martes, 25 de marzo de 2025

EL VERBO DE DIOS AL ENCARNARSE SE VUELVE LUZ DE LAS ALMAS



                    Esta mañana, mi adorable Jesús al venir me ha dicho: “Así como el sol es la luz del mundo, así el Verbo de Dios al encarnarse se hizo Luz de las almas, y así como el sol material da luz a todos en general y a cada uno en particular, tanto que cada uno lo puede gozar como si fuera propio, así el Verbo, mientras da luz en general, es sol para cada uno en particular, tan es verdad, que a este Sol Divino cada uno lo puede tener consigo como si fuera para él solo”. 

                    ¿Quién puede decir lo que comprendía acerca de esta Luz y los benéficos efectos que produce en las almas que tienen este Sol como si fuera propio?. Me parecía que el alma poseyendo esta Luz pone en fuga las tinieblas, como el sol material al surgir sobre nuestro horizonte pone en fuga las tinieblas de la noche. Esta Luz Divina, si el alma es fría, la calienta; si está desnuda de virtudes, la hace fecunda; si está inundada por la dañina enfermedad de la tibieza, con su calor absorbe aquel humor malo; en una palabra, para no alargarme demasiado, este Sol Divino, introduciendo al alma en el centro de Su esfera, la cubre con todos Sus rayos y llega a transformarla en Su misma Luz. 

                    Después de esto, como yo me sentía toda abatida, Jesús queriéndome aliviar me ha dicho: “Esta mañana quiero deleitarme en ti”. Y ha comenzado a hacer Sus acostumbradas estratagemas amorosas.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 25 de Marzo de 1900



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