miércoles, 14 de enero de 2026

NO SE ES DIGNO SI NO SE VACÍA DE TODO. EN QUÉ CONSISTE LA VERDADERA EXALTACIÓN



                    Estando en mi habitual estado (1) ha venido mi adorable Jesús y me ha dicho:

                    “Hija Mía, no puede ser verdaderamente digno de Mí, sino sólo quien ha vaciado todo de dentro de sí, y se ha llenado todo de Mí, de modo de formar de sí mismo un objeto todo de Amor Divino, tanto, que Mi Amor debe llegar a formar su vida y a amarme no con su amor, sino con Mi Amor”.

                    Después ha agregado: 

                    “¿Qué significan aquellas palabras: “Ha depuesto del trono a los poderosos y ha exaltado a los pequeños?”. Que el alma destruyéndose del todo a sí misma se llena toda de Dios, y amando a Dios con Dios mismo, Dios exalta al alma a un Amor Eterno, y esta es la verdadera y la más grande exaltación y a la vez la verdadera humildad”.

                    Después ha continuado: “La verdadera señal para conocer si se posee este Amor, es si el alma no se ocupa de ninguna otra cosa más que de amar a Dios, de hacerlo conocer, y hacer que todos lo amen”.

                    Después, retirándose en mi interior he oído que rezaba diciendo:

                    “Siempre Santa e indivisible Trinidad, os adoro profundamente, os amo intensamente, os agradezco perpetuamente por todos y en los corazones de todos”. 

                    Y así la he pasado, oyendo casi siempre que rezaba dentro de mí y yo junto con Él.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 14 de Enero de 1902


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.



domingo, 11 de enero de 2026

LAS ALMAS QUE VIVEN EN EL DIVINO QUERER, SERÁN AL CUERPO MÍSTICO DE LA IGLESIA COMO PIEL AL CUERPO, Y LLEVARÁN A TODOS SUS MIEMBROS LA CIRCULACIÓN DE VIDA



                    Encontrándome en mi habitual estado (1), estaba pensando en el Santo Querer Divino y decía entre mí: “Todos los hijos de la Iglesia son miembros del Cuerpo Místico, del cual Jesús es la cabeza; ¿cuál será el lugar que ocuparán las almas que hacen la Voluntad de Dios en este Cuerpo Místico?” Y Jesús, siempre benigno, al venir me ha dicho:

                    “Hija Mía, la Iglesia es Mi Cuerpo Místico, del cual Yo Me glorío de Ser la cabeza, pero para poder entrar en este Cuerpo Místico los miembros deben crecer a debida estatura, de otra manera deformarían Mi Cuerpo; pero ¡ay! cuántos no sólo no tienen la debida proporción, sino que están putrefactos, llagados, tanto que dan asco a Mi Cabeza y a los otros miembros sanos. 

                    Ahora, las almas que viven en Mi Querer o vivirán, serán al Cuerpo de Mi Iglesia como la piel al cuerpo; el cuerpo contiene piel interna y piel externa, y como en la piel está la circulación de la sangre que da vida a todo el cuerpo, y es en virtud de esta circulación que los miembros llegan a debida estatura, si no fuera por la piel y por la circulación de la sangre, el cuerpo humano sería horrible a la vista y los miembros no crecerían a debida proporción. 

                    Ve entonces cuánto Me son necesarias estas almas que viven en Mi Querer, habiéndolas destinado como piel al Cuerpo de Mi Iglesia y como circulación de vida a todos los miembros, serán ellas las que darán el debido crecimiento a los miembros no crecidos, las que sanarán los miembros llagados y las que con su continuo vivir en Mi Querer restituirán la frescura, la belleza, el esplendor a todo el Cuerpo Místico, haciéndolo todo igual a la Cabeza, que reinará con toda majestad sobre estos miembros. 

                    He aquí por qué no podrá llegar el fin de los días si no tengo estas almas que vivan como perdidas en Mi Querer, ellas Me interesan más que todo. ¿Qué ridículo haría este Cuerpo Místico en la Jerusalén Celestial sin ellas?. Y si esto es lo que Me interesa más que todo a Mí, también debe interesarte más que todo a ti, si Me amas, y Yo, de ahora en adelante daré a todos tus actos hechos en Mi Querer virtud de circulación de vida a todo el Cuerpo Místico de la Iglesia, como circulación de sangre al cuerpo humano, tus actos extendidos en la inmensidad de Mi Querer se extenderán sobre todos, y como piel cubrirán estos miembros, dándoles el debido crecimiento, por eso sé atenta y fiel”. 

