Estaba continuando mis actos en el Fiat Divino, y mi dulce Jesús moviéndose en mi
interior me ha dicho:
“Hija Mía, quien obra en Mi Voluntad trabaja en Mis propiedades divinas, y ella forma en
Mis interminables bienes de Luz, de Santidad, de Amor, de Felicidad sin fin, sus actos, los cuales
se transforman en tantos soles, reproducidos estos soles por Mis mismas cualidades que se
han prestado al acto del alma por decoro de ella y para hacer que fueran actos dignos de su
Creador y para permanecer estos actos como actos perennes en Dios mismo, que Lo glorifican,
Lo aman con sus mismos actos divinos.
Entonces Adán antes de pecar formó tantos soles en
su Creador por cuantos actos hizo; ahora, quien vive y obra en Mi Voluntad encuentra estos
soles hechos por él, por eso tu empeño es de seguir los primeros actos de la Creación, de
tomar tu puesto de trabajo junto al último sol, o más bien del último acto que hizo Adán cuando
poseía la unidad de Voluntad con su Creador, debes suplir a lo que él no continuó haciendo
porque salió de dentro de Mis propiedades divinas y sus actos ya no fueron soles, porque no
tenía más en su poder Mis cualidades divinas que se prestaban para hacerle formar los soles,
a lo más, sus actos se redujeron por cuan buenos eran, a pequeñas llamitas, porque la
voluntad humana sin la Mía no tiene virtud de poder formar soles, le faltan las materias primas,
sería como si tú quisieras formar un objeto de oro sin tener en tu poder el metal del oro, por
cuanta buena voluntad tuvieras te resultaría imposible.
Solamente Mi Voluntad tiene luz
suficiente para hacer formar los soles a la criatura, y esta luz la da a quien vive en Ella, en sus
propiedades, no a quien vive fuera de Ella. Entonces debes suplir a todas las otras criaturas
que no han poseído la unidad con Mi Voluntad, tu trabajo es grande y extenso, tienes mucho
que hacer en Mis interminables confines, por eso sé atenta y fiel”.
Después continuaba mis actos en Su Querer adorable, y girando por toda la Creación, mi
Sumo Bien Jesús ha agregado:
“Hija Mía, así como Mi Voluntad Divina está esparcida en toda la Creación, así tú, unida
con Ella, quiero encontrarte en todas las cosas creadas, como esparcida en cada una de ellas:
serás el corazón de la tierra, para encontrar tu vida palpitante en ella, que con su latido
continuo Me da el amor de todos sus habitantes; serás la boca del mar, que Me hará oír tu voz
en sus olas altísimas y en su murmullo continuo, que Me alabas, Me adoras, Me agradeces, y
en el serpenteo de los peces Me des tus besos afectuosos y puros, por ti y por aquellos que
atraviesan el mar; serás los brazos del Sol, que extendiéndote y ensanchándote en su luz,
dondequiera sienta tus brazos que Me abrazan, Me estrechan fuertemente para decirme que
sólo a Mí buscas, sólo a Mí quieres y amas; serás los pies del viento para correr a Mi lado y
hacerme sentir el dulce pisar de tus pasos, que jamás dejan de correr aunque no Me
encuentres; no estoy contento si no encuentro a Mi pequeña hija en todas las cosas creadas
por Mí por amor suyo. Yo pregunto a toda la Creación: ‘¿Está la pequeña hija de Mi
Voluntad?. Porque quiero gozármela y entretenerme con ella’. Y si no te encuentro, Yo pierdo
Mi gozo y Mi dulce entretenimiento”.
Después de esto seguía a mi amado Jesús en los actos que hizo en la Redención,
intentaba seguirlo palabra por palabra, obra por obra, paso por paso, no quería que nada me
huyera, para apresurarlo y pedirle a nombre de todos Sus actos, lágrimas, oraciones y penas,
el Reino de Su Voluntad Divina en medio a las criaturas, y mi adorado Jesús me ha dicho:
“Hija Mía, cuando Yo estaba en la tierra, Mi Voluntad Divina que por naturaleza reinaba
en Mí, y aquella misma Voluntad Divina que existía y reinaba en todas las cosas creadas, a
cada encuentro se besaban mutuamente y suspirando su encuentro hacían fiesta, y las cosas
creadas hacían competencia para encontrarse Conmigo y darme los homenajes que Me
convenían.
La tierra en cuanto sentía Mis pasos, para darme su homenaje reverdecía y
florecía bajo Mis pies, quería hacer salir de su seno todas las bellezas que poseía, el encanto
de las flores más bellas a Mi paso, tanto que Yo muchas veces debí ordenarle que no Me
hiciera estas demostraciones, y ella para darme homenaje obedecía, al igual que por
honrarme florecía.
El Sol buscaba siempre encontrarse Conmigo para darme los homenajes de
su luz, haciendo salir de su seno solar toda la variedad de las bellezas, de los colores, delante
a Mi vista para darme los honores que merecía. Todo y todos buscaban encontrarme para
hacerme su fiesta: el viento, el agua, hasta el pajarillo para darme los honores de sus trinos,
gorjeos y cantos, todas las cosas creadas Me reconocían y hacían competencia para ver quien
más pudiese honrarme y hacerme fiesta.
Quien posee Mi Divina Voluntad tiene la vista para
conocer lo que pertenece a Mi Misma Voluntad, sólo el hombre no Me conoció porque no
poseía la vista y el fino olfato de Ella, debí decírselo para hacerme conocer, y muchos, con
todo Mi decir, ni siquiera Me creyeron, porque quien no posee Mi Querer Divino es ciego,
sordo y sin olfato para conocer lo que a Él pertenece. El no poseerlo es la infelicidad más
grande de la criatura, es el pobre cretino, ciego, sordo y mudo, que no poseyendo la Luz de Mi
Fiat Divino, se sirve de las mismas cosas creadas tomando los excrementos que ellas arrojan,
y dejan dentro de ellas el verdadero bien que contienen. ¡Qué dolor, ver a las criaturas sin la
nobleza de la Vida de Mi Voluntad Divina!”.
Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 23, 6 de Octubre de 1927