sábado, 17 de enero de 2026

LA MALDAD Y ASTUCIA DEL HOMBRE



                    Esta mañana mi adorable Jesús iba y venía, pero siempre en silencio. Después me he sentido salir fuera de mí misma, y oía a Jesús que desde atrás me decía:

                    “El hombre dice -porque no hay ya rectitud- : “Hasta en tanto que las cosas estén de este modo no podremos tener ningún éxito en nuestros planes, finjamos virtud, finjámonos rectos, mostrémonos verdaderos amigos externamente, porque así será más fácil tejer nuestras redes y atraerlos al engaño, y cuando salgamos para atraparlos y hacerles mal, cada uno, creyéndonos amigos, los tendremos en nuestras manos”. Ve un poco hasta donde llega la astucia del hombre”. 

                    Después de esto el Bendito Jesús queriendo un acto de reparación especial, parecía que me truncaba la vida ofreciéndome a la Divina Justicia. En el momento que esto hacía, yo creía que Jesús me hacía terminar esta vida, entonces le he dicho: “Señor, no quiero ir al Cielo sin Tus insignias, primero crucifícame y después llévame”. 

                    Así me ha traspasado las manos y los pies con los clavos, y mientras esto hacía, con suma amargura mía, Él desapareció y yo me encontré en mí misma, y dije entre mí: “Aquí estoy aún. ¡Ah!, cuántas veces me la haces mi amado Jesús, tienes un arte especial para saberlo hacer, porque me haces creer que debo morir, y entonces yo me río del mundo, de las penas, me río de Ti mismo porque ha terminado el tiempo de estar separados, no habrá más intervalos de separación. Pero apenas comienzo a reír cuando me encuentro otra vez atada por las cadenas de la cárcel de este frágil cuerpo,y olvidando el haber comenzado a reír, continúo el llanto, los gemidos, los suspiros de mi separación de Ti. ¡Ah Señor, hazlo pronto, porque me siento violentada a irme!”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 17 de Enero de 1900




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