                    Después estaba rezando toda abandonada en el Querer de Jesús, y casi sin pensarlo he dicho: “Amor mío, todo en Tu Querer: mis pequeñas penas, mis oraciones, mi latido, mi respiro, todo lo que soy y puedo unido a todo lo que eres Tú para dar el debido crecimiento a los miembros del Cuerpo Místico”. Jesús al oírme, de nuevo se ha hecho ver y sonriendo de satisfacción ha agregado:

                    “Cómo es bello ver en tu corazón Mis verdades como fuentes de vida, que inmediatamente tienen su desarrollo y el efecto para el cual se han comunicado. Por eso, corresponde, y Yo tendré el honor de que en cuanto vea desarrollada una verdad, una nueva fuente de verdad haré surgir”.


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 13, 11 de Enero de 1922





viernes, 9 de enero de 2026

JESÚS LA QUIERE UNIDA A ÉL COMO UN RAYO AL SOL, DEL CUAL RECIBE LA VIDA, EL CALOR Y EL ESPLENDOR



                    Esta mañana me sentía toda oprimida y aplastada, tanto, que estaba en busca de alivio; mi único Bien me ha hecho esperar largamente su venida, y al venir me ha dicho: 

                    “Hija Mía, ¿no tomé Yo sobre Mí por amor tuyo tus pasiones, miserias y debilidades?. ¿Y no quisieras tú tomar sobre ti las de los demás por amor Mío?”. 

                    Después ha agregado: 

                    “Lo que quiero es que tú estés siempre unida Conmigo, como un rayo de sol que está siempre fijo en el centro del sol, y que de él recibe la vida, el calor y el esplendor. Supón tú que un rayo se pudiera separar del centro del sol, ¿en qué se convertiría?. En cuanto saliera perdería la vida, la luz y el calor, y volvería a las tinieblas reduciéndose a la nada. Tal es el alma, mientras está unida Conmigo, en Mi Centro, se puede decir que es como un rayo de sol que vive y recibe luz del sol, camina donde él quiere, en suma, está en todo a disposición y a la voluntad del sol; si después se distrae de Mí, se desune, queda toda en tinieblas, fría, y no siente en sí aquel impulso supremo de Vida Divina”. 

                    Dicho esto ha desaparecido.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 9 de Enero de 1901



lunes, 5 de enero de 2026

EL SER DIVINO ES LLEVADO POR UNA FUERZA IRRESISTIBLE A COMUNICARSE A LA CRIATURA



                    Me sentía muy amargada, y mi dulce Jesús al venir, estrechándome a Él me ha dicho: 

                    “Hija Mía, tu aflicción pesa sobre Mi Corazón más que si fuera Mía, y no puedo sufrir que tú estés tan afligida, a cualquier costo quiero verte feliz, quiero ver despuntar sobre tus labios de nuevo la sonrisa que contiene la Beatitud de Mi Querer; dime entonces, ¿qué quieres para estar de nuevo feliz?. ¿Será posible que después de tanto tiempo en que tú nada Me has negado, Yo no deba darte lo que tú quieres y hacerte contenta?” 

                    Y yo: “Amor mío, lo que quiero es que me des la gracia de que yo haga siempre, siempre Tu Querer, esto me basta; cuánto temo que esto no hiciera. ¿No es esta la más grande desventura, que no hiciera aún en la más pequeña cosa Tu Voluntad?. Sin embargo Tus propuestas, Tus mismas premuras a esto me inducen, porque veo que no porque sea Tu Voluntad, sino porque quieres hacerme feliz y vaciar mi corazón de la amargura de la cual está como inundado, Tú quieres hacer mi voluntad, ¡ah! Jesús, Jesús, no lo permitas, y si quieres hacerme feliz, a Tu potencia no le faltan otros modos para quitarme de mi aflicción”. 

