domingo, 2 de marzo de 2025

LA UNIÓN DE LOS QUERERES ATA EL ALMA A JESÚS



               Esta mañana, habiendo recibido la Santa Comunión, mi dulce Jesús se hacía ver crucificado, e internamente me sentía atraída a mirarme en Él, para poder semejarme a Él, y Jesús se reflejaba en mí para atraerme a Su semejanza. 

               Mientras esto hacía yo me sentía infundir en mí los dolores de mi crucificado Señor, que con toda bondad me ha dicho: “Quiero que tu alimento sea el sufrir, no por sufrir solamente, sino como fruto de Mi Voluntad. El beso más sincero que ata más fuerte nuestra amistad, es la unión de nuestros quereres, y el nudo indisoluble que nos estrechará en continuos abrazos será el continuo sufrir”. 

               Mientras esto decía, el bendito Jesús se ha desclavado y ha tomado Su cruz y la extendió en el interior de mi cuerpo, y yo quedaba tan extendida en ella que me sentía dislocar los huesos, además, una mano que no sé decir con certeza de quién era, me traspasaba las manos y los pies, y Jesús que estaba sentado sobre la cruz que estaba distendida en mi interior, todo se complacía en mi sufrir y en quien me traspasaba las manos, y ha agregado: “Ahora puedo reposar tranquilamente, no tengo que tomar ni siquiera la molestia de crucificarte, porque la obediencia quiere hacerlo todo, y Yo libremente te dejo en las manos de la obediencia”. Y levantándose de la cruz se ha puesto sobre mi corazón para reposarse. ¿Quién puede decir cómo he quedado sufriente estando en esa posición?. 

              Después de haber estado largo tiempo, Jesús no se apresuraba en aliviarme como las otras veces para hacerme regresar a mi estado natural, y a aquella mano que me había puesto sobre la cruz no la veía más, esto se lo decía a Jesús, quien me respondía: “¿Quién te ha puesto sobre la cruz?. ¿Tal vez he sido Yo?. Ha sido la obediencia, y la obediencia te debe quitar de ahí”. Parece que esta vez tenía ganas de jugar, y como suma gracia he obtenido que me liberara el Bendito Jesús.


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 2 de Marzo de 1900



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