viernes, 22 de mayo de 2026

EL VERDADERO AMOR NO ESTÁ SUJETO A DESCONTENTOS



                    Encontrándome en mi habitual estado (1), brevemente ha venido el Bendito Jesús, y sintiendo en mí un cierto descontento me ha dicho:

                    “Hija Mía, el verdadero Amor no está sujeto a descontentos, más bien, de los mismos descontentos toma ocasión para cambiarlos en los más bellos contentos por virtud del Amor, mucho más, que siendo Yo el contento de los contentos, no puedo tolerar algún descontento en el alma que Me ama, pues sintiendo Yo su descontento como si fuera más Mío que suyo, estoy obligado a darle la cosa que la vuelve contenta para tenerla toda uniforme a Mí, de otra manera habría algunas fibras, latidos, pensamientos discordantes, desemejantes, que harían que se perdiera lo más bello de Nuestra armonía, y Yo no puedo tolerar todo esto en quien verdaderamente Me ama. Además, el verdadero Amor por Amor obra y por Amor no obra, por Amor pide y por Amor cede, así que el verdadero Amor hace terminar todo en el Amor, por Amor muere y por Amor resurge”. 

                    Y yo: “Jesús, parece que quieres rehuirme con este hablar, pero debes saber que yo no cedo; por ahora por amor cede Tú a mí, hazme un Acto de Amor y cede a lo que me es tan necesario y que a tanto estoy obligada, del resto cedo todo ante Ti, de otra manera me quedaría descontenta”. 

                    Y Jesús: “Quieres vencer por caminos de descontentos”. 

                    Ha sonreído y ha desaparecido.  


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 11, 22 de Mayo de 1912


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.




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