                    Y Jesús: “Hija Mía, hija Mía, hija de Mi Voluntad, no, no temas, esto no será jamás, que Nuestros quereres queden ni siquiera lesionados, si es necesario un milagro lo haré, pero Nuestros quereres no se desunirán jamás, por eso tranquilízate a este respecto y consuélate. Escucha, Mi Ser es llevado por una fuerza irresistible a comunicarse a la criatura, tengo tantas otras cosas que decirte aún, tantas otras verdades que tú no conoces, y todas Mis verdades llevan la felicidad que cada una posee, y por cuantas verdades el alma conoce, tantas diversas felicidades adquiere. 

                    Ahora, encontrando tu corazón amargado, esas verdades sienten ensombrecida su felicidad y no pueden comunicarse libremente. Yo Soy como un padre feliz que posee la plenitud de toda la Felicidad y que quiere hacer felices a todos sus hijos; ahora, si ve un hijo suyo que verdaderamente lo ama, y lo ve triste, pensativo, a cualquier costo quiere hacer feliz a su hijo y sacarlo de esa situación, y si el padre sabe que esa tristeza es por causa del amor que da al padre, ¡oh! entonces no se da paz y usa todas las artes y hace cualquier sacrificio para hacer feliz a su hijo. Así Soy Yo, y como sé que tu aflicción es por causa Mía, si no te veo regresar de nuevo a tu estado de alegría, y sellada por Mi felicidad, Yo Seré infeliz esperando que vuelvas a los brazos de Mi Felicidad”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 13, 5 de Enero de 1922




viernes, 2 de enero de 2026

ASÍ COMO EN JESÚS, EN LAS ALMAS TODO DEBE CALLAR





                    Esta mañana mi siempre amable Jesús se hacía ver bajo una tempestad de golpes, y con Su dulce mirada me miraba pidiéndome ayuda y refugio. Yo me he arrojado hacia Él para quitarlo de aquellos golpes y encerrarlo en mi corazón, y Jesús me ha dicho: 

                    “Hija Mía, Mi Humanidad bajo los golpes de los flagelos callaba, y no sólo callaba la boca, sino todo en Mí callaba: callaba la Estima, la Gloria, la Potencia, el Honor; pero con mudo lenguaje hablaban elocuentemente Mi Paciencia, las humillaciones, Mis Llagas, Mi Sangre, el aniquilamiento casi hasta el polvo de Mi Ser; y Mi Amor ardiente por la salud de las almas ponía un eco a todas Mis penas. 

                    He aquí hija Mía el verdadero retrato de las almas amantes, todo debe callar en ellas y en torno a ellas: Estima, Gloria, placeres, honores, grandezas, voluntad, criaturas, y si las hubiera, debe estar como sorda y como si nada viera, en cambio debe hacer entrar en ella Mi Paciencia, Mi Gloria, Mi Estima, Mis Penas, y en todo lo que hace, piensa, ama, no será otra cosa que Amor, el cual tendrá un solo eco con el Mío y Me pedirá almas. 

                    Mi Amor por las almas es grande, y como quiero que todos se salven, por eso voy en busca de almas que Me amen y que tomadas por las mismas ansias de Mi Amor, sufran y me pidan almas. Pero, ¡ay de Mí, qué escaso es el número de los que Me escuchan!”

 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 12, 2 de Enero de 1919




martes, 30 de diciembre de 2025

EFECTOS DE LA HUMILLACIÓN Y LA MORTIFICACIÓN



                    Esta mañana en cuanto he visto a mi adorable Jesús, y como la obediencia me había dicho que rezara por una persona, por eso en cuanto Jesús ha venido, se la he encomendado, y Él me ha dicho: 

                    “La humillación no sólo se debe aceptar, sino también amarla, tanto como para masticarla como un alimento, y como cuando un alimento es amargo, por cuanto más se mastica tanto más se siente la amargura, así la humillación bien masticada hace nacer la mortificación, y estos son dos potentísimos medios, esto es, la humillación y la mortificación, para salvar ciertos obstáculos y obtener las gracias que se necesitan. Y mientras parecen dañinos a la naturaleza humana, como el alimento amargo parece que quiera causar más mal que bien, así la humillación y la mortificación, pero no. 

