viernes, 2 de enero de 2026

ASÍ COMO EN JESÚS, EN LAS ALMAS TODO DEBE CALLAR





                    Esta mañana mi siempre amable Jesús se hacía ver bajo una tempestad de golpes, y con Su dulce mirada me miraba pidiéndome ayuda y refugio. Yo me he arrojado hacia Él para quitarlo de aquellos golpes y encerrarlo en mi corazón, y Jesús me ha dicho: 

                    “Hija Mía, Mi Humanidad bajo los golpes de los flagelos callaba, y no sólo callaba la boca, sino todo en Mí callaba: callaba la Estima, la Gloria, la Potencia, el Honor; pero con mudo lenguaje hablaban elocuentemente Mi Paciencia, las humillaciones, Mis Llagas, Mi Sangre, el aniquilamiento casi hasta el polvo de Mi Ser; y Mi Amor ardiente por la salud de las almas ponía un eco a todas Mis penas. 

                    He aquí hija Mía el verdadero retrato de las almas amantes, todo debe callar en ellas y en torno a ellas: Estima, Gloria, placeres, honores, grandezas, voluntad, criaturas, y si las hubiera, debe estar como sorda y como si nada viera, en cambio debe hacer entrar en ella Mi Paciencia, Mi Gloria, Mi Estima, Mis Penas, y en todo lo que hace, piensa, ama, no será otra cosa que Amor, el cual tendrá un solo eco con el Mío y Me pedirá almas. 

                    Mi Amor por las almas es grande, y como quiero que todos se salven, por eso voy en busca de almas que Me amen y que tomadas por las mismas ansias de Mi Amor, sufran y me pidan almas. Pero, ¡ay de Mí, qué escaso es el número de los que Me escuchan!”

 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 12, 2 de Enero de 1919