Estando en mi habitual estado (1) ha venido mi adorable Jesús y me ha dicho:
“Hija Mía, no puede ser verdaderamente digno de Mí, sino sólo quien ha vaciado todo de dentro de sí, y se ha llenado todo de Mí, de modo de formar de sí mismo un objeto todo de Amor Divino, tanto, que Mi Amor debe llegar a formar su vida y a amarme no con su amor, sino con Mi Amor”.
Después ha agregado:
“¿Qué significan aquellas palabras: “Ha depuesto del trono a los poderosos y ha exaltado a los pequeños?”. Que el alma destruyéndose del todo a sí misma se llena toda de Dios, y amando a Dios con Dios mismo, Dios exalta al alma a un Amor Eterno, y esta es la verdadera y la más grande exaltación y a la vez la verdadera humildad”.
Después ha continuado: “La verdadera señal para conocer si se posee este Amor, es si el alma no se ocupa de ninguna otra cosa más que de amar a Dios, de hacerlo conocer, y hacer que todos lo amen”.
Después, retirándose en mi interior he oído que rezaba diciendo:
“Siempre Santa e indivisible Trinidad, os adoro profundamente, os amo intensamente, os agradezco perpetuamente por todos y en los corazones de todos”.
Y así la he pasado, oyendo casi siempre que rezaba dentro de mí y yo junto con Él.
Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 14 de Enero de 1902
1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.


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