                    Cuando el fierro es más golpeado sobre el yunque, tanto más arroja chispas de fuego y queda puro, así el alma, cuanto más es humillada y golpeada bajo el yunque de la mortificación, tanto más arroja chispas de fuego celestial, y queda purgada si verdaderamente quiere caminar la vía del bien; pero si es falsa sucede todo lo contrario”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 3, 30 de Diciembre de 1899




sábado, 27 de diciembre de 2025

DIOS NO ESTÁ SUJETO A CAMBIARSE, EL DEMONIO Y LA NATURALEZA HUMANA FRECUENTEMENTE SE CAMBIAN


                    Esta mañana me encontraba con temor sobre mi estado, que no fuera el Señor el que obrara en mí, con el agregado de que no se dignaba venir; entonces, después de mucho esperar, en cuanto lo he visto le he expuesto mi temor y Él me ha dicho:

                    “Hija Mía, antes que todo, para ponerte en este estado está el concurso de Mi Potencia, y después, ¿quién te habría dado la fuerza, la paciencia de estar por tan largo tiempo en este estado dentro de una cama?. La sola perseverancia es una señal cierta de que la obra es Mía, porque solamente Dios no está sujeto a cambiarse, pero el Demonio y la naturaleza humana muy frecuentemente se cambian, y lo que hoy aman, mañana aborrecen, y lo que hoy aborrecen, mañana aman y encuentran en eso su satisfacción”.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 27 de Diciembre de 1900



jueves, 25 de diciembre de 2025

VE EL NACIMIENTO DE JESÚS



                    Encontrándome en mi habitual estado (1) me he sentido fuera de mí misma, y después de haber girado me encontré dentro de una cueva, y he visto a la Reina Mamá que estaba en el momento de dar a luz al Niñito Jesús. ¡Qué estupendo prodigio!. Me parecía que tanto la Madre como el Hijo estaban cambiados en luz purísima, pero en esa luz se distinguía muy bien la naturaleza humana de Jesús, que contenía en sí la Divinidad, que le servía como de velo para cubrir a la Divinidad, de modo que abriendo el velo de la naturaleza humana era Dios, y cubierto con ese velo era hombre, y he aquí el prodigio de los prodigios: Dios y Hombre, Hombre y Dios, que sin dejar al Padre y al Espíritu Santo viene a habitar con nosotros y toma carne humana, porque el verdadero amor no se desune jamás. 

                    Ahora, me ha parecido que la Madre y el Hijo en ese felicísimo instante quedaron como espiritualizados, y sin el mínimo obstáculo Jesús salió del Seno materno, desbordándose ambos en un exceso de amor, o sea, esos Santísimos cuerpos transformados en Luz, sin el mínimo impedimento, Jesús luz ha salido de dentro de la luz Madre, quedando sanos e intactos tanto el Uno como la Otra, regresando después al estado natural. 

                    ¿Pero quién puede decir la belleza del Niñito, que en ese momento de Su Nacimiento traslucía aún externamente los rayos de Su Divinidad?. ¿Quién puede decir la belleza de la Madre que quedaba toda absorbida en aquellos rayos Divinos?. 

                    Me parecía que San José no estaba presente en el momento del parto, sino que permanecía en otro rincón de la cueva, todo absorto en aquel profundo Misterio, y si no vio con los ojos del cuerpo, vio muy bien con los ojos del alma, porque estaba raptado en éxtasis sublime. 

                    Ahora, en el momento en que el Niñito salió a la luz, yo habría querido volar para tomarlo entre mis brazos, pero los Ángeles me lo impidieron, diciéndome que le correspondía a la Madre el honor de ser la primera en tomarlo. Entonces la Virgen Santísima como sacudida ha vuelto en Sí, y de las manos de un Ángel recibió al Hijo en Sus brazos, lo estrechó tan fuerte en el arrebato de amor en que se encontraba, que parecía que lo quisiera meter de nuevo en Ella, después queriendo dar un desahogo a Su ardiente amor, lo puso a mamar de Sus pechos. 

                    Mientras tanto yo permanecía toda aniquilada, esperando ser llamada para no recibir otro regaño de los Ángeles. Entonces la Reina me dijo: “Ven, ven a tomar a tu amado y gózalo también tú, desahoga con Él tu amor”. 

