jueves, 5 de marzo de 2026

EL MAL EJEMPLO DE LAS CABEZAS


                    Esta mañana me he encontrado fuera de mí misma, y después de haber ido en busca de mi adorable Jesús lo he reencontrado, pero para mi sorpresa he visto que tenía clavadas en los pies, en las plantas, muchas espinas que le daban dolor y le impedían caminar; todo afligido se ha arrojado en mis brazos como queriendo encontrar reposo y que yo le quitara aquellas espinas, yo me lo he estrechado y le he dicho: “Dulce Amor mío, si hubieras venido en los días pasados no te habrías clavado tantas espinas, a lo más, conforme se te clavara alguna te la habría sacado, he aquí lo que has hecho con no venir”. 

                    Y mientras esto le decía, le iba quitando todas aquellas espinas, y los pies del Bendito Jesús derramaban sangre, y Él sufría por el fuerte dolor. Después de esto, como si se hubiera aliviado ha querido también verter y después me ha dicho: 

                    “Hija Mía, ¡qué corrupción en los pueblos, qué torcidos senderos recorren!, pero en esto ha influido el mal ejemplo de las cabezas (1), mientras que en quien posee la mínima de cualquier autoridad, el espíritu de desinterés debería ser luz para hacerlo distinguir que es cabeza, y la justicia ejercitada por él debería ser como fulgor para herir los ojos de los presentes, de modo de no poder separarlos de él y de sus ejemplos”. 

                    Dicho esto ha desaparecido.

NOTA:

1) El Señor se refiere a los gobernantes de las naciones de este mundo.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 5 de Marzo de 1902



No hay comentarios:

Publicar un comentario