Mi abandono y mi vivir en el Fiat Divino continúan, ¡oh! cómo es potente Su Fuerza creadora, cómo es deslumbrante Su Luz, que infiltrándose en las fibras más íntimas del corazón, las inviste y acariciándolas se hace lugar y en ellas erige su trono de dominio y de mando, pero con tal dulzura raptora, que la pequeñez de la criatura queda desaparecida, pero feliz de quedar sin vida y perdida en el Fiat Divino. ¡Oh Voluntad adorable, si todos Te conocieran, cómo amarían el perderse en Ti para readquirir Tu Vida y ser felices con la misma Felicidad Divina! Pero mientras mi pequeñez se perdía en el Fiat Divino, mi amable Jesús se ha movido en mi interior, y estrechándome fuertemente a Su Corazón Divino me ha dicho:
“Hija Mía, sólo Mi Divina Voluntad puede volver feliz a la criatura, Ella, con su luz, eclipsa o pone en fuga todos los males, y dice con Su Poder Divino: ‘Yo Soy la Felicidad perenne, huyan todos los males, quiero estar libre, porque delante a Mi Felicidad todos los males pierden la vida’. Para quien vive completamente en Mi Querer Divino, es tanto Su Amor que transforma las acciones de la criatura, y sucede un intercambio de vida entre Dios y ella, intercambio de acciones, de pasos, de latidos. Dios queda unido a la criatura y la criatura a Dios, se vuelven seres inseparables, y en este intercambio de acciones y de vida se forma el juego entre Creador y criatura, uno se da en poder del otro, y en este darse en poder mutuamente juegan con modo divino, se hacen felices, hacen fiesta, y Dios y la criatura se glorían, se sienten victoriosos porque ninguno ha perdido, pero uno ha vencido al otro, porque en Mi Divina Voluntad ninguno pierde, las pérdidas no existen en Ella. Sólo de quien vive en Mi Querer puedo decir: ‘Es Mi entretenimiento en la Creación, Me siento victorioso de abajarme para hacerme vencer por la criatura, porque estoy cierto que ella no se opondrá a dejarse vencer por Mí’. Por eso tu vuelo en Mi Querer sea siempre continuo”.
Después de esto estaba pensando en tantas cosas que el Bendito Jesús me había dicho sobre Su Divina Voluntad, en los tantos deseos ardientes de Él por hacerla conocer, y que a pesar de tantos deseos de Jesús no se ve nada para obtener su intento, y decía entre mí: “Qué Sabiduría de Dios, qué Misterios profundos, ¿quién puede comprenderlos?. Lo quiere, está doliente porque falta quién tome la iniciativa para hacerla conocer, muestra Su Corazón anhelante, suspira que Su Divina Voluntad se haga camino para hacerse conocer, para formar Su Reino en medio a las criaturas, y después, como si fuera un Dios impotente, se obstaculizan los caminos, se cierran las puertas, y Jesús tolera, y con paciencia invencible e indecible espera que se abran las puertas y los caminos, toca a los corazones para encontrar quiénes serán aquellos que se ocuparán en hacer conocer Su Divina Voluntad”. Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús haciéndose ver todo bondad y ternura, de romper los corazones más duros, me ha dicho:
“Hija Mía, si supieras cuánto sufro cuando quiero formar Mis obras y hacerlas conocer a las criaturas para darles el Bien que contienen, y no encuentro quién tenga verdadero ánimo, deseo veraz y voluntad de hacer vida suya Mi Obra para hacerla conocer, para dar a los demás la vida del bien de Mi Obra que siente en sí mismo.
Yo cuando veo estas disposiciones en quien debe ocuparse, que Yo con tanto amor llamo y escojo para las obras que Me pertenecen, Me siento tan atraído hacia él, que para hacer que haga bien lo que Yo quiero Me abajo, desciendo en él y le doy Mi mente, Mi boca, Mis manos, y hasta Mis pies, a fin de que en todo sienta la vida de Mi Obra, y como vida sentida, no como cosa extraña a él, pueda sentir la necesidad de darla a los demás.
Hija Mía, cuando un bien no se siente en uno mismo como vida, todo termina en palabras, no en obras, y Yo quedo fuera de ellos, no dentro, y por eso quedan como pobres lisiados, sin inteligencia, ciegos, mudos, sin manos y sin pies, y Yo en Mis obras no quiero servirme de pobres lisiados, los hago a un lado, y no poniendo atención al tiempo continúo girando para encontrar a los dispuestos que deben servir a Mi Obra. Y así como no Me cansé de girar los siglos y toda la tierra para encontrar la más pequeña, para poner en su pequeñez el gran depósito de los conocimientos de Mi Divina Voluntad, así no me cansaré de girar y volver a girar la tierra para encontrar a los realmente dispuestos, que apreciarán como vida lo que he manifestado sobre el Fiat Divino, y éstos harán cualquier sacrificio para hacerlo conocer.
Por eso no Soy el Dios impotente, sino más bien aquel Dios paciente, que quiero que Mis obras se hagan con decoro y por personas que lo hagan voluntariamente, no forzadas, porque la cosa que más aborrezco en Mis obras es que la criatura lo haga forzadamente, como si Yo no mereciera sus pequeños sacrificios; y por decoro de una Obra tan grande, cual es el hacer conocer Mi Divina Voluntad, no quiero servirme de pobres lisiados, porque quien no tiene verdadera voluntad de hacer un bien, es siempre una herida que hace a su alma dejándola lisiada, sino quiero servirme de personas que suministrándoles mis miembros divinos, la hagan con decoro, como merece una obra que tanto bien debe aportar a las criaturas y gran Gloria a Mi Majestad”.
Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 27, 2 de Octubre de 1929


