                    En cuanto dijo esto me acerqué, y la Mamá me lo puso en los brazos. ¿Quién puede decir mi contento, los besos, los abrazos, las ternuras?. Después de que me desahogué un poco le dije: “Amado mío, Tú has tomado leche de nuestra Mamá, hazme partícipe”. Y Él condescendiendo, de Su boca derramó parte de esa leche en la mía, y después me ha dicho: “Amada Mía, Yo fui concebido unido al dolor, nací al dolor y morí en el dolor, y con los tres clavos con que Me crucificaron clavé las tres potencias: inteligencia, memoria y voluntad de aquellas almas que desean amarme, haciéndolas quedar todas atraídas a Mí, porque la culpa las había vuelto enfermas, dispersas de su Creador y sin ningún freno”. 

                    Y mientras esto decía, ha dado una mirada al mundo y comenzó a llorar sus miserias. Yo, viéndolo llorar he dicho: “Amable Niño, no entristezcas una noche tan alegre con Tu llanto a quien Te ama, en lugar de dar desahogo al llanto demos desahogo al canto”. Y así diciendo comencé a cantar; Jesús se distrajo al oírme cantar y dejó de llorar. Al terminar mi verso Él cantó el Suyo, con una voz tan fuerte y armoniosa, que todas las demás voces desaparecían ante Su voz dulcísima. 

                    Después de esto le pedí al Niño Jesús por mi Confesor, por aquellos que me pertenecen, y finalmente por todos, y Él parecía todo condescendiente. Mientras estaba en esto ha desaparecido y yo volví en mí misma.


 Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 4, 25 de Diciembre de 1900


1- Por una particular disposición de Dios, Luisa Piccarreta permanecía toda la noche sumida en un profundo éxtasis, paralizada, mientras recibía luces del Cielo; tan sólo conseguía liberarla de aquél místico trance la bendición del Sacerdote, que cada mañana celebraba la Santa Misa en su dormitorio. Este "sueño extático" era tan cotidiano para Luisa que ella lo definió en sus escritos como "mi habitual estado". Dicha fenomenología no fue exclusiva de Piccarreta, se dio con anterioridad en Santa Catalina de Siena y casi a la vez en la mística portuguesa Alexandrina Da Costa, entre otras almas privilegiadas.




miércoles, 24 de diciembre de 2025

LA NOVENA DE LA SANTA NAVIDAD, DÍA 9º

 

La Novena de la Santa Navidad
 
tomada del Primer Volumen de los escritos de la mística italiana 
Luisa Piccarreta, “la pequeña Hija de la Divina Voluntad” 




                    Esta hermosa Novena sobre la Encarnación y el Nacimiento del Niño Jesús es la  experiencia espiritual de la mística Luisa Picarreta, alma especialísima a quien fue revelada la espiritualidad de la Divina Voluntad.

                    A través de esta Novena conoceremos más íntimamente a Jesús Nuestro Señor, desde el momento bendito de Su Encarnación en el vientre la Santísima Virgen María.

                    La Novena de la Santa Navidad se puede hacer en cualquier época del año, es una tierna y santa manera de preparar nuestros corazones para que Jesús nazca en ellos.



                    En el Nombre del Padre y del Hijo  y del Espíritu Santo. 

                    ¡Oh Jesús, oh Esposo, oh fortaleza mía! A Ti me dirijo, a Ti vengo, en Tus brazos me introduzco, me abandono, me reposo. ¡Ah, consuélame en mi aflicción y no me dejes sola y abandonada!. Mírame y vuelve a mirarme, oh Esposo Santo en estos Tus brazos, mira de cuántas tinieblas estoy circundada, son tan densas que no dejan entrar ni siquiera un átomo de luz en mi alma. 

                    ¡Oh! Mi místico Sol Jesús, resplandezca esta Luz en mi mente, a fin de que haga huir las tinieblas y pueda libremente recordar las gracias que has hecho a mi alma. 

                    ¡Oh! Sol Eterno, manda otro rayo de Luz a lo íntimo de mi corazón y lo purifique del fango en el cual yace, lo incendie, lo consuma en Tu Amor, a fin de que Él, que más que todo ha probado las dulzuras de Tu Amor, pueda claramente manifestarlas a quien está obligado.Tú que tanto me amas, continúa mandándome Luz. 

