverentes Me adoraban y estaban a Mis órdenes. Ah, el exceso de Mi Amor, podría decir que Me hizo cambiar fortuna, Me restringió en esta tétrica prisión, Me despojó de todas Mis alegrías, felicidad y bienes para vestirme con todas las infelicidades de las criaturas, y todo esto para hacer el cambio, para dar a ellas Mi fortuna, Mis alegrías y Mi felicidad eterna. 

                    Pero esto habría sido nada si no hubiera encontrado en ellas suma ingratitud y obstinada perfidia. Oh, cómo Mi Amor Eterno quedó sorprendido ante tanta ingratitud y lloró la obstinación y perfidia del hombre. La ingratitud fue la espina más punzante que Me traspasó el Corazón desde Mi Concepción hasta el último instante de Mi Vida, hasta Mi Muerte. 

                    Mira Mi Corazoncito, está herido y gotea sangre. ¡Qué pena! ¡Qué dolor siento! Hija Mía, no seas ingrata; la ingratitud es la pena más dura para tu Jesús, es cerrarme en la cara las puertas para dejarme afuera, aterido de frío. Pero ante tanta ingratitud Mi Amor no se detuvo y se puso en actitud de Amor suplicante, orante, gimiente y mendigante, y éste es el octavo exceso de Mi Amor”.