jueves, 22 de enero de 2026

CUANDO DIOS ES DEUDOR DEL ALMA



                    Estaba pensando en las tantas privaciones de Nuestro Señor, y en que años atrás, una vez, habiendo esperado varias horas a Nuestro Señor, cuando vino yo me lamentaba con Él porque me había hecho esperar para venir, y el Bendito Jesús me dijo: 

                    “Hija Mía, cuando Yo te sorprendo previniendo tus deseos de quererme y vengo sin hacerte esperar, tú quedas deudora de Mí; pero cuando te hago esperar un poco y después vengo, Yo quedo deudor tuyo, ¿te parece poco que un Dios te dé la ocasión de ser deudor tuyo?”.

                     Y decía entre mí: Entonces eran horas, pero ahora que son días, ¿quién sabe cuántas deudas ha contraído conmigo?. Creo que son innumerables, porque muchas me está haciendo. Pero después pensaba entre mí: “¿Y para qué me sirve tener un Dios deudor?. Creo que para Jesús lo mismo es tenerlo como deudor que ser uno deudor de Él, porque Él en un momento puede dar tanto al alma, que equivalga y sobrepase las deudas que tenga, y he aquí que las deudas quedan anuladas”. Pero mientras esto pensaba, el Bendito Jesús en mi interior me ha dicho: 

                    “Hija Mía, tú dices disparates, además de los dones espontáneos que Yo doy a las almas, están los dones de vínculo. A las almas, dones espontáneos puedo darles o puedo no darles, en Mí está la elección, porque ningún vínculo Me ata, pero a las almas de los dones de vínculo, como en tu caso, Me siento vinculado, obligado a darle lo que quiere, a concederle Mis dones. 

                    Imagínate un señor y dos personas, una de estas dos personas tiene su dinero en manos de aquel señor, la otra no; tanto a una como a otra ese señor puede dar lo que quiera, ¿pero quién está más segura de obtener del señor en caso de una necesidad, la que tiene su dinero en manos de aquel señor o la que no tiene?. Ciertamente la que tiene su dinero depositado tendrá las buenas disposiciones, el valor, la confianza para ir a pedir lo que está depositado en las manos de aquel señor, y si lo ve titubear en darle, le dirá francamente: “Dámelo pronto, porque finalmente no te pido lo tuyo, sino lo mío”. Mientras que si va la otra persona que no tiene nada en manos de aquel señor, irá tímida, sin confianza y estará a lo que aquél quiera, si quiere darle alguna ayuda o no. Esta es la diferencia que hay entre el tenerme de deudor y no tenerme como tal. ¡Si tú comprendieras los bienes inmensos que produce este contraer crédito Conmigo!”.

                    Agrego que mientras escribía, pensaba entre mí otra tontería: “Cuando esté en el Cielo, mi amado Jesús, sentirás enfado de haber contraído tantas deudas conmigo, mientras que si vienes aquí, quedando yo deudora, Tú que eres tan bueno, en el primer encuentro que tengamos me perdonarás todas mis deudas, pero yo que soy mala no lo haré, me haré pagar aun un respiro de espera”. Pero mientras esto pensaba, en mi interior me ha dicho:

                    “Hija Mía, no sentiré enfado sino contento, porque Mis deudas son deudas de amor, y deseo más ser deudor que tenerte como deudora mía, porque estas deudas que contraigo contigo, mientras son deudas para Mí, serán prendas y tesoros que conservaré en Mi Corazón eternamente, que te darán el derecho de ser amada por Mí más que a los demás, y esto será una alegría, una Gloria de más para Mí, y tú tendrás pagado aun el respiro, el minuto, el deseo, el latido; y por cuanto más seas prepotente y avara en el exigir, más Me darás gusto y más te daré. ¿Estás contenta así?”.

                    Yo he quedado confundida y no he podido decir nada más.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 8, 22 de Enero de 1909



No hay comentarios:

Publicar un comentario