Esta mañana mi amado Jesús no venía, pero después de mucho esperar, en cuanto lo he visto me lamenté con Él por su tardanza, diciéndole: “Señor Bendito, ¿cómo es que tardas tanto, tal vez te has olvidado que no puedo estar sin Ti? ¿O acaso perdí Tu Gracia y por eso no vienes?”. Y Él interrumpiendo mis lamentos me ha dicho:
“Hija Mía, ¿sabes tú qué cosa hace Mi Gracia?. Mi Gracia hace feliz el alma de los Bienaventurados entendidos, y vuelve feliz el alma de los viadores, con esta sola diferencia, que los entendidos gozándose y deleitándose, y los viadores trabajando y poniéndola en comercio. Así que quien posee la Gracia tiene en sí misma el Paraíso, porque la Gracia no es otra cosa que poseerme a Mí Mismo, y siendo Yo sólo el objeto encantador que encanta a todo el Paraíso y que formo todos los contentos de los Bienaventurados, el alma, poseyendo la Gracia, dondequiera que se encuentre posee su Paraíso”.
Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 27 de Noviembre de 1899


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