Encontrándome en mi habitual estado (1) veía a mi siempre amable Jesús, y yo me sentía en mi interior toda transformada en el Amor de mi amado Jesús, y ahora me encontraba dentro de Jesús y prorrumpía en Actos de Amor junto con Él, y amaba como amaba Jesús, pero no sé decirlo bien, me faltan palabras; ahora encontraba a mi dulce Jesús en mí y prorrumpía yo sola en Actos de Amor, y Jesús los oía y decía:
“Di, di, repite de nuevo, alíviame con tu amor; la falta del Amor ha arrojado al mundo en una red de vicios”.
Y hacía silencio para oírme, y yo repetía de nuevo los Actos de Amor; diré lo poco que recuerdo:
“En todos los momentos, en todas las horas, quiero siempre amarte con Tu Corazón. En todos los respiros de mi vida, respirando Te amaré; en todos los latidos de mi corazón, Amor, Amor repetiré; en todas las gotas de mi sangre, Amor, Amor gritaré; en todos los movimientos de mi cuerpo, sólo Amor abrazaré. Sólo de Amor quiero hablar, sólo al Amor quiero mirar, sólo al Amor quiero escuchar, siempre en el Amor quiero pensar. Sólo de Amor quiero arder, sólo de Amor quiero consumir, sólo el Amor quiero gustar, sólo al Amor quiero contentar. Sólo de Amor quiero vivir, y en el Amor quiero morir. En todos los instantes, en todas las horas, a todos al Amor quiero llamar. Sola y siempre con Jesús, y en Jesús siempre viviré, en Su Corazón me sumergiré, y junto con Jesús y con Su Corazón, Amor, Amor, Te amaré”.
¿Pero quién puede decirlo todo?. Al hacer esto me sentía toda yo misma dividida en muchas pequeñas llamitas, y después se hacían una sola llama.
Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 10, 28 de Noviembre de 1910
1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.


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