                    ¡Oh! Mi Sol, mi bello, propiamente quiero entrar en el centro, a fin de quedar toda abismada en esta Luz purísima. Haz, oh Sol Divino, que esta Luz me preceda delante, me siga junto, me circunde por doquier, se introduzca en los más íntimos escondites de mi interior, a fin de que consumiendo mi ser terreno, lo transformes todo en Tu Ser Divino. 

                    Mi amable y dulce Jesús, perdóname, no te retires de mí, continúa derramando en mí Tu gracia, a fin de que puedas hacer de mí un triunfo de Tu Misericordia.

                    Virgen Santísima, Madre amable, ven en mi auxilio, obtenme de Tu y mi dulce Jesús gracia y fuerza... 

                    San José, amado protector mío, asísteme en esta circunstancia. 

                    Arcángel San Miguel, defiéndeme del enemigo infernal, que tantos obstáculos me pone en la mente... 

                    Arcángel San Rafael y tú mi Ángel custodio, venid a asistirme y a acompañarme... 



Novena Meditación: 
Amor agonizante que 
quiere ser vencedor

        
                    “Hija Mía, Mi estado es siempre más doloroso, si Me amas, tu mirada tenla fija en Mí, para que veas si puedes dar a tu pequeño Jesús algún consuelo, una palabrita de amor, una caricia, un beso, que dé tregua a Mi llanto y a Mis aflicciones. 

                    Escucha hija Mía, después de haber dado ocho excesos de Mi Amor, y que el hombre tan malamente Me correspondió, Mi Amor no se dio por vencido, y al octavo exceso quiso agregar el noveno, y esto fueron las ansias, los suspiros de fuego, las llamas de los deseos de que quería salir del Seno materno para abrazar al hombre, y esto reducía a Mi pequeña Humanidad aún no nacida a una agonía tal que estaba a punto de dar Mi último respiro. Y mientras estaba por darlo, Mi Divinidad que era inseparable de Mí, Me daba sorbos de vida, y así retomaba de nuevo la vida para continuar Mi agonía y volver a morir nuevamente. Este fue el noveno exceso de Mi Amor, agonizar y morir continuamente de amor por la criatura. 

                    ¡Oh, qué larga agonía de nueve meses! ¡Oh, cómo el amor Me sofocaba y Me hacía morir! Y si no hubiera tenido la Divinidad Conmigo, que me daba continuamente la vida cada vez que estaba por morir, el Amor Me habría consumado antes de salir a la luz del día”. 

                    Después agregaba: “Mírame, escúchame como agonizo, como Mi pequeño Corazón late, se afana, arde; mírame, ahora muero”. Y hacía un profundo silencio. Yo me sentía morir, se me helaba la sangre en las venas y temblando le decía: “Amor mío, Vida mía, no mueras, no me dejes sola, Tú quieres amor y yo Te amaré, no Te dejaré más, dame Tus llamas para poderte amar más y consumarme toda por Ti”.



martes, 23 de diciembre de 2025

LA NOVENA DE LA SANTA NAVIDAD, DÍA 8º

 

La Novena de la Santa Navidad
 
tomada del Primer Volumen de los escritos de la mística italiana 
Luisa Piccarreta, “la pequeña Hija de la Divina Voluntad” 




                    Esta hermosa Novena sobre la Encarnación y el Nacimiento del Niño Jesús es la  experiencia espiritual de la mística Luisa Picarreta, alma especialísima a quien fue revelada la espiritualidad de la Divina Voluntad.

                    A través de esta Novena conoceremos más íntimamente a Jesús Nuestro Señor, desde el momento bendito de Su Encarnación en el vientre la Santísima Virgen María.

                    La Novena de la Santa Navidad se puede hacer en cualquier época del año, es una tierna y santa manera de preparar nuestros corazones para que Jesús nazca en ellos.



                    En el Nombre del Padre y del Hijo  y del Espíritu Santo. 

                    ¡Oh Jesús, oh Esposo, oh fortaleza mía! A Ti me dirijo, a Ti vengo, en Tus brazos me introduzco, me abandono, me reposo. ¡Ah, consuélame en mi aflicción y no me dejes sola y abandonada!. Mírame y vuelve a mirarme, oh Esposo Santo en estos Tus brazos, mira de cuántas tinieblas estoy circundada, son tan densas que no dejan entrar ni siquiera un átomo de luz en mi alma. 

