Esta mañana se ha ofrecido víctima el Padre G. a Nuestro Señor, y yo estaba pidiendo y
ofreciéndolo para que lo aceptara, y mi amable Jesús me ha dicho:
“Hija Mía, Yo lo acepto de buen grado, dile que su vida no será más la suya sino la Mía;
es más, lo elijo víctima de Mi Vida oculta. Mi Vida oculta fue Víctima de todo el interior del
hombre, así que dio satisfacción por los pensamientos, deseos, tendencias, afectos malos.
Todo lo que el hombre hace exteriormente, no es otra cosa que el desahogo de su interior, y si
tanto mal se ve en el exterior, ¿qué será del interior?.
Así pues, bastante Me costó el rehacer el interior del hombre, basta decir que en eso empleé la prolijidad de treinta años; Mi
pensamiento, Mi latido, el respiro, los deseos, estaban siempre dedicados a correr hacia el
pensamiento, el latido, el respiro, el deseo del hombre para repararlos, para santificarlos y
para dar satisfacción por ellos; es así como lo elijo a él víctima para este punto de Mi Vida
oculta, así que quiero todo su interior unido Conmigo y ofrecido a Mí para darme satisfacción
por el interior malvado de las demás criaturas; y muy a propósito lo elijo para esto, pues siendo
él Sacerdote conoce más que los demás el interior de las almas, el fango, la podredumbre que
hay dentro de ellas, y por esto puede conocer mejor cuánto Me costó este Mi estado de
Víctima, en el que quiero que tome parte, y no sólo él, sino también los demás que él conoce y
trata.
Hija mía, dile que le hago una gracia grande aceptándolo como víctima, porque el
hacerse víctima no es otra cosa que un segundo bautismo, más bien, más que el bautismo,
porque se trata de resurgir en Mi misma Vida, y debiendo la víctima vivir Conmigo y de Mí, me
es necesario lavarla de toda mancha, dándole un nuevo bautismo y reafirmarla en la Gracia
para poder admitirla a vivir Conmigo, así que de ahora en adelante todo lo que él haga no dirá
que es cosa suya, sino Mía, así que si reza, si habla, si obra, dirá que son cosas Mías”.
Después de esto parecía que Jesús miraba en torno a mí, y le he dicho: “¿Qué miras,
¡oh! Jesús? ¿No estamos solos?”.
Y Él: “No, hay otras personas, las atraigo en torno a ti para tenerlas más estrechadas
Conmigo”.
Y yo: “¿Las amas mucho?”.
Y Él: “Sí, pero las quisiera más desenvueltas, más confiadas, más audaces y más
íntimas Conmigo, sin ningún pensamiento de ellas mismas, porque deben saber que las
víctimas no son más dueñas de ellas mismas, de otra manera anulan el estado de víctima”.
Entonces yo, teniendo un poco de tos le he dicho: “Jesús, hazme morir de tisis, pronto,
pronto, hazme ir, llévame Contigo”.
Y Jesús: “No me hagas ver que quedas descontenta, pues así Yo sufro. Sí, morirás de
tisis, pero falta todavía un poco, y si no mueres de tisis corporal morirás de tisis de amor. ¡Ah!,
no salgas de Mi Voluntad, porque Mi Voluntad será tu paraíso, más bien el paraíso de Mi
Querer; por cuantos días estés en la tierra, otros tantos paraísos más te daré en el Cielo”.
Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo”, Vol. 11, 8 de Marzo de 1912