                    ¡Oh! Mi místico Sol Jesús, resplandezca esta Luz en mi mente, a fin de que haga huir las tinieblas y pueda libremente recordar las gracias que has hecho a mi alma. 

                    ¡Oh! Sol Eterno, manda otro rayo de Luz a lo íntimo de mi corazón y lo purifique del fango en el cual yace, lo incendie, lo consuma en Tu Amor, a fin de que Él, que más que todo ha probado las dulzuras de Tu Amor, pueda claramente manifestarlas a quien está obligado.Tú que tanto me amas, continúa mandándome Luz. 

                    ¡Oh! Mi Sol, mi bello, propiamente quiero entrar en el centro, a fin de quedar toda abismada en esta Luz purísima. Haz, oh Sol Divino, que esta Luz me preceda delante, me siga junto, me circunde por doquier, se introduzca en los más íntimos escondites de mi interior, a fin de que consumiendo mi ser terreno, lo transformes todo en Tu Ser Divino. 

                    Mi amable y dulce Jesús, perdóname, no te retires de mí, continúa derramando en mí Tu gracia, a fin de que puedas hacer de mí un triunfo de Tu Misericordia.

                    Virgen Santísima, Madre amable, ven en mi auxilio, obtenme de Tu y mi dulce Jesús gracia y fuerza... 

                    San José, amado protector mío, asísteme en esta circunstancia. 

                    Arcángel San Miguel, defiéndeme del enemigo infernal, que tantos obstáculos me pone en la mente... 

                    Arcángel San Rafael y tú mi Ángel custodio, venid a asistirme y a acompañarme... 



Octava Meditación: 
El Amor mendicante, 
gimiente y suplicante


                    “Hija Mía, no Me dejes solo, apoya tu cabeza sobre el Seno de Mi amada Mamá, porque también desde afuera oirás Mis gemidos, Mis súplicas, y viendo que ni Mis gemidos ni Mis súplicas mueven a compasión de Mi Amor a la criatura, me pongo en actitud del más pobre de los mendigos y extendiendo Mi pequeña manita, pido por piedad, al menos a título de limosna sus almas, sus afectos y sus corazones. 

                    Mi Amor quería vencer a cualquier costo el corazón del hombre, y viendo que después de siete excesos de Mi Amor permanecía reacio, se hacía el sordo, no se ocupaba de Mí ni se quería dar a Mí, Mi Amor quiso ir más allá, debería haberse detenido, pero no, quiso salir más allá de sus límites, y desde el Seno de Mi Mamá Yo hacía llegar Mi voz a cada corazón con los modos más insinuantes, con los ruegos más fervientes, con las palabras más penetrantes. ¿Pero sabes qué les decía?: “Hijo Mío, dame tu corazón, todo lo que tú quieras Yo te daré con tal que Me des a cambio tu corazón; he descendido del Cielo para tomarlo, ¡ah, no Me lo niegues! ¡no defraudes Mis esperanzas!”. 

                    Y viéndolo reacio, y que muchos Me volteaban la espalda, pasaba a los gemidos, juntaba Mis pequeñas manitas y llorando, con voz sofocada por los sollozos le añadía: “¡Ay, ay! Soy el pequeño mendigo, ¿ni siquiera de limosna quieres darme tu corazón?”. 

                    ¿No es esto un exceso más grande de Mi Amor, que el Creador para acercarse a la criatura tome la forma de un pequeño niño para no infundirle temor, y pida al menos como limosna el corazón de la criatura, y viendo que ella no se lo quiere dar ruega, gime y llora?”. 

                    Después me decía: “¿Y tú no quieres darme tu corazón? ¿Tal vez también tú quieres que gima, que ruegue y llore para que Me des tu corazón? ¿Quieres negarme la limosna que te pido?”. Y mientras esto decía oía como si sollozara, y yo le dije: “Mi Jesús, no llores, Te dono mi corazón y toda yo misma”. Entonces la voz interna continuaba: “Sigue más adelante, y pasa al noveno exceso de Mi